{"id":2185,"date":"2010-12-09T11:11:45","date_gmt":"2010-12-09T16:11:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2185"},"modified":"2014-11-04T14:37:34","modified_gmt":"2014-11-04T19:37:34","slug":"noticia-de-una-novela-quindiana","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2010\/12\/09\/noticia-de-una-novela-quindiana\/","title":{"rendered":"Noticia de una novela quindiana"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando en 1969 \u2013\u00a1hace 40 a\u00f1os!\u2013 llegu\u00e9 al Quind\u00edo como gerente de un banco, no ten\u00eda noticia de Eduardo Arias Su\u00e1rez, escritor descollante de la regi\u00f3n. En aquel entonces mi vocaci\u00f3n literaria ya se hab\u00eda manifestado con la escritura secreta, a los 17 a\u00f1os de edad, de mi primera novela, <em>Destinos cruzados, <\/em>hecho que mantuve durante mucho tiempo en absoluta reserva, y que solo di a conocer al decidirme a publicar dicha obra dos a\u00f1os despu\u00e9s de mi llegada al Quind\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta circunstancia suscit\u00f3 natural revuelo en la comarca, que no hab\u00eda conocido ning\u00fan escritor al frente de una entidad financiera. En 1974, tres a\u00f1os despu\u00e9s de la edici\u00f3n de <em>Destinos cruzados,<\/em> la oficina de Extensi\u00f3n Cultural de Calarc\u00e1, presidida por Humberto Jaramillo \u00c1ngel, me honr\u00f3 con el otorgamiento de la medalla Eduardo Arias Su\u00e1rez, presea de renombre nacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando recib\u00ed la condecoraci\u00f3n, ya hab\u00eda le\u00eddo varios libros del eminente escritor y entend\u00eda, por supuesto, su significado como una de las grandes figuras de la literatura quindiana, que hab\u00eda traspasado las fronteras patrias al ser calificado, en los a\u00f1os 20 y 30 del siglo XX, como el mejor cuentista del pa\u00eds, con obras magistrales como <em>Guardi\u00e1n y yo, La vaca sarda<\/em> y<em> El gallinero.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las personas de Armenia a quien llam\u00f3 la atenci\u00f3n mi car\u00e1cter de banquero-escritor fue Hern\u00e1n Palacio Jaramillo, por aquel entonces presidente del Comit\u00e9 de Cafeteros del Quind\u00edo (y que tambi\u00e9n fue alcalde de Armenia y gobernador del Quind\u00edo). Pocos sab\u00edan que \u00e9l era hombre de cultura. Yo s\u00ed le conoc\u00eda esa faceta. En varias tertulias hablamos sobre la importancia de publicar, por cuenta de la entidad cafetera, algunas obras in\u00e9ditas de valiosos escritores quindianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquier d\u00eda me invit\u00f3 a una sesi\u00f3n con su junta directiva para tratar un programa relacionado con Eduardo Arias Su\u00e1rez, y me dijo que a la misma reuni\u00f3n asistir\u00eda Adel L\u00f3pez G\u00f3mez, brillante escritor quindiano residente en Manizales, quien desde su columna de <em>La Patria<\/em> no cesaba de enaltecer la memoria de Arias Su\u00e1rez \u00a0(muerto en 1958). Adem\u00e1s de ferviente pregonero de su val\u00eda literaria, Adel era depositario de su obra, fuera de su disc\u00edpulo aventajado en el g\u00e9nero del cuento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la reuni\u00f3n mencionada supimos que la intenci\u00f3n del gremio cafetero era publicar la novela <em>Bajo la luna negra, <\/em>escrita por Arias Su\u00e1rez en 1929, en la Guayana venezolana, donde ejerci\u00f3 su profesi\u00f3n de odont\u00f3logo. Hab\u00eda transcurrido medio siglo sin que aquellas p\u00e1ginas autobiogr\u00e1ficas, de indudable m\u00e9rito literario, hubieran visto la luz a pesar de la persistente labor adelantada por Adel. La novela estaba prologada por Baldomero San\u00edn Cano, sobre la cual dice que \u201ces una obra original, llena de sentido de la vida en el tr\u00f3pico y abundant\u00edsima en bellos paisajes del esp\u00edritu y de la tierra, reales e imaginarios\u201d, y que \u201cparece escrita por un personaje de Dostoievski\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo marchaba a la perfecci\u00f3n, hasta que se interpuso un inconveniente mayor. Este consisti\u00f3 en que el d\u00eda anterior a la cita convenida con los cafeteros se entrevist\u00f3 conmigo la se\u00f1ora Susana Mu\u00f1oz de Arias, viuda de Eduardo Arias Su\u00e1rez, quien me hizo saber que debido a cierta animadversi\u00f3n que ten\u00eda con Adel L\u00f3pez G\u00f3mez no permit\u00eda que \u00e9l figurara en la obra de su marido. En cambio, depositaba en m\u00ed su confianza para adelantar el proyecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tama\u00f1a encrucijada en que me hab\u00eda metido. Midiendo todas las incidencias del problema, opt\u00e9 por guardar silencio en ese sentido ante la junta directiva del gremio, a la espera de que se definiera el programa de la edici\u00f3n. Me sent\u00eda inc\u00f3modo, e incluso apenado, con mi cordial amigo Adel L\u00f3pez G\u00f3mez. No ten\u00eda la culpa de ese imprevisto, pero podr\u00eda aparecer como una ficha mal\u00e9vola. Estuve a punto de echar pie atr\u00e1s para evitar suspicacias. Sin embargo, surgi\u00f3 un imperativo para salvar el caso por encima de cualquier sinsabor o incomprensi\u00f3n: hab\u00eda que rescatar la novela in\u00e9dita de Eduardo Arias Su\u00e1rez, a como diera lugar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalizada la junta directiva, invit\u00e9 a Hern\u00e1n y Adel a dialogar en una cafeter\u00eda. All\u00ed, con gran disgusto m\u00edo, les dije que Adel no podr\u00eda dirigir la obra, ni escribir palabra alguna en el libro. \u00c9l abri\u00f3 tama\u00f1os ojos ante mis palabras, y yo les cont\u00e9 la ingrata misi\u00f3n que me hab\u00eda confiado la viuda del escritor. Adel, haciendo gala de su proverbial elegancia, comprendi\u00f3 la situaci\u00f3n y manifest\u00f3 que se marginaba del proyecto. Ante todo, le interesaba que se salvara la novela. Y as\u00ed sucedi\u00f3: Hern\u00e1n me pidi\u00f3 entonces que dirigiera la publicaci\u00f3n, a lo que acced\u00ed con gusto en honor del cuentista insigne, ya muy entronizado en mis devociones literarias, pero con enorme contrariedad por el percance ocurrido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero aqu\u00ed no terminan los tropiezos. D\u00edas despu\u00e9s, ya en plena marcha la tarea editorial, me pareci\u00f3 oportuno enviarle una carta a la viuda, residente en Bogot\u00e1, en relaci\u00f3n con la abundancia de frases de interrogaci\u00f3n y admiraci\u00f3n que conten\u00eda la obra, las que carec\u00edan de los signos de apertura, por lo cual yo hab\u00eda procedido a salvar la omisi\u00f3n. Le coment\u00e9, como la cosa m\u00e1s natural del mundo, que las m\u00e1quinas de escribir antiguas carec\u00edan de dichos caracteres, y que yo los hab\u00eda marcado para la edici\u00f3n correcta del libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recibida mi carta, me llam\u00f3 desde Bogot\u00e1 Rosario, una de las bellas hijas del escritor, a notificarme que no permit\u00eda que se hiciera esa ni ninguna otra modificaci\u00f3n en los textos, pues todo lo que su padre escrib\u00eda era \u201cperfecto\u201d. Yo pod\u00eda absolver el tono quisquilloso que trasluc\u00eda la voz de mi interlocutora, entendible dentro de su obsesivo amor filial, pero las reglas gramaticales dec\u00edan otra cosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volv\u00ed a explicarle que no se trataba de corregir al cuentista extraordinario por quien yo sent\u00eda profunda admiraci\u00f3n y respeto, sino de corregir a la m\u00e1quina anticuada. Pero no fue posible que ella aceptara mi posici\u00f3n. Ante lo cual le anunci\u00e9 que desist\u00eda de continuar dirigiendo la edici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed se lo hice saber al Comit\u00e9 de Cafeteros. Y la entidad me manifest\u00f3 que, de no ser bajo mi direcci\u00f3n, la obra no ser\u00eda publicada por ellos. Deploraba yo, en lo m\u00e1s \u00edntimo de mis frustraciones, y en pro de la cultura y del nombre de Eduardo Arias Su\u00e1rez, que hubiera surgido semejante intr\u00edngulis, pero los caminos estaban cerrados. Y no era yo el que los hab\u00eda cerrado. El Comit\u00e9 de Cafeteros dio orden a la editorial de suspender la publicaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando dos d\u00edas despu\u00e9s recib\u00ed nueva llamada, muy gentil, esta vez de Zafiro, la otra bella hija del cuentista, ya el desaliento hab\u00eda invadido mi esp\u00edritu. Me rog\u00f3 que la recibiera en Armenia para presentar disculpas en nombre de la familia por el desliz de su hermana, y pedirme que continuara al frente de la publicaci\u00f3n. Si\u00e9ndome imposible desatender el gesto amable de la linda embajadora, que viaj\u00f3 a la capital quindiana a sosegar mi alma, reanud\u00e9 la tarea hasta dar a la estampa, en septiembre de 1980, la edici\u00f3n de la maravillosa novela escrita en tierra ajena, medio siglo atr\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tarea al mismo tiempo grata y torturante. Mi maestro Eduardo Arias Su\u00e1rez, desde su descanso eterno, sabe que fue as\u00ed. Y como \u00e9l mismo recorri\u00f3 en vida caminos \u00e1speros, me entiende.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 5 de octubre de 2009.<br \/>\n<em><strong>Eje 21, <\/strong><\/em>Manizales, 7 de octubre de 2009.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentarios:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le\u00ed tu articulo en <em>El Espectador<\/em> y sent\u00ed el drama de todo lo que significan los sentimientos, buenos y malos, altisonantes y confusos de una familia. Pero por sobre todo tu nobleza, car\u00e1cter, pasta de escritor y de hombre de bien. Siempre te veo refiri\u00e9ndote a Eduardo con esa admiraci\u00f3n que sienten los grandes hombres sobre los maestros. En nombre de nuestra familia, todo honor y agradecimiento para ti. Tu p\u00e1gina me llen\u00f3 de orgullo. <strong>Luis Fernando Jaramillo<\/strong><strong> Arias<\/strong><strong>, <\/strong>Bogot\u00e1 (sobrino de Eduardo Arias Su\u00e1rez).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este art\u00edculo trae muchos recuerdos, particularmente de un hombre de calidades excepcionales como fue Hern\u00e1n Palacio Jaramillo. Las gentes y autoridades del Quind\u00edo creo que no han reconocido la grandeza de Hern\u00e1n y lo importante que fue para el desarrollo que hoy tiene el Quind\u00edo. <strong>\u00d3<\/strong><strong>scar Jaramillo Garc\u00eda, <\/strong>director ejecutivo del Comit\u00e9 de Cafeteros del Quind\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tuve la oportunidad de conocer, en el momento de ser publicada, la novela de Eduardo Arias Su\u00e1rez. La puso en mis manos el doctor Otto Morales Ben\u00edtez. Qued\u00e9 tan impactado con su lectura que dos semanas m\u00e1s tarde publiqu\u00e9 en el suplemento literario que entonces circulaba con <em>La Rep\u00fablica,<\/em> dirigido por H\u00e9ctor Ocampo Mar\u00edn, una nota sobre el libro. Coincidimos en que el escritor quindiano es una cifra mayor de nuestras letras. <strong>Jos\u00e9 Miguel Alzate, <\/strong>Manizales<strong>. <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qu\u00e9 bonita p\u00e1gina\u00a0 acerca del escritor quindiano Eduardo Arias. Debo confesar que no recuerdo haber le\u00eddo nada suyo: intentar\u00e9 conseguir alguno de sus libros. C\u00f3mo son las cosas: por\u00a0 arrogancia y por qu\u00e9 no decir, falta de conocimiento en la materia, se pudo haber echado a pique la publicaci\u00f3n\u00a0 de su\u00a0 novela autobiogr\u00e1fica y de esta manera se\u00a0 hubieran quedado \u00absin el collar y sin el perro\u00bb. As\u00ed es la vida. <strong>In\u00e9s Blanco<\/strong><strong>, <\/strong>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Qu\u00e9 odisea! Siquiera se salvaron los dichosos signos de apertura de interrogaci\u00f3n y admiraci\u00f3n, y se salv\u00f3 la novela. <strong>Juan Carlos Torres Cu\u00e9llar, <\/strong>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qu\u00e9 linda historia tan bien contada la de <em>Bajo la luna negra<\/em> y con dos preciosuras a bordo, las inolvidables Rosario y Zafiro. <strong>Orlando Cadavid Correa<\/strong><strong>, <\/strong>Medell\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me encant\u00f3 leer tu nota sobre el dif\u00edcil manejo de la gente quisquillosa y, a veces, mal educada o mal informada. Recuerdo con cari\u00f1o a Adel, gran se\u00f1or. <strong>Sonia C\u00e1rdenas, <\/strong>Bogot\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Cuando en 1969 \u2013\u00a1hace 40 a\u00f1os!\u2013 llegu\u00e9 al Quind\u00edo como gerente de un banco, no ten\u00eda noticia de Eduardo Arias Su\u00e1rez, escritor descollante de la regi\u00f3n. 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