{"id":1653,"date":"2010-07-25T07:17:44","date_gmt":"2010-07-25T12:17:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1653"},"modified":"2014-05-01T10:49:25","modified_gmt":"2014-05-01T15:49:25","slug":"en-la-muerte-de-una-monja","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/07\/25\/en-la-muerte-de-una-monja\/","title":{"rendered":"En la muerte de una monja"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00edamos salido muy temprano de Bogot\u00e1 para asistir en Villa de Leiva al entierro de la hermana Ana Josefa, carmelita descalza. Cuando llegamos, antes de las nueve de la ma\u00f1ana, todav\u00eda la poblaci\u00f3n se encontraba dormida. Algunas personas se mov\u00edan en la plaza como sombras de la noche anterior. Y es que en Villa de Leiva el tiempo no corre. Ese es su secreto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay all\u00ed af\u00e1n para nacer, y tampoco para morir. Parece, al igual que Comala \u2013el pueblo quieto de Juan Rulfo\u2013, territorio de almas vaporosas. Pueblo de sombras, de resplandores et\u00e9reos. Alg\u00fan parroquiano se apostar\u00e1 en la pared centenaria y se dedicar\u00e1 a ver correr el tiempo. Y como \u00e9ste no corre, tambi\u00e9n el vecino sospecha que est\u00e1 fosilizado. Ambos, la persona y el tiempo, se encuentran en un \u00e1ngulo de la plaza y dialogan sobre la inmovilidad de sus existencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el convento de las Carmelitas Descalzas, enmarcado entre pesadas y blancas paredes de eternidad, la quietud era absoluta. Pod\u00eda masticarse la paz. Por ninguna parte hab\u00eda vestigios de muerte. Nos deslizamos hasta el torno, como si fu\u00e9ramos parte de las sombras, y tocamos. Hablamos con duda y reverencia. Pensamos que iba a contestar el silencio, pero no. Cuando o\u00edmos el \u00a1Ave Mar\u00eda Pur\u00edsima! , supimos que adentro hab\u00eda vida. En la salutaci\u00f3n recibimos un aire, un respiro del encierro conventual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00cdbamos, sin embargo, a buscar a la hermana Ana Josefa, la muerta de la madrugada. Y por all\u00ed deb\u00eda estar, entre aromas de naranjales y lirios. Al otro lado \u2013o sea, la separaci\u00f3n del mundo y el ed\u00e9n espiritual\u2013, la voz de nuestra interlocutora, tenue voz de santidad, nos inform\u00f3 que en la capilla, atravesando el parque, estaba la hermana Ana Josefa. Nos lo dijo con suavidad, sin tono mortuorio y casi con alegr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como en el sacro recinto no exist\u00eda alteraci\u00f3n alguna, ni signos f\u00fanebres ni lloros mundanos, hubiera podido pensarse que nada hab\u00eda ocurrido. Y aqu\u00ed, otra vez, la sensaci\u00f3n de que en Villa de Leiva el tiempo est\u00e1 detenido. Con mayor raz\u00f3n en la densidad del convento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No localiz\u00e1bamos a ninguno de nuestros familiares que hab\u00edan viajado el d\u00eda anterior. Tal vez ellos, tambi\u00e9n, se hab\u00edan vuelto invisibles, como tantas cosas inertes de la poblaci\u00f3n. Al fondo de la capilla divisamos dos siluetas que velaban ante el f\u00e9retro. Eran dos hermanos de la monja, compenetrados con su recuerdo. Hablaban en secreto con quien, fuerte ante la \u00faltima arremetida de la dura enfermedad, se hab\u00eda ido adelante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hermana Ana Josefa \u2013Lucilita, como la llam\u00e1bamos cari\u00f1osamente\u2013, que un d\u00eda fue superiora del convento, nos esperaba all\u00ed, en la iglesia del Carmen, serena y angelical. No estaba muerta. Por el contrario, la vimos bella y radiante. Algo debe pasarles a las religiosas en su \u00faltimo trance terrenal, cuando toman carne fresca y actitud de vuelo. Se van convencidas de que se han reencarnado en Cristo, y por eso sonr\u00eden, y derrotan las enfermedades, y expiden perfumes celestiales. Penetran en su \u00faltima morada con belleza ser\u00e1fica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la misa concelebrada por siete sacerdotes y con la presencia de una legi\u00f3n de di\u00e1conos y monjas, todos hermanos en la religi\u00f3n, que no lloran sino que cantan, la hermana Ana Josefa ascendi\u00f3 entre salmos y alborozos a su reino espiritual. El recinto no ol\u00eda a muerta: ol\u00eda a santa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escena parec\u00eda sacada de Comala, el pueblo de las almas errantes, que quedan flotando para siempre por los contornos del sue\u00f1o. En Villa de Leiva parece que la vida fuera inmaterial. All\u00ed la misma muerte es silenciosa. Tiene algo de fascinante. Cuando una monja muere, s\u00f3lo ocurre un aleteo. Apenas se siente un suspiro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 22 de agosto de 1988.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Hab\u00edamos salido muy temprano de Bogot\u00e1 para asistir en Villa de Leiva al entierro de la hermana Ana Josefa, carmelita descalza. Cuando llegamos, antes de las nueve de la ma\u00f1ana, todav\u00eda la poblaci\u00f3n se encontraba dormida. Algunas personas se mov\u00edan en la plaza como sombras de la noche anterior. Y es [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[41],"tags":[100],"class_list":["post-1653","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-temas-varios","tag-temas-varios"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1653","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1653"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1653\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12736,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1653\/revisions\/12736"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1653"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1653"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1653"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}