{"id":1567,"date":"2010-07-19T17:33:15","date_gmt":"2010-07-19T22:33:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1567"},"modified":"2014-03-28T14:32:57","modified_gmt":"2014-03-28T19:32:57","slug":"un-instante-de-enrique-santos-castillo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/07\/19\/un-instante-de-enrique-santos-castillo\/","title":{"rendered":"Un instante de Enrique Santos Castillo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdadera dimensi\u00f3n humana y period\u00edstica de Enrique Santos Castillo vino a evidenciarse con motivo de su muerte, ocurrida el pasado 26 de noviembre. Es de los hombres que dejan huella y nunca se olvidan. El pa\u00eds se conmovi\u00f3 con su deceso y le rindi\u00f3 calurosos honores por sus grandes virtudes como periodista, hombre de hogar y ciudadano eminente. Su padre, Enrique Santos Montejo, \u201cCalib\u00e1n\u201d, lo llevaba de ni\u00f1o a jugar en los talleres de <em>El Tiempo, <\/em>en compa\u00f1\u00eda de su hermano Hernando, y desde entonces a ambos les naci\u00f3 la fiebre por el periodismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hernando muri\u00f3 en 1999, siendo director de <em>El Tiempo. <\/em>Y Enrique, jefe de Redacci\u00f3n por espacios de 36 a\u00f1os y editor general durante los \u00faltimos 20 a\u00f1os, se hab\u00eda retirado del diario apenas dos meses antes de morir. Muerte pl\u00e1cida, como su vida, seg\u00fan lo cuenta su hijo Juan Manuel, ministro de Hacienda, en bello art\u00edculo donde refleja no s\u00f3lo su sentimiento filial en el duro momento de la despedida, sino la estampa del padre bondadoso y recto que inculc\u00f3 en los suyos recias lecciones de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan lo describen quienes estuvieron cerca de \u00e9l, viv\u00eda el periodismo con pasi\u00f3n y vehemencia. Su olfato por la noticia le permit\u00eda desentra\u00f1ar el nervio de cada d\u00eda, y con esa destreza innata rotulaba las noticias y mov\u00eda la primera p\u00e1gina del diario. Nunca escribi\u00f3 un art\u00edculo y ni siquiera un pie de foto, pero era severo para enderezar las notas de los redactores y hacer concisa la redacci\u00f3n. Se le ve\u00eda llegar al peri\u00f3dico con numerosos papelitos en el bolsillo, en los que hab\u00eda anotado, leyendo la edici\u00f3n del d\u00eda, los errores descubiertos y las dudas que deb\u00eda resolver con su grupo de trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Iniciaba las jornadas diarias como el maestro rega\u00f1\u00f3n, casi a la usanza de los viejos tiempos de la f\u00e9rula y el castigo inclemente. Bajo la temperatura de los juicios y los rega\u00f1os implacables, todos lo tem\u00edan, pero aprend\u00edan la lecci\u00f3n. Despu\u00e9s, en los corredores o en la cafeter\u00eda, les echaba el brazo al hombro y era como si nada hubiera sucedido. Para \u00e9l existieron siempre dos familias: la suya propia y la que se formaba bajo el cobijo del peri\u00f3dico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El rigor militar le ven\u00eda de su adhesi\u00f3n, en sus \u00e9pocas juveniles, a las figuras guerreras de Mussolini y de Franco, aunque detestaba las crueldades de Hitler. Un d\u00eda quiso ingresar a las huestes que luchaban por Franco, pero su t\u00edo Eduardo, due\u00f1o del peri\u00f3dico, se lo impidi\u00f3. De todas maneras, sus ideas fueron siempre de extrema derecha. Pero era un ser paternalista y bonach\u00f3n. Ten\u00eda aptitud pol\u00edtica, pero detestaba el poder. Sin embargo, lo ejerc\u00eda en la sombra, pues su relaci\u00f3n con presidentes, ministros y congresistas significaba un superpoder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo una vez tuve ocasi\u00f3n de conversar con \u00e9l. Lo conoc\u00eda de lejos, y nunca hab\u00eda llegado el momento de tratarlo. Esto sucedi\u00f3 en 1989, en la \u00faltima visita de la poetisa Laura Victoria al pa\u00eds. Ella me pidi\u00f3 que la acompa\u00f1ara, junto con su hija Beatriz (Alicia Caro, en el cine mejicano), a una entrevista con el director del peri\u00f3dico. Laura Victoria, cuyos nexos con <em>El Tiempo <\/em>y la familia Santos vienen de vieja data, deseaba dicho encuentro despu\u00e9s de largos a\u00f1os de ausencia de Colombia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hernando Santos sali\u00f3 de su despacho y se disculp\u00f3 por no podernos recibir de inmediato, sino media hora despu\u00e9s, mientras atend\u00eda a unos visitantes extranjeros. Acto seguido se present\u00f3 su hermano Enrique, advertido sin duda de la presencia de Laura Victoria. Conoc\u00ed entonces al personaje, al que fui presentado como columnista de <em>El Espectador <\/em>\u00a0y paisano suyo boyacense. Me salud\u00f3 de abrazo, como si fu\u00e9ramos viejos amigos, y me manifest\u00f3 con sonrisa bromista: \u201cExcelente por lo boyacense, pero tengo que cuidarme de la competencia\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fueron momentos de efusi\u00f3n y gracia, veloces instantes de amistad y sencillez, donde qued\u00f3 retratado el car\u00e1cter caballeroso que lo distingu\u00eda. Me llev\u00f3 a pasear por los alrededores de su oficina, mientras Laura Victoria y su hija se quedaron conversando con Roberto Garc\u00eda-Pe\u00f1a, director em\u00e9rito del peri\u00f3dico, y en el recorrido les hac\u00eda gracejos a quienes lo saludaban con familiaridad. Su exquisito don de gentes, mezclado de alegr\u00eda y amabilidad, era su caracter\u00edstica constante. As\u00ed lo recuerdo. As\u00ed lo recuerdan quienes vivieron cerca de su mundo cotidiano o compartieron el calor del hogar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador,<\/strong><\/em> Bogot\u00e1, 6 de diciembre de 2001.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar La verdadera dimensi\u00f3n humana y period\u00edstica de Enrique Santos Castillo vino a evidenciarse con motivo de su muerte, ocurrida el pasado 26 de noviembre. Es de los hombres que dejan huella y nunca se olvidan. 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