{"id":1679,"date":"2010-07-25T13:41:56","date_gmt":"2010-07-25T18:41:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1679"},"modified":"2014-04-26T20:05:49","modified_gmt":"2014-04-27T01:05:49","slug":"el-territorio-de-las-sombras","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/07\/25\/el-territorio-de-las-sombras\/","title":{"rendered":"El territorio de las sombras"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Armero dormir\u00e1 para siempre el sue\u00f1o de los muertos. No podr\u00e1 ser reconstruida porque es irrecuperable. Qued\u00f3 convertida en campo arrasado, en erial de tumbas y soledad. Los pocos habitantes que se salvaron corrieron a Guayabal y L\u00e9rida. Otros sobrevivientes no volver\u00e1n nunca al territorio siniestro, como huyendo de la pesadilla de aquella noche fantasmal. Desde el camposanto se mira de frente, como si estuviera a pocos pasos, el soberbio Nevado del Ruiz, dios castigador que hizo desaparecer 30.000 habitantes y 25.000 hect\u00e1reas de producci\u00f3n agr\u00edcola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este recorrido veloz efectuado por la zona del desastre, 16 meses despu\u00e9s de ocurridos los hechos, llegu\u00e9 hasta L\u00e9rida, que dista una hora de Honda. La regi\u00f3n pasa por una de sus \u00e9pocas m\u00e1s calurosas del a\u00f1o. Ernesto Alcal\u00e1, el vendedor de paletas que vive a la caza de turistas en el cementerio de Armero, parece que tambi\u00e9n les diera de beber a los difuntos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tal forma se muestra familiarizado con la vida del cementerio \u2013como si un cementerio tuviera vida\u2013, que puede tomarse por una larva de la tierra o una visi\u00f3n de ultratumba. Creo que este comerciante de la sed mantiene, de tanto caminar sobre los cad\u00e1veres, comunicaci\u00f3n con los esp\u00edritus: as\u00ed se transfigura una persona a golpes de sugesti\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Doy tres vueltas por la plaza de L\u00e9rida en plan de observaci\u00f3n y en busca de novedades. Leo sobre una pared: \u201cL\u00e9rida: un coraz\u00f3n de sol\u201d. Mejor lema no se ha podido fabricar. La atm\u00f3sfera parece a punto de incendiarse. El term\u00f3metro marca 43 grados. Ninguna hoja se mueve en los \u00e1rboles cargados de sopor, y hasta la m\u00fasica que suena en el bar de la plaza, donde me he situado en persecuci\u00f3n de una cerveza, camina con modorra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Surge aqu\u00ed otro personaje parecido al vendedor de paletas. Es el embolador del pueblo. Un moreno de unos 50 a\u00f1os, quemado por muchos soles (lleg\u00f3 de Palmira hace 8 meses), simp\u00e1tico y charlat\u00e1n. Siempre he pensado que el embolador, por lo bien relacionado que se mantiene, es gran int\u00e9rprete de la humanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas en la mitad de su trabajo ya me hab\u00eda comentado que la muerte de Armero le dio vida a L\u00e9rida. Contrastes del destino. Guayabal y L\u00e9rida, antes min\u00fasculos lugares que no lograban surgir a causa de su vecino desarrollado, ahora tienen el porvenir abierto. \u00bfY el peligro de una nueva avalancha?, pregunto. Mi contertulio me explica que estas poblaciones se salvaron por una \u2018oreja\u2019. Contra esta oreja de la monta\u00f1a se estrellaron toneladas de piedra y as\u00ed pudo L\u00e9rida \u2013y Guayabal por su lado\u2013 protegerse contra la destrucci\u00f3n. Ambos pueblos luchan hoy por su crecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He aqu\u00ed otro comerciante de las circunstancias: el embolador de turistas. Se vino desde Palmira en busca de un lote. El p\u00e1nico inicial hizo que la poblaci\u00f3n se desbandara. La tierra casi la regalaban. Un lote en proximidades de la plaza, de 25 por 40 metros, se consegu\u00eda por seis mil pesos. Mi ocasional confidente, que lleg\u00f3 con ocho meses de retardo, lo adquiri\u00f3 por cien mil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cHoy me dan cuatrocientos mil y no lo vendo\u201d, agrega triunfante mientras le echa el ojo a otro cliente. Sabe, desde luego, que al correr del tiempo su propiedad valdr\u00e1 un platal. Ya liberada la deuda inicial, pronto comenzar\u00e1 la construcci\u00f3n de la vivienda. Todo se lo ha dado la caja m\u00e1gica que hace relucir los zapatos despu\u00e9s del recorrido por los senderos polvorientos de las tumbas. El paletero y el embolador deben de tener alguna secreta alianza en el arte de sobrevivir en esta zona castigada por la fatalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Observo que muchos negocios \u2013piscinas, restaurantes, puestos de comida\u2013 se montan apresuradamente en busca de turistas. Concateno, por una serie de historias escuchadas al vuelo, todo un eslab\u00f3n de hechos que se est\u00e1n formando alrededor del oportunismo. Entiendo las dificultades de Resurgir para administrar sus caudales millonarios. Conforme hay gente honrada y recursiva, como los dos pintorescos personajes de esta cr\u00f3nica, que parecen irreales, existen piratas que pretenden pescar en el r\u00edo revuelto de la tragedia humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me qued\u00e9 meditando sobre la oreja pintada tan gr\u00e1ficamente por mi interlocutor, la que descubr\u00ed m\u00e1s tarde, y pens\u00e9, en efecto, que la vida era caprichosa: esta oreja hab\u00eda salvado dos poblaciones, y la falta de ella hab\u00eda consumido a otra en este desierto pavoroso donde un vendedor de paletas mitiga la sed de los turistas y resuelve, con la elemental caja laboriosa, sus propias necesidades de subsistencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador,<\/strong><\/em> Bogot\u00e1, 7 de abril de 1987.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Armero dormir\u00e1 para siempre el sue\u00f1o de los muertos. 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