{"id":1629,"date":"2010-07-20T19:11:15","date_gmt":"2010-07-21T00:11:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1629"},"modified":"2014-05-05T11:26:55","modified_gmt":"2014-05-05T16:26:55","slug":"los-campos-del-terror","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/07\/20\/los-campos-del-terror\/","title":{"rendered":"Los campos del terror"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para escribir esta columna sobre las minas antipersonales \u2013uno de los dramas m\u00e1s horripilantes de la era actual\u2013, realic\u00e9 un recorrido por el mundo a trav\u00e9s de la internet. Y qued\u00e9 abismado frente al sinf\u00edn de atrocidades que se cometen en todas las latitudes del orbe por medio de este mecanismo atroz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En plena \u00e9poca de las globalizaciones, cuando los pa\u00edses luchan por vender sus productos en los mercados internacionales y adquirir a su turno los avances de las tecnolog\u00edas for\u00e1neas, tambi\u00e9n la perversidad se ha globalizado. La maldad se exporta o se importa como un bien de consumo. La barbarie no tiene l\u00edmites y cada vez se vuelve m\u00e1s refinada y m\u00e1s universal. El hombre lleva inoculado el odio desde su nacimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las empresas fabricantes de los artefactos explosivos ejecutan los m\u00e9todos m\u00e1s novedosos para superar a la competencia y ganar mayores mercados, sin detenerse a reflexionar en los estragos que causan a la humanidad. Por encima de todo est\u00e1 el lucro. Y detr\u00e1s del lucro, la ruindad moral de los comerciantes de desgracias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los 125 estados signatarios del Tratado de Ottawa (1997) llevan destruidas m\u00e1s de 30 millones de minas. Los grandes ausentes de este convenio son Estados Unidos, Rusia y China. Entre tanto, cada a\u00f1o se presentan unas 20.000 v\u00edctimas nuevas. Colombia ocupa el cuarto lugar entre los pa\u00edses que afrontan esta calamidad, despu\u00e9s de Camboya, Afganist\u00e1n y Angola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se calcula que en los arsenales del planeta existen alrededor de 230 millones de minas. Las sembradas pasan de 110 millones y est\u00e1n listas para explotar en 64 pa\u00edses. Otro dato alarmante revela que despu\u00e9s de enterradas, se mantienen activas durante 50 a\u00f1os. Todo esto indica que el universo se ha convertido en un campo minado, no s\u00f3lo para el presente sino tambi\u00e9n para el futuro lejano. Hoy, las minas sembradas en el pa\u00eds pueden pasar de 100.000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conforme se recrudece la ferocidad de los conflictos armados y se incrementa la ira entre los colombianos, progresa el \u00edmpetu destructor de los grupos subversivos. Seg\u00fan datos del \u00a0Observatorio de Minas de la Vicepresidencia, 4.575 personas han sido v\u00edctimas de estos atentados entre 1990 y el a\u00f1o actual, la mayor\u00eda militares y campesinos (entre ellos, 476 ni\u00f1os). Alrededor del 60 por ciento de los municipios est\u00e1n expuestos a esta acci\u00f3n criminal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las minas antipersonales se idearon para mutilar y torturar, m\u00e1s que para matar. En otras palabras, para producir p\u00e1nico en la poblaci\u00f3n. Hasta esos extremos diab\u00f3licos ha llegado la hostilidad del hombre y la agresi\u00f3n de la guerra: su fin primordial es destrozar y amedrentar. Muchos mueren en la explosi\u00f3n, o d\u00edas despu\u00e9s a causa de las heridas, y quienes quedan vivos deben padecer brutales tormentos, tanto f\u00edsicos como sicol\u00f3gicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con estos atentados se realiza, adem\u00e1s, grave da\u00f1o social al desalojar a los pobladores de sus campos y arrebatarles los medios de subsistencia, con lo cual se merma la producci\u00f3n nacional y se crean situaciones de desempleo y miseria. Los predios rurales, que en otros tiempos fueron fuente de prosperidad e insignia nacional, se han convertido en campos de desolaci\u00f3n y muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juan Passega es otra v\u00edctima inocente de este conflicto demencial. Su profesi\u00f3n de ingeniero civil, que ejerc\u00eda en Bogot\u00e1 desde a\u00f1os atr\u00e1s, lo llev\u00f3 a trabajar como jefe de interventor\u00eda de una mina de carb\u00f3n a cielo abierto ubicada en el municipio de La Jagua de Ibirico (Cesar). Para cumplir su cometido, tuvo que resignarse a visitar a su esposa e hijos s\u00f3lo por temporadas. Sacrificio enorme, motivado por la oportunidad laboral y por el deseo de prestarle un servicio a la patria en aquella lejana y riesgosa geograf\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed sufri\u00f3 la p\u00e9rdida del pie izquierdo al pisar una mina. El horror causado por este infortunio no s\u00f3lo le obnubil\u00f3 la mente y le conmocion\u00f3 el esp\u00edritu, sino que hoy, en la lenta recuperaci\u00f3n, lucha por recobrar el equilibrio emocional y superar la lesi\u00f3n f\u00edsica. Gracias a la valent\u00eda de los soldados que acudieron a sacarlo del lugar del accidente junto con otros de sus compa\u00f1eros de trabajo, lo mismo que a los primeros auxilios recibidos en Valledupar y a los servicios que le presta el Hospital Militar, su caso, por terrible que sea, resulta milagroso. Y por fortuna, remediable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como amigo suyo personal, he seguido de cerca \u2013y lo he sentido en lo m\u00e1s hondo del alma\u2013 este doloroso episodio de la guerra fratricida que tiene azotada la paz de los colombianos. Estos cr\u00edmenes de lesa humanidad reclaman una vigorosa acci\u00f3n de todos los pa\u00edses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cMi caso<\/em> \u2013dice Juan Passega\u2013 <em>puede ser el primero dentro de la poblaci\u00f3n no campesina y le puede ocurrir a cualquier persona que por el simple hecho de hacer un paseo a cualquier lugar fuera de la ciudad caiga en un campo minado. Todos los colombianos estamos expuestos y no queremos abrir los ojos ante esta realidad\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 13 de marzo de 2006.<br \/>\n<em><strong>Revista La P\u00edldora, <\/strong><\/em>julio-agosto de 2006, Cali.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Te agradezco en el alma tus palabras dedicadas a mi caso y el de muchas otras personas. Espero que con esto podamos comenzar a cerrarle las puertas a este mal que tenemos en nuestro pa\u00eds y en el mundo. <strong>Juan Passega<\/strong><strong> Avalos, <\/strong>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Te felicito por el art\u00edculo y por resaltar el valor y la entereza de nuestro amigo Juan. <strong>Jorge Orozco,<\/strong><strong> <\/strong>director de Marketing y Comunicaciones, Synapsis Colombia, Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El art\u00edculo <em>Campos del terror<\/em> me abri\u00f3 la mente a otras realidades que no ten\u00eda en perspectiva. Adicional a ser un art\u00edculo profundo fue realmente conmovedor. <strong>John Ram\u00edrez<\/strong>, Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qu\u00e9 buen art\u00edculo. Todav\u00eda queda mucho por escribir y muchos por recordar. <strong>Carlos Eduardo Astr\u00e1laga Pertuz, <\/strong>Codensa, Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre est\u00e1 empe\u00f1ado en \u201cconvertir la tierra en una l\u00e1grima\u201d, al decir de Robledo Ortiz en su Plegaria a San Francisco de As\u00eds. Y tu art\u00edculo as\u00ed lo comprueba. Son estad\u00edsticas alucinantes, que roban la tranquilidad y la realidad doloros\u00edsimas que vivimos a diario. Por eso odio la guerra y la violencia, venga de donde viniere, y soy apasionada defensora del perd\u00f3n, del di\u00e1logo, de la b\u00fasqueda de caminos de reconciliaci\u00f3n. <strong>A\u00edda Jaramillo<\/strong><strong> Isaza<\/strong><strong>, <\/strong>Manizales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo grave de este problema est\u00e1 esbozado en la \u00faltima parte de su art\u00edculo: no le importa a nadie mientras no sea una v\u00edctima, y la mayor\u00eda de las v\u00edctimas son colombianos an\u00f3nimos, pobres, ignorantes, explotados por los gamonales y electoreros de turno. Gracias al aprecio por su amigo en desgracia est\u00e1 hoy usted investigando y tratando de hacer algo, pero habr\u00e1 muchos que no sentir\u00e1n de cerca la explosi\u00f3n de una mina y seguir\u00e1n ciegos y sordos ante esta tragedia. <strong>Martha Cecilia S\u00e1nchez Perdomo<\/strong> (correo a <em>El Espectador)<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Para escribir esta columna sobre las minas antipersonales \u2013uno de los dramas m\u00e1s horripilantes de la era actual\u2013, realic\u00e9 un recorrido por el mundo a trav\u00e9s de la internet. 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