{"id":1058,"date":"2009-11-30T16:11:39","date_gmt":"2009-11-30T16:11:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1058"},"modified":"2020-04-23T10:23:18","modified_gmt":"2020-04-23T15:23:18","slug":"memorias-inconclusas-de-garcia-marquez","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/11\/30\/memorias-inconclusas-de-garcia-marquez\/","title":{"rendered":"Memorias inconclusas de Garc\u00eda M\u00e1rquez"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo un extraordinario documento familiar e hist\u00f3rico, las memorias de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, <em>Vivir para contarla,<\/em> que abarcan treinta a\u00f1os de su vida -hasta 1957-, me dejaron una\u00a0 dura desaz\u00f3n: que cuando m\u00e1s engolosinado estaba con su lectura, el libro lleg\u00f3 a su final<em>. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia qued\u00f3 trunca, a mitad de camino. Varios a\u00f1os m\u00e1s habr\u00e1 que esperar hasta que aparezca -Dios lo quiera- el segundo tomo prometido a sus lectores por el fabulador de Macondo. Ojal\u00e1 que esto sucediera en corto tiempo, ya que muchas veces los mejores prop\u00f3sitos y las m\u00e1s acariciadas ilusiones pueden frustrarse por circunstancias imprevisibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otras memorias famosas, las de Alberto Lleras Camargo, que se iniciaron en 1976 con el volumen <em>Mi gente,<\/em> editadas cuando el autor cumpl\u00eda setenta a\u00f1os de edad, quedaron detenidas en el relato de los or\u00edgenes familiares y la descripci\u00f3n de una generaci\u00f3n de guerreros, maestros y pol\u00edticos. Lleras sobrevivi\u00f3 catorce a\u00f1os al suceso editorial, pero de ah\u00ed en adelante le falt\u00f3 entusiasmo para continuar el prop\u00f3sito concebido con tanto empe\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Germ\u00e1n Santamar\u00eda, que pocos d\u00edas antes de aparecer el libro de Gabo escribi\u00f3 unas laudatorias palabras de aperitivo, revel\u00f3 que en las 580 p\u00e1ginas apenas hab\u00eda pescado dos errores veniales. Y ret\u00f3 a los lectores a que los localizaran. Yo, que me precio de leer con mente reflexiva, me dispuse a la faena de buceo, armado de l\u00e1piz y \u00e1nimo alerta. Mi cosecha, por cierto, result\u00f3 mayor que la de Santamar\u00eda, aunque tambi\u00e9n insignificante. Esto pone de relieve la pureza del texto, como es apenas obvio que ocurra con este maestro de la palabra y el rigor gramatical, y con una editorial de tanto renombre como Norma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer gazapo, peque\u00f1ito como un conejo inofensivo, atribuible al editor, se ha repetido en cuanto texto bibliogr\u00e1fico o hist\u00f3rico se ha escrito sobre el autor y se refiere a su edad. Al comienzo de la obra figura como nacido en 1928, pero el a\u00f1o verdadero es 1927, como se aclar\u00f3 en a\u00f1os pasados. Para despejar el equ\u00edvoco, el escritor afirma en sus recuerdos: \u201cAhora, con m\u00e1s de setenta y cinco a\u00f1os bien medidos\u201d (p\u00e1gina 11). \u201cFue as\u00ed y all\u00ed donde naci\u00f3 el primero de siete varones y cuatro mujeres, el domingo 6 de marzo de 1927\u201d (p\u00e1gina 76).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Veamos otras nimiedades, para responder al reto de Santamar\u00eda. En la frase: \u201cMasticando bolas de coca para entretener a la vida\u201d (p\u00e1gina 12), sobra la preposici\u00f3n \u201ca\u201d, por no referirse a nombre de persona, de animal o de cosa personificada. Donde se escribe: \u201cEl petrolero Taralite, de bandera canadiense que entr\u00f3 con bramidos de j\u00fabilo\u201d (p\u00e1gina 169), falta una coma despu\u00e9s de la palabra \u201ccanadiense\u201d.\u00bfSer\u00e1 demasiado rigor volver \u201coligarcas\u201d a los \u201caligarcas\u201d de la p\u00e1gina 251?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gabo, por las inevitables nebulosas que produce el paso del tiempo, de seguro ha olvidado el nombre exacto de algunas personas que cruzaron por su vida. El padre Eduardo N\u00fa\u00f1ez, a quien en la p\u00e1gina 194 evoca como su profesor erudito, y sobre quien dice que nunca supo si termin\u00f3 una historia monumental de la literatura colombiana, es en realidad Jos\u00e9 Aristides N\u00fa\u00f1ez Segura, sacerdote jesuita nacido en Duitama en 1908 y autor de la extensa <em>Literatura colombiana<\/em> (y de otras literaturas publicadas).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la p\u00e1gina 390 menciona al \u201cgeneral Ernesto Polan\u00eda Puyo\u201d, que penetr\u00f3 con porte de caballero a la casa de <em>El Universal<\/em> en Cartagena, durante los oscuros a\u00f1os de la censura de prensa impuesta por Rojas Pinilla. El texto deja claro que se trata del mismo glorioso militar que a\u00f1os despu\u00e9s ser\u00eda el primer comandante del batall\u00f3n Colombia en la guerra de Corea, declarado h\u00e9roe por sus acciones intr\u00e9pidas (agrego yo), pero su nombre no es Ernesto sino Jaime. Como glosa final, anoto que el libro, como fuente que es de consulta hist\u00f3rica y literaria, ha debido poseer \u00edndices onom\u00e1stico y topon\u00edmico. No incluyo algunos deslices hist\u00f3ricos, como los mencionados por Carlos Lemos Simmonds en el ensayo aparecido en <em>Lecturas Dominicales <\/em>de<em> El Tiempo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Vivir para contarla<\/em>, que pretend\u00eda ser el relato de una estirpe enmarcada en los contornos m\u00e1gicos de Macondo, abarc\u00f3 la historia de Colombia en el siglo XX, \u00e9poca convulsionada por la violencia, la guerra\u00a0 encarnizada entre conservadores y liberales, la masacre de las bananeras, la hecatombe del 9 de abril y varios cuadros m\u00e1s de odio y destrucci\u00f3n. El inocente habitante de Aracataca, v\u00edctima de esta atm\u00f3sfera brutal, comenz\u00f3 a escribir sus cuentos y novelas bajo el fragor de las contiendas y los g\u00e9rmenes fratricidas, y m\u00e1s tarde ampli\u00f3 sus horizontes como reportero y cronista magistral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las generaciones de su propio linaje, que nacen, mueren y se extinguen en <em>Cien a\u00f1os de soledad,<\/em> representan a todo el pueblo colombiano, y en general a la especie humana, como personajes de la tragedia del hombre. Contarnos ahora c\u00f3mo surgieron sus primeras inquietudes de escritor, c\u00f3mo sufri\u00f3 y luch\u00f3 por la conquista de sus ideales y c\u00f3mo fabric\u00f3 su mundo iluminado por el realismo m\u00e1gico, es llevarnos a territorios de sortilegio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y no es s\u00f3lo lo que cuenta, sino la manera como lo cuenta. El poeta que duerme en sus entra\u00f1as y que comenz\u00f3 a revelarse en sus iniciales escarceos como alumno del Liceo Nacional de Zipaquir\u00e1, dibujado o desdibujado por sus bigotes insurgentes y su melena ins\u00f3lita, es el mismo poeta que forj\u00f3 esta obra\u00a0 que ha prendido entusiasmo en los pa\u00edses de habla espa\u00f1ola. La definici\u00f3n de Carlos Fuentes es precisa: \u201cGabriel posee una memoria po\u00e9tica fabulosa\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El libro es tambi\u00e9n un homenaje a la amistad. Recuento emotivo de los numerosos amigos y repaso de an\u00e9cdotas fascinantes. Adem\u00e1s, un canto al amor, as\u00ed sea el amor furtivo de Nigromanta, enturbiado por los lances de la traici\u00f3n y el arrebato sexual, pero representativo de todos los amor\u00edos y todos los enredos de la juventud err\u00e1til. Las mujeres fugaces que figuran en las p\u00e1ginas sazonadas con gotas de erotismo, son las mismas mujeres que protagonizan hechos excitantes o rudos en el universo macondiano. Las memorias, en fin, son la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s llegar\u00e1 Mercedes Barcha, el amor eterno, a quien el escritor deja sentada y expectante en el portal de su casa, lejana y presente al mismo tiempo, como una esperanza posible. Las dotes del novelista ejecutan este suspenso abrupto para que el lector piense en el m\u00e1s all\u00e1, en un futuro de sorpresas y hallazgos, a lo largo de los cuarenta y cinco a\u00f1os que Gabo nos qued\u00f3 debiendo de sus\u00a0 vivencias. Siempre he cre\u00eddo que lo inconcluso, como lo imperfecto, significa una frustraci\u00f3n, hasta que se arme la obra completa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 31 de octubre de 2002.<br \/>\n<em><strong>Eje 21,\u00a0<\/strong><\/em>Manizales, 19 de abril de 2020.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentarios:<\/strong><\/p>\n<p>Excelente nota. Es una escanograf\u00eda a las \u201camnesias\u201d de Gabito. <strong>Alpher Rojas<\/strong><strong>, <\/strong>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p>Me quito el sombrero y te hago todas las venias y me asusto de los errores que cometo al escribir, sabiendo que tengo un \u201cbuzo\u201d de tal calibre. Pero m\u00e1s que buzo dir\u00eda que implacable cazador de tiburones. <strong>Colombia P\u00e1ez<\/strong><strong>,<\/strong> Miami.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Siendo un extraordinario documento familiar e hist\u00f3rico, las memorias de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, Vivir para contarla, que abarcan treinta a\u00f1os de su vida -hasta 1957-, me dejaron una\u00a0 dura desaz\u00f3n: que cuando m\u00e1s engolosinado estaba con su lectura, el libro lleg\u00f3 a su final. 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