{"id":2117,"date":"2010-11-26T20:00:47","date_gmt":"2010-11-27T01:00:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2117"},"modified":"2010-11-26T20:01:56","modified_gmt":"2010-11-27T01:01:56","slug":"viaje-de-emociones","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/11\/26\/viaje-de-emociones\/","title":{"rendered":"Viaje de emociones"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>(Pr\u00f3logo del libro <em>Nav\u00edo de arenas, <\/em>de In\u00e9s Blanco)<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el cuarto poemario de In\u00e9s Blanco vuelve a ocurrir un hecho curioso: que a partir de la aparici\u00f3n de su primera obra, cada tres a\u00f1os ha germinado una nueva cosecha en sus campi\u00f1as l\u00edricas. <em>Paso a paso, <\/em>su libro inicial de 1993, fue seguido por <em>Piel de luna <\/em>en 1996, por <em>El tiempo y la clepsidra <\/em>en 1999, y por <em>Nav\u00edo de arena <\/em>en 2002. Como en el \u00e1nimo de la poetisa no ha estado prevista dicha periodicidad, puede pensarse que el tres es para ella un n\u00famero cabal\u00edstico, que le ha llevado buenos vientos a su creaci\u00f3n literaria. Siempre han existido n\u00fameros sagrados, como el tres y el siete, a los que las culturas primitivas atribu\u00edan especiales interpretaciones. Pit\u00e1goras no solo vio en los n\u00fameros los principios de todas las cosas, sino que los veneraba con sentido religioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n el cuatro, a prop\u00f3sito del n\u00famero de serie del libro actual, tiene propicias coincidencias en relaci\u00f3n con el contenido de la obra. Cuatro son las fases del d\u00eda: el amanecer, el mediod\u00eda, el atardecer y la noche, y cuatro las estaciones del a\u00f1o: la primavera, el verano, el oto\u00f1o y el invierno. Asimiladas estas etapas a las edades del hombre, corresponden a la ni\u00f1ez, la juventud, la madurez y el ocaso, estaciones de la vida por donde discurre la poes\u00eda de In\u00e9s  Blanco. Si se trata de la orientaci\u00f3n por el mundo, cuatro son los puntos cardinales: el Norte, el Sur, el Este y el Oeste, sin los cuales no es f\u00e1cil ninguna traves\u00eda, ni humana ni po\u00e9tica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este <em>Nav\u00edo de arena, <\/em>cargado de emociones y nostalgias, de llantos y esperanzas, navega por los mares del alma con arribos a cuatro puertos, que son los cap\u00edtulos del libro. Al abrir sus p\u00e1ginas para iniciar el viaje, aparecen cuatro faros que alumbran la vida sentimental de la escritora: la abuela, el padre, la madre y los hijos. En este divertido juego de las cifras y las c\u00e1balas, no resulta aventurado afirmar que entre n\u00fameros y poes\u00eda existe estrecha relaci\u00f3n. En ambas ciencias -y teniendo a la poes\u00eda como la ciencia maestra de los sentidos- existen ingredientes de magia y encantamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de embarcarnos en este nav\u00edo po\u00e9tico<em> <\/em>que In\u00e9s ha armado con rigores de orfebre y artes de alquimista, deseo expresar algunas ideas sobre los hilos comunicantes que encuentro en sus libros. En ellos la primera marca com\u00fan es la del amor, un amor vivo y persistente que nace en sus primeros a\u00f1os y la acompa\u00f1a por el resto de sus d\u00edas. Desde peque\u00f1a amaba las mariposas, los campos y las ilusiones, y con esta llama descubri\u00f3 el amor humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie ignora que el amor es alborozo y sorpresa, emoci\u00f3n y hallazgo, serenidad y paz. Pero no hay amor sin tristezas, sombras y vac\u00edos. Siendo la manifestaci\u00f3n suprema de la alegr\u00eda, tambi\u00e9n lo es de la amargura. El hombre sufre porque ama. Quiz\u00e1 sufrir sea la mayor certeza del amor. Hay amores rebosantes de dicha, pero para llegar a esa plenitud hay que recorrer caminos de abrojos. Esta cantora de los sentimientos que es In\u00e9s Blanco desgrana en su obra los punzantes dolores que nacen de la nostalgia, la desilusi\u00f3n, la soledad, la ausencia, el olvido, y parece que llevara a flor de piel una vibrante melancol\u00eda que la hace interpretar las eternas cuitas del amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribe sus versos bajo la inspiraci\u00f3n de met\u00e1foras refulgentes, las que no le han llegado por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, sino que son el producto de rigurosos escrutinios sobre el valor de las palabras y la magia de la expresi\u00f3n. Maestra de la brevedad y del verso libre, y cuidadosa de las reglas gramaticales, enhebra pensamientos y plasma im\u00e1genes con la elocuencia que prodigan los vocablos nobles y las frases certeras. A prop\u00f3sito del esmero que observa con la sintaxis y la ortograf\u00eda (virtud sobresaliente en su \u00faltima obra), hay que lamentar el vicio bastante generalizado de los poetas modernos que sacrifican las comas, o las usan a la diabla, acaso para que el lector las ponga o las suprima a su arbitrio. Craso error.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo escribir con ritmo y modulaci\u00f3n -reglas fundamentales de la poes\u00eda-, pisoteando los signos ortogr\u00e1ficos? La coma, en cualquier escrito y sobre todo en poes\u00eda, es recurso portentoso para la fluidez de la expresi\u00f3n y la donosura del estilo. El ritmo po\u00e9tico de In\u00e9s Blanco crea m\u00fasica en el alma. Aunque se trate de la melancol\u00eda m\u00e1s intensa o del dolor m\u00e1s lacerante, sus versos intimistas causan fascinaci\u00f3n. Su lenguaje es di\u00e1fano y conciso, espont\u00e1neo y emotivo. Huye de las penumbras, as\u00ed sean las de su propio esp\u00edritu pesaroso, para llevarles luz y consuelo a las almas enamoradas.<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Las voces del retorno, <\/em>primer cap\u00edtulo de su libro navegante, es el feliz encuentro con sus ra\u00edces familiares y en \u00e9l afloran \u00edntimas sugestiones sobre genes que la habitan y le traen aromas misteriosos del Oriente legendario. Su padre el coronel, a quien no conoci\u00f3 y le empa\u00f1a el recuerdo, vive en su sangre y en su esp\u00edritu. Su madre, la anciana-ni\u00f1a convertida en su gu\u00eda de todas las horas, le afianza el derecho de so\u00f1ar. A la abuela imborrable se dirige con humo en los ojos, entre fatigas y pesares, y le dice: \u201cD\u00e9jame ver tu pena y tu silencio en cada surco de tu piel\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los hijos, en quienes ve prolongarse los ancestros que le dieron identidad en la vida, representa sus querencias cotidianas en un vuelo por el pasado, que hoy todav\u00eda es presente, para dialogar con los objetos caseros, con los sue\u00f1os y las secretas pertenencias. Este regreso a s\u00ed misma es la vehemente afirmaci\u00f3n de sus or\u00edgenes, de su nombre, de la vida y de todo cuanto quiere y no desea abandonar. En retozona familiaridad con la parca, hace este lance triunfal: \u201cPara vivir, enga\u00f1\u00e9 a la muerte; la vest\u00ed de rojo, la llam\u00e9 \u2018se\u00f1ora\u2019, y de sus manos le arrebat\u00e9 mi vida\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El ala invisible, <\/em>segunda escala del itinerario, aviva la pasi\u00f3n amorosa tras el eco de los suspiros, de los ardores de la piel, de las ansiedades y los desenga\u00f1os, de los besos fugaces, los abrazos inconclusos y el adi\u00f3s irremediable. Aqu\u00ed hay dolor, l\u00e1grimas, silencio, ausencia. Quiz\u00e1 se trate de la amante perdida en el pi\u00e9lago del olvido, que a\u00fan no ha naufragado y se sostiene a bordo de la esperanza. Un grito roto por\u00a0 la mar brav\u00eda revela el estado del alma ardorosa, en medio del temporal: \u201cEsta emoci\u00f3n que me recorre agita las olas de la sangre\u201d. M\u00e1s tarde estalla el deseo incontenible: \u201cVoy a amarte en secreto, sin l\u00edmite, sin miedo, con sentido o sin \u00e9l\u201d. Pero el amante no responde, porque \u201cse march\u00f3 en un tren, en las ruedas del viento, o cabalgando en el lomo de la tarde\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viene luego <em>Traves\u00eda en azul, <\/em>tercera etapa, que es el \u00e9xtasis del esp\u00edritu ante la mar reposada del amor, tras abandonar las borrascas de las almas en pena. Debe suponerse que la poetisa busc\u00f3 la palabra \u201cazul\u201d para acentuar el sentido de la serenidad, de la calma, de lo et\u00e9reo, del cielo sin nubes. \u201cEl arte es lo azul\u201d, dijo V\u00edctor Hugo, y es posible que tal expresi\u00f3n hubiera motivado a Rub\u00e9n Dar\u00edo para escribir <em>Azul, <\/em>obra de fina contextura est\u00e9tica donde explaya un lirismo colmado de emociones y belleza. Laura Victoria se consagr\u00f3 en las letras colombianas con <em>Llamas azules, <\/em>libro de delicado erotismo que estremeci\u00f3 en 1933 el coraz\u00f3n de los enamorados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En hermosa met\u00e1fora, In\u00e9s Blanco anuncia que \u201csobre la piel del mar escribir\u00e9 un poema con m\u00fasica y sirenas&#8230; Dibujar\u00e9 un pentagrama con notas deshojadas a la guitarra de la luna\u201d.\u00a0 Y esto es lo que hace la navegante en su aventura marina: viajar al lomo de las olas, en pl\u00e1cida sucesi\u00f3n de amaneceres y atardeceres, de luces fugaces, de r\u00edos que coquetean con la luna, de valles dormidos en el horizonte, de \u00e1rboles que se doblan bajo la impiedad del hombre. Esta simbiosis de la poes\u00eda y la naturaleza cae como una lluvia de roc\u00edo sobre las arideces del alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se llega as\u00ed al final de la jornada, entre gozos y dolores, entre sue\u00f1os y recuerdos, entre frustraciones y anhelos, en el cap\u00edtulo llamado <em>Momentos. <\/em>Son \u00e9stos, en efecto, instantes de reflexi\u00f3n, perplejidad o encanto ante las menudas y las grandes cosas de todos los d\u00edas, que una vez nos invaden el esp\u00edritu de luces y esperanzas, y otras, de sombras. Mundo loco o hechizado que una vez lleva a la poetisa a sorber una \u201cporci\u00f3n de soledad\u201d en el tr\u00e1fago de un aeropuerto, y al d\u00eda siguiente saborea el n\u00e9ctar del colibr\u00ed o se conmueve con el llanto de la guitarra y el fulgor de la acuarela. Es, adem\u00e1s, el espacio de las vacilaciones, de las preguntas sin respuesta, de la sorprendente metamorfosis de todas las horas, donde el hombre aparece como un fantasma und\u00edvago y pertinaz, y tambi\u00e9n se viste por momentos de \u00e1ngel o de mago. \u201cEl porqu\u00e9 de esta guerra lo ignoran las palomas\u201d, es una definici\u00f3n tan sutil como perspicaz con que In\u00e9s Blanco desgarra su alma herida en medio del cataclismo. Pero acto seguido, bajo la lluvia de Saig\u00f3n, danzar\u00e1 \u201cbajo la m\u00fasica del agua\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En fin, la traves\u00eda ha terminado. Este <em>Nav\u00edo de arena <\/em>ha cumplido su tr\u00e1nsito completo por las aguas -tormentosas o apacibles- de la vida. Es un viaje por los sentimientos del hombre, y no tenemos por qu\u00e9 preguntarnos si la capitana de la nave ha buceado en sus propias intimidades para ofrecernos estos cuadros pat\u00e9ticos de la condici\u00f3n humana, si el alma es universal e inmutable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bogot\u00e1, 2002.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Pr\u00f3logo del libro Nav\u00edo de arenas, de In\u00e9s Blanco) Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Con el cuarto poemario de In\u00e9s Blanco vuelve a ocurrir un hecho curioso: que a partir de la aparici\u00f3n de su primera obra, cada tres a\u00f1os ha germinado una nueva cosecha en sus campi\u00f1as l\u00edricas. 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