{"id":2703,"date":"2011-05-15T18:50:04","date_gmt":"2011-05-15T23:50:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2703"},"modified":"2020-11-26T20:17:52","modified_gmt":"2020-11-27T01:17:52","slug":"con-el-doctor-a-cuestas","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/05\/15\/con-el-doctor-a-cuestas\/","title":{"rendered":"Con el doctor a cuestas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poca gracia le deben causar a Jorge Santander Arias los movimientos que se han formado para que la Universidad de Caldas lo designe \u00abdoctor honoris causa\u00bb. El claustro docente, que desde hace mu\u00adcho tiempo ha debido tomar la iniciativa, sin apre\u00admios y sin el incordio de respetables memoriales del momento, se siente sin duda inc\u00f3modo ante el tar\u00add\u00edo reconocimiento que har\u00e1 de un honor que hubie\u00adra sido m\u00e1s destacado de haberlo conferido por pro\u00adpia idea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para nadie es secreto que Jorge Santander Arias representa un patrimonio de la cultura y es uno de esos genios que nacen por generaci\u00f3n espon\u00adt\u00e1nea, de esos cultores del esp\u00edritu que entran solos en el campo de la inmortalidad, sin ostenta\u00adciones ni el apoyo de caducos pergaminos. No se sabe qu\u00e9 admirarse m\u00e1s en \u00e9l, si su vasta erudi\u00adci\u00f3n, fortalecida por su silenciosa voracidad de biblioteca, o su innata predisposici\u00f3n como artista movido por misteriosas irradiaciones que le arrancan p\u00e1ginas de desconcertante sabidur\u00eda, unas veces im\u00adpulsadas por el gracejo y la s\u00e1tira, y otras, forjadas con los rigores del m\u00e1s exigente tallador de piedras preciosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con raz\u00f3n se le considera un esteta del pensa\u00admiento, orfebre en su propia universalidad del saber humano. Es, como lo proclama un intelectual a quien debe cre\u00e9rsele, a m\u00e1s de brillante periodista, el me\u00adjor ensayista del pa\u00eds. Posee, como pocos, ese quis\u00adquilloso talento para afilar los aconteceres m\u00e1s tri\u00adviales y moldearlos en sapientes p\u00edldoras de consu\u00admada estrategia. El suceso ordinario, la noticia pro\u00adcaz son tratados con la maestr\u00eda del fil\u00f3sofo que es capaz de arrancar una chispa donde solo hab\u00eda esterilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ignora la frase ramplona y desconoce la cursiler\u00eda, terreno tan pr\u00f3ximo al humor mal dosificado. Y se profundiza, en cambio, con el lenguaje que brota con la fluidez del manantial, o con la es\u00adpontaneidad de un vocabulario muy caracter\u00edstico suyo, porque a nadie imita, y que, no por elevado a veces, es jam\u00e1s torturante, para serlo, al contrario, sonoro y majestuoso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal el Santander Arias a quien no conozco en persona, pero que leo y admiro. Es, para este asiduo lector de La Patria, personaje familiar, algo metido en el cerebro, con su barbilla torcida que le pinta el peri\u00f3dico, sus anteojos de catedr\u00e1tico taciturno y su talante doctoral. Resulta una figura cer\u00adcana y distante al propio tiempo, quiz\u00e1s ahora algo constre\u00f1ida en el f\u00edsico, si \u00e9l mismo goza con los doce kilos que acaba de perder, o de ganar, en saluda\u00adbles invasiones pl\u00e1sticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conciso, penetrante, mordaz. Cada concepto, ca\u00adda ficci\u00f3n, cada pincelada, son obras del talento. Oig\u00e1moslo: \u00abSus ojos son desconcertantes, gr\u00e1vidos de opalescencias, mestizos entre felinos y acuosos; acusan manchas subrogadas de verdinegros absolu\u00adtos en mitad de la pupila, y a veces semejan aguas muertas que no reflejan nada y que se tragan todo\u00bb. Describiendo el alma de Liz Taylor a trav\u00e9s de sus ojos de gata, dir\u00edase que ha estado cerca de su cuerpo. \u00a1Bendita agudeza que permite inun\u00addar los terrenos de la prohibici\u00f3n!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPara qu\u00e9 est\u00e9riles doctorados, por m\u00e1s honrosos que sean, si \u00e9l ni los necesita ni los reclama? \u00bfPor qu\u00e9, en cambio, no recopilar sus notas period\u00edsticas, profundos tratados del catedr\u00e1tico que hay en \u00e9l? Y esto para no hablar de sus dem\u00e1s incursiones literarias, a buen seguro escondidas y polvorientas en los anaqueles de su biblioteca. Hacerle m\u00e9rito publicando sus obras es mejor homenaje que poner\u00adlo a subir las faldas de Manizales con un doctorado a cuestas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el mundo hay demasiados doctores, pero pocos doctos. O si no, que lo desmienta el embolador de la esquina. Y es que estos t\u00edtulos extempor\u00e1neos joroban a la persona. No hace mucho Garc\u00eda M\u00e1rquez,\u00a0 camino de los Estados Unidos, a donde viajaba a re\u00adcibir el \u00abhonoris causa\u00bb, se burlaba del \u00abadi\u00f3s, doctor Gabito\u00bb con que lo saludaban los choferes de Barranquilla, y le comentaba a su amigo: \u00ab\u00bfVes c\u00f3\u00admo maman gallo? Son como yo: no creen en los doctores\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo a mi paisano boyacense, partero sin cart\u00f3n y el m\u00e9dico de moda de las damas, que se hab\u00eda olvidado doctorarse y que por eso mismo, como tegua de prestigio, provocaba la envidia de sus colegas. En un seminario m\u00e9dico al que hab\u00eda concurrido con fingida cortes\u00eda pero con natural recelo, uno de sus envidiosos se acord\u00f3 de herirlo al calor de las champa\u00f1as, y en subida disertaci\u00f3n sobre el ejercicio profesional termin\u00f3 brindando por los \u00abm\u00e9dicos sin cart\u00f3n\u00bb. El aludido, que aparte de saber manejar con destreza el bistur\u00ed y de hacer prol\u00edfica a la humanidad, tambi\u00e9n hab\u00eda aprendido a ser incisivo, devolvi\u00f3 el hervor de la champa\u00f1a con refinada elocuencia: \u00abY yo brindo por los cartones sin m\u00e9dico\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, <\/strong>Manizales, 27-VI-1974.<\/em><br \/>\n<em> <strong>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 7-VII-1974.<br \/>\n<em><strong>Eje 21,\u00a0<\/strong><\/em>Manizales, 20-XI-2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Poca gracia le deben causar a Jorge Santander Arias los movimientos que se han formado para que la Universidad de Caldas lo designe \u00abdoctor honoris causa\u00bb. 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