{"id":1873,"date":"2010-10-19T12:18:08","date_gmt":"2010-10-19T17:18:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=1873"},"modified":"2014-03-04T18:28:26","modified_gmt":"2014-03-04T23:28:26","slug":"1873","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/10\/19\/1873\/","title":{"rendered":"Las guerrillas del Llano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de los testimonios m\u00e1s representativos y veraces de la violencia pol\u00edtica que azot\u00f3 al pa\u00eds en los a\u00f1os cincuenta del siglo pasado lo presenta Eduardo Franco Isaza en su libro <em>Las guerrillas del Llano.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera edici\u00f3n de dicha obra apareci\u00f3 en Caracas en 1955, y en Colombia circul\u00f3 en forma clandestina debido al clima de represi\u00f3n y censura que se viv\u00eda entonces. La segunda edici\u00f3n es de la Librer\u00eda Colombiana, de Bogot\u00e1, en 1959, con pr\u00f3logo de Juan Lozano y Lozano; la tercera, de Hombre Nuevo, de Medell\u00edn, en 1968; la cuarta, del C\u00edrculo de Lectores de Colombia, en 1988; la quinta \u2013que logr\u00e9 conseguir hace poco, luego de buscar el libro durante largos a\u00f1os\u2013 la efectu\u00f3 Planeta Colombiana en 1994.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El autor, nacido en Sogamoso en 1920 y miembro de una prestigiosa familia, fue uno de los principales dirigentes guerrilleros del movimiento liberal que surgi\u00f3 en el Llano\u00a0 para combatir el r\u00e9gimen conservador que se hab\u00eda encarnizado contra su partido. Eduardo Franco Isaza vivi\u00f3, entre los a\u00f1os 1947 y 1953, dentro de la guerrilla que \u00e9l mismo ayud\u00f3 a organizar junto con otros tenedores de tierra en las sabanas de Casanare, todas las peripecias, angustias y horrores que represent\u00f3 aquella contienda hist\u00f3rica, una de las m\u00e1s demoledoras de Colombia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta rebeli\u00f3n campesina estaba orientada desde Bogot\u00e1 por el doctor Carlos Lleras Restrepo, presidente del Partido Liberal, quien en asocio de otros copartidarios suyos realizaba colectas para financiar los gastos inherentes a dicho conflicto armado, que no eran pocos ni f\u00e1ciles de sostener. Mientras tanto, los guerrilleros luchaban casi con las u\u00f1as \u2013sin armas suficientes y en precarias condiciones de alimentaci\u00f3n y salubridad\u2013 para contrarrestar los ataques del adversario que se replegaban en el amplio territorio bajo el \u00edmpetu de los \u201cchulavitas\u201d, denominaci\u00f3n proveniente de una vereda del municipio boyacense de Boavita, que se hizo c\u00e9lebre por salir de all\u00ed las hordas asesinas que causaron en el pa\u00eds innumerables estragos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los \u201cchulavitas\u201d les dieron encarnaci\u00f3n a los \u201cp\u00e1jaros\u201d y unos y otros pasaron a la historia con la connotaci\u00f3n de matones. Los cuerpos armados del r\u00e9gimen conservador exhalaban por los poros sangre chulavita, y a ellos se enfrentaban con arrojo, como centauros, los 1habitantes del Llano, acaudillados, entre otros, por Guadalupe Salcedo Unda, Eliseo Vel\u00e1squez, Eduardo Franco Isaza, Rosendo Colmenares, Tulio Bautista, Dumar Aljure, Antonio Villamar\u00edn, Eduardo Fonseca. Eran dos poderosas fuerzas de choque y destrucci\u00f3n que se disputaban el dominio de las pampas y los montes para destruir al enemigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta guerra a muerte, que no solo estaba declarada en los Llanos Orientales, sino en el pa\u00eds entero, Colombia se desangraba en una pavorosa ola de criminalidad. El nervio de tal conflagraci\u00f3n eran los odios pol\u00edticos entre liberales y conservadores. Odios at\u00e1vicos que comenzaron desde el propio nacimiento de la Rep\u00fablica con la rivalidad entre Bol\u00edvar y Santander, continuaron con las guerras del siglo XIX y llegaron a las entra\u00f1as del siglo XX. Colombia siempre ha estado en guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dice Augusto Trujillo Mu\u00f1oz en su reciente libro <em>De la Escuela Republicana a la Escuela del Tolima<\/em>: <em>\u201cTanto a nivel nacional como en las distintas regiones del pa\u00eds el lenguaje de la oposici\u00f3n conservadora era vehemente y, a menudo, agresivo. Tambi\u00e9n lo hab\u00eda sido el del liberalismo frente a la hegemon\u00eda conservadora durante los a\u00f1os veinte. Quiz\u00e1 eso ayud\u00f3 a incubar el fen\u00f3meno de la violencia de la mitad del siglo\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta \u00faltima lucha fratricida, pintada por Franco Isaza con realismo y lenguaje vehemente, donde a veces campea el alma po\u00e9tica de la llanura en medio del fragor de las balas, dej\u00f3 en la comarca llanera alrededor de doscientos mil muertos, y en Colombia, alrededor de trescientos mil. Los combates se extend\u00edan desde Villavicencio hasta Arauca y desde el r\u00edo Meta hasta el Vichada, en una extensi\u00f3n de 200.000 kil\u00f3metros cuadrados de llanuras, monta\u00f1as y selvas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La crueldad chulavita llegaba hasta los l\u00edmites de la demencia. No solo se mataba, sino que se mataba con sevicia. El siguiente relato, que sit\u00faa Franco Isaza en Puerto L\u00f3pez, pinta la maldad diab\u00f3lica que se aposentaba en las almas sanguinarias: <em>\u201cUn d\u00eda un sargento conduce a cinco ciudadanos a la cantina del popular turco Chalela. Los hace beber hasta la embriaguez, \u00e9l tambi\u00e9n se anima con unas cuantas copas. Al final los hombres mareados quedan dormidos sobre el mostrador y las mesas, entonces el sargento desenfunda su rev\u00f3lver y los despacha uno por uno con un tiro en la cabeza, les aligera los bolsillos de dinero y se larga en un avi\u00f3n de guerra\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los llaneros buscaban despejar su territorio de esta gente advenediza y b\u00e1rbara. Y estos, a su turno, incitados por la peor pasi\u00f3n partidista de que se tenga noticia en la historia colombiana, no pod\u00edan comportarse como mansas palomas. El terrorismo se apoder\u00f3 de las tierras y de las almas. En la capital del pa\u00eds, los dos partidos libraban, desde la cumbre de sus mandos desquiciados, in\u00fatiles tentativas por conseguir la paz de la naci\u00f3n. Lejos de lograrlo, ard\u00edan las rotativas de <em>El Espectador <\/em>y<em> El Tiempo<\/em> y las llamas llegaban hasta las residencias de Alfonso L\u00f3pez Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la ca\u00edda de la dictadura civil de Laureano G\u00f3mez y el inicio de la dictadura militar de Rojas Pinilla, se sinti\u00f3 un respiro en el Llano. Vino la invitaci\u00f3n a que los guerrilleros abandonaran las armas, y a cambio se les ofreci\u00f3 la amnist\u00eda. Esto sonaba bien, por supuesto. La mayor\u00eda de los l\u00edderes rebeldes, creyendo en la buena fe del armisticio, se aprest\u00f3 a firmar la paz, para regresar a sus hatos. En sentido contrario, Eduardo Franco Isaza, que ped\u00eda garant\u00edas para dar este paso, se opuso a la rendici\u00f3n incondicional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la postre, se qued\u00f3 solo. Fue el \u00fanico que no se entreg\u00f3 al general Rojas Pinilla, y se asil\u00f3 en Venezuela. En ausencia, un juicio de guerra lo conden\u00f3 a 24 a\u00f1os de c\u00e1rcel. En Caracas escribi\u00f3 el libro a que se refiere esta nota. All\u00ed, casado con una hija del jefe liberal Plinio Mendoza Neira, ejerci\u00f3 el periodismo durante varios a\u00f1os. Hoy, de 87 a\u00f1os de edad y residente en Bogot\u00e1, ya el pa\u00eds no lo recuerda. Dice \u00e9l que luch\u00f3 con coraje por la libertad del Llano y por la paz de los colombianos. Desde luego, hay que creerle. Se trata, sin duda, de un personaje legendario de aquellos episodios de sangre y violencia que concluyeron, en apariencia, hace medio siglo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eduardo Franco Isaza se queja en su libro del abandono en que los jerarcas del liberalismo dejaron a la guerrilla llanera, que ellos mismos hab\u00edan empujado a la revoluci\u00f3n. En el momento del naufragio del partido y de la angustia nacional que sufri\u00f3 Colombia durante aquellas calendas, las figuras m\u00e1s importantes de la colectividad se ausentaron de la escena: Alfonso L\u00f3pez Pumarejo se residenci\u00f3 en Londres; Eduardo Santos, en Par\u00eds; Alberto Lleras, en Estados Unidos; y otros se acomodaron en el exilio: Plinio Mendoza Neira, Alberto Jaramillo S\u00e1nchez, Julio Ortiz M\u00e1rquez, Germ\u00e1n Zea Hern\u00e1ndez\u2026 En esta cr\u00edtica lo acompa\u00f1a el autor del pr\u00f3logo, Juan Lozano y Lozano, alta cifra del liberalismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El comandante general de las guerrillas del Llano, Guadalupe Salcedo, que crey\u00f3 en la palabra oficial e hizo entrega solemne de las armas \u2013con foto hist\u00f3rica que le dio la vuelta al mundo\u2013, termin\u00f3 traicionado. El 6 de junio de 1957, cuando se hallaba en la zona industrial de Bogot\u00e1, agentes de la polic\u00eda lo cercaron y le ofrecieron respetarle la vida si se rend\u00eda. Con las manos en alto, muri\u00f3 acribillado por varios disparos. Hoy es una leyenda de la violencia de los Llanos Orientales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la muerte de Guadalupe Salcedo hace medio siglo se cerraba un cap\u00edtulo atroz de la vida colombiana, y comenzaba otra guerra, la que ha llegado a nuestros d\u00edas: la del secuestro y el narcotr\u00e1fico. La diferencia entre ambas es que la anterior no perpetraba secuestros y ten\u00eda otros ideales. Pero toda guerra es abominable. As\u00ed lo expresa Eduardo Franco Isaza en su libro: <em>\u201cLa guerra siempre es desastre, muerte, destrucci\u00f3n, dolor. Ning\u00fan hombre normal quiere la guerra\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 25 de enero de 2008.<br \/>\n<em><strong>Revista Susurros<\/strong><strong>, <\/strong><\/em>Lyon (Francia), No. 18, mayo de 2008.<strong> <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Uno de los testimonios m\u00e1s representativos y veraces de la violencia pol\u00edtica que azot\u00f3 al pa\u00eds en los a\u00f1os cincuenta del siglo pasado lo presenta Eduardo Franco Isaza en su libro Las guerrillas del Llano. 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