{"id":2533,"date":"2011-04-27T06:48:20","date_gmt":"2011-04-27T11:48:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2533"},"modified":"2014-03-15T11:29:04","modified_gmt":"2014-03-15T16:29:04","slug":"el-estilo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/04\/27\/el-estilo\/","title":{"rendered":"El estilo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el estilo un distintivo, una marca de f\u00e1brica. Se dice que el estilo es el hombre. Por su manera de ser se distingue una persona de otra. Por la for\u00adma de escribir se diferencia un escritor de otro. Los maestros de la literatura insisten, en variados to\u00adnos, en que el escritor debe poseer ciertas condicio\u00adnes b\u00e1sicas. Se habla tambi\u00e9n de poderes, de incli\u00adnaciones innatas. El estilo se puede superar; no pasa lo mismo con el ingenio, que es algo intr\u00ednseco. Se hace \u00e9nfasis en la pureza y la propiedad, en la espontaneidad, en la fluidez. Ortega y Gasset pe\u00add\u00eda: temperatura, densidad y m\u00fasica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas cualidades, de tan complejo calado, son reglas de oro. El cat\u00e1logo parece simple. Lo arduo, lo inalcanzable a veces, consiste en mezclar esos misteriosos ingredientes para imprimirle vida a una p\u00e1gina. El mundo est\u00e1 lleno de eruditos, de acad\u00e9\u00admicos, de maestros de la gram\u00e1tica, y hasta de sa\u00adbios, pero no de genios. Un Dal\u00ed, o un Chaplin, o un Borges, o un Churchill, o un De Greiff, para rese\u00ad\u00f1ar algunas de las genialidades de \u00e9pocas recientes, solo se revelan de tarde en tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abundan los pont\u00edfices que predican teor\u00edas y que sin embargo no saben crear. Escribir bien no es saber mucha gram\u00e1tica. Casals na\u00adci\u00f3 con la m\u00fasica en el cerebro y ya desde ni\u00f1o, ajeno a\u00fan a solfeos y partituras, era un virtuoso. En la literatura deben observarse cier\u00adtos c\u00e1nones y no atropellar la lengua, pero no escla\u00advizarse a gramatiquer\u00edas ociosas ni a reglas ortodo\u00adxas. Los preceptos son cambiantes, nunca r\u00edgidos ni est\u00e1ticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El arte de escribir, dice Silvio Villegas, no est\u00e1 en un vocabulario muy rico, sino en darles una cadencia o un sentido nuevo a las palabras comunes. La cadencia de que habla el maestro no es otra cosa que la musicalidad, la fluidez, la elegancia, dones que solo son posibles en el gusto fino; o refi\u00adnado, mejor, para que el t\u00e9rmino indique con mayor propiedad la lucha constante que debe imponerse el escritor. Silvio Villegas, que nos ha legado p\u00e1gi\u00adnas sublimes en la magia de la expresi\u00f3n, asombra con la sencillez, con la sonoridad, cuando al propio tiempo nos deslumbra con el esplendor y la profundidad de su pensamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lenguaje ampuloso es basura. Es f\u00e1cil dis\u00adtinguir lo superfluo, lo afectado, de lo sobrio y lo exquisito. Incapaces muchos de crear una imagen o expresar un pensamiento, acuden al t\u00e9rmino sofis\u00adticado, torturante para el buen gusto, para ocultar su impotencia. Abusan del circunloquio, de la va\u00adguedad, porque son inh\u00e1biles para la concisi\u00f3n y la elocuencia. Construyen frases perfectas frente a la gram\u00e1tica y martillan puntuaciones refor\u00adzadas que hieren la fluidez. As\u00ed, el contenido es hueco, sin consistencia y sin altura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El buen escri\u00adtor, el artista, con un brochazo pintar\u00e1 un pai\u00adsaje y con pocas palabras inquietar\u00e1 la mente. Sin palabras altisonantes, sin t\u00e9rminos misteriosos \u2014de esos que hacen consultar el diccionario a cada momento\u2014, deleitar\u00e1n sus argumentos y har\u00e1n pensar. Vivir es saber pensar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lenguaje sobrio, ajustado, bien medido, es un condimento pa\u00adra el buen paladar. El pintor, lo mismo que el poeta, lo mismo que el m\u00fasico, lo mismo que el escultor o el escritor, llevan en el subconsciente esa vena, esa rara inspiraci\u00f3n que no en todos aflora con igual propiedad. Por eso, lo que en unos es mediocre, o apenas com\u00fan, en otros se sublimiza y se manifies\u00adta en brotes de genialidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los puristas, esclavos del perfeccionismo \u2014y ya se sabe que el perfeccionismo, como todo ex\u00adtremo, es vicioso\u2014, pierden sus pr\u00e9dicas atacando giros o palabras que, por no haber recibido las aguas bautismales de los acad\u00e9micos, los consideran un atropello. Son, con todo, de uso com\u00fan y expresan, mejor que las sacrosantas, el verdadero sentido, la verdadera traducci\u00f3n vern\u00e1cula.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Trate usted de en\u00adcontrar en el diccionario de la Real Academia un sinn\u00famero de palabras en boga, empleadas en el lenguaje popular y tambi\u00e9n culto, y no solo estar\u00e1n ausentes sino que de pronto recibir\u00e1 un rega\u00f1o por tratarse de un galicismo, de un barbarismo, de una asonada contra el idioma. Esa palabra, hoy b\u00e1rbara, medio sacr\u00edlega, en pocos a\u00f1os entrar\u00e1 con todos los honores a los registros acad\u00e9mi\u00adcos, con una larga lista de acepciones que ni siquie\u00adra hab\u00edamos sospechado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Academia, en fin de cuentas, no hace otra cosa que investigar para en \u00faltimas protocolizar lo que la costumbre se ha encargado de imponer. Por eso, nuestro real diccionario vive desactualiza\u00addo. Alguien le replic\u00f3 a un acad\u00e9mico: \u00abusted sabe gram\u00e1tica, yo s\u00e9 escribir\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El estilo es el hombre. Lo mismo en la vida pri\u00advada que en la intelectual. En un mismo peri\u00f3dico, en una colecci\u00f3n de libros, se encuentran el estilo pendenciero con el sencillo; el complicado con el llano; el altruista con el eg\u00f3latra; la modestia y el narcisismo; la humildad y la soberbia; lo florido y lo est\u00e9ril. Se unen, en fin, la cima y la sima. Es inevitable, porque tal es la miscel\u00e1nea de la huma\u00adnidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que se escriba, o se ejecute, o se cree, ser\u00e1 siempre el espejo del alma. Y el alma es sensitiva, como puede ser burda. Imposible remediarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, <\/strong><\/em>Manizales, 2-XII-1973.<br \/>\n<em><strong>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 27-I-1974.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Es el estilo un distintivo, una marca de f\u00e1brica. Se dice que el estilo es el hombre. Por su manera de ser se distingue una persona de otra. Por la for\u00adma de escribir se diferencia un escritor de otro. 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