{"id":2510,"date":"2011-04-14T18:25:01","date_gmt":"2011-04-14T23:25:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2510"},"modified":"2014-04-12T12:12:56","modified_gmt":"2014-04-12T17:12:56","slug":"el-fuego-amigo-y-enemigo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/04\/14\/el-fuego-amigo-y-enemigo\/","title":{"rendered":"El fuego: amigo y enemigo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El edificio de Avianca, erguido como impo\u00adnente grito de la revoluci\u00f3n arquitect\u00f3nica, fue de\u00advorado en horas por la voracidad de las llamas. Des\u00adde cualquier \u00e1ngulo de la ciudad, y aun a distancia de ella, en d\u00edas transparentes como en noches ce\u00adrradas, sobresal\u00eda la presencia de este monstruo, cla\u00advado all\u00ed por el hombre como tributo a la vanidad. El af\u00e1n de herir el espacio con rascacielos, mientras las ciudades extienden sus cordones de hambre y en los tugurios languidecen de inercia m\u00edseras cova\u00adchas, es en el fondo una indolente muestra de arro\u00adgancia, por m\u00e1s que en otra forma, y con valederas razones, se entienda como una necesidad de progre\u00adso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre es ambicioso por ancestro y por conveniencia y no se resigna a per\u00admanecer est\u00e1tico en un mundo que se disputa la supremac\u00eda de la atm\u00f3sfera y el dominio de los ma\u00adres. Y mientras m\u00e1s ciencia acumula, engendra mayor vanidad.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Un gigante maltrecho<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La torre de Avianca, sin duda el mayor signo de nuestro avance urban\u00edstico, sigue si\u00e9ndolo a pesar de que su armaz\u00f3n, ensombrecida ahora por el hu\u00admo, se ha tornado mustia y ya no resplandece como novia engalanada. El siniestro ha convulsionado sus entra\u00f1as, pero pronto resurgir\u00e1 de su lecho de convaleciente. Se me ocurre ver ahora un gigante maltrecho que ser\u00e1 m\u00e1s colosal cuando sanen las heridas. \u00bfHabr\u00e1 algo tan majestuoso, tan soberbio y al mismo tiempo tan temible, como un volc\u00e1n dor\u00admido?<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Bogot\u00e1: urbe en evoluci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los registros tur\u00edsticos, que andan a la caza de se\u00f1ales ostentosas para impresionar la curiosi\u00addad, han captado en mil perfiles distintos este rin\u00adc\u00f3n bogotano donde se entrelaza, en formidable con\u00adtraste, lo moderno con lo antiguo. El sitio, que pa\u00adrece resistirse al paso de las nuevas concepciones, se ha convertido en referencia indiscutible de la urbe en evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El empuje de la \u00e9poca no ha lo\u00adgrado, con todo, borrar el Bogot\u00e1 antiguo, ni siquie\u00adra con moles como esta de cuarenta y dos pisos que, por mucho que se empinen, no podr\u00e1n oscurecer el arte colonial que por all\u00ed abunda como la buena si\u00admiente. Por m\u00e1s que se transforme la ciudad, el progreso no ser\u00e1 tan arrollador como para derribar la vieja iglesia de San Francisco, ni tan ingenioso que consiga destorcer el hilo de la Avenida Jim\u00e9nez de Quesada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si veloces edificios sur\u00adgen detr\u00e1s de toda casona en ruinas, quedan a\u00fan piedras centenarias, excedidas de peso e historia, contra las que choca el \u00edmpetu demoledor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Horrible espect\u00e1culo este de ver consumirse en llamas, como lo vio todo el pueblo colombiano, al rojo vivo, nuestro edificio insignia. All\u00ed no solo ar\u00add\u00eda una estructura, ni se evaporaba un emporio, ni se destrozaban esfuerzos y vanidades. Ard\u00eda tambi\u00e9n el alma de la patria. Avianca, que le ha puesto alas a Colombia y que transporta nuestra bandera por todos los horizontes de la tierra, nos ha ense\u00f1ado a ser grandes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por eso levant\u00f3 en el coraz\u00f3n del pa\u00eds este monumento, orgullo de nuestra naci\u00f3n subdesarrollada que puede tambi\u00e9n ostentar lujos de rico. Es la emulaci\u00f3n, en fin de cuentas, un resorte que empuja al progreso. Grandes ramas financieras del Gobierno y oficinas no menos importantes del sec\u00adtor privado montaron sus engranajes en el edificio, convirti\u00e9ndolo en respetable bolsa de negocios. Un Wall Street colombiano, obviamente menos abru\u00admador que el neoyorquino, y tan caracterizado como aquel en nuestro mundo de las finanzas, naci\u00f3 ba\u00adjo su influjo.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>El fuego, enemigo implacable<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto llegaron las llamas y todo lo arra\u00adsaron. La ciudad se sinti\u00f3 impotente para contener su furor y presenci\u00f3 aterrorizada c\u00f3mo estas len\u00adguas del infierno se iban encaramando de piso en piso, de pared a pared, sin respetar nada, hasta co\u00adronar la altura y dejar un escombro humeante. Fi\u00adn\u00edsimos enchapes, suntuosos tapices y cortinajes, toneladas de papeles de negocios y todo un boato de fant\u00e1sticos contornos avivaron las llamas y le dieron categor\u00eda al desastre. Si la vanidad es humo, el ejemplo es pat\u00e9tico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ir\u00f3nico y doloroso este cuadro donde el fuego, el mayor aliado del hombre y su m\u00e1s antiguo ser\u00advidor, se convierte en enemigo implacable. Durante siglos la humanidad no conoci\u00f3 este elemento. La vida era as\u00ed acaso menos complicada, pero al paso del tiempo quiso el hombre explorar los recursos de la naturaleza y termin\u00f3 encontrando la chispa que producir\u00eda mas tarde grandes adelantos, y tam\u00adbi\u00e9n inmensas conflagraciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el fuego, sin du\u00adda, el mayor descubrimiento de la humanidad. Su importancia en el uso dom\u00e9stico y en la vida indus\u00adtrial no se mide en su justo valor, quiz\u00e1 por su propia elementalidad en un mundo que ya se acos\u00adtumbr\u00f3 a jugar con bombas at\u00f3micas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ser\u00eda im\u00adposible concebir el progreso del mundo \u2013si progre\u00adso puede llamarse\u2013 sin esta substancia de poderes misteriosos; tan misteriosos, que se vuelven en oca\u00adsiones contra su propio descubridor, y lo devoran, y lo aniquilan. Siendo su mayor aliado, le ayuda a armar monstruos de cuarenta y dos pisos; aunque tambi\u00e9n le cobra la vanidad con que pretende cons\u00adtruir nuevas Torres de Babel. Y le recuerda que, de no haberlo descubierto, la humanidad vivir\u00eda mejor. No habr\u00eda explosiones, ni guerras at\u00f3micas, ni seres mutilados. Tampoco toneladas de dinero perdidas en pocas horas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre, sin embargo, sabe que la ciencia es un honor que cuesta y continuar\u00e1 avanzando con su m\u00e1s poderoso aliado, para bien o para mal.<\/p>\n<p><em><strong>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 12-VIII-1973. <strong> <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El edificio de Avianca, erguido como impo\u00adnente grito de la revoluci\u00f3n arquitect\u00f3nica, fue de\u00advorado en horas por la voracidad de las llamas. 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