{"id":2437,"date":"2011-04-10T08:13:05","date_gmt":"2011-04-10T13:13:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2437"},"modified":"2014-04-12T11:52:08","modified_gmt":"2014-04-12T16:52:08","slug":"la-foto-favorita-de-dona-sofia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/04\/10\/la-foto-favorita-de-dona-sofia\/","title":{"rendered":"La foto favorita de do\u00f1a Sof\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Do\u00f1a Sof\u00eda Ospina de Navarro ha preparado una suculenta receta matrimonial. La encantadora reminiscencia que nos entre\u00adga como su \u201cfoto favorita\u201d en la edici\u00f3n dominical de <em>El Es\u00adpectador<\/em> se convirti\u00f3 en el plato fuerte del d\u00eda. Fuerte, so\u00adbre todo, para los maridos, que solemos ser glotones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay en su ameno y espiritual relato todo un manual de buena cocina do\u00adm\u00e9stica. Y esta vez, rompiendo tradiciones, ha condimentado la f\u00f3rmula con peque\u00f1as p\u00edldoras de humor, sin faltar desde luego la sal y la pimienta, para hacerla digerible de nuestras caras esposas. Conste que no hablo de esposas caras. Que si as\u00ed fue\u00adra, la sabidur\u00eda de do\u00f1a Sof\u00eda no hubiera recomendado esta sa\u00adz\u00f3n al alcance de todos los bolsillos y al gusto de todos los paladares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La costumbre, muy dominguera en m\u00ed, de saborear ciertos apartes de los peri\u00f3dicos, me llev\u00f3 r\u00e1pido a una de las seccio\u00adnes predilectas. Result\u00f3 f\u00e1cil saludar en el recuadro a la ad\u00admirable matrona antioquena, con su inextinguible sonrisa de bon\u00addad, con canas pero sin lentes; y sin el \u00abbisnieto de gesto llo\u00adroso\u00bb, que seguramente recort\u00f3 la tijera del peri\u00f3dico, pues la cosa no era para llorar, si arriba, en las dos estampas fiesteras, los contornos ten\u00edan colorido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como quien juega a las adivinanzas, comenc\u00e9 a buscar puntos de referencia para acomodar a la ilustre dama entre el garboso traje flamenco. Regres\u00e9 el almanaque lo suficiente para lograr el encaje perfecto. \u00a1Y all\u00ed qued\u00f3 usted, do\u00f1a Sof\u00eda, soberbiamente sevillana! Le quit\u00e9 \u2013con perd\u00f3n suyo, que quiere tanto su edad\u2013 los a\u00f1os necesarios para que un mal c\u00e1lculo no echara a perder la arrogancia de la foto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero se los restitu\u00ed de in\u00admediato, aunque a la inversa; es decir, los agregu\u00e9 a la sevillana, y aqu\u00ed s\u00ed la cosa fall\u00f3, pues ya no cupo usted en el cuadro. La actitud taciturna del corcel me hizo sospechar que hab\u00eda gato encerrado. Mirando mejor el animal, lo encontr\u00e9 re\u00adbelde, sin ganas de arrancar. Y usted estaba escondida, teme\u00adrosa, como si alguien la estuviera espiando. \u00a1No pod\u00eda ser usted! De serlo, se habr\u00eda mostrado airosa. Y su Salvador no ten\u00addr\u00eda esa mirada que llama usted desafiante (\u00a1amor conyuga!), y que a m\u00ed se me ofrece asustada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hubo otro remedio que leer la soluci\u00f3n. El truco qued\u00f3 desarmado. El sombrero cordob\u00e9s y el clavelito en la solapa desaparecieron en el acto. Y el bueno de su marido tuvo que trenzarse de nuevo la corbata que hab\u00eda escondido en el bolsi\u00adllo trasero. Con sus 64<strong> <\/strong>a\u00f1os a cuestas, y sin la linda sevilla\u00adna agarrada a su<strong> <\/strong>cintura, regres\u00f3 en busca de su<strong> <\/strong>media naranja. All\u00ed estaba usted, detenida en el jolgorio, sonri\u00e9ndole con risa franca y c\u00f3mplice de su<strong> <\/strong>inofensivo esparcimiento.<strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se<strong> <\/strong>rubrica la nota con un mensaje para las esposas celosas, recomend\u00e1ndoles que no confundan la sana alegr\u00eda con la infi\u00addelidad. Ya llegando a esta parte de la dedicatoria, el tel\u00e9fo\u00adno me record\u00f3 el compromiso de visitar la feria artesanal de Cartago. Partimos euf\u00f3ricos con un matrimonio amigo. Para mati\u00adzar el viaje, me refer\u00ed a la alegre historia fotogr\u00e1fica, que recibi\u00f3 amplio refuerzo por parte de mi amigo, tambi\u00e9n adicto a los platos bien condimentados. Pero no tuvimos suerte, esti\u00admada do\u00f1a Sof\u00eda. Poca gracia caus\u00f3 a nuestras caras esposas tan ameno relato. Los maridos somos malos para los cuentos, o no \u00a0sabemos explicarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Preferimos callar. De todas maneras, \u00edbamos para una feria y bien ped\u00edamos hacer ciertos c\u00e1lculos mentales, que no verbales, pues la conversaci\u00f3n habla terminado en punta. En la feria buscamos la primera venta de sombreros y cada cual se cal\u00f3 de af\u00e1n el atuendo, con la mala suerte de que nos hab\u00edamos \u00a0embocado en una tienda que no ten\u00eda nada de flamenco y a la salida alguien nos retrat\u00f3 para mandar la muestra al exterior sobre una de las tribus del Putumayo que a\u00fan no se habla extinguido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestras queridas esposas nos recibieron con amplia mirada, esta s\u00ed desafiante, y nos en\u00adcimaron algunos pellizcos. Y por m\u00e1s que nos esforzamos, respe\u00adtada se\u00f1ora, no conseguimos corcel, ni clavel, y mucho menos sevillana, ni nada que se pareciera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero como nuestras medias naranjas son grandes admiradoras de usted, al d\u00eda siguiente sazonaron una de sus recetas, pero sin sombrero cordob\u00e9s, ni faldas flamencas&#8230; Y por fortuna nos llamaron al entendimiento. Hab\u00edan le\u00eddo, despacio, la delicio\u00adsa aventura. Y descifraron el mensaje. Lo entendieron al pie de la letra, pues nos dieron libertad de hacer otro tanto, pe\u00adro a los 64 a\u00f1os, edad ideal, seg\u00fan ellas, para que a nuestro turno les demos la oportunidad de rubricar otra foto hist\u00f3ri\u00adca, no importa la flamante sevillana. Y de paso nos recomien\u00addan que presentemos a usted su cari\u00f1o y admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 23-VIII-1972.<br \/>\n<em><strong>La Patria, <\/strong><\/em>Manizales, 26-VI-1974.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentario:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos ha complacido mucho recibir su colaboraci\u00f3n sobre la foto favorita de do\u00f1a Sof\u00eda Ospina de Navarro. Ese estilo de lecturas es el que quisi\u00e9ramos siempre ofrecer en nuestras p\u00e1ginas y en adelante estaremos atentos a prestar la mayor acogida a las colaboraciones que usted nos env\u00ede. <strong>El Espectador, Jos\u00e9 Salgar E., subdirector.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Do\u00f1a Sof\u00eda Ospina de Navarro ha preparado una suculenta receta matrimonial. La encantadora reminiscencia que nos entre\u00adga como su \u201cfoto favorita\u201d en la edici\u00f3n dominical de El Es\u00adpectador se convirti\u00f3 en el plato fuerte del d\u00eda. Fuerte, so\u00adbre todo, para los maridos, que solemos ser glotones. 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