{"id":2878,"date":"2011-09-26T15:48:30","date_gmt":"2011-09-26T20:48:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2878"},"modified":"2014-04-12T19:01:27","modified_gmt":"2014-04-13T00:01:27","slug":"onassis-jacqueline-una-paradoja","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/09\/26\/onassis-jacqueline-una-paradoja\/","title":{"rendered":"Onassis-Jacqueline: una paradoja"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 15 de marzo de 1975 muere, a los 69 a\u00f1os de edad, Arist\u00f3teles Onassis, uno de los grandes magnates del mundo, cuya fortuna se calcula en 500 millones de d\u00f3lares, algo \u00a0as\u00ed como 15.000 millo\u00adnes de pesos colombianos, cifras tan fabulosas que hacen perder el sentido de la raz\u00f3n en este desborde de las proporciones. El mundo apenas si se impresion\u00f3, pues la noticia hab\u00eda venido abri\u00e9ndose campo desde semanas atr\u00e1s, cuando ingres\u00f3 al hospital parisiense tambale\u00e1ndose en medio de sus millones. Se le vio de\u00admacrado y fam\u00e9lico, taciturno y misterioso. Iba a jugar su \u00falti\u00adma carta y de seguro sab\u00eda que la perder\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por los raros caprichos de la vida, este hombre que conquis\u00adt\u00f3 el mundo con 60 d\u00f3lares en el bolsillo, los que se fueron multi\u00adplicando en forma incre\u00edble a partir de sus 17 a\u00f1os, cuando se refugi\u00f3 en la Argentina trabajando en humildes oficios, termina\u00adr\u00eda dominado por una ins\u00f3lita enfermedad conocida como la miastenia, capaz de reducir la mayor \u00a0vitalidad y que te caracteriza por el decaimiento de los m\u00fasculos hasta su total par\u00e1lisis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque tratara de ocultarlo, el mundo entero sab\u00eda que sus p\u00e1rpados no pod\u00edan sostenerse y que, para lograrlo, era necesario hacerlo con un par de cintas adhesivas, art\u00edculo tan elemental como rudo y despiadado para este se\u00f1or de la molicie, creador de un imperio, due\u00f1o de hidrocarburos, de tabacos, de islas y ya\u00adtes de placer, de compa\u00f1\u00edas a\u00e9reas y mar\u00edtimas, de acciones y mujeres hermosas\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Onassis, que hab\u00eda visto todas las fastuosida\u00addes, hab\u00eda conocido los personajes m\u00e1s brillantes, ha\u00adb\u00eda protagonizado grandes esc\u00e1ndalos amorosos, hab\u00eda sido ca\u00adpaz de conquistar la mujer m\u00e1s apetecida de la \u00e9poca \u2013a quien se cre\u00eda inconquistable y predestinada para dormir sobre los lau\u00adreles de la gloria\u2013, quedaba, simb\u00f3licamente, reducido a unas cin\u00adtas adhesivas que ni siquiera pod\u00eda disimular para que el mundo no las viera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era la \u00fanica manera de poder levantar los p\u00e1rpados y de permi\u00adtir que sus ojos inquietos, que todo lo hab\u00edan visto, no se apagaran antes de tiempo. Un a\u00f1o atr\u00e1s hab\u00eda perdido en un acciden\u00adte a\u00e9reo a su hijo Alejandro, su supremo afecto, a quien ten\u00eda previsto como el hombre capaz de manejar su imperio econ\u00f3mico, y que desde entonces le quit\u00f3 al gusto a la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s muri\u00f3 Tina, su primera esposa, por abuso de las drogas. Y a\u00a0 lo largo de su existencia hay un accidentado historial de pleitos, de enfrentamientos millonarios con las autoridades de varios pa\u00ed\u00adses y con sus competidores, de alborotos en torno a sus romances con c\u00e9lebres mujeres mundanas \u2013su debilidad\u2013 y toda una barah\u00fanda de lances de diversa \u00edndole, de los que lograba salir bien li\u00adbrado gracias a la elocuencia del dinero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La miastenia se complic\u00f3 con una dolencia hep\u00e1tica y con otras obstrucciones inevitables, que dieron al traste con su monu\u00admental figura enmarcada en la cl\u00e1sica estampa griega y sembrada de leyendas y de secretos, \u00abEra rico como Creso y muri\u00f3 como Prometeo, con el h\u00edgado devorado por un buitre\u00bb, reza un cable internacional. Imposible contradecirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1968, luego de cuatro a\u00f1os de silenciosos encuentros en Nueva York, el planeta se sorprendo cuando Jacqueline Kennedy decide casarse con Onassis. Jacqueline, que parec\u00eda predestinada para preservar el hito de grandeza que le deparaba su destino Kennedy, baja r\u00e1pidamente de su pedestal ante la faz del mundo, que la consideraba inexpugnable en su magnificencia hist\u00f3rica, y sobre todo a los ojos de su pueblo, que la ve\u00eda como una diosa, incapaz de oscurecer la memoria del h\u00e9roe de Dallas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El universo se sacude al saber que la atractiva viuda, apetecida y venerada a un tiempo, desprecia las invitaciones de pr\u00edncipes promisorios para unirse a un sexagenario hombre de negocios, c\u00e9lebre por sus romances escandalosos y por su poder\u00edo financiero, pero oscuro por otra clase de merecimientos. Ella, de 39 a\u00f1os, es una deidad, que se desea intocada, y Onassis, de 62, es el estrafalario ricach\u00f3n que juega en los cabarets del mundo al amor profano. \u201cDinero, vino y amor\u201d, parece ser su ense\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acaso la noveler\u00eda mundana, tan adicta a las sutilezas de es\u00adta \u00e9poca distorsionada, termina viendo en el enlace de la pare\u00adja lo que inequ\u00edvocamente es: el mayor s\u00edmbolo de la frivolidad. M\u00e1s tarde se conocen las cl\u00e1usulas secretas de un contrato que pinta a cabalidad este aserto, que por otro lado es un desacier\u00adto en la mujer que parec\u00eda extra\u00edda de las mejores p\u00e1ginas del romanticismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera condici\u00f3n para su entrega al rico ar\u00admador es la de no obligarse a darle un hijo. Intenci\u00f3n que, por otra parte, no es tan agresiva, si las diferencias hormonales no propiciaban el sacrificio. Se separan, inclusive, los dormitorios, y Jacqueline impone que no se le perturbe su descanso, que ella quiere libre de veleidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viajera pertinaz, un d\u00eda est\u00e1 en Par\u00eds, y al otro en su apartamento de Nueva York, al lado de sus hijos. Se prodiga las mayores extravagancias, desde el despilfarro alocado entre mo\u00addistos y perfumer\u00edas, hasta sus cotidianas zambullidas en una ba\u00f1era alimentada con leche de vaca, en una isla que no es abun\u00addante para esta clase de flujos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda debe volar un avi\u00f3n ex\u00adpreso para traerle un frasco de perfume que no encuentra en su tocador, y Onassis queda at\u00f3nito. Pero, aun as\u00ed, y convencido de que se ha casado con la grandeza, m\u00e1s que con una mujer, cierra los ojos y le dispensa valiosas joyas por fuera de contrato. Quiz\u00e1s Jacqueline piense tambi\u00e9n que, al casarse con Kennedy, se cas\u00f3 con la inmortalidad, m\u00e1s que con un hom\u00adbre. La miastenia, una enfermedad de \u00ablujo\u00bb, concluye dobleg\u00e1n\u00addole a Onassis los p\u00e1rpados, cansados de tanto vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contempla silencioso, en sus \u00faltimos d\u00edas, el distanciamiento de Jacqueline y de Cristina, su hija, tan irreconciliable y mordaz, que dejan de hablarse, ante una herencia que debe compartirse pero no por partes iguales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacqueline acaso haya pretendido fugarse de la realidad en alas de lo trivial y de lo absurdo. Se desmont\u00f3 un d\u00eda del caracol de sus ensue\u00f1os tronchados por una bala asesina, para deambular por los caminos fantasiosos de la frivoli\u00addad. Pero en medio del esplendor del derroche, de la admira\u00adci\u00f3n y de la publicidad -\u00a1ingrata publicidad!\u2013, es posible que se sienta tan afligida, y m\u00e1s, como cuando la mirilla telesc\u00f3pica de un fusil destroz\u00f3 su alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLa inmortalidad, peque\u00f1a Carolina \u2013canta nuestro poeta Jorge Ortiz Robledo en carta de Navidad a Carolina Kennedy\u2013, no necesita del visto bueno de los hombres. Es una mujer enamo\u00adrada, y un d\u00eda lo sabr\u00e1s, las mujeres enamoradas nos cancelan la vida con un beso\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se conform\u00f3 Jacqueline con la inmortalidad y quiso sentir\u00adse, desdoblarse, sin adivinar que iba a estar m\u00e1s sola que antes. Habr\u00e1 quienes fustigan este cuadro dantesco de la superfi\u00adcialidad, olvid\u00e1ndose de que, mujer al fin y al cabo, escogi\u00f3 la ruta del escape, tan propia de nuestros d\u00edas, pero tan falaz al propio tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fusi\u00f3n Onassis-Jacqueline significa, sin duda, la mayor pa\u00adradoja del siglo. Entra en las galer\u00edas de la historia como el signo de un universo desajustado que juega a la felicidad co\u00admo jugando con castillos de papel, y pierde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Habr\u00e1 que averiguar qu\u00e9 sacrificio es superior, si el del inmortal presidente de los Estados Unidos, templado para la epopeya, o el de esta fr\u00e1gil mujer, viuda por segunda vez y tan atractiva como siempre, que se abre campo con su soledad y su abatimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 30-III-1975. <strong> <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Gustavo P\u00e1ez Escobar El 15 de marzo de 1975 muere, a los 69 a\u00f1os de edad, Arist\u00f3teles Onassis, uno de los grandes magnates del mundo, cuya fortuna se calcula en 500 millones de d\u00f3lares, algo \u00a0as\u00ed como 15.000 millo\u00adnes de pesos colombianos, cifras tan fabulosas que hacen perder el sentido de la raz\u00f3n en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37],"tags":[95],"class_list":["post-2878","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-prosas-selectas","tag-prosas-selectas"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2878","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2878"}],"version-history":[{"count":5,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2878\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11993,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2878\/revisions\/11993"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2878"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2878"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2878"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}