{"id":2552,"date":"2011-04-27T07:06:50","date_gmt":"2011-04-27T12:06:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2552"},"modified":"2014-05-01T11:57:31","modified_gmt":"2014-05-01T16:57:31","slug":"luces-de-navidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/04\/27\/luces-de-navidad\/","title":{"rendered":"Luces de Navidad"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Extinguido ya el alboroto na\u00advide\u00f1o, crepitan en la mente las \u00faltimas luces de un diciembre agitado y nebuloso, acaso m\u00e1s dif\u00edcil y contradictorio que muchos diciembres preceden\u00adtes, pero seguramente menos agobiante que otros por venir. Es la vida, en efecto, cada vez m\u00e1s vertiginosa, m\u00e1s alocada, menos consciente. No estamos en la \u00e9poca de los diciembres desenvueltos, llenos de gracia y delectaci\u00f3n, archivados ya en el \u00e1lbum de las remembranzas. No hay tiempo ni lugar, como anta\u00f1o, para caminar despacio, para vivir en reposo. La fiebre de la velocidad, del atropello, ha invadido al mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Navidad, que por esencia es la fiesta del hogar, se ha desdibujado y es ahora, ante to\u00addo, s\u00edmbolo comercial cuya importancia parece medirse por el \u00edndice de ventas en los almacenes. El afecto, que tambi\u00e9n se ha degradado, se hace m\u00e1s expresivo mientras mayor sea el costo de los obse\u00adquios. La gente corre, se afana, en persecuci\u00f3n del regalo que no siempre resulta el m\u00e1s apropiado en este tonto empe\u00f1o de querer sobrepasar el gesto del amigo, por m\u00e1s que el presupuesto no alcance. La tarjeta de Navidad, testimonio que fue de verdadera amistad, no pasa de ser hoy una costum\u00adbre mec\u00e1nica, un formalismo mercantil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El padre de familia, acosado de penurias, debe soportar todo el peso de estos diciembres angustiosos que exigen su mayor esfuerzo y su m\u00e1ximo sacrificio. En la calle, en el almac\u00e9n, en la oficina, estar\u00e1 siempre asedi\u00e1ndolo la idea de proporcionar unos momentos de felicidad a los suyos y buscando la manera, por lo general esquiva y a veces imposible, de compartir con ellos los recursos que le niega la suerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tradicional cena matiza\u00adda de bu\u00f1uelos y natillas, que congregaba a la familia en pleno y reconciliaba distanciamientos y malquerencias, se ha quedado sin qu\u00f3rum. El hogar anda disperso. Y la Navi\u00addad es menos \u00edntima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero admitamos que estamos en el mejor periodo de la fas\u00adtuosidad, del colorido, de la fantas\u00eda. El sencillo juguete que antes accionaba el ni\u00f1o con un cordel elemental, o a pun\u00adtapi\u00e9s si era preciso, y que lo llenaba de j\u00fabilo por m\u00e1s que no caminara, resulta hoy inconce\u00adbible en el estallido de la ciencia locomotriz que pone a rodar trenes inmensos, con pitazos aut\u00e9nticos cuando se sumergen en la oscuridad del t\u00fanel; o a caminar mu\u00f1ecas maravillosas que no solo dan pasos de persona grande, sino que emiten, mejor que muchos desventurados mortales, lloros y risas de envidiable naturali\u00addad. Poder llorar o re\u00edr, a gusto y con el necesario desahogo, es otro de los derechos que nos ha robado esta \u00e9poca mecanizada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contin\u00faa siendo, por fortuna, la festividad de los ni\u00f1os. Y nosotros, los ni\u00f1os de ayer, que hac\u00edamos mover el cami\u00f3n de madera en un declive, a falta de los medios actuales de locomoci\u00f3n, y que no conocimos mu\u00f1ecas caminadoras, ni perros mec\u00e1nicos que ladran y muerden, ni platillos espaciales, ni artefactos supers\u00f3nicos, gozamos cuando los peque\u00f1os nos permiten me\u00adternos en sus fantas\u00edas y nos conf\u00edan, as\u00ed sea fugazmente y a rega\u00f1adientes, el tim\u00f3n de su universo maravilloso, de ese universo que duele a veces cuando las fuerzas con que lo edificamos no est\u00e1n bien equilibradas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El chisporroteo de la Navidad cesa de pronto y la chiquillada abandona la jugueter\u00eda que en corto tiempo ha quedado averiada, posiblemente inservible, y comienza a fabricar planes para un diciembre nuevo, que al igual que nosotros los adultos \u2013los ni\u00f1os de ayer\u2013, todos am\u00adbicionamos menos gris y m\u00e1s luminoso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 24-XII-1973.<strong><br \/>\n<em>La Patria,<\/em> <\/strong>4-I-1974.<br \/>\n<strong><em>Satan\u00e1s,<\/em> <\/strong>Armenia, 24-XII-1976.<br \/>\n<strong><em>Revista El Velero,<\/em> <\/strong>Coempopular, Bogot\u00e1, diciembre de 2010.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Extinguido ya el alboroto na\u00advide\u00f1o, crepitan en la mente las \u00faltimas luces de un diciembre agitado y nebuloso, acaso m\u00e1s dif\u00edcil y contradictorio que muchos diciembres preceden\u00adtes, pero seguramente menos agobiante que otros por venir. 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