{"id":2840,"date":"2011-06-17T11:58:03","date_gmt":"2011-06-17T16:58:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2840"},"modified":"2014-04-03T17:05:49","modified_gmt":"2014-04-03T22:05:49","slug":"a-ramo-de-galeote","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/06\/17\/a-ramo-de-galeote\/","title":{"rendered":"A remo de galeote"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La humanidad, desde los m\u00e1s remotos d\u00edas, aprendi\u00f3 a caminar por los caminos del mar y surc\u00f3 todos los confines de la tierra. Las comunicaciones mar\u00edtimas, que fueron las m\u00e1s efectivas redes de enlace entre las naciones, contin\u00faan siendo esenciales. El hombre, siempre ingenioso, descubri\u00f3 que la bravura de los oc\u00e9anos era posible vencerla ide\u00e1ndose me\u00addios para esquivar la arremeti\u00adda del oleaje, viajando en alas del viento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace muchos siglos se form\u00f3, en la entra\u00f1a de un tronco, ahuec\u00e1ndolo, la primera canoa. Y se ech\u00f3 a rodar r\u00edo abajo. Se supo entonces que era f\u00e1cil sostenerse en la superficie de las aguas y moverse sobre ellas con poco riesgo de naufragar. M\u00e1s tarde se descubrir\u00eda la vela, capaz de darle direcci\u00f3n al rudimentario tronco conver\u00adtido en canoa. Y al correr de los tiempos, aquel invento, que hoy no se aprecia en su justo valor en este mundo que se da visos de arriesgadas aventuras inter\u00adplanetarias, marcar\u00eda el comienzo de la navegaci\u00f3n mar\u00edtima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vela ha sido, por esencia, el mayor impulsor de la vida locomotriz. El hombre la acomod\u00f3 a todas las circuns\u00adtancias y a todos los riesgos y supo templarla lo mismo contra la brisa benigna que contra el hurac\u00e1n. Un d\u00eda pas\u00f3 de la fr\u00e1gil canoa a los grandes barcos. Tal ha sido la intrepi\u00addez de ese monstruo que se conoce como el hombre, que Crist\u00f3bal Col\u00f3n se aventur\u00f3, entre tempestades y toda suerte de contratiempos, en busca de un nuevo mundo, montada su tripulaci\u00f3n en tres carabelas, diminutos veleros enfrentados al furor de mares desconocidos, hasta encontrar la tierra de promisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las grandes guerras de la historia se libraron en naves de alto velamen. Eran barcos poderosos, con perfiles de grandeza. Recu\u00e9rdense las flotas romanas avanzando contra Cartago, que se consideraba inexpugnable, hasta destruirla y apoderarse de casi el resto del mundo. En tiempo de las Cruzadas se formaron monstruosas potencias n\u00e1uticas que todo lo arrasaban a su paso. Eran veleros que no solo representaban la furia de las guerras entre pa\u00edses y entre continentes, sino que se con\u00advirtieron en estandartes del esplendor de \u00e9pocas doradas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fuerza de propulsi\u00f3n de estos barcos con remos y velas no era otra que el hombre. El viento no era suficiente para enrutar los caminos del mar. Se necesitaba de la inteligencia del hombre para tender o aflo\u00adjar las velas a voluntad, seg\u00fan la corriente, la intensidad o el capricho de los vientos, y de su fuerza f\u00edsica para perforar los oleajes y no sucumbir entre los embates del enemigo sub\u00admarino. Estos remeros le daban impulso al viaje con la musculatura del brazo y con el ojo avizor. Eran esforzados operarios que deb\u00edan sufrir, de sol a sol, la inclemencia de los temporales, la fatiga de las rutas y las acechanzas de es\u00adcollos escondidos en el vientre de las aguas, para llevar a salvo la traves\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Caminando por otros mares, se impresiona uno, con no poca frecuencia, con la frase, con la imagen o con el gesto, de tal profundidad, que no solo se detiene la imaginaci\u00f3n para ahondar en su elocuencia, sino que camina en pos del diccionario o de la enciclopedia para enhebrar las ideas que saltan, a veces, como liebres sorprendidas. Y el intento es de temerosa fortuna cuando se pretende nada menos que enmarcar uno de esos juicios, aut\u00e9nticos rasgos de su personalidad, de que es maestro el ilustre \u00a0expresidente doctor Carlos Lleras Restrepo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su semanario <em>La Nueva Frontera<\/em> lo vemos solitario en su recinto, circundado por numerosas redes telef\u00f3nicas, tom\u00e1ndole el pulso al pa\u00eds. A distancia, espera, sereno, un escritorio que resplandece en la solemnidad del marco austero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abLa pluma se ha vuelto para m\u00ed \u2013<\/em>medita el doctor Lleras<em>\u2013 como un remo de galeote al que estoy sujeto las m\u00e1s de mis horas y ya a esto estoy resigna\u00addo; pero alimentarla no es f\u00e1cil cuando uno se empe\u00f1a en sopesar bien cada concepto para no enga\u00f1ar a quienes tienen la heroica paciencia de leerlo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Constante esclavitud la del galeote que orienta, con el pulso seguro y la mente l\u00facida, la corriente de opini\u00f3n que suscitan sus escritos. Ha sido el doctor Lleras esclavo del pensamiento. \u00a1La m\u00e1s grandiosa esclavitud! Nunca, a lo largo de medio siglo de estar metido en el bergant\u00edn nacional, ha sido esquivo al vaiv\u00e9n de los acontecimientos. Su palabra se escucha con respeto y a veces se espera con temor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque es, ante todo, cr\u00edtico del quehacer dom\u00e9stico. Sus pron\u00f3sticos \u2013fruto de la meditaci\u00f3n\u2013 crean expectati\u00adva, recelos o esperanzas, seg\u00fan la ubicaci\u00f3n de cada quien. Y es que, definitivamente, el doctor Lleras Restrepo sabe pulsar el alma de la patria. El pa\u00eds vive pendiente de lo que \u00e9l dice, y hasta de lo que deja de decir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los remeros de anta\u00f1o eran esclavos. Sin su sacrificio no se hubiera concebido la bizarr\u00eda de aquellas flotillas que atravesaban el mundo, de extremo a extremo, inflados sus penachos de gloria y siempre dispuestas lo mismo al combate que a la bienandanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y a remo de galeote se empuja, por este remero intelectual, el curso de nuestro acontecer cotidiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador. <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 3-III-1975.<br \/>\n<em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 30-IX-1994 (con motivo de la muerte del doctor Lleras, ocurrida el 27 de septiembre).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar La humanidad, desde los m\u00e1s remotos d\u00edas, aprendi\u00f3 a caminar por los caminos del mar y surc\u00f3 todos los confines de la tierra. Las comunicaciones mar\u00edtimas, que fueron las m\u00e1s efectivas redes de enlace entre las naciones, contin\u00faan siendo esenciales. 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