{"id":1642,"date":"2010-07-22T07:51:10","date_gmt":"2010-07-22T12:51:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1642"},"modified":"2014-03-09T20:15:58","modified_gmt":"2014-03-10T01:15:58","slug":"homenaje-postumo-a-riosucio","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/07\/22\/homenaje-postumo-a-riosucio\/","title":{"rendered":"Homenaje p\u00f3stumo a Riosucio"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Don Rafael Vinasco Trejos sol\u00eda comentarme, con vivo entusiasmo y discreta vanidad, el plan que desde a\u00f1os atr\u00e1s adelantaba sobre una historia de Riosucio (Caldas), su pueblo nativo. De su coterr\u00e1neo y maestro Otto Morales Ben\u00edtez, de quien durante largos a\u00f1os fue cercano colaborador, hab\u00eda aprendido que la microhistoria es el nervio de la historia. Esto lo mov\u00eda a reconstruir hechos menudos que dibujaban el alma del terru\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dados nuestros nexos de amistad, quiso don Rafael que yo conociera varios de esos cap\u00edtulos, recogidos al paso de los d\u00edas con el poder de su memoria prodigiosa, los que me remit\u00eda en entregas calculadas para que fuera aspirando el aire pueblerino de su comarca, y de paso le expresara mi opini\u00f3n sobre su escritura meticulosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dichos escritos me enteraban sobre diversos sucesos locales (como la llegada del primer autom\u00f3vil al pueblo, o el cenadero de do\u00f1a Temilda, o el sortilegio de la p\u00f3lvora, o la semblanza de algunos personajes t\u00edpicos), con esta particularidad: la de ser evocados no en los sistemas de la enredada tecnolog\u00eda actual, por los que sent\u00eda terror invencible, sino en su elemental maquinilla de largas traves\u00edas, que pulsaba con desenvoltura y placer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo, por supuesto, lo animaba para que editara cuanto antes la obra tantas veces anunciada, de valor manifiesto, y \u00e9l me dec\u00eda que a\u00fan le faltaba algo por decir. La raz\u00f3n que aduc\u00eda \u2013y de ah\u00ed nunca sali\u00f3\u2013 era la de que en ese momento escrib\u00eda el \u00faltimo cap\u00edtulo y que pronto, en cuesti\u00f3n de d\u00edas (que pod\u00edan volverse a\u00f1os), concluir\u00eda su tarea. En nuestro pr\u00f3ximo encuentro, tres o cuatro meses despu\u00e9s, volv\u00eda a repetirme lo mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto me acord\u00e9 de que no hab\u00eda vuelto a saber nada de don Rafael ni de su\u00a0 programa interminable. (A veces las personas y sus ideales se nos esfuman sin darnos cuenta). Y me comuniqu\u00e9 con el tel\u00e9fono de su casa, ansioso por conocer sus \u00faltimos progresos. Al otro lado de la l\u00ednea, una voz femenina se mostr\u00f3 confusa con mi llamada, y yo alcanc\u00e9 a distinguir su sorpresa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c\u00bfPregunta usted por Rafael?\u201d, o\u00ed que exclamaba Sylvia, su esposa. Solloz\u00f3, y me cont\u00f3 que su marido cumpl\u00eda, ese d\u00eda exacto, dos a\u00f1os de muerto. \u00a1Por Dios! \u00bfC\u00f3mo era posible que nadie me hubiera contado su deceso? En medio de semejante aprieto, no pude evitar el preguntarle por las p\u00e1ginas escritas con tanto fervor y entusiasmo (despu\u00e9s sabr\u00eda que se trataba de cuatro libros sobre Riosucio), y recib\u00ed de ella esta respuesta tan com\u00fan en el mundo de los escritores: la obra se encontraba in\u00e9dita, y las gestiones para conseguir editor no resultaban favorables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El autor se hab\u00eda ido del mundo sin haberle entregado a su patria chica el trabajo que consinti\u00f3, puli\u00f3 y repuli\u00f3 (con exceso de perfeccionismo) durante largos a\u00f1os. Cada l\u00ednea que traz\u00f3 reconstruyendo la historia regional, la goz\u00f3 al m\u00e1ximo, al ponerlo en sinton\u00eda con el alma de su pueblo. Ese era su tesoro espiritual, y para \u00e9l la edici\u00f3n ten\u00eda importancia secundaria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace poco lleg\u00f3 a mis manos un precioso libro de 368 p\u00e1ginas, publicado en L. Vieco e Hijas Ltda., de Medell\u00edn, con pr\u00f3logo de Otto Morales Ben\u00edtez (excelente enfoque sobre el autor y su obra, lo mismo que sobre el esp\u00edritu de la poblaci\u00f3n) y con el siguiente t\u00edtulo: <em>Apuntes sobre Riosucio.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante la falta de editor, fue la propia viuda quien con sus ahorros coste\u00f3 la primera parte del trabajo impreso, y as\u00ed lo hace constar en la dedicatoria del libro: \u201cHe querido hacer esta publicaci\u00f3n como un sencillo homenaje a la memoria de Rafael. Sylvia Bonilla de Vinasco\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta cr\u00f3nica, que en aras de la brevedad no entra a detallar el valioso material hist\u00f3rico de la obra, resalta en cambio la noticia grata sobre el entra\u00f1able homenaje ofrendado a Riosucio por uno de sus hijos preclaros, homenaje que se convierte, a la vez, en tributo a la memoria del propio escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 20 de junio de 2006.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Don Rafael Vinasco Trejos sol\u00eda comentarme, con vivo entusiasmo y discreta vanidad, el plan que desde a\u00f1os atr\u00e1s adelantaba sobre una historia de Riosucio (Caldas), su pueblo nativo. 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