{"id":14401,"date":"2018-11-15T09:39:18","date_gmt":"2018-11-15T14:39:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=14401"},"modified":"2018-11-15T09:44:01","modified_gmt":"2018-11-15T14:44:01","slug":"la-singular-historia-de-silfo-cifuentes","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2018\/11\/15\/la-singular-historia-de-silfo-cifuentes\/","title":{"rendered":"La singular historia de Silfo Cifuentes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace a\u00f1os conoc\u00ed La Guajira. Desde que hice la primera parada en Riohacha, comenc\u00e9 a sentir el aire del desierto, la soledad y el silencio, y conforme avanzaba por las llanuras infinitas aparec\u00eda el territorio m\u00edtico narrado por Eduardo Zalamea en <em>Cuatro a\u00f1os a bordo de m\u00ed mismo. <\/em>Esta novela no es un simple viaje por la geograf\u00eda primitiva y los \u00e1speros caminos, sino adem\u00e1s una excursi\u00f3n por los paisajes y las emociones que alimentan la fascinaci\u00f3n. Como lo dice Zalamea, su obra es \u201cun diario de los cinco sentidos\u201d. Un despertar, ante la belleza, del mundo sensible que todos llevamos en el interior del alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es ahora mi nieta Valeria, de cinco a\u00f1os, quien de manos de sus padres y bajo su propio impulso se adentr\u00f3 en el alma de La Guajira, m\u00e1s all\u00e1 de lo que yo lo hice. No s\u00e9 si ma\u00f1ana se acordar\u00e1 de que en Palomino conoci\u00f3 a Silfo Cifuentes, el hombre de ciudad que se convirti\u00f3 en ind\u00edgena kogui, y puso esta dedicatoria en su libro <em>El indio interior<\/em>, editado en el 2016<em>: <\/em>\u201cValeria, eres una ni\u00f1a y alma hermosa. La vida te ama. \u00a1Ama la vida! Ama a tu familia. \u00c1mate a ti misma\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Voy a contar la historia de Silfo, tomada de su propio libro y de varios registros de internet. Naci\u00f3 en la hacienda que ten\u00eda su padre en Palmira, y en Cali curs\u00f3 sus primeras letras y obtuvo el grado de artista pl\u00e1stico. Luego estudi\u00f3 arquitectura, que no termin\u00f3. Con el paso del tiempo, se desilusion\u00f3 de la sociedad civilizada y se sinti\u00f3 atra\u00eddo por las comunidades ind\u00edgenas. Para tal fin recorri\u00f3 varios pa\u00edses de Sudam\u00e9rica, y a la postre se fue en busca del pueblo kogui, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Corr\u00edan los a\u00f1os 70 del siglo pasado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ansiaba el contacto con la naturaleza, el aire puro, los r\u00edos incontaminados, el cielo abierto, la sabidur\u00eda de los seres primitivos. Quer\u00eda ser ind\u00edgena, pero los koguis le negaban el acceso a su comunidad. Lo cre\u00edan un aventurero, quiz\u00e1s un vago. Un a\u00f1o dur\u00f3 pidiendo que lo recibieran, o por lo menos le dieran la oportunidad de demostrarles su convicci\u00f3n. De hecho, su cruce racial ven\u00eda de blanco espa\u00f1ol y americana afroind\u00edgena. Hasta que al fin, de tanto insistir, el mamo mayor autoriz\u00f3 su ingreso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer paso fue vestir como ellos. Despu\u00e9s aprendi\u00f3 a cultivar la tierra, pescar, tejer, hilar,\u00a0 fabricar chinchorros y los productos aut\u00f3ctonos. La lengua la fue asimilando poco a poco. Al correr de los d\u00edas, se familiarizaba con las costumbres y las creencias de su nueva sociedad. Mascaba la hoja de coca tostada, que da energ\u00eda, y consum\u00eda los alimentos hechos con f\u00f3rmulas naturistas, que protegen la salud y alargan la vida. Desencantado de su propia religi\u00f3n, que para \u00e9l era sin\u00f3nimo de inquisici\u00f3n y sumisi\u00f3n, comulgaba ahora con la espiritualidad que buscaba en otros caminos. Y la hab\u00eda encontrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pasaron cuarenta a\u00f1os. Su alma se purific\u00f3 en la rusticidad de los montes y en la limpieza de las tradiciones abor\u00edgenes. \u201cLa sabidur\u00eda \u2013dice en su libro\u2013 viene de adentro; el conocimiento y la informaci\u00f3n se adquieren, se aprenden, se reciben de afuera\u201d. El alcohol y los vicios t\u00f3xicos los considera letales: est\u00e1n acabando con la humanidad. Solo los estados espirituales \u2013afirma\u2013\u00a0 mantienen la paz del ser humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Silfo es un sabio, pero la gente que pasa a su lado no lo nota. He aqu\u00ed algunos de los principios plasmados en su libro: \u201cCuando tenemos un problema emocional hay dolor, y el dolor es un crisol apto para purificar\u201d. \u201cLa verdad ha sido perseguida, eclipsada, sacrificada por la oscuridad; este es el mejor term\u00f3metro para saber cu\u00e1ndo algo es verdad\u201d. \u201cUno de los enemigos m\u00e1s esclavizantes que nos impiden \u2018nacer de nuevo\u2019 es la ignorancia\u201d. \u201cNo podemos decir que el dinero sea bueno ni malo, depende del manejo; si lo usas como poder, te corrompe; si lo metes en tu coraz\u00f3n, te esclaviza\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Silfo tuvo que descender de la Sierra Nevada cuando los grupos guerrilleros crearon inseguridad en la zona. Ahora vive en Palomino, en el hotel Playa La Roca, que construy\u00f3 junto con su hija Samila y su yerno Mario. All\u00ed lo encontraron mi nieta Valeria, sus pap\u00e1s y su t\u00eda Liliana, los excursionistas de esta cr\u00f3nica que se fueron a descubrir mundos nuevos en el remoto y embrujado mapa de La Guajira. Silfo viste el traje de los koguis y lleva, sobre todo, el alma pura que le otorg\u00f3 la convivencia con la naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su nombre de pila es Luis Alfonso (Cifuentes), pero un compa\u00f1ero de estudios lo bautiz\u00f3 Silfo. Apelativo perfecto, ya que <em>silfo<\/em>, seg\u00fan los cabalistas, es un \u201cser fant\u00e1stico o esp\u00edritu elemental del aire\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador, <\/em><\/strong>Bogot\u00e1, 10-XI-2018.<br \/>\n<strong><em>Eje 21, <\/em><\/strong>Manizales, 9-XI-2018.<br \/>\n<strong><em>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo, <\/em><\/strong>Armenia, 11-XI-2018.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentarios<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muy bella la historia de Silfo Cifuentes y muy ex\u00f3tica, pues no espera uno que un hombre \u00abcivilizado\u00bb quiera volverse ind\u00edgena. Pero estas culturas tienen su sabidur\u00eda y no est\u00e1n contaminadas de modernidad y por ello se hacen atrayentes. Qu\u00e9 bueno que la nietecita est\u00e9 empezando a llenarse de \u00bb mundo\u00bb. <strong>Eduardo Lozano Torres, <\/strong>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pueblo kogui es herm\u00e9tico, y si Silfo Cifuentes logr\u00f3 adentrarse, es toda una haza\u00f1a. La Guajira\u00a0 no la conozco. <strong>Loretta van Iterson<\/strong>, \u00c1msterdam (ciudadana holandesa que vivi\u00f3 varios a\u00f1os en Colombia).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bella cr\u00f3nica del personaje Silfo Cifuentes. Su historia es salida del aire, del espacio, de la arena y del coraz\u00f3n de La Guajira. Qu\u00e9 alegr\u00eda para Valeria, quien va acumulando esta riqueza espiritual. <strong>In\u00e9s Blanco, <\/strong>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dedicatoria a Silfo en la novela <em>R\u00e1fagas de silencio: \u201c<\/em>A Silfo, en su para\u00edso ecol\u00f3gico. Por all\u00e1 pas\u00f3 mi nieta Valeria, de 5 a\u00f1os, y me trajo el libro <em>El indio interior <\/em>que usted le obsequi\u00f3 con bella dedicatoria. Con mucho agrado lo hago part\u00edcipe de esta novela de mi autor\u00eda en la que se mueven los ind\u00edgenas del Putumayo. Admiro su sabidur\u00eda, Silfo. <strong>GPE<\/strong>\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Hace a\u00f1os conoc\u00ed La Guajira. Desde que hice la primera parada en Riohacha, comenc\u00e9 a sentir el aire del desierto, la soledad y el silencio, y conforme avanzaba por las llanuras infinitas aparec\u00eda el territorio m\u00edtico narrado por Eduardo Zalamea en Cuatro a\u00f1os a bordo de m\u00ed mismo. 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