{"id":1044,"date":"2009-11-30T14:43:47","date_gmt":"2009-11-30T14:43:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1044"},"modified":"2014-03-28T12:17:58","modified_gmt":"2014-03-28T17:17:58","slug":"breve-recuerdo-de-alfredo-iriarte","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/11\/30\/breve-recuerdo-de-alfredo-iriarte\/","title":{"rendered":"Breve recuerdo de Alfredo Iriarte"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace un a\u00f1o fallec\u00eda en Bogot\u00e1 Alfredo Iriarte. Su muerte sorpresiva produjo conmoci\u00f3n en el mundo de las letras, la academia y el periodismo. Hab\u00eda sobresalido como\u00a0 escritor original, due\u00f1o de estilo incomparable y maestro en el arte de la s\u00e1tira y la iron\u00eda. Su <em>Rosario de perlas<\/em>, que escribi\u00f3 desde el a\u00f1o 1991 hasta el 2002, era uno de los espacios m\u00e1s le\u00eddos de <em>El Tiempo,<\/em> y en \u00e9l glosaba, con gracia y erudici\u00f3n, los yerros gramaticales que pescaba en los peri\u00f3dicos. Fue siempre vehemente defensor de la pureza del idioma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su obra la conforman m\u00e1s de una docena de libros, entre ellos, <em>Bestiario tropical, Cazuela de narraciones estramb\u00f3ticas, Cr\u00f3nicas descomedidas, Episodios bogotanos, Esp\u00e1rragos para dos leones, Muertes legendarias.<\/em> Este \u00faltimo, publicado despu\u00e9s de su muerte, recoge los d\u00edas finales de grandes personajes de nuestra historia y ventila sucesos apasionantes y misteriosos de sus vidas. En 1988, como acto conmemorativo de los 450 a\u00f1os de la fundaci\u00f3n de Bogot\u00e1, escribi\u00f3 la historia de la ciudad en tres tomos, obra publicada por la Alcald\u00eda con el auspicio de importantes entidades p\u00fablicas y privadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Alfredo Iriarte lo conoc\u00ed en Armenia en 1982. Por aquellos d\u00edas desempe\u00f1aba yo el cargo de gerente de un banco. \u00c9l, como jefe de relaciones p\u00fablicas de la Compa\u00f1\u00eda Colombiana de Seguros, hab\u00eda viajado a la capital quindiana en asuntos relacionados con su oficio. Y le pidi\u00f3 al gerente local de la compa\u00f1\u00eda que le presentara a alguien que pudiera decir cosas interesantes, para hacerle un reportaje con destino a la revista <em>Magaz\u00edn al D\u00eda,<\/em> donde era autor del espacio bautizado como <em>\u201cSala de citas\u201d<\/em>. El escogido fui yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus columnas de prensa, Iriarte mov\u00eda temas pol\u00e9micos que creaban opini\u00f3n p\u00fablica. Esto era lo que persegu\u00eda en Armenia, y me lo advirti\u00f3 de entrada. Para tal efecto, me invit\u00f3 a que le contara detalles curiosos, ojal\u00e1 cr\u00edticos, que hubiera vivido o presenciado en mis relaciones con personajes salidos de lo com\u00fan. Al finalizar la tarde, se present\u00f3 en mi oficina acompa\u00f1ado del gerente de la compa\u00f1\u00eda, Ra\u00fal Mej\u00eda Calder\u00f3n, exalcalde de Armenia, y de un fot\u00f3grafo que hab\u00eda contratado para ambientar su <em>Sala de citas<\/em> ambulante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pronto surgieron mis tres personajes, que encajaban en la regla: el m\u00e9dico revolucionario Tulio Bayer, a quien yo hab\u00eda conocido en el Putumayo antes de sus andanzas guerrilleras; el escritor boyacense Eduardo Torres Quintero, hombre genial, y el insigne cronista de Tipacoque y agudo cr\u00edtico de los problemas nacionales en sus columnas de prensa, Eduardo Caballero Calder\u00f3n. Una n\u00f3mina de lujo. Pero faltaba hablar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cronista, haciendo gala de su simpat\u00eda proverbial, estimulaba mis confesiones con el gracejo oportuno y su personalidad desabrochada. Era el aut\u00e9ntico entrevistador, sencillo, recursivo e inteligente, que no necesitaba de grabadora para captar el nervio de la conversaci\u00f3n, sino que dejaba que \u00e9sta se desarrollara al natural, sin la tortura del micr\u00f3fono y de la pose solemne. El arte del reportaje depende m\u00e1s del entrevistador que del entrevistado. Es \u00e9l quien le pone el condimento a la charla, la matiza y la hace fluir. As\u00ed se obtienen revelaciones insospechadas, que de otra manera se ahogar\u00edan en el atolladero de los temores y las timideces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Segu\u00eda mis palabras con atenci\u00f3n y porte amable, y abr\u00eda sus ojos de lince cuando hallaba alg\u00fan episodio singular que val\u00eda la pena percibir y rastrear en su exacto significado. Entonces hac\u00eda una breve anotaci\u00f3n en la libreta de apuntes, con trazos gigantes que llenaban toda la p\u00e1gina y que s\u00f3lo \u00e9l lograr\u00eda traducir cuando repasara sus garabatos. Supuse que por medio de este sistema anticuado, en plena era de las comunicaciones, no iba a captar todo lo que yo le expresaba. Sin embargo, su destreza mental le permit\u00eda, al retener los puntos sustantivos, desenvolver m\u00e1s tarde el ovillo de la conversaci\u00f3n y rescatar deliciosas an\u00e9cdotas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando d\u00edas despu\u00e9s le\u00ed la revista, qued\u00e9 sorprendido de la fidelidad con que hab\u00eda interpretado mis relatos. El s\u00f3lo t\u00edtulo del reportaje era un acierto y mov\u00eda la curiosidad del lector para penetrar en el contenido: <em>Hubo una ocasi\u00f3n en que las vacas sagradas de Manizales dieron leche adulterada.<\/em> El episodio hab\u00eda ocurrido treinta a\u00f1os atr\u00e1s, siendo Tulio Bayer secretario de Salud de Caldas. Tulio sab\u00eda que la leche que entraba a Manizales, suministrada por personajes de la alta sociedad -considerados intocables-, ven\u00eda adulterada. Y como nadie hac\u00eda nada, lo hizo \u00e9l: utilizando a estudiantes universitarios, cre\u00f3 puestos de control en todas las entradas a la ciudad y descubri\u00f3 que el producto estaba mezclado con agua. El esc\u00e1ndalo, como es obvio, levant\u00f3 muchas ampollas, pero la medida fue ejemplarizante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alfredo Iriarte, en aquella entrevista memorable en la ciudad de Armenia, hace 21 a\u00f1os, llen\u00f3 a cabalidad su <em>Sala de citas.<\/em> Me puso a echar corriente, como se dice en lenguaje popular. Ambos quedamos contentos con el reportaje. Conoc\u00ed entonces al gran periodista, escritor y acad\u00e9mico, que a partir de ese momento ingres\u00f3 en mi lista de autores selectos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 4 de diciembre de 2003.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Hace un a\u00f1o fallec\u00eda en Bogot\u00e1 Alfredo Iriarte. Su muerte sorpresiva produjo conmoci\u00f3n en el mundo de las letras, la academia y el periodismo. 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