{"id":2471,"date":"2011-04-11T20:07:41","date_gmt":"2011-04-12T01:07:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2471"},"modified":"2014-05-06T18:52:19","modified_gmt":"2014-05-06T23:52:19","slug":"el-charlatan","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/04\/11\/el-charlatan\/","title":{"rendered":"El charlat\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Humor a la quindiana<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mundo, este manicomio de estri\u00addencias, de gritos, de voces desapaci\u00adbles, ha sido invadido por una plaga peor que es la de los charlatanes, ej\u00e9r\u00adcito diab\u00f3lico que le ha quitado el re\u00adposo a la vida. No creo que haya mejor definici\u00f3n sobre el charlat\u00e1n que com\u00adpararlo con una cotorra o una chicha\u00adrra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por m\u00e1s equilibrado que se manten\u00adga el sistema nervioso, dif\u00edcilmente se resistir\u00e1 el ruido persistente de la chicharra, que irrita cualquier sensibilidad. Por desgracia, a todo momento tropezamos con las chicharras humanas, que nos interceptan cuando vamos con ma\u00adyor af\u00e1n, nos cercan cuando ma\u00adyor libertad requerimos, nos hacen engullir, sin respiro, su sartal de menti\u00adras y exageraciones y, en definiti\u00adva, nos vuelven imposible la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El vendedor ambulante, por ejem\u00adplo, que debe estar dotado de gran capacidad de tacto e ingenio, no parece entender que la mercanc\u00eda no se vende meti\u00e9ndola por las narices a la inocente v\u00edctima, ni cort\u00e1ndole el aliento, ni rob\u00e1ndole el derecho a la defensa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando menos lo deseamos, tendremos a este sonriente embajador adul\u00e1ndonos con cualidades que no poseemos; felicit\u00e1ndonos por el libro que publicamos, que result\u00f3 un fraca\u00adso; ponderando nuestras virtudes admi\u00adnistrativas, cuando la empresa no sabe c\u00f3mo deshacerse de nuestros \u00abbrillan\u00adtes\u00bb servicios; admirando el respetable hogar que encabezamos, cuando la mujer desert\u00f3 hace tres a\u00f1os y los hijos son marihuaneros o haraganes; mencion\u00e1ndonos el nombre del amigo que ha servido de enlace para la entrevista, cuando se trata de nuestro mayor detractor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vendr\u00e1 luego el proceso de explicar\u00adnos en detalle las calidades del producto, \u00a0tras este destemplado principio de querer hacerse simp\u00e1tico a la fuerza. Ignoran los tales parlanchines que estamos hartos de escuchar las mismas idioteces, y por m\u00e1s que les suplicamos que frenen la lengua, que se ahorren descripciones in\u00fatiles, que nos permi\u00adtan un minuto para aligerar la vejiga, y les explicamos que no tenemos dinero para el mercado, menos para adquirir la enciclopedia de $15.000, conti\u00adn\u00faan impert\u00e9rritos d\u00e1ndole rienda a su inagotable vena oratoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se parecen a los loros, que son capaces de repetir de memoria frases enteras; pero se dife\u00adrencian de ellos en que la cuerda es m\u00e1s duradera en los seres humanos. Excedida la paciencia, no quedar\u00e1 otro remedio que decirle al intruso que se vaya a la porra. Y es posible que lo haga, pero antes se despedir\u00e1 con m\u00fal\u00adtiples muestras de cortes\u00eda y la in\u00advariable promesa de volver a visitamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, la vida no pasa de ser un zumbi\u00addo intermitente. Quiz\u00e1s la felicidad no sea cosa distinta que el disfrute de un poco de calma y sosiego.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra variaci\u00f3n del charlat\u00e1n es la del sabelotodo. No habr\u00e1 tema ni discu\u00adsi\u00f3n, por dif\u00edciles que sean, que no do\u00admine. Es, si se quiere, una enciclopedia rodante. Con incre\u00edble destreza arma auditorios y encuentra personas incautas que se sentir\u00e1n deslumbradas con tanta erudici\u00f3n. Presume de profundos conocimientos sobre las m\u00e1s dis\u00edmiles materias, lo mismo de pol\u00edtica, que de literatura, que de astronom\u00eda, que de filosof\u00eda o culinaria&#8230; Es un aut\u00e9ntico descrestador este sabelotodo que nada sabe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero por fortuna para \u00e9l, que est\u00e1 emparentado con el pavo real \u2013y disc\u00falpeseme que mencione tantos anima\u00adles en esta nota\u2013, vive henchido, con la cresta flamante y el porte airoso. Aunque si alguien que no sea tan c\u00e1n\u00addido aprieta, inmediatamente se desin\u00adflar\u00e1 este maestro de la charlataner\u00eda que se nutre de aire. Ya lo dijo Tagore: \u00abY ese que habla tanto est\u00e1 comple\u00adtamente hueco; ya sabes que el c\u00e1ntaro vac\u00edo es el que m\u00e1s suena\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>15-I-1983.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Humor a la quindiana Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El mundo, este manicomio de estri\u00addencias, de gritos, de voces desapaci\u00adbles, ha sido invadido por una plaga peor que es la de los charlatanes, ej\u00e9r\u00adcito diab\u00f3lico que le ha quitado el re\u00adposo a la vida. 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