{"id":1815,"date":"2010-10-11T15:46:24","date_gmt":"2010-10-11T20:46:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1815"},"modified":"2014-03-28T10:38:01","modified_gmt":"2014-03-28T15:38:01","slug":"reportaje-de-alfredo-iriarte","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/10\/11\/reportaje-de-alfredo-iriarte\/","title":{"rendered":"Reportaje de Alfredo Iriarte"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Revista Magaz\u00edn al D\u00eda<br \/>\nBogot\u00e1, 30 de marzo de 1982<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Sala de citas<br \/>\nPor: Alfredo Iriarte<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><em>\u201cHubo una ocasi\u00f3n en que las vacas sagradas de Manizales<\/em><br \/>\n<em> dieron leche adulterada\u201d,<\/em> narra Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La coincidencia en una misma persona del intelectual y el banquero es un raro y feliz azar. Pidiendo perd\u00f3n anticipado por las injustas omisiones en que pueda incurrir, pienso en Germ\u00e1n Botero de los R\u00edos, en Eduardo Nieto Calder\u00f3n y en mi banquero de cabecera, Roberto Villar Gaviria, quien despu\u00e9s del \u00e1rido ajetreo de balances, listados, remesas y sobregiros, se dedica con \u201cBodoque\u201d Caro, su hermano Bernardo y otros amigos, a ejecutar las m\u00e1s exquisitas y refinadas producciones de la m\u00fasica renacentista y medieval.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pues resulta que otro de esos extra\u00f1os ejemplares que se destacan en medio de aquella fauna de filisteos sin entra\u00f1as est\u00e1 en Armenia, capital del Quind\u00edo, es gerente del Banco Popular y se llama Gustavo P\u00e1ez Escobar, ampliamente conocido por su estupenda columna de <em>El Espectador<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los 17 a\u00f1os de edad, Gustavo ya ten\u00eda que ganarse la vida como empleado de la burocracia oficial. Ya por entonces, en una piecita de alquiler donde viv\u00eda en Tunja, escribi\u00f3 en la mesa de noche y a la luz de una esperma, su novela <em>Destinos cruzados,<\/em> que s\u00f3lo vino a publicar en 1971. Desde entonces, su producci\u00f3n intelectual no ha parado. Vino luego otra novela, <em>Alborada en penumbra,<\/em> <em>Alas de papel,<\/em> una antolog\u00eda de escritos, <em>El sapo burl\u00f3n,<\/em> colecci\u00f3n de cuentos, y <em>Caminos<\/em>, que es una selecci\u00f3n de ensayos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gustavo hace en este reportaje unas semblanzas apasionantes de gentes que han pasado por su vida y que han sido objeto de su admiraci\u00f3n y afecto. Curiosamente, estas semblanzas son un p\u00e9ndulo que va desde la izquierda m\u00e1s encarnizada hasta la derecha total.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace muchos a\u00f1os el joven banquero Gustavo P\u00e1ez recibi\u00f3 la misi\u00f3n de trasladarse al extremo Sur, exactamente a Puerto Legu\u00edzamo. All\u00ed conoci\u00f3 al m\u00e9dico y escritor Tulio Bayer, cuya ind\u00f3mita rebeld\u00eda iba a dar para mucha cr\u00f3nica y mucha historia en las d\u00e9cadas de los cincuentas y sesentas. En las infinitas veladas de la manigua, estos dos intelectuales hicieron una honda amistad que a\u00fan persiste.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco despu\u00e9s, durante el gobierno del general Rojas Pinilla, el gobernador Sierra Ochoa, de Caldas, nombr\u00f3 a Bayer secretario de Salud del departamento. Poco tard\u00f3 Tulio en comprobar que las m\u00e1s intocables vacas sagradas de Manizales se daban alegremente a la nada loable tarea de vender a la ciudadan\u00eda leche adulterada. El secretario se vali\u00f3 de la ayuda de intr\u00e9pidos estudiantes, cre\u00f3 retenes en las entradas de la ciudad y sorprendi\u00f3 in fraganti a los adulteradores, a quienes sancion\u00f3 sin contemplaciones. Desde luego, la revancha de los aristocr\u00e1ticos lactotraficantes no se hizo esperar. Pagaron malhechores para que saquearan el apartamento de Bayer y lo amenazaron y acosaron hasta que lo obligaron a salir de Manizales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de muchas peripecias amargas, Bayer fue nombrado en Bogot\u00e1 director cient\u00edfico de Laboratorios CUP. Al poco tiempo, este implacable sabueso de iniquidades y corruptelas empez\u00f3 a descubrir toda suerte de negociados y atentados contra la salud de los usuarios. Obviamente, no tardaron en despedirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A ra\u00edz del despido de CUP, Bayer padeci\u00f3 f\u00edsicas hambres. En esas deplorables condiciones, logr\u00f3 colocarse en cierta agencia de noticias como traductor de cables con un estipendio mis\u00e9rrimo. Al terminar la jornada del primer d\u00eda, el gerente lo invit\u00f3 a un sandwich. Bayer, que ten\u00eda una hambruna acumulada de semanas y que adem\u00e1s mide dos metros, se engull\u00f3 una cena de cerveza, sopa, seco y postre. El gerente pag\u00f3 la cuenta pero al d\u00eda siguiente lo despidi\u00f3 por glot\u00f3n. Luego vinieron m\u00e1s penurias, la rebeld\u00eda final, la c\u00e1rcel y el exilio en Par\u00eds, donde, seg\u00fan me cuenta Gustavo, vive c\u00f3modamente pero con una incurable nostalgia del \u201color de la guayaba\u201d y a\u00f1orando aquellos tiempos juveniles de Manizales en que acab\u00f3 de manera fulminante con una peligrosa invasi\u00f3n de ratas pagando un peso a todo portador de una rata muerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como contraste con la vida azarosa y quijotesca de Tulio Bayer, me cuenta Gustavo que hay un hermano suyo que vive en la opulencia y con quien Tulio sostuvo una querella mortal cuando descubri\u00f3 que los obreros de una f\u00e1brica de baldosas de su hermanito oligarca se estaban envenenando los pulmones con el polvillo letal que resultaba de la elaboraci\u00f3n de las cer\u00e1micas.<\/p>\n<p align=\"center\"><em><strong>\u201cEduardo Caballero Calder\u00f3n<br \/>\nfue el libertador de Tipacoque\u201d<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Saliendo de la izquierda, el p\u00e9ndulo de las semblanzas que traza Gustavo pasa brevemente por el centro para detenerse en la figura hidalga de Eduardo Caballero Calder\u00f3n, a quien P\u00e1ez, que es boyacense de Soat\u00e1, y por ende vecino de Tipacoque, conoci\u00f3 dentro del marco de sus tradicionales dominios. <em>\u201cEduardo Caballero Calder\u00f3n fue el emancipador de Tipacoque\u201d, <\/em>me dice Gustavo. Y la afirmaci\u00f3n es exacta si se tiene en cuenta que Tipacoque fue corregimiento de Soat\u00e1 hasta que Eduardo logr\u00f3 que lo hicieran municipio. Soat\u00e1 es archigodo y Tipacoque liberal y en tiempos pasados no fueron pocos los muertos y contusos que resultaron de esta acre rivalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El siguiente personaje que retrata Gustavo al pasar el p\u00e9ndulo a la derecha ya muri\u00f3. Se trata de otro personaje incorruptible. De una rectitud moral procera. Se trata del boyacense Eduardo Torres Quintero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la rica personalidad de Torres Quintero se daban unos contrastes y unas caracter\u00edsticas sorprendentes (*). Era un laureanista id\u00f3latra. Paup\u00e9rrimo y padre de once hijos. Hombre de una vasta cultura, madrugador y laborioso, no obstante que era a la vez adicto al aguardiente y a las cartas y mujeriego irreductible. Bajito y canijo, lo llamaban \u201cel burro\u201d por su notable fealdad, no obstante lo cual, vivi\u00f3 siempre rodeado del respeto un\u00e1nime de la ciudadan\u00eda por su talento luminoso, su probidad ejemplar y su honda calidad humana. Era \u00e1spero y taciturno pero pose\u00eda un coraz\u00f3n de monja. Una vez, siendo contralor del departamento, estaba embebido en el dictado de una resoluci\u00f3n feroz en la cual castigaba con todo el rigor alg\u00fan prevaricato o concusi\u00f3n. Estando en ello, alcanz\u00f3 a ver por la ventana a una ni\u00f1a que lloraba sin consuelo porque se le hab\u00eda roto una botella de leche. Enseguida suspendi\u00f3 el dictado, llam\u00f3 al portero, le dio la plata y le orden\u00f3 que sin tardanza le repusiera la botella a la ni\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">L\u00f3gicamente, Torres Quintero era de una lealtad rabiosa a sus creencias pol\u00edticas. Cuando Rojas Pinilla subi\u00f3 al poder, Torres, como todos los laureanistas, cay\u00f3 en desgracia y en el ostracismo burocr\u00e1tico. Ello no obst\u00f3 para que, sin temor alguno, levantara tribuna laureanista en los caf\u00e9s de Tunja cuando se tomaba sus aguardientes, pero a pesar de todo ello, dada su prestancia social y familiar, sus amigos lograron que fuera nombrado personero de Tunja. A la saz\u00f3n, los acuciosos bur\u00f3cratas rojistas andaban repartiendo retratos del Supremo por todas las oficinas p\u00fablicas. A Torres le lleg\u00f3 el suyo. Lo ech\u00f3 a un rinc\u00f3n y conserv\u00f3 en su sitio el de su derrocado jefe con una ostensible leyenda que dec\u00eda: <em>\u201cLaureano G\u00f3mez, Presidente constitucional de Colombia\u201d. <\/em>Un d\u00eda que estaba ausente de su despacho, unos empleados lambones y medrosos por la suerte de sus m\u00edseros destinos, retiraron la efigie de Laureano y colocaron la de Rojas. Torres regres\u00f3 y se encoleriz\u00f3. Llam\u00f3 a los bur\u00f3cratas, los cubri\u00f3 de insultos y los amenaz\u00f3 con pedir una investigaci\u00f3n por hurto de bienes del Estado. Les dio un plazo de diez minutos para devolver el retrato perdido y sali\u00f3 a tomarse un tinto. Cuando volvi\u00f3, de nuevo Laureano presid\u00eda el recinto y Gurrop\u00edn hab\u00eda regresado al rinc\u00f3n. No le dur\u00f3 mucho el disfrute del triunfo. Al d\u00eda siguiente estaba destituido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este coloquio termina con el grato sabor que deja la hermosa evocaci\u00f3n que hace Gustavo P\u00e1ez Escobar de tres varones esencialmente dis\u00edmiles pero identificados por el com\u00fan denominador de una rectitud insobornable y unas virtudes morales de esas que ya en este pa\u00eds no podr\u00eda localizar ni Di\u00f3genes con su linterna m\u00edtica.<\/p>\n<hr style=\"text-align: justify;\" size=\"2\" \/>\n<p style=\"text-align: justify;\">(*) Aclaraci\u00f3n de Gustavo P\u00e1ez Escobar. En mi charla con Alfredo Iriarte, sin micr\u00f3fono de por medio, le describ\u00ed algunas caracter\u00edsticas de Torres Quintero y \u00e9l las tradujo a su manera. Ciertos t\u00e9rminos empleados por el entrevistador, que suenan peyorativos, corresponden a su propio l\u00e9xico y yo no los pronunci\u00e9 ni los di a entender. Por lo tanto, me veo en el caso de rectificar estas expresiones: <span style=\"text-decoration: underline;\">paup\u00e9rrimo<\/span> (la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de Eduardo Torres Quintero no era holgada, y tampoco de suma pobreza); <span style=\"text-decoration: underline;\">adicto al aguardiente<\/span> (sus bebidas predilectas eran el brandy y el whisky); <span style=\"text-decoration: underline;\">bajito y canijo<\/span> (era delgado y de mediana estatura, nunca \u201ccanijo\u201d); <span style=\"text-decoration: underline;\">mujeriego irreductible<\/span> (su alma rom\u00e1ntica y po\u00e9tica lo convert\u00eda en ferviente admirador de la gracia femenina); <span style=\"text-decoration: underline;\">\u00e1spero y taciturno<\/span> (sobra el t\u00e9rmino \u201c\u00e1spero\u201d: por el contrario, era uno de los seres m\u00e1s amables y bondadosos que yo haya conocido).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Revista Magaz\u00edn al D\u00eda Bogot\u00e1, 30 de marzo de 1982 Sala de citas Por: Alfredo Iriarte \u201cHubo una ocasi\u00f3n en que las vacas sagradas de Manizales dieron leche adulterada\u201d, narra Gustavo P\u00e1ez Escobar La coincidencia en una misma persona del intelectual y el banquero es un raro y feliz azar. 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