{"id":2886,"date":"2011-09-26T16:11:20","date_gmt":"2011-09-26T21:11:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=2886"},"modified":"2014-04-13T11:53:34","modified_gmt":"2014-04-13T16:53:34","slug":"nilsa-mi-vecina","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/09\/26\/nilsa-mi-vecina\/","title":{"rendered":"Nilsa, mi vecina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando llegu\u00e9 a mi casa se adivinaba un am\u00adbiente pesado. En los ojos de mi mujer hab\u00eda nubes de congoja. Al primer sollozo supe que Nilsa, mi vecina, hab\u00eda fallecido. La noticia apenas acababa de filtrarse en el barrio con sigilo pero bruscamen\u00adte. En los portones se notaban grupos de damas sorprendidas que conversaban en voz baja. Al frente de mi casa est\u00e1 la de Nilsa, y la vi calmada y sin el menor signo de conmoci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo hab\u00eda sucedido con la fugacidad de un sue\u00f1o. Enfurecido como un cicl\u00f3n, un bus hab\u00eda arrollado el fr\u00e1gil veh\u00edculo en que viajaba Nilsa hacia Cali, euf\u00f3rica como la diafanidad que se re\u00adgaba por el valle con destellos de vida. D\u00eda ardiente y esplendoroso. Pero d\u00eda de fatalidad. En la mitad de la carretera, Nilsa debi\u00f3 sentirse de pronto aco\u00adrralada y peque\u00f1ita cuando la guada\u00f1a apareci\u00f3, esgrimida por manos monstruosas. Estos b\u00e1rbaros del volante, Nilsa, no tienen entra\u00f1as. T\u00fa, por for\u00adtuna, ya perdonaste.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tu vientre, de donde brotaron seis reto\u00f1os, fue pr\u00f3digo para fertilizar la vida y sumiso para entur\u00adbiar la muerte. Cumpliste a cabalidad el mandato b\u00edblico de sembrar la simiente con el dolor de las entra\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ayer, no m\u00e1s, se te ve\u00eda pasear por el frente de tu casa cuidando las flores de tu jard\u00edn con el mis\u00admo celo con que acariciabas a M\u00f3nica, tu tierno amor de dos a\u00f1os, o a Diego Iv\u00e1n, que ya se siente todo un hombre porque tiene cuatro a\u00f1os. Y no du\u00addes de que ambos son fuertes en medio de su peque\u00f1ez, porque te vieron partir sin fruncir el ce\u00f1o. Quiz\u00e1 pienses, desde tu m\u00e1s all\u00e1, que yo exagero al pre\u00adtender ponerles sentimientos de mayores a criatu\u00adras que todav\u00eda no entienden de brutales embesti\u00addas. Puedes pensar lo que quieras. Lo cierto es que M\u00f3nica y Diego Iv\u00e1n, y tambi\u00e9n mi peque\u00f1o Gus\u00adtavo Enrique, que corretea con ellos cazando mari\u00adposas, sufren a su manera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ellos tambi\u00e9n saben de angustias, y se erizan con el rechinar de llantas, y se horrorizan con un hilillo de sangre, pero truecan pronto el dolor por una risa. Nosotros los adultos cambiamos a menudo la risa por el dolor. Los tres te vieron partir de tu casa y creyeron, de seguro, que tantas flores eran para acompa\u00f1arte con ale\u00adgr\u00eda, nunca con pena. Mal pueden ellos comprender, y ojal\u00e1 nunca lo comprendieran, que las rosas tam\u00adbi\u00e9n lloran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tus otros hijos regaron con l\u00e1grimas la ruta por la que te condujimos en medio de un sofoco que se hac\u00eda denso como la propia solidaridad que se levant\u00f3 al cielo queriendo que nos contaras qu\u00e9 hab\u00edas sentido cuando la muerte se te vino encima, y qu\u00e9 sent\u00edas despu\u00e9s cuando volabas por la atm\u00f3s\u00adfera con tus alas de eternidad. \u00bfVerdad que alg\u00fan d\u00eda nos lo contar\u00e1s?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alfonso, tu buen compa\u00f1ero, valiente y sensible a un tiempo, te sigui\u00f3 como el \u00e1ngel fiel que necesita, a veces, volverse coloso para poder arrastrar las cadenas del mundo. Al levantar t\u00fa el vuelo, \u00e9l se estremeci\u00f3, porque lo hab\u00edas heri\u00addo. Se qued\u00f3 inm\u00f3vil, en medio del temporal, como el roble que debe mantenerse erguido para prote\u00adger la naturaleza que lo circunda. Llor\u00f3, y t\u00fa sabes que los hombres lloran pocas veces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace poco regresaste de tu viaje por Europa. Al lado de tu esposo viviste paisajes y emociones. Tus ojos llegaron henchidos de las maravilla del Viejo Mundo. Contemplaste para\u00edsos colgantes, cumbres majestuosas, horizontes encantados. Tu muerte fue serena como un atardecer europeo. Quiz\u00e1 so\u00f1aste en ese momento que recorr\u00edas los mismos caminos de la fascinaci\u00f3n. Apenas si te dabas cuenta de que algo te dol\u00eda, cuando de un tir\u00f3n te quitaste la pesadilla de un bus endemoniado, para ascender al lomo del viento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00f3nica sali\u00f3 esta ma\u00f1ana a la puerta de la casa, un d\u00eda despu\u00e9s de que te quedaste estrenando tierra fresca en los Jardines de Armenia. Eres la segunda habitante de un predio regado de brisas suaves, con olor a cafetal. La tierra es blanda y el paisaje es aut\u00e9nticamente quindiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00f3nica no entiende mucho tu ausencia, por m\u00e1s que iba contigo en el momento de la cat\u00e1stro\u00adfe. Alg\u00fan d\u00eda le doler\u00e1 el alma. Ella qued\u00f3 intacta, como si la muerte hubiera retrocedido ante tanta lozan\u00eda. Sali\u00f3 de tu casa y ri\u00f3. Creo que te siente en el jard\u00edn que cuidabas con esmero para tu esposo y tus hijos, porque corri\u00f3 por entre las flores como si nada hubiese sucedido. Felices los que, como ella, tienen alas de mariposa y coraz\u00f3n de azucena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria<\/strong>,<\/em> Manizales, 5-IV-1975.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Cuando llegu\u00e9 a mi casa se adivinaba un am\u00adbiente pesado. 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