{"id":1781,"date":"2010-10-05T12:12:07","date_gmt":"2010-10-05T17:12:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1781"},"modified":"2019-07-31T15:17:25","modified_gmt":"2019-07-31T20:17:25","slug":"la-loca-de-la-casa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/10\/05\/la-loca-de-la-casa\/","title":{"rendered":"La loca de la casa"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Plinio Apuleyo Mendoza escribi\u00f3 hace poco, en <em>Lecturas Dominicales<\/em> de <em>El Tiempo<\/em>, excelente ensayo sobre <em>La loca de la casa<\/em>, el \u00faltimo libro de la periodista y narradora espa\u00f1ola Rosa Montero. Cuando me enter\u00e9 de la llegada de la obra a Colombia, pregunt\u00e9 por ella en mi librer\u00eda amiga y all\u00ed me dijeron que era tanta la demanda que s\u00f3lo les quedaba un ejemplar. Quienes sentimos la pasi\u00f3n de la escritura (el libro est\u00e1 dirigido sobre todo a los escritores), no podemos menos de leerlo de un tir\u00f3n, y uno desear\u00eda que las 276 p\u00e1ginas fascinantes no hubieran concluido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A prop\u00f3sito del t\u00edtulo del libro, record\u00e9 que hace setenta a\u00f1os el can\u00f3nigo Pe\u00f1uela, t\u00edo de la poetisa Laura Victoria, se refer\u00eda a ella como \u201cla loca de la familia\u201d. Lo hac\u00eda con sentido de censura, por no admitir que en su abolengo ilustre existiera una oveja descarriada, y pecaminosa para aquellos d\u00edas, en medio de la sociedad pudorosa y puritana de entonces. Sociedad reprimida para la mujer, que vino a liberar Laura Victoria con su estremecida voz sensual e iconoclasta. Supongo que el can\u00f3nigo ignoraba que Santa Teresa de Jes\u00fas hab\u00eda calificado la imaginaci\u00f3n como \u201cla loca de la casa\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Libro exquisito y misterioso que no puede encasillarse ni como novela, ni como ensayo, ni como autobiograf\u00eda, y que re\u00fane los tres g\u00e9neros a la vez. S\u00f3lo al final viene uno a enterarse de que los episodios que presenta la autora como suyos, y que pueden corresponder o no a aspectos de su vida, son reflejo de su propia alma. En eso consiste el arte de la imaginaci\u00f3n: en hacer figurar como reales los sucesos que se narran. He ah\u00ed el oficios de \u201cla loca de la casa\u201d. La escritora trae a cuento, ya como hechos ciertos, una serie de historias sobre personas y libros que, entrelazadas con la ficci\u00f3n y el ensayo, estructuran un conjunto en verdad apasionante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rosa Montero naci\u00f3 en Madrid en 1951 y es una de las periodistas y novelistas m\u00e1s prestigiosas de su pa\u00eds. Ha publicado diecisiete libros: ocho novelas, un libro de cuentos, siete relacionados con el periodismo, y el que se comenta en esta nota. Ha recibido dos distinciones espa\u00f1olas: en 1980, el Premio Nacional de Periodismo en el campo del reportaje y el art\u00edculo literario, y en 1997, el Premio Primavera por su novela <em>La hija del can\u00edbal<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Manifiesta que gasta entre tres y cuatro a\u00f1os en la redacci\u00f3n de una novela. Como autora exigente sabe que narrar no consiste s\u00f3lo en unir palabras y forjar situaciones, sino en darles peso y vivacidad a las historias, poniendo en ellas la propia alma. Esta disciplina me hace recordar a Flaubert, que pod\u00eda gastar una semana entera en la fabricaci\u00f3n de una sola p\u00e1gina bien sazonada. El g\u00e9nero que a Rosa Montero le agrada m\u00e1s, y de hecho ha trabajado con mayor fiebre y rigor, es el de la narrativa, por ser el campo m\u00e1s propicio para explayar los sue\u00f1os, fantas\u00edas, angustias y esperanzas del ser humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dice ella que mientras el periodismo exige claridad, la ambig\u00fcedad de la novela se presta para recrear los mundos complejos de la condici\u00f3n humana. En este terreno priman la imprecisi\u00f3n y la desmesura como factores inseparables de la vida. Seg\u00fan sus palabras, es g\u00e9nero \u201csucio, h\u00edbrido, alborotado\u201d, como el mismo hombre. La novela, cuyo primer objetivo es recoger y construir vivencias propias y ajenas, sirve para poner la casa en orden, despu\u00e9s de desalojar de la mente, dentro del proyecto en turno, los fantasmas y pesadillas que no dejan en paz al escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribir es una manera de conquistar la paz del esp\u00edritu, as\u00ed los esp\u00edritus que invaden las celdas cerebrales no terminen nunca su ronda implacable. Esos fantasmas son los viajeros m\u00e1s pertinaces de la mente y a veces llevan a la locura, como a Rimbaud, Verlaine, Tolstoi o Salgari, depresivos famosos que sacrificaron un mundo por desentra\u00f1ar sus miedos y expresar sus verdades. \u201cCuando recobro la raz\u00f3n, me vuelo loco\u201d, exclam\u00f3 Julio Ram\u00f3n Ribeyro. La imaginaci\u00f3n linda con la locura, pero por locura hay que entender el gesto soberano de salirse del mont\u00f3n, romper la esclavitud y decir cosas ins\u00f3litas y trascendentales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribir cuentos y novelas es un modo de vivir y respirar, y quienes transitamos por esa senda sabemos \u2013con Rosa Montero\u2013 que \u201cla narrativa es al mismo tiempo una mascarada y un camino de liberaci\u00f3n\u201d. Ella, perfeccionista impenitente, no cree en la existencia de las musas y sabe que la obra s\u00f3lo se consolida como resultado del esfuerzo. Hay que sudarla y sufrirla. Para que el escritor se mantenga vivo, debe llevar un ni\u00f1o despierto en su imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cConviene no crecer demasiado\u201d, afirma, porque el \u00e9xito f\u00e1cil puede acabar con la carrera. Eso sucedi\u00f3 con Truman Capote, quien despu\u00e9s de haberse hecho famoso con la novela <em>A sangre fr\u00eda<\/em> se dej\u00f3 atrapar por la fama y no fue capaz de volver a producir nada importante. Una cosa es la gloria (premio al m\u00e9rito) y otra la fama (truco de la publicidad). Capote se volvi\u00f3 alcoh\u00f3lico y drogadicto, y muri\u00f3 deteriorado y desesperado a los 59 a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, hay que mantener la independencia y no hipotecar el alma. Goethe, con la publicaci\u00f3n de <em>Las desventuras del joven Werther<\/em> a los 25 a\u00f1os, obtuvo la celebridad. Al a\u00f1o siguiente fue invitado por los archiduques de Weimar para su residencia en la corte como intelectual a su servicio. All\u00ed estuvo hasta los 83 a\u00f1os, dentro de un ambiente de pleites\u00eda y servilismo que debilit\u00f3 su imaginaci\u00f3n y lo desdibuj\u00f3 ante la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La novelista espa\u00f1ola encuentra que escribir novelas es el acto m\u00e1s parecido a enamorarse, debido a la deliciosa imaginaci\u00f3n que causa el desarrollo de los sucesos. Y revela otras verdades irrefutables, como aquella de que ning\u00fan escritor ignora cu\u00e1ndo se vende; o la de que ni el \u00e9xito ni el fracaso, lo mismo que el elogio artificial o la antipat\u00eda de los cr\u00edticos, pueden determinar la calidad de la obra; o la de que \u201cel buen artista s\u00f3lo sabe escribir bien, de la misma manera que el malo s\u00f3lo es capaz de escribir mal\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este maravilloso libro de Rosa Montero se convierte en manual para el escritor. Es lectura alucinante que cumple con el doble oficio de deleitar y ense\u00f1ar. Escrito, adem\u00e1s, con lenguaje vigoroso y ameno, donde campean al mismo tiempo la agilidad del periodismo, la certeza del ensayo y la donosura del estilo. Una demostraci\u00f3n, en fin, del imperio de la palabra como arte supremo de la imaginaci\u00f3n. \u201cEs la palabra lo que nos hace humanos\u201d, proclama la escritora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 6 de noviembre de 2003.<br \/>\n<em><strong>Revista Susurros<\/strong><\/em><strong>, <\/strong>No. 7<strong>, <\/strong>Lyon (Francia), agosto de 2005.<br \/>\n<em><strong>Revista Aristos Internacional,\u00a0<\/strong><\/em>n.\u00b0 21, Espa\u00f1a, julio de 2019.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Plinio Apuleyo Mendoza escribi\u00f3 hace poco, en Lecturas Dominicales de El Tiempo, excelente ensayo sobre La loca de la casa, el \u00faltimo libro de la periodista y narradora espa\u00f1ola Rosa Montero. 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