{"id":277,"date":"2009-10-01T17:05:58","date_gmt":"2009-10-01T17:05:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=277"},"modified":"2014-05-10T07:08:45","modified_gmt":"2014-05-10T12:08:45","slug":"la-noche-de-zamira","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/10\/01\/la-noche-de-zamira\/","title":{"rendered":"La noche de Zamira"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/nov_zamira.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-240\" title=\"nov_zamira\" alt=\"nov_zamira\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/nov_zamira.jpg\" width=\"93\" height=\"140\" \/><\/a>Quinto Patio marca las tarifas m\u00e1s altas del barrio. Es un ed\u00e9n donde se cultivan, al igual que en los cafetales, plantas afrodis\u00edacas en constante floraci\u00f3n. Algunos hombres buscadores de sensaciones fuertes sienten tard\u00edos remordimientos cuando gozan de una putica de 15 a\u00f1os, y despu\u00e9s de caer en la primera tentaci\u00f3n vuelven muchas veces a buscar los mismos placeres.<\/p>\n<p align=\"justify\"><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-192\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><\/a><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"..\/..\/images\/bullet.gif\" width=\"20\" height=\"18\" \/><strong><span>Pr\u00f3logo<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><strong><em>GU\u00cdAS DEL ESCRITOR<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Zamira, en esta historia, no es el nombre de una mujer sino de una ciudad. Zamira, en una mitolog\u00eda que le\u00ed hace varios a\u00f1os, es el nombre de una princesa y significa <em>hija de la noche<\/em>. Si el lector avanza en estas p\u00e1ginas podr\u00e1 notar que Zamira \u2013la ciudad \u2013 adquiri\u00f3 en tal forma el car\u00e1cter de la princesa, que tambi\u00e9n, como ella, se convirti\u00f3 en leyenda. El real protagonista de esta historia es un pueblo. Para mayor precisi\u00f3n, un pueblo que se volvi\u00f3 grande. Cuando la ciudad se desbord\u00f3, alguien la bautiz\u00f3 Zamira por su extraordinario parecido con la princesa pagana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los pueblos son seres vivientes: tienen alma y sentimientos. Esto es lo que sucede con la ciudad que trato de reconstruir. Hace poco escrib\u00ed las siguientes palabras para un libro de viajes: \u00ab<em>Tanto la aldea m\u00e1s remota como la urbe m\u00e1s populosa son un reflejo del hombre, con sus pasiones y miserias, sus trabajos y esfuerzos, sus sue\u00f1os y grandezas. Todos los pueblos tienen cuerpo, historia, estilo propio, vida y esp\u00edritu. Somos pueblos ambulantes: los llevamos con nosotros mismos. Los paisajes que admiramos, y a veces destruimos, son nuestros mismos paisajes interiores\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al concluir este libro me hall\u00e9 con la sorpresa de que soy un descubridor de pueblos. Mi novela <em>V<\/em><em>entisca<\/em> es la radiograf\u00eda de otro pueblo. Esta reincidencia en el mismo tema confirma que el novelista es un ser obsesivo. A veces, un loco: hay ideas fijas que nunca abandona, o \u00e9stas nunca abandonan al novelista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando en un acto acad\u00e9mico present\u00e9 la citada novela, trac\u00e9 algunos perfiles sobre el arduo sendero de las letras, que algunos suponen un camino de rosas. Ojal\u00e1 dichas palabras sirvan para explicar de nuevo los dolores de parto que tiene que sufrir el escritor cuando da a luz un libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel trabajo lo bautic\u00e9 <strong><em>Gu\u00edas del escritor<\/em>:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda tuve la extra\u00f1a pretensi\u00f3n de fundar un pueblo. Idea ambiciosa que me persigui\u00f3 a trav\u00e9s de los a\u00f1os, cada vez con mayor apremio, hasta llevarme a fijar, en alg\u00fan momento de optimismo, el primer moj\u00f3n de mi pueblo imaginario. Nac\u00eda as\u00ed en la arquitectura del escritor la que ser\u00eda mi tercera novela, <em>V<\/em><em>entisca<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Han transcurrido varios a\u00f1os desde cuando anot\u00e9 la primera l\u00ednea sobre un proyecto idealista, hasta el d\u00eda de hoy, cuando la palabra se convierte en libro. A\u00f1os de maduraci\u00f3n, de ajuste, de autocr\u00edtica y depuraci\u00f3n mientras la idea tomaba contextura. Y hubo necesidad, a la postre, de destruir el pueblo que se hab\u00eda levantado con ardoroso empe\u00f1o, por haber quedado flojos los cimientos. Esta historia es la muerte de un pueblo, y si bien se observa, es la angustia del propio autor, que vive siempre en lucha contra sus esp\u00edritus y desasosiegos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A veces se supone que esta permanente agitaci\u00f3n conduce al reposo. Pero el escritor no descansa. Nunca estar\u00e1 satisfecho por completo, ni con la primera ni con la vig\u00e9sima obra, y la \u00faltima correcci\u00f3n, que le ha producido desahogo, ser\u00e1 apenas un remanso para proseguir la marcha con nuevos br\u00edos y superiores tormentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La paciencia y el sacrificio, tan connaturales a la carrera del escritor, son los factores m\u00e1s determinantes de la labor literaria. Ning\u00fan artista como el escritor est\u00e1 sometido a tantos rigores y privaciones, a tantas renuncias y torturas. S\u00f3lo en la soledad y el silencio ser\u00e1 posible para \u00e9l, en lucha implacable contra sus diablos interiores, plasmar sus sue\u00f1os. Pero esto no es un infierno. Es un campo de batalla creadora, imposible de interpretar por los profanos, donde la paz se conquista con gotas de sangre y enlazando fantasmas. Ya advirti\u00f3 Rilke: <em>\u00abSi usted cree que es capaz de vivir sin escribir, no escriba\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El escritor no debe escribir confiado en el \u00e9xito, y ha de saber que la gloria es caprichosa: a veces llega, otras veces llega tarde, y nunca agranda la obra valedera. La ostentaci\u00f3n marcha por otro camino. El m\u00e9rito puede m\u00e1s que la propaganda artificiosa. Cuando se escribe con honestidad y con amor a la gente, el mejor laurel que conquista el escritor es el de saberse fabricante de ideales. En el arduo y paciente trabajo es donde se acrisola la obra del artista, y la prisa por publicar resulta nefasta. Si escribir y esperar es regla de oro en oficio tan exigente, la precipitaci\u00f3n atomiza los mejores prop\u00f3sitos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carpentier recomienda veinte a\u00f1os de escritura antes de publicar algo. Flaubert se tomaba una semana en la elaboraci\u00f3n de una p\u00e1gina bien balanceada, y por eso su producci\u00f3n, escasa en vol\u00famenes y densa en profundidad, no la consumir\u00e1 jam\u00e1s el comej\u00e9n del tiempo. Rulfo confesaba que en <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em> estaba todo cuanto necesitaba contarle al mundo, y convirti\u00f3 su novela, de s\u00f3lo cien p\u00e1ginas \u2013pero p\u00e1ginas magistrales\u2013, en destello prodigioso de la brevedad alucinante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La brevedad es virtud que no consiste en decir poco sino en expresar m\u00e1s con menos palabras. Para ello el escritor ha de imponerse severas disciplinas de purga del lenguaje y riqueza de las ideas. Esta regla va enlazada con la sencillez, y ya se sabe que en la sencillez reside la elegancia. Manifiesta Camilo Jos\u00e9 Cela que <em>\u00abtodo lo que no sea humilde, una inmensa y descarada humildad, sobra en el equipaje del escritor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La escritura y el dinero no van de la mano y se rechazan. Hablan diferente idioma. La ley del escritor se ofusca con las fulguraciones del oro, pero si el oro lo deslumbra y lo seduce, que cambie de oficio. En la abundancia de bienes materiales, lo mismo que en las cimas de la fama que no dejan pensar, naufragan las intenciones m\u00e1s optimistas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El escritor es un animal de resistencia y de fuerzas incre\u00edbles, y tal vez su mejor comparaci\u00f3n es con el buey, modelo de paciencia y mansedumbre, que entre palos y maltratos resiste sufridas jornadas y transporta pesados cargamentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El novelista, que no podr\u00e1 escribir sino la realidad de sus propias vivencias, est\u00e1 llamado a ser el supremo historiador del tiempo. Pintar la vida \u2013y esa es su funci\u00f3n primordial\u2013 consiste en traducir la condici\u00f3n humana y compenetrarse con el dolor y la alegr\u00eda. Sus personajes, as\u00ed sean simb\u00f3licos o surrealistas, son tomados de la verdad del mundo y revestidos de caracteres probables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para muchos la novela es la primera de las artes porque su objetivo es el hombre. Ser novelista significa un duro destino. Es una labor que no permite la quietud ni el adormecimiento, menos la marcha atr\u00e1s. Cuando las criaturas han tomado vida, jalan al escritor, se meten en su carne y en su esp\u00edritu, lo estrujan y lo obligan a que responda por ellas. Para que el narrador cumpla con su misi\u00f3n debe saber interpretar la fuerza de sus personajes, o de lo contrario sucumbir\u00e1 \u00e9l mismo. Su \u00fanico compromiso es con los protagonistas de sus relatos, y necesita hacer de ellos \u00e1ngeles o demonios. Debe asesinarlos o salvarlos, pero nunca abandonarlos en el absurdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando pretend\u00ed fundar un pueblo, la primera piedra me qued\u00f3 bien colocada. Las calles iniciales salieron rectas, e incluso los primeros habitantes nacieron bien formados. Luego alguna cuadra se torci\u00f3 y alg\u00fan parroquiano se rebel\u00f3. M\u00e1s tarde la aldea se hab\u00eda ladeado, el cura se hab\u00eda vuelto concupiscente y la beata, incr\u00e9dula. Todo conspiraba contra la intenci\u00f3n de sostener un pueblo recto. Lo dej\u00e9 que siguiera su curso natural y advert\u00ed que all\u00ed, en ese mundillo de conflictos, estaba reunida la humanidad entera, con sus virtudes y pecados, sus castidades y lujurias, sus grandezas y miserias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda buscado un pueblo alegre y me result\u00f3 triste. Una niebla persistente comenz\u00f3 a invadir la poblaci\u00f3n, y m\u00e1s tarde me encontr\u00e9 en un territorio de sombras y fantasmas. No sab\u00eda, como en los dominios de Rulfo, si se trataba de seres vivos o de almas muertas. Comprend\u00ed entonces que era la aldea que siempre hab\u00eda llevado en la subconsciencia, azotada por la ventisca y la soledad. Ese pueblo, una especie de piedra mal colocada en el camino, agobiaba el alma del escritor. Y era preciso que desapareciera. Creci\u00f3 hasta l\u00edmites razonables y luego vino la destrucci\u00f3n. <em>V<\/em><em>entisca<\/em> es una agon\u00eda. Y tambi\u00e9n una liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La literatura nos permite crear ilusiones y ennoblecer la existencia. Es un talante de la vida. La mayor tragedia del hombre, como lo dijo Pascal, es no saber permanecer quieto entre cuatro paredes: las paredes de la creaci\u00f3n y el di\u00e1logo interior. Si la literatura es ansiedad y b\u00fasqueda, escozor y suplicio, tambi\u00e9n es placer. Por la literatura morimos todos los d\u00edas, cuando nos torturamos el cerebro en busca de la verdad, y con ella renacemos cuando encontramos la claridad. Sus laureles son esquivos, y su justificaci\u00f3n est\u00e1 en la conquista. Cada libro lleva alg\u00fan \u00e1tomo del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recordemos, para terminar, la cita de un poeta ruso:<em> \u00abNo hay tormento m\u00e1s exquisito que el tormento de las palabras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><strong>GUSTAVO PAEZ ESCOBAR<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><strong><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-192\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><\/a><\/strong><span onclick=\"salir(&quot;text1&quot;)\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"..\/..\/images\/bullet.gif\" width=\"20\" height=\"18\" \/><\/span><strong><span>Un fragmento de la obra <\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">La llaman Diosa. Es due\u00f1a de la casa m\u00e1s popular del barrio, una de las tantas casas de libertinaje que abundan en Zamira. La pornograf\u00eda avanza por los suburbios condenados a la invasi\u00f3n de mujeres p\u00fablicas y se agazapa, como en todo centro populoso, en discretos apartamentos de la alta sociedad. Diosa, por lo mismo que administra el burdel m\u00e1s conocido, es la mujer m\u00e1s renombrada de los ambientes libertinos. Quinto Patio, su vieja casa de citas, permanece llena a toda hora de clientes desaforados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00f1os atr\u00e1s un an\u00f3nimo transe\u00fante le cont\u00f3 que en el barrio de tolerancia de Barrancabermeja, la capital proletaria de Colombia, exist\u00eda una casa de citas conocida con el nombre de Quinto Patio. En el puerto petrolero, famoso por las s\u00edfilis cr\u00f3nicas y toda clase de enfermedades ven\u00e9reas, Quinto Patio sonaba como quinto infierno, una manera de situar el pecado en su mayor nivel de desenfreno. Con esa caprichosa distinci\u00f3n naci\u00f3 en la ciudad cafetera, por obra y gracia de un trashumante de la vida airada, otra sucursal de la carne transplantada de la zona turbia de Barrancabermeja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diosa piensa que aquel viajero que la hizo feliz en una bacanal de tres d\u00edas que nunca olvidar\u00eda, y de paso le prendi\u00f3 el primer contagio de su vida, trajo a su pueblo los castigos m\u00e1s degradantes del sexo. Desde entonces las enfermedades ven\u00e9reas son el peor azote para la poblaci\u00f3n disoluta de Zamira. El amante furtivo, cuyo recuerdo aletea en su cuarto durante sus horas de nostalgia, y a quien ella recuerda con emoci\u00f3n agobiante, le dej\u00f3 la noche de la despedida una novela singular, que a ella le suena precursora de su destino azaroso: <em>Las putas tambi\u00e9n van al cielo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La obra se desarrolla en Barrancabermeja, el puerto de la perdici\u00f3n. En la portada aparece, en actitud de vuelo y con gesto de provocaci\u00f3n, una mujer de carnes exuberantes. Tras su vaporoso vestido se alcanza a notar la sombra del sexo, y una pierna tentadora invita al fest\u00edn de la carne. En la primera p\u00e1gina le anot\u00f3 el fantasma, en letra airosa, esta dedicatoria que por \u00e9pocas le excita el pasado: \u00abRecuerdo de una noche de placer en Zamira\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nunca ha vuelto el inc\u00f3gnito caminante, y es posible que se haya esfumado en las nebulosas de los sue\u00f1os imposibles. Entre tanto, Diosa se siente confortada con el libro amarillento y deshojado, porque all\u00ed existe una afirmaci\u00f3n del sexo. Cuando en sus org\u00edas se acuerda de aquella aventura er\u00f3tica, le aumenta la comez\u00f3n de la carne. La dedicatoria, ya desdibujada por el paso del tiempo, por s\u00ed sola es una incitaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la tercera lectura se dijo que el novelista hab\u00eda perdido su tiempo, ya que una cosa suger\u00eda la despampanante mujer de la portada \u2013con los senos provocativos, los muslos voluptuosos y el sexo pecaminoso\u2013, y otra era la historia narrada, que en nada se parece a las org\u00edas que hab\u00eda imaginado. Pensaba en las ardientes temperaturas del puerto, con sus lupanares, vicios y damiselas, y la lectura la frustr\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para una cosa le sirvi\u00f3 el libro y fue para subrayar con l\u00e1piz rojo los personajes de la novela. De all\u00ed tom\u00f3 los nombres para las ni\u00f1as del prost\u00edbulo. En los burdeles se les dice &#8216;ni\u00f1as&#8217; a todas las rameras por igual, por m\u00e1s viejas y ajadas que sean. Pero en el caso de Quinto Patio son ni\u00f1as de verdad, ya que se trata de jovencitas que apenas llegan a los 20 a\u00f1os, como bien lo sabe Adriano, cliente antiguo de la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quinto Patio marca las tarifas m\u00e1s altas del barrio. Es un ed\u00e9n donde se cultivan, al igual que en los cafetales, plantas afrodis\u00edacas en constante floraci\u00f3n. Algunos hombres buscadores de sensaciones fuertes sienten tard\u00edos remordimientos cuando gozan de una putica de 15 a\u00f1os, y despu\u00e9s de caer en la primera tentaci\u00f3n vuelven muchas veces a buscar los mismos placeres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si una de ellas se va, la patrona asigna al reemplazo el nombre que aqu\u00e9lla ten\u00eda en su n\u00f3mina de estrellas. Quinto Patio ha tenido desde su fundaci\u00f3n el mismo n\u00famero de rameras, las cuales llevan siempre los 15 nombres invariables que Diosa tiene se\u00f1alados para sus protegidas. Ella no permite que haya en su reba\u00f1o una mujer m\u00e1s, ni una menos. Mientras a trav\u00e9s de los a\u00f1os la novela se ha deteriorado, las dispensadoras del sexo viven en eterna primavera. Con este sistema renovador quiere recalcar que la prostituci\u00f3n nunca muere. Las furcias (como las llama para cotizarlas mejor) son c\u00e9lebres tanto por su juventud como por los nombres extra\u00f1os que ostentan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la perra del burdel, antojadiza y rebuscadora, le asign\u00f3 el remoquete preciso: Afrodita. No ha logrado saber si su mascota es hembra o macho, pues cuenta con los dos \u00f3rganos genitales. De todas maneras le hizo suprimir la matriz para evitarle el riesgo de la maternidad, y para que pueda disfrutar del amor a sus anchas, libre como ella de los embarazos torturantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-192\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><\/a><span onclick=\"salir(&quot;text1&quot;)\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"..\/..\/images\/bullet.gif\" width=\"20\" height=\"18\" \/><\/span><strong><span>Comentarios<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><strong>Fragmentos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gustavo P\u00e1ez Escobar, en su larga, austera y ejemplar vida de banquero en la regi\u00f3n cafetera, pudo observar con ojos zahor\u00edes de escritor y de soci\u00f3logo los diversos cuadros de la vida real que all\u00ed se le ofrecieron, y que con tanto cuidado, acierto y destreza literaria pudo trasladar a esta su estremecedora novela testimonial, obra rotunda y encantadoramente bien escrita. <strong>Vicente Land\u00ednez Castro,<\/strong> Barichara, julio de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La noche de Zamira <\/em>narra toda la odisea cafetera cuando llega la gran bonanza econ\u00f3mica de las abundantes cosechas y los buenos precios y sorprende a una vigorosa raza y comunidad que no maneja valores abstractos y que se deja llevar a los m\u00e1s peligrosos y ruinosos abismos, por los caminos azarosos del dinero abundante. Los beneficiados de la bonanza de pronto aparecen envueltos en la vor\u00e1gine del derroche y las elementales pasiones. Trascendente y temible novela. <em>La noche de Zamira <\/em>es sin duda lo mejor que se ha escrito en relaci\u00f3n con la vida y con la gente com\u00fan y corriente y con las costumbres, y con el genio, grandezas y flaquezas de los habitantes de la gran zona del caf\u00e9. <strong>H\u00e9ctor Ocampo Mar\u00edn,<\/strong> <em>Culturales La Rep\u00fablica,<\/em> Bogot\u00e1, 2 de agosto de 1998, y <em>El Nuevo Siglo<\/em>, Bogot\u00e1, 5 de septiembre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La noche de Zamira <\/em>me ha servido para evocar al Quind\u00edo y recordar las muchas veces que estuve, en plena bonanza cafetera o en plena cosecha, en la peque\u00f1a pero bella finca de Eduardo Arango. Hubo momentos en que, durante la lectura, el libro me pareci\u00f3 cruel. Cruel por el destino de las hijas de la no muy escrupulosa Gabriela, cruel por la absoluta falta de principios de los dos matrimonios. Cruel por la presencia de la marihuana. Cruel por el poco perecedero papel que tuvo el dinero que se gan\u00f3 en la cosecha. <strong>Diana L\u00f3pez de Zumaya,<\/strong> Ciudad de M\u00e9jico, 18 de agosto de 1898.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la precisi\u00f3n conceptual y fluidez literaria que son caracter\u00edsticas de su prosa, el escritor Gustavo P\u00e1ez asume en su obra <em>La noche de Zamira <\/em>la original iniciativa de identificar los perfiles de una \u00e9poca mal llamada de \u00abbonanza\u00bb, porque lejos de estimular la realizaci\u00f3n de ideales o mejorar la calidad de vida de sus protagonistas, rompi\u00f3 los moldes tradicionales donde se han fraguado los valores espirituales y morales que han determinado el comportamiento amable de nuestra sociedad. La s\u00fabita irrupci\u00f3n del dinero a canastadas, provocada por la cotizaci\u00f3n exagerada de los precios internacionales del caf\u00e9, crea una cultura del despilfarro, del consumo irracional, de las inversiones ex\u00f3ticas, de la prostituci\u00f3n y el alcoholismo. Editorial de <strong><em>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo, <\/em><\/strong>Armenia, 8 de septiembre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Quind\u00edo le debemos aprecio a P\u00e1ez Escobar porque desde su arribo aqu\u00ed se entreg\u00f3 con pasi\u00f3n al sentimiento y el amor por una tierra que hoy es tan suya como la Boyac\u00e1 de sus ancestros. El Quind\u00edo tiene que insistir en el rescate de sus mejores valores del pasado y retomarlos ejemplarmente para que los del presente no se confundan en la repetici\u00f3n de las equivocaciones cometidas. Leer las p\u00e1ginas de <em>La noche de Zamira <\/em>es recorrer la construcci\u00f3n de un pueblo que habr\u00e1 necesidad de redise\u00f1ar para que siga levant\u00e1ndose en medio de los mejores atributos y mediante el aprovechamiento de sus significativos valores humanos. <strong>Jorge Eli\u00e9cer Orozco D\u00e1vila,<\/strong> <em>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo,<\/em> Armenia, 7 de septiembre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La noche de Zamira <\/em>es una novela que trata el tema de la bonanza cafetera de los a\u00f1os 70 y todos los efectos sociales nocivos que esta situaci\u00f3n trajo consigo, incluido el desmoronamiento de una serie de principios \u00e9ticos y morales. Gustavo P\u00e1ez Escobar es considerado como uno de los cr\u00edticos literarios de los \u00faltimos tiempos con una visi\u00f3n muy amplia sobre los problemas que en la actualidad aquejan al pa\u00eds. <strong><em>Diario de Colombia,<\/em><\/strong> Armenia, 7 de septiembre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El paisaje del Quind\u00edo es embrujador. Y a Gustavo P\u00e1ez Escobar lo embeles\u00f3 fant\u00e1sticamente. Por eso <em>La noche de Zamira <\/em>tiene como escenario esta regi\u00f3n, que constituye toda una fiesta del alma. All\u00ed se mueven sus personajes con intenso dramatismo. El estilo adquiere en esta obra una musicalidad nueva, el idioma se depura y los temas profundos e intensos agarran con incre\u00edble magnetismo al lector. <strong>Horacio G\u00f3mez Aristiz\u00e1bal,<\/strong> Academia Hispanoamericana de Letras y Ciencias, septiembre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La noche de Zamira <\/em>es un documento amable y directo, y no peca del grafismo descriptivo com\u00fan en los relatos de denuncia pol\u00edtica y social; as\u00ed el aspecto tr\u00e1gico, dram\u00e1tico, fatal, del periplo del cogedor de caf\u00e9 sea, en s\u00ed mismo, una reacci\u00f3n a la afrenta social de una \u00abbonanza cafetera\u00bb que no ha resuelto, en ninguna forma, los profundos conflictos antropol\u00f3gicos, sociales y pol\u00edticos de la regi\u00f3n. <strong>Carlos Arboleda Gonz\u00e1lez,<\/strong> Manizales 8 de septiembre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace varios a\u00f1os le\u00ed la novela <em>Agua quemada <\/em>, de Carlos Fuentes, y qued\u00e9 admirado al ver c\u00f3mo un escritor de tan alto nivel cultural y social conoce a fondo la vida de los pueblos bajos y c\u00f3mo utiliza el lenguaje de ellos para ponerlo en boca de sus personajes. Veo ahora que Gustavo P\u00e1ez Escobar supera al autor antes mencionado ya que \u00e9l conoce los bajos fondos de la Ciudad de M\u00e9xico, pero usted conoce no s\u00f3lo el de los obreros que van de hacienda en hacienda buscando trabajo, se enamoran, besan y se van. Al leer <em>La noche de Zamira <\/em>veo que sigue los pasos de los profetas b\u00edblicos, aquellos que con tanta precisi\u00f3n se enfrentaban a los gobernantes y poderosos para denunciar sus maldades. <strong>Aristomeno Porras,<\/strong> Ciudad de M\u00e9jico, 24 de septiembre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una clara radiograf\u00eda de lo que puede ser cualquiera de los pueblos cafeteros de Colombia la constituye la m\u00e1s reciente obra de P\u00e1ez Escobar. La composici\u00f3n de situaciones que involucran de manera inicial la trashumancia, el licor, el sexo, hasta llegar al conflicto amoroso, la p\u00e9rdida de valores y por ende de los hogares, la drogadicci\u00f3n, sin dejar de lado la pr\u00e1ctica de brujer\u00eda o el proxenetismo, son ingredientes que nos muestran el derrumbamiento social originado por el dios dinero. <strong>Luis Fernando Franco Ceballos,<\/strong> <em>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo, <\/em>21 de octubre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ha sido especialmente grato para m\u00ed leer esta novela de P\u00e1ez Escobar; no s\u00f3lo por su estilo y su apasionante tema, sino porque me ha llevado de la mano a recorrer los hermosos y familiares paisajes de la paradis\u00edaca comarca quindiana. P\u00e1ez Escobar es un hijo adoptivo de Armenia, donde vivi\u00f3 por muchos a\u00f1os y se gan\u00f3 el aprecio de sus gentes. Por eso conoce en profundidad los escenarios donde se mueven sus criaturas. Zamira ser\u00e1 en adelante, como Macondo, el emblema de una ciudad. <strong>\u00d3scar Echeverri Mej\u00eda,<\/strong> <em>Occidente,<\/em> Cali, 8 de noviembre de 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>REPORTAJE DE GLORIA CH\u00c1VEZ V\u00c1SQUEZ, <\/strong>Nueva York (<em>Revista Manizales<\/em>, noviembre de 1999)<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>La noche de Zamira<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">En su novela m\u00e1s reciente, <em>La noche de Zamira <\/em>, Gustavo P\u00e1ez Escobar plantea algunos de los problemas m\u00e1s serios que han afectado, por muchas d\u00e9cadas, a la sociedad cafetera del Quind\u00edo. Pobres y ricos por igual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La de la vida en la zona cafetera es una problem\u00e1tica profundamente arraigada en la naturaleza misma de la tierra y del ser humano. En su relato, el escritor y periodista \u2013de origen boyacense y quindiano por adopci\u00f3n\u2013 ilustra esa supervivencia mutua campesino\u2013caf\u00e9, que da fruto cada a\u00f1o, en el grano que alimenta (como orgulloso s\u00edmbolo patrio) no s\u00f3lo la econom\u00eda nacional sino la identidad de los quindianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta entrevista tuvo lugar s\u00f3lo unos d\u00edas antes de que el terrible terremoto del 25 de enero azotara la regi\u00f3n cafetera, destruyendo muchas vidas y talvez muchos sue\u00f1os. Ahora, al escribir este reportaje, no nos cabe duda, ni a Gustavo P\u00e1ez ni a m\u00ed, que en su furia, la Madre Naturaleza no pretendi\u00f3 quebrantar el ind\u00f3mito esp\u00edritu de esa raza que anima a los pueblos del Eje Cafetero, sino probar una vez m\u00e1s que es en los momentos dif\u00edciles cuando se pone de manifiesto lo mejor del esp\u00edritu quindiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>Armenia y el escritor<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Gustavo P\u00e1ez Escobar lleg\u00f3 a Armenia como gerente de banco. Tras la de gerente ven\u00eda escondida su vocaci\u00f3n por las letras, a la que dio rienda suelta dos a\u00f1os m\u00e1s tarde. Esa fusi\u00f3n, banquero\u2013escritor\u2013periodista, que \u00e9l considera un privilegio, le permiti\u00f3 penetrar la sicolog\u00eda en el ambiente de la ciudad y el alma de la gente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La de Armenia le impresion\u00f3 como \u00abuna sociedad amable y hospitalaria. Luchadora y laboriosa. Ligada desde siempre a los afanes del campo. Pero a ra\u00edz de la bonanza cafetera esa sociedad dej\u00f3 perder, lamentablemente, ciertas virtudes ancestrales. Le gust\u00f3 el dinero abundante de las cosechas y se entreg\u00f3 a la buena vida\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los 15 a\u00f1os que vivi\u00f3 en la capital del Quind\u00edo, \u00abuna regi\u00f3n de eminente vocaci\u00f3n agr\u00edcola\u00bb, Gustavo P\u00e1ez Escobar tuvo contacto permanente con los trabajadores del campo y sus conflictos. \u00abYo frecuentaba la vida de las fincas y a trav\u00e9s del sentido de observaci\u00f3n capt\u00e9 el ancho mundo del trabajo cafetero. No me inspir\u00e9 en nadie en particular, sino en el grupo general de los obreros trashumantes\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue de este modo como el escritor Gustavo P\u00e1ez not\u00f3 que la promiscuidad sexual era una de las formas de supervivencia y uno de los resultados de la convivencia informal de los chapoleros.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>La promiscuidad sexual entre chapoleros<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Por la \u00e9poca en que se refiere P\u00e1ez Escobar en su novela, \u00abla planificaci\u00f3n familiar estaba apenas en sus inicios\u00bb. Las campa\u00f1as para combatir la promiscuidad sexual \u2013dice \u00e9l\u2013 son m\u00e1s de los tiempos actuales debido a la aparici\u00f3n del sida. \u00abEsto no descarta que existiera entonces alguna orientaci\u00f3n por parte de los gremios o de los comit\u00e9s de cafeteros\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, como nos asegura el autor, \u00abla gente de la regi\u00f3n es consciente de los conflictos sociales del campo\u00bb. Aun as\u00ed, deben tener en cuenta que los trashumantes, a quienes P\u00e1ez Escobar considera de car\u00e1cter aventurero, \u00abson fuerzas invasivas que irrumpen en las fincas por una temporada y luego desaparecen. Sus dioses son las mujeres, el trago y las diversiones. Sus talanqueras morales son m\u00ednimas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gustavo P\u00e1ez dice que los problemas del sexo entre los trabajadores y las malas relaciones con los patronos han existido toda la vida y en todo el mundo. \u00c9l cita a <em>Germinal,<\/em> un cl\u00e1sico de la literatura mundial escrito por Emilio Zola, y en donde el escritor franc\u00e9s documenta el problema de un pueblo de mineros que dependen de la voluntad de un solo patr\u00f3n. \u00abEl mundo no cambia \u2013opina Gustavo\u2013. Ese es el duro estigma del hombre\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>Machismo crudo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">En <em>La noche de Zamira <\/em>, Gustavo P\u00e1ez examina adem\u00e1s el machismo crudo, desde el punto de vista del hombre y en el que la mujer es objeto indiscriminado de la sexualidad masculina. El autor ilustra los riesgos de la sexualidad irresponsable entre las chapoleras desde muy j\u00f3venes. Sin embargo, como afirma P\u00e1ez, \u00aben los campos, la mujer pierde la virginidad desde muy joven. Es una mujer plena desde su incipiente juventud\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las chapoleras, o recolectoras de las cosechas, son muchachas de baja educaci\u00f3n y por ende presas de f\u00e1cil explotaci\u00f3n por parte de patrono y trabajadores. \u00abPueden ser promiscuas y calculadoras como los mismos hombres\u00bb \u2013afirma el escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>La bonanza de la droga<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">El cap\u00edtulo final de <em>La noche de Zamira <\/em>nos parece ser el pr\u00f3logo a alg\u00fan relato suyo relacionado con la bonanza de la droga. Gustavo P\u00e1ez habla del fen\u00f3meno que tuvo lugar en la d\u00e9cada de los 70 y que coincidi\u00f3 con la bonanza cafetera en el Quind\u00edo. En esa \u00e9poca, como observa P\u00e1ez, no s\u00f3lo la sociedad quindiana, sino el resto del pa\u00eds y el mundo, se dejaron seducir por la econom\u00eda de la droga. \u00abEs un fen\u00f3meno social de los tiempos modernos, de extrema complejidad. El hombre ha llegado en este final de siglo a los mayores l\u00edmites de la frivolidad, donde los valores morales ya no son importantes\u00bb \u2013explica \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLa disoluci\u00f3n moral del Quind\u00edo en cuanto a la droga se refiere, comenz\u00f3 por el cap\u00edtulo de la c\u00e9lebre avioneta que Carlos Lehder le obsequi\u00f3 al gobernador regional\u00bb, nos dice Gustavo. En ese momento, el periodista document\u00f3 el incidente y sus consecuencias en varios art\u00edculos aparecidos en diferentes publicaciones. \u00abCarlos Lehder, conocido traficante internacional de narc\u00f3ticos, vino al Quind\u00edo a rendirle homenaje a su ciudad natal \u2013Armenia\u2013 atra\u00eddo por la bonanza cafetera y pervirti\u00f3 la moral p\u00fablica\u00bb. Otra horrenda noche de Zamira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">GCHV: Ponte el sombrero de profeta. \u00bfQu\u00e9 va a ser de Armenia y los quindianos en el siglo XXI?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">GPE: En el momento de contestarte esta dif\u00edcil pregunta, t\u00fa y yo lloramos la destrucci\u00f3n de Armenia y de las otras ciudades, como consecuencia del terremoto devastador que azot\u00f3 a la regi\u00f3n. El drama es dantesco. Pero Armenia y el Quind\u00edo se recuperan gracias a la incre\u00edble voluntad de superaci\u00f3n de su gente. \u00bfQu\u00e9 va a ser del Quind\u00edo en el pr\u00f3ximo siglo? Hoy el horizonte es sombr\u00edo, pero hay que confiar en que las nuevas generaciones, que tienen suficientes elementos de juicio para corregir el pasado y saben adem\u00e1s cu\u00e1nto han significado los desv\u00edos morales y el dolor de una tragedia, hagan de su tierra nativa una patria grande.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quinto Patio marca las tarifas m\u00e1s altas del barrio. Es un ed\u00e9n donde se cultivan, al igual que en los cafetales, plantas afrodis\u00edacas en constante floraci\u00f3n. Algunos hombres buscadores de sensaciones fuertes sienten tard\u00edos remordimientos cuando gozan de una putica de 15 a\u00f1os, y despu\u00e9s de caer en la primera tentaci\u00f3n vuelven muchas veces a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-277","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-libros"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/277","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=277"}],"version-history":[{"count":7,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/277\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13121,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/277\/revisions\/13121"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=277"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=277"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=277"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}