{"id":2405,"date":"2011-04-07T08:42:42","date_gmt":"2011-04-07T13:42:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2405"},"modified":"2014-04-12T11:43:53","modified_gmt":"2014-04-12T16:43:53","slug":"corrida-de-toros","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/04\/07\/corrida-de-toros\/","title":{"rendered":"Corrida de toros"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace varios a\u00f1os asist\u00ed, por primera vez, a una corrida de toros. Era una tarde espl\u00e9ndida, llena de colorido y emoci\u00f3n. La plaza delirante se estremec\u00eda de bote en bote. Y yo, que siempre hab\u00eda rehusado el espect\u00e1culo por no s\u00e9 qu\u00e9 oculta repulsi\u00f3n, aquella tarde me sent\u00ed contagiado, casi que arrebatado, del \u00e9xtasis colectivo. \u00a1Poder de las multitudes!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque yo dir\u00eda \u2013y que esto quede muy claro, porque a las cosas hay que darles su exacta dimensi\u00f3n\u2013, que el espect\u00e1culo no pod\u00eda ser sino fascinante, maravilloso, si a mi lado se hallaba la dama con quien meses m\u00e1s tarde subir\u00eda las gradas del altar, como aquel domingo hab\u00eda ascendido, entre curioso, enamorado y valiente, los pel\u00adda\u00f1os del circo. En esto sucede lo de las pel\u00edculas: que no importa que sean malas, si la compa\u00f1\u00eda es buena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No he vuelto desde entonces a una plaza de toros. Y conste, para evitar equ\u00edvocos, que mi mujer comparte igual actitud. La fiesta no me apasiona precisamente por \u201cbrava\u201d. Tampoco me agradan las ri\u00f1as de gallos. Ambos espect\u00e1culos me hacen recordar el circo romano. Y es que en la fiesta brava, con todo su esplendor y su colorido, con sus barras delirantes y sus mujeres bonitas, existe \u2013y perd\u00f3nenme los fan\u00e1ticos\u2013 un fondo de tris\u00adteza y de violencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero seamos sinceros. Si se le quitara su final tr\u00e1gico, inhumano, absurdo, del sacrificio del po\u00adbre bruto, resultar\u00eda sensacional. No es justo que el noble animal, que ha divertido, que ha emocionado, que ha enardecido las multitudes, termine siendo el rey de burlas. Se dir\u00e1 acaso que sin ese desenlace, la fiesta no ser\u00eda fiesta. En honor de los aficionados, respeto la opini\u00f3n; pero no la comparto, por no ser aficionado. \u00a1Vuelvo a pedir perdones!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Han pasado varios a\u00f1os desde aquel lejano domingo. De entonces a hoy el mundo ha evolucionado, y la t\u00e9cni\u00adca nos sorprende y nos asusta. Recuerdo con cu\u00e1nta di\u00adficultad, con cu\u00e1nto esfuerzo vital y econ\u00f3mico pude hacerme aquel d\u00eda a los dos gloriosos boletos que final\u00admente me permitieron lucir la novia, engalanada con precioso vestido azul marino, ante no pocos envidiosos y nada menos que en sitio de privilegio y en asiento nu\u00admerado; esto \u00faltimo, por si las moscas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, en plena era espacial, ocho a\u00f1os despu\u00e9s, nos reunimos mi mujer y yo, ya rodeados de nuestros tres peque\u00f1os reto\u00f1os, ante el cuadrante del televisor, a pre\u00adsenciar la \u00abcorrida del siglo\u00bb. Se transmit\u00eda dizque v\u00eda sat\u00e9lite, desde Espa\u00f1a, la capital de la tauromaquia. \u00a1El progreso de las comunicaciones! Ya no era menester, co\u00admo ocho a\u00f1os antes, enfrentarse al fanatismo de las gentes, ni perder el zapato, la paciencia, y hasta la propia novia, en medio de la multitud abigarrada y fren\u00e9tica. Ahora, con s\u00f3lo oprimir un bot\u00f3n, pod\u00eda presenciarse la fiesta en medio del sosiego del hogar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tentaci\u00f3n del programa pudo m\u00e1s que la renuncia a los toros. Trat\u00e1n\u00addose de semejante acontecimiento, pecar\u00edamos de ignorantes y desactualizados si al d\u00eda siguiente, y du\u00adrante no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo, no logr\u00e1bamos mantener un di\u00e1logo afortunado con nuestras amistades. No se re\u00adquer\u00eda en esta ocasi\u00f3n, por otra parte, ning\u00fan esfuerzo vital ni econ\u00f3mico, as\u00ed que la pantalla se fue iluminando prodigiosamente, mientras el comienzo de la fiesta apa\u00adrec\u00eda soberbio y fascinante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sali\u00f3 el primer toro. Era un ejemplar de raza, brav\u00edo, enorme, desafiante. Su sola presencia sacudi\u00f3 el entusias\u00admo general. \u00a1Qu\u00e9 se\u00f1or\u00edo, qu\u00e9 arrogancia! Sus ancas lus\u00adtrosas parec\u00edan dar m\u00e1s brillo a la pantalla. Criado y amaestrado para la lidia, no pod\u00eda esperarse de \u00e9l sino bravura. \u00abSu Majestad\u00bb, El Viti, le hizo los primeros pa\u00adses; y el p\u00fablico se estremeci\u00f3; y cada nuevo lance pro\u00advocaba m\u00e1s y m\u00e1s delirio. Al animal le herv\u00eda la sangre. Al torero lo tentaba la fama. Acaso \u00e9ste, en su fuero hu\u00admano, se condoliera de la muerte de su rival, pero su vida tambi\u00e9n estaba en juego. A \u00e9l tambi\u00e9n le herv\u00eda la sangre; y sab\u00eda que para triunfar ten\u00eda que matar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo ignoraba que los toros tuvieran nombre. Este se llamaba \u00abDoctor\u00bb. Se enfrentaban, pues, dos personajes con t\u00edtulos de nobleza. Pero \u00abSu Majestad\u00bb era m\u00e1s que \u00abDoctor\u00bb. Al escuchar el nombre del toro, mi mujer y yo nos miramos. Tambi\u00e9n a nuestro peque\u00f1o hijo lo lla\u00adm\u00e1bamos familiar y cari\u00f1osamente \u00abDoctor\u00bb. O mejor: \u00abDoctorcito\u00bb, en honor a sus tempranos cuatro meses y como inocente homenaje a la vivacidad e inteligencia con que Dios nos lo trajo al mundo. Nuestro \u00abDoctorcito\u00bb tambi\u00e9n estaba presente en la faena, reclinado en su co\u00adche y entretenido con el movimiento de la pantalla, pero ajeno a la fatalidad de su tocayo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fiesta brava, brav\u00edsima, continuaba trenzada con arrojo y denuedo. La lucha era a muerte. Implacable. Mas era desigual. Las banderillas provocaban m\u00e1s br\u00edos, mayor pujanza en el animal.Pero lo her\u00edan, lo martiri\u00adzaban. \u00abSu Majestad\u00bb desemboz\u00f3 la espada. Esta brill\u00f3 en el aire. El p\u00fablico qued\u00f3 en suspenso, contuvo la res\u00adpiraci\u00f3n. La estocada fue certera. Se hundi\u00f3 en la cerviz hasta la empu\u00f1adura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El p\u00fablico, fuera de s\u00ed, ex\u00adplot\u00f3 fren\u00e9ticamente. La monumental plaza se estremeci\u00f3 en el colmo del delirio. \u00abSu Majestad\u00bb, sudoroso pero triunfante, recorri\u00f3 el ruedo ante la vibrante emoci\u00f3n de millones de espectadores del mundo entero. El animal tambale\u00f3, enturbi\u00f3 el ojo y fue dobl\u00e1ndose dolorosamente sobre su esbelta anatom\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abDoctor\u00bb hab\u00eda perdido, pero hab\u00eda hecho una buena faena. Acaso, as\u00ed, su sacrificio se ennoblec\u00eda. Involunta\u00adriamente record\u00e9 el reportaje de ese mismo d\u00eda, de Ga\u00adbriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, a prop\u00f3sito de su doctorado honoris causa que le hab\u00edan otorgado en los Estados Unidos. Sus amigos, los choferes de Barranquilla, le grita\u00adban d\u00edas antes al verlo pasar por las calles: \u00abAdi\u00f3s, doctor \u00a0Gabito\u00bb. Y \u00e9ste comentaba: \u00ab\u00bfVes c\u00f3mo maman gallo? Son como yo: no creen en los doctores\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Asoci\u00e9 ideas. Ten\u00eda delante de m\u00ed a tres doctores: Garc\u00eda M\u00e1rquez, que se re\u00eda de s\u00ed mismo; el toro, doblegado por el infortunio; y mi \u00abDoctorcito\u00bb, una esperanza al mundo, que recostado en su coche se entreten\u00eda inocentemente con el movimiento de la pantalla, mientras a su tocayo le llegaba la hora del arrastre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 27-VI-1971.<br \/>\n<em><strong>Revista Ventanilla, <\/strong><\/em>Banco Popular, junio 1974.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comentario del director del Magaz\u00edn al publicar este art\u00edculo: \u201cUna pieza de humor por Gustavo P\u00e1ez Escobar, de Armenia, de quien supimos era banquero de prestigio en el Quind\u00edo por el informe pasado de Euclides Jaramillo Arango. Tambi\u00e9n sabemos que es un ameno escritor por el presente escrito\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Hace varios a\u00f1os asist\u00ed, por primera vez, a una corrida de toros. Era una tarde espl\u00e9ndida, llena de colorido y emoci\u00f3n. La plaza delirante se estremec\u00eda de bote en bote. 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