{"id":2098,"date":"2010-11-23T10:58:58","date_gmt":"2010-11-23T15:58:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2098"},"modified":"2014-04-04T10:57:58","modified_gmt":"2014-04-04T15:57:58","slug":"el-lenguaje-del-fuego","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/11\/23\/el-lenguaje-del-fuego\/","title":{"rendered":"El lenguaje del fuego"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre primitivo no conoc\u00eda el fuego, y su hallazgo casual, siglos despu\u00e9s, represent\u00f3 el mayor descubrimiento para la humanidad. Los abor\u00edgenes lo consideraban un dios y como tal le rend\u00edan veneraci\u00f3n en sus religiones. Hoy, al ser algo tan corriente, nos hemos olvidado de su importancia. Pero si no existiera, no habr\u00eda hierro, ni ladrillo, ni vidrio, ni bienestar. Sin \u00e9l, la actividad industrial y la vida dom\u00e9stica ser\u00edan inconcebibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ser el mayor aliado del hombre pas\u00f3 a ser su mayor enemigo. La violencia lo volvi\u00f3 elemento de castigo y destrucci\u00f3n. Eso mismo ha sucedido con los grandes inventos: la dinamita, descubierta por Alfredo Nobel como una de las herramientas m\u00e1s poderosas del progreso, es en nuestros d\u00edas una de las fuerzas m\u00e1s arrasadoras de la civilizaci\u00f3n. Con ella los terroristas vuelan edificios, destruyen poblaciones, fabrican armas mortales, exterminan la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El fuego redujo a escombros a la Roma imperial en el a\u00f1o 64, a Londres en 1666, A Chicago en 1871, a Tokio en 1923. En Colombia, toneladas de lodo salidas de las entra\u00f1as del volc\u00e1n Arenas, retorcidas por las llamas, se precipitaron sobre Armero y acabaron en minutos con 25.000 habitantes. C\u00facuta, Popay\u00e1n, Armenia y otras poblaciones se desmoronaron bajo la arremetida de los terremotos, que son verdaderas lenguas de fuego de los infiernos. El edificio de Avianca se volvi\u00f3 una chimenea gigante que casi no consigue apagarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando no es el hecho fortuito, es la intenci\u00f3n criminal la que aviva las conflagraciones. La demencia desatada el 9 de abril de 1948 convirti\u00f3 a Bogot\u00e1 en una masa de candela que vomitaba odio y ruinas con furia diab\u00f3lica. Los rescoldos de esa hoguera crepitan todav\u00eda en el alma fratricida de muchos colombianos. En 1952, enardecidas al rojo vivo las pasiones pol\u00edticas, fueron quemadas las instalaciones de <em>El Espectador <\/em>y<em> El Tiempo,<\/em> lo mismo que las casas de Alfonso L\u00f3pez Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo. El incendio del Palacio de Justicia, con el sacrificio de magistrados y de otras vidas inocentes, ha sido el peor holocausto producido por el instinto asesino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los textos sagrados encontramos el fuego como elemento purificador. Lo mismo que limpia las conciencias, acrisola los metales y perfecciona las piedras preciosas. En el G\u00e9nesis se lee: \u201cEntonces el Se\u00f1or llovi\u00f3 del cielo sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego\u201d. En el Lev\u00edtico: \u201cSi la hija de un sacerdote fuere cogida en pecado, deshonrando as\u00ed el nombre de su padre, ser\u00e1 quemada viva\u201d. En el libro de los N\u00fameros: \u201cUn fuego enviado del Se\u00f1or abras\u00f3 a los doscientos cincuenta hombres que ofrec\u00edan el incienso\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los siglos b\u00e1rbaros de la Inquisici\u00f3n, los herejes y los presuntos herejes (que eran la mayor\u00eda) terminaban en la hoguera. Entre los a\u00f1os 1300 y 1700 fueron quemadas unas 70.000 mujeres acusadas de brujer\u00eda, cuando muchas, como Juana de Arco, la doncella de Orleans, o Marie des Vall\u00e9es, la \u201csanta bruja\u201d, eran mujeres virtuosas. No se trata aqu\u00ed de fuego santo, sino de fuego perverso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viene ahora la cat\u00e1strofe de las Torres Gemelas de Nueva York, el mayor s\u00edmbolo del capitalismo norteamericano, dotadas de 110 plantas y 410 metros de altura. Con solo pensar en las 43.600 ventanas instaladas, en los 55.000 empleados que all\u00ed trabajaban y en los 150.000 visitantes diarios, nos hallamos en terrenos de lo ins\u00f3lito. Primero se estrell\u00f3 contra una de las torres un avi\u00f3n que llevaba en sus tanques 8.500 galones de combustible, y diez minutos m\u00e1s tarde otro avi\u00f3n se incrustaba en la segunda torre, produciendo la mayor conflagraci\u00f3n en edificio alguno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El planeta se estremeci\u00f3 en medio del estupor y la incredulidad. Minutos despu\u00e9s, los dos gigantes que se cre\u00edan invulnerables ca\u00edan abatidos como mu\u00f1ecos de barro. Alguien grit\u00f3: \u201cEl infierno se ha desatado, \u00a1s\u00e1lvese quien pueda!\u201d. El prop\u00f3sito de los terroristas, animados por un fanatismo religioso incomprensible, estaba cumplido: vengar con el fuego el poder y la arrogancia de sus enemigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de lo que significa el hecho monstruoso de destruir la civilizaci\u00f3n, acto que todo el mundo condena con indignaci\u00f3n, cabe preguntarnos si en este caso, siendo el fuego el mayor aliado del hombre para fines ben\u00e9ficos, no es tambi\u00e9n el mayor flagelo de la vanidad. Los rascacielos son s\u00edmbolos de la potestad de los hombres y encarnan por lo tanto la desmesura humana, la fatuidad, la soberbia, la ambici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mejor representaci\u00f3n de este desenfoque de la humanidad est\u00e1 en la Torre de Babel, donde Dios castig\u00f3 el orgullo de los constructores causando la confusi\u00f3n de las lenguas. As\u00ed, fue desalojado el hombre de lo que pensaba iba a ser la subida al cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 20 de diciembre de 2001.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El hombre primitivo no conoc\u00eda el fuego, y su hallazgo casual, siglos despu\u00e9s, represent\u00f3 el mayor descubrimiento para la humanidad. Los abor\u00edgenes lo consideraban un dios y como tal le rend\u00edan veneraci\u00f3n en sus religiones. Hoy, al ser algo tan corriente, nos hemos olvidado de su importancia. 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