{"id":2016,"date":"2010-11-16T15:52:44","date_gmt":"2010-11-16T20:52:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2016"},"modified":"2024-08-20T15:50:36","modified_gmt":"2024-08-20T20:50:36","slug":"2016","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/11\/16\/2016\/","title":{"rendered":"El sapo burl\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sol reverberante de esa tarde cargada de fatiga arruinaba el buen humor con que me hab\u00eda sentido en la plaza del pueblo, a la salida de la misa de doce. Ahora regresaba a la vereda, con mi mujer al lado, como siempre ocurr\u00eda todos los domingos. El \u00faltimo aguardiente lo hab\u00eda apurado a medias, sin sacarle todo el sabor del an\u00eds, a tiempo que mi mujer me tiraba de la camisa y me obligaba a abandonar la tertulia de amigos que se quedaban festejando el domingo en el \u00fanico toldo que se tend\u00eda en el pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y mientras silenciosamente nos desliz\u00e1bamos por el camino curvado que ya casi me sab\u00eda de memoria, la bendita de mi mujer a\u00fan corr\u00eda en su cam\u00e1ndula las \u00faltimas pepas que le hab\u00edan quedado pendientes de sus interminables padrenuestros; creo que aquello era una costumbre morbosa o mani\u00e1tica, pues ning\u00fan movimiento se ve\u00eda en sus labios, a pesar de que las cuentas del rosario ca\u00edan con incre\u00edble precisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo, entre tanto, con los varios aguardientes que llevaba entre pecho y espalda, tropezaba de vez en cuando con las piedras del camino, pero procuraba mantenerme enhiesto para evitar que mi mujer me encarara una vez m\u00e1s mi condici\u00f3n de borracho que tantas veces y a cada rato sol\u00eda refregarme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que yo era un vago, que era un par\u00e1sito, que no produc\u00eda nada, me lo hab\u00eda repetido infinidad de veces; y en verdad que me sent\u00eda acomplejado, pues de tanto escuchar tales expresiones, hab\u00eda terminado creyendo que eran ciertas. Por eso marchaba ahora en silencio, todo sumiso y acobardado, siguiendo sus pasos a prudente distancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para distraer la monoton\u00eda que a\u00fan nos separaba de la casa, me hab\u00eda puesto a pensar en la Dolores, con quien me hab\u00eda tropezado en el pueblo, toda juvenil y que con su vestidito dominguero, que se replegaba dos cent\u00edmetros arriba de las rodillas, se volv\u00eda terriblemente apetecible. En el encuentro le hab\u00eda lanzado un piropo, y ella se hab\u00eda re\u00eddo. Y ahora, cuesta abajo, mientras no s\u00e9 en qu\u00e9 m\u00e1s pensaba, de pronto mi mujer sorprendi\u00f3 una sonrisa en mis labios. Me rega\u00f1\u00f3. Y me dijo que hasta malos pensamientos ser\u00edan, si era capaz de re\u00edrme solo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo prefer\u00ed no refutarle nada y continu\u00e9 pensando en la Dolores, aunque de ah\u00ed en adelante s\u00f3lo sonre\u00eda en mi interior. Compar\u00e1ndola con mi mujer, \u00e9sta me parec\u00eda ins\u00edpida. Pero tambi\u00e9n me cre\u00eda indigno de aqu\u00e9lla, si era un vago, como mi mujer me lo recordaba a cada momento. Pero lo peor era que tambi\u00e9n la Dolores, una vez que le propuse que nos escap\u00e1ramos, me hab\u00eda dicho que, como no produc\u00eda nada, no pod\u00eda sostenerla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los pensamientos iban y volv\u00edan. Las curvas del camino parec\u00edan interminables. Los \u00e1rboles, que otras veces se agitaban sin cesar, permanec\u00edan ahora quietos. Un bochorno inaguantable hac\u00eda destilar a chorros los diez aguardientes que me hab\u00eda tomado en el toldo del pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la mitad del camino sali\u00f3 de pronto un sapo y por poco lo trituro con el pie. Se ve\u00eda sediento, como yo lo estaba. Y qued\u00f3 mir\u00e1ndome fijamente, con una mirada que me impresion\u00f3. El animal sudaba tambi\u00e9n. Yo siempre les hab\u00eda tenido fastidio a los sapos. Pero \u00e9ste era distinto. Sus formas las encontr\u00e9 graciosas, y su mirada, de una fuerza extra\u00f1a, me hizo recordar los ojos de la Dolores, que tambi\u00e9n desped\u00edan chorros de vivacidad. Su cuerpo diminuto no ofrec\u00eda el aspecto rechoncho y repugnante del com\u00fan de los sapos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la varita que hab\u00eda quebrado en el camino le toqu\u00e9 la cola y el animal dio tres saltos. Y a cada nuevo contacto segu\u00eda avanzando sin desviarse de la ruta ni pretender escaparse. Se convirti\u00f3 no s\u00f3lo en mi entretenci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en mi compa\u00f1\u00eda; y en verdad que era mejor compa\u00f1\u00eda que mi mujer, pues mientras \u00e9sta avanzaba sin atravesarme palabra, aqu\u00e9l parec\u00eda enterado de mi soledad y solidario con mi tragedia. Pero mi mujer, que a la larga se cans\u00f3 del silencio, se me\u00a0 acerc\u00f3 y terminamos ponderando la agilidad y esbeltez de los saltos del animal, hasta que llegamos a la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El buen animal saci\u00f3 la sed contenida en una lata que mi mujer le sirvi\u00f3 a la sombra del corredor. Y desde aquel momento \u2013\u00a1qui\u00e9n lo creyera!\u2013 el animal se convirti\u00f3 en el mejor amigo. Sin mucha dificultad lo fui domesticando, hasta llegar a transformarlo casi en una persona racional. Mi mujer se encari\u00f1\u00f3 de \u00e9l y creo que hasta lleg\u00f3 a apreciarlo m\u00e1s que a m\u00ed. Nos dedicamos a ense\u00f1arle algunas gracias, que aprend\u00eda con tal rapidez y desenvoltura, que terminamos desconcertados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando, por ejemplo, yo le silbaba un aire, se paraba armoniosamente en sus patas traseras, y al cambiarle el tono, hac\u00eda lo mismo sobre las delanteras. Y si golpeaba el suelo, comenzaba a dar brinquitos en el aire, que semejaban una especie de danza ind\u00edgena, y que s\u00f3lo conclu\u00eda al o\u00edr un nuevo golpe. Al pronunciar ciertas palabras, alargaba una de sus extremidades en plan de saludar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fama del sapo se divulg\u00f3 y muchas gentes comenzaron a llegar deseosas de conocer sus habilidades. Despu\u00e9s eran verdaderas romer\u00edas. El animal se nos peg\u00f3 al afecto y logr\u00f3 que mi mujer y yo fu\u00e9ramos m\u00e1s el uno para el otro. Abandon\u00e9 el aguardiente y mi mujer dej\u00f3 de ser tan rezandera. Alguien me aconsej\u00f3 que explotara aquellas habilidades, y as\u00ed lo hice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los d\u00edas de mercado sal\u00eda a los pueblos vecinos y el dinero comenz\u00f3 a llenar los bolsillos. \u00a1Aquello era un prodigio! Alg\u00fan d\u00eda volv\u00ed a pensar en la Dolores. Ya no era el holgaz\u00e1n de antes y el demonio de la tentaci\u00f3n me revolvi\u00f3 las entra\u00f1as. Ahora ten\u00eda c\u00f3mo mantenerla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero todo llega a su fin. Un d\u00eda, despu\u00e9s de la misa de doce, el cura llam\u00f3 aparte a mi mujer. De lo que sigue, no quisiera acordarme. A\u00fan veo la expresi\u00f3n angustiada de mi mujer cuando, tir\u00e1ndome de la camisa como en mis tiempos de borracho, me sac\u00f3 del espect\u00e1culo y me llev\u00f3 a la orilla del r\u00edo. Se qued\u00f3 observando al sapo y me invit\u00f3 a que examinara los ojos saltados con que en esos momentos nos miraba. \u201cEst\u00e1 pose\u00eddo por el demonio. Me lo acaba de decir el se\u00f1or cura\u201d. Y antes de que yo pudiera hacer nada, lo agarr\u00f3 hist\u00e9ricamente y lo tir\u00f3 al r\u00edo. S\u00f3lo alcanc\u00e9 a escuchar que el buen animal, mi entra\u00f1able amigo, lanzaba un sonido gutural, sordo, angustiado, mientras desaparec\u00eda debajo de la corriente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el toldo de la plaza me reencontr\u00e9 con los viejos amigos. En el d\u00e9cimo aguardiente mi mujer me tir\u00f3 de la camisa, pero esta vez no le hice caso y tuvo que regresar sola a la vereda. El aguardiente me arranc\u00f3 l\u00e1grimas. Y m\u00e1s tarde no pude evitar el volver a pensar en la Dolores.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">__________<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical<\/em>, <\/strong>Bogot\u00e1, 30 de mayo de 1971.\u00a0<strong>Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyac\u00e1,\u00a0<\/strong>Tunja,\u00a020 de mayo de 1976.\u00a0<strong>El Pa\u00eds,\u00a0<\/strong>Cali, 24 de enero de 1982.\u00a0<em><strong>Revista Letralia, <\/strong><\/em>No. 195, Venezuela, 5 de septiembre de 2008.\u00a0<em><strong>Aristos Internacional,\u00a0<\/strong><\/em>n.\u00b0 25, Torrevieja (Alicante, Espa\u00f1a), noviembre de 2019.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar El sol reverberante de esa tarde cargada de fatiga arruinaba el buen humor con que me hab\u00eda sentido en la plaza del pueblo, a la salida de la misa de doce. Ahora regresaba a la vereda, con mi mujer al lado, como siempre ocurr\u00eda todos los domingos. El \u00faltimo aguardiente [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[82],"class_list":["post-2016","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuento","tag-cuento"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2016","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2016"}],"version-history":[{"count":8,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2016\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16361,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2016\/revisions\/16361"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2016"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2016"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2016"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}