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Armenia se quedó sin conde

jueves, 10 de noviembre de 2011

Salpicón

Por: Gustavo Páez Escobar

Armenia, la Ciudad Milagro (valga la aclaración, ya que en Antioquia hay un pequeño pueblo con el mismo nom­bre, que tuve oportunidad de conocer en fecha reciente), tuvo un conde. Residí por espacio de quince años en la villa quindiana y nadie, ni siquiera Euclides Jaramillo Arango, historiador de personajes folclóricos, ni John Vélez Uribe, escritor del humor lugareño, me contó la existencia del lejano personaje. Pero en los anales de la ciudad existe constancia de este dignata­rio de la nobleza.

La historia iba a narrarla Gloria Chávez Vásquez, es­critora y periodista quindiana vinculada desde hace va­rios años a importantes periódicos de Estados Unidos, pero se le quedó inédita. Era el obsequio que iba a ha­cerle a su ciudad natal, la Armenia del Quindío, en sus cien años de vida que acaban de pasar.

Fabio Arias Vélez, el Alcalde de la efemérides, le había prometido publicar­le el libro. Gloria Chávez lo preparó con anticipación y lo puso en manos del burgomaestre. El Conde del Jazmín, el típico personaje desaparecido, reviviría en los festejos popula­res y regresaría a reír con los armenios, reencarnado para siempre en la ágil pluma de la escritora, para ha­cer más risueña la vida municipal.

Julio César Cardona, el nombre del conde, había sido un pintoresco actor de la crónica local, un gracioso loquito que se codeaba con el pueblo y la clase política y gozaba cantando la verdad. Y la verdad, dicha por él, así fuera hiriendo susceptibilidades, sonaba bonita. Ad­quirió título de nobleza por su manera franca y deliciosa de actuar en el poblado. Otro Caballero de París, que tanta historia dejó en la Habana.

«Encerrado en ese personaje, comenta Gloria, vi vi­brar a todo un pueblo y toda una experiencia cultural. Por eso, me dije, cuando Armenia esté lista para El Conde, ese será su regalo.  ¿Qué mejor regalo que promover los va­lores morales y los modelos de que carecen nuestras gene­raciones?». Pero la cronista se quedó ensayada. Su libro no fue publicado. Al llamar al Alcalde, éste le manifes­tó que la plata del centenario no había alcanzado para el conde: se había invertido en las reinas y la parranda.

Entonces Gloria, indignada y frustrada, resolvió escri­birle al Alcalde una carta abierta. Por ese documento vine a conocer que Armenia había tenido un conde. Todo un protagonista de la gracia y el humor, dotado de sabiduría po­pular y predicador de grandes verdades. Gloria ha retirado su libro. Se duele, en su carta abierta, de que los fondos municipales, tan pródigos para las reinas y las cosas pa­sajeras, no hayan alcanzado para la cultura. «Si es cierto –le dice al Alcalde– que ‘la cultura es el alma de los pue­blos’, me veo en la penosa obligación de anunciarle que, en lo que respecta a ese tema, los intelectuales de Ar­menia tocamos a duelo en el primer centenario de la ciu­dad en 1989».

Gloria Chávez Vásquez no consiguió, en su propia tie­rra, la reencarnación deseada. El  Conde del Jazmín ha re­gresado al olvido sepulcral. Pero la autora lo pondrá a caminar en otras latitudes: lo traducirá al inglés y le regará aguas bautismales en los Estados Unidos. ¡Y un mister, así sea el conde paisa Julio César Cardona, va a desentonar por las calles de Armenia!

Los cumpleaños de los pueblos deben dejar hechos cul­turales. No todo debe consistir en emperifollar a las rei­nas y salpicar los festejos de licor y alegres frivolida­des. Gloria tiene razón en su protesta. Me dicen que Armenia editó en sus cien años alguna obra, que no co­nozco, e hizo resplandecer, lo cual es loable, la silueta grata de la ciudad. Pero se olvidó del señor conde. Un pa­sado noble que valía la pena desenterrar.

El Espectador, Bogotá, 15-III-1990.

 

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