{"id":293,"date":"2009-10-26T17:26:25","date_gmt":"2009-10-26T17:26:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=293"},"modified":"2014-05-10T11:47:04","modified_gmt":"2014-05-10T16:47:04","slug":"el-sapo-burlon","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/10\/26\/el-sapo-burlon\/","title":{"rendered":"El sapo burl\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/cuentos_elsapoburlon1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-294\" style=\"margin: 10px;\" title=\"cuentos_elsapoburlon\" alt=\"cuentos_elsapoburlon\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/cuentos_elsapoburlon1.jpg\" width=\"126\" height=\"190\" \/><\/a>En los d\u00edas de mercado sal\u00eda a los pueblos vecinos y el dinero comenz\u00f3 a llenar los bolsillos. \u00a1Aquello era un prodigio! Alg\u00fan d\u00eda volv\u00ed a pensar en la Dolores. Ya no era el holgaz\u00e1n de antes y el demonio de la tentaci\u00f3n me revolvi\u00f3 las entra\u00f1as. Ahora ten\u00eda c\u00f3mo mantenerla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-192\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><\/a><\/p>\n<h3><strong><em>Pr\u00f3logo<\/em><\/strong><\/h3>\n<p><strong><em>GUSTAVO P\u00c1EZ ESCOBAR O LA VOCACI\u00d3N DEL NARRADOR<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este libro de Gustavo P\u00e1ez Escobar, <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>, es el cuarto de su laborar intelectual, al cual le dedica fervores y desvelos. Su gran pasi\u00f3n son los problemas relacionados con el universo cultural. Anda en azogue, defendiendo toda vislumbre de creaci\u00f3n, de sus amigos o de quienes admira en la lejan\u00eda. Vigila que se exalte a los grandes valores, aun cuando no est\u00e9n cerca de su intimidad y aun sin tener total identificaci\u00f3n con sus ideas o sus expresiones est\u00e9ticas.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"..\/..\/images\/sapo_burl1.jpg\" width=\"278\" height=\"300\" align=\"left\" hspace=\"8\" vspace=\"8\" \/> \u00c9l sabe que el hecho de que aqu\u00e9llas o \u00e9stas tengan un destello, permanezcan un tiempo influyendo, va a mejorar a todos. \u00c9l acepta como evangelio que la comunidad se perfecciona en la medida en que escucha, examina o mira las obras de sus creadores. De suerte que ya tenemos establecidos su sitio y su filiaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su vocaci\u00f3n es la de narrador. \u00c9l desea ordenar el mundo de lo que ama, sue\u00f1a o ha compartido en experiencia, a trav\u00e9s de sus libros. En 1971 public\u00f3 su novela <em>Destinos cruzados<\/em>, en la cual sus personajes se desenvuelven en grandes apetencias, donde hay oleadas de angustia que al final se sublimizan con el amor. En 1974 es su segunda incursi\u00f3n por el mismo g\u00e9nero, con <em>Alborada en penumbra<\/em>, donde su acento se ha puesto en lo social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su ejercicio mental igualmente lo ha comprometido con el periodismo. Sus notas y sus breves ensayos los publica permanentemente. Es una manera de estar en quicio con su propensi\u00f3n y sus preocupaciones. De estar alerta; de tratar de aprisionar parte de lo que nos demanda adhesi\u00f3n o repulsa; de atalayar lo cotidiano para atender mejor su ritmo o su torbellino. Y algunas de sus notas las re\u00fane, posteriormente, en su tercer libro, <em>Alas de papel<\/em>, en el cual ha \u00abvolcado papeles y recuerdos\u00bb. All\u00ed consigna sus admiraciones, lo que le roz\u00f3 su sensibilidad, lo que lo entusiasm\u00f3 intelectualmente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gustavo P\u00e1ez Escobar ha aseverado, en confesi\u00f3n, que sus vinculaciones a menesteres financieros no le han dado el arraigo a las cosas materiales. Al contrario: en \u00e9l no influye ninguna de las ansias mercantilistas que despabilan a tantas gentes. Vuelve a ser cierto que en \u00e9l impera el entusiasmo espiritual, que conduce a los sue\u00f1os. Los m\u00e1s fieles en la cercan\u00eda a la voluntad de un ser que lucha con sus propios demonios, para verterlos, dosificados, en sus libros. Su signo es la lucha mental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estas p\u00e1ginas, P\u00e1ez Escobar recoge una serie de cuentos, algunos publicados en los magazines culturales. Los ha trabajado dentro de su ruta de fabulista, que desea como signo final de su tarea intelectual. El que m\u00e1s aut\u00e9nticamente lo represente. Con este libro, \u00e9l se suma a la innumerable cantidad de escritores colombianos que se han acercado a la relator\u00eda de sucesos, de avanzadas por el subconsciente, de preocupaciones colectivas, de inquietudes de la personalidad, del sacudimiento de pasiones, de las ausencias y sus nostalgias, del vertedero de leyendas, etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">P\u00e1ez Escobar, desde luego, ha escogido su propio derrotero. En sus narraciones hallamos una serie de dramatismos que, a veces, el autor resuelve en una sonre\u00edda manera de presentar las dolencias. Se inclina por situaciones que son de horas de desgarradura para el ser y las va volviendo material de sorna y de picaresca, en torno de las mismas exigencias diarias. Hay escenas en las cuales prevalece la descripci\u00f3n de estados an\u00edmicos donde la soledad, la propensi\u00f3n a la melancol\u00eda, la tendencia al silencio predominan sobre la lluvia y el lodazal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay otras descripciones en las cuales para presentar conflictos muy hondos de sus protagonistas, se muestran \u00e9stos envueltos en una confusi\u00f3n, que presumimos deliberada en el autor. El car\u00e1cter, las actitudes, las determinaciones, crean un clima de incertidumbre que imposibilita los juicios exactos. Tiene aciertos al referir c\u00f3mo es el medio local, pueblerino, y c\u00f3mo son sus luchas de poder, encarnadas en el cura y el alcalde. A veces se le nota con adem\u00e1n brioso, casi en el linde del panfleto cuando se explota el dolor. Lo que queda m\u00e1s en evidencia es que le arde, interiormente, la falta de entereza an\u00edmica para afrontar cualquier circunstancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una constante en este volumen: prevalece una serie de frustraciones. El gal\u00e1n perturbado por su falta de virilidad; el noviazgo trunco por mermas biol\u00f3gicas; el amor que despierta admiraci\u00f3n y celo de quien ama en silencio, y concluye en ser apenas un complejo de Edipo sublimado; el bobo que se mutila el sexo al no poder subyugar y someter a las mujeres con las cuales sue\u00f1a; el buen mozo, que en su atrofia f\u00edsica descubre el deslinde para su existir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan m\u00e1s, podr\u00edamos anotar que el amor conyugal de sus p\u00e1ginas sale fallido; la conquista de la viuda, sensualmente atrayente y bien reputada por el brillo de su riqueza, sin resquicio de esperanza. Y cuando se refiere a los animales, los va llevando hasta la tristeza del refugio m\u00e1s pobre y donde prospera la miseria; como el escu\u00e1lido caballo que cae a la hondonada, despu\u00e9s de sus duras jornadas de solidaridad en la lucha del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El reconocer el hero\u00edsmo en alguno de sus personajes es un acto ocasional en el cual la voluntad, la dureza del esp\u00edritu no ha impulsado la acci\u00f3n intr\u00e9pida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Persiste en sus cuentos una constante y es la muerte s\u00fabita: en el momento que va a alcanzar la felicidad; al triunfar sobre mil acechanzas y cuando se acerca la victoria individual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00faltiples fracasos recorren estas p\u00e1ginas. Como relata la aventura de seres a quienes la vida les ha negado casi todo \u2013menos el aliento rec\u00f3ndito, casi furtivo, de la esperanza\u2013, ellos, peque\u00f1os, y vencidos, se van escurriendo entre la imaginaci\u00f3n y la realidad. Esta insiste en ser dura, despiadada. No les entrega sosiego a los sujetos de P\u00e1ez Escobar. Inclusive en los simples elementos con los cuales se ha so\u00f1ado. Basta recordar c\u00f3mo la enjalma nueva, a la cual se ha aspirado durante tanto tiempo, al conseguirla, cae, casi desvaneci\u00e9ndose , entre las carnes enjutas, raqu\u00edticas del caballo Tiz\u00f3n, cuando \u00e9ste ya no tiene ni el brillo ni la tensi\u00f3n que denuncian los m\u00fasculos de un jamelgo luchador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa muerte, ese amor fallido, esos animales sometidos al rigor de la miseria, son relatos \u2013muchos expresados en primera persona\u2013 que nos hacen aceptar que el existir es duro, despiadado, inclemente. En muchas de estas p\u00e1ginas no aparece un momento de reposo, un devaneo, un momento fugaz de alegr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recurre a los animales, que siempre despiertan ternura, y los pone en condici\u00f3n desprotegida. Y ellos reciben en s\u00ed \u2013como s\u00edmbolos\u2013 parte de la carga hominal. Es como si los arropara la desaz\u00f3n vital, en forma irremediable. Como sucede ordinariamente con la vida. Cuando asoma la euforia o el triunfo, es casual y el autor pone un sonre\u00eddo escepticismo para contarlo. Es que ni siquiera irrumpen esos momentos de placidez o de exaltaci\u00f3n como virtud que guiara la voluntad de los seres. Es algo muy circunstancial. No depende del \u00edmpetu personal. No existe, por lo tanto, conquista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo reciben esos personajes la suerte que entrega el avatar. Por eso se manifiestan esas vidas planas, hundidas en el silencio. Al protagonista se le encuentra impotente para desentra\u00f1ar su identificaci\u00f3n interior. Los burgueses en sus p\u00e1ginas son indiferentes a lo que los rodea. Su s\u00edmbolo es el motor desafiante. El individuo sigue siendo un ser enigm\u00e1tico. Nadie sabe nada de \u00e9l. Acercarse a su interioridad es una tarea insospechable, dif\u00edcil. Todo esto es lo que se propone contarnos P\u00e1ez Escobar. De pronto \u00e9l mismo se detiene. Trata de soltar la tensi\u00f3n que \u00e9l ha concebido y mezcla un poco de humor. Parece darse cuenta de que no es posible sobrevivir en medio de esa mezcla de pesimismo. Algo c\u00f3mico desea el autor que desv\u00ede la perplejidad del lector.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00eda preguntarse alguien qu\u00e9 es un cuento. Tengo mi propia convicci\u00f3n, que me lleva a confiar en que \u00e9l, como t\u00e9cnica, exige rapidez y que la soluci\u00f3n sea aceptable por la imaginaci\u00f3n. El autor de ellos no puede darse licencias, porque el g\u00e9nero es muy exigente. El tratamiento literario es lo esencial porque es el que crea el clima. Coincido con quienes afirman que no puede prevalecer en \u00e9l la an\u00e9cdota, pues lo que se relata debe ser m\u00e1s insondable que \u00e9sta. De all\u00ed que el autor necesita haber sido sacudido por el episodio, escena, recuerdo que desea llevar al papel. Y no de cualquier manera, sino como un aliento tan misterioso, que no impida tener la marca de profundidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seymour Menton, en su amplio estudio sobre <em>El cuento latinoamericano<\/em>, y a quien los colombianos le debemos tanto en claridad en cuanto al valor de nuestra narrativa, nos ha dado una definici\u00f3n que es bueno recordar: \u00abEl cuento es una narraci\u00f3n, fingida en todo o en parte, creada por un autor, que se puede leer en menos de una hora y cuyos elementos contribuyen a producir un solo efecto. As\u00ed es como la novela se diferencia del cuento tanto por su extensi\u00f3n como por su complejidad; los art\u00edculos de costumbres y las tradiciones, por su base ver\u00eddica y por la intervenci\u00f3n directa del autor que rompe la unidad art\u00edstica; y las f\u00e1bulas y las leyendas, por su car\u00e1cter difuso y por carecer en parte de la creaci\u00f3n original del autor\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si se me hubiera consultado, dentro de mi concepci\u00f3n habr\u00eda retirado dos o tres de los cap\u00edtulos de este libro. Ellos me parece que encajan m\u00e1s dentro de la cr\u00f3nica period\u00edstica. Y m\u00e1s si atendemos las clarificaciones que nos hace el erudito y gran investigador de este g\u00e9nero en Colombia, Eduardo Pach\u00f3n Padilla, cuando nos advierte en el primer tomo de su obra <em>El cuento colombiano<\/em> c\u00f3mo naci\u00f3 \u00e9ste y perduran algunas de sus l\u00edneas iniciales: \u00abEl cuento en Am\u00e9rica, lo mismo que en Europa, adquiere significaci\u00f3n y cierta independencia como g\u00e9nero literario en el siglo XIX, en el per\u00edodo rom\u00e1ntico, pero refundido a veces con la novela corta, la cr\u00f3nica, el art\u00edculo period\u00edstico y, sobre todo, con el cuadro de costumbres, moldeando su forma y su tema, alternadamente, con especificaciones hist\u00f3ricas, costumbristas, sentimentales, naturalistas y hasta est\u00e9ticas, con el advenimiento del modernismo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es bueno consignar aqu\u00ed que un maestro de la cuent\u00edstica indoamericana como Adel L\u00f3pez G\u00f3mez, al hablar del cuento <em>Regla de multiplicar<\/em> \u2013que aparece en esta obra\u2013le se\u00f1ala calidades y lo exalta. Sus palabras es bueno repetirlas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abMuy bueno, excelente, tu cuento de hoy en el <em>Magaz\u00edn Dominical<\/em>. Todo justo y bien dosificado: el humor, el suspenso, la soltura, el estilo. En cuanto al final, perfectamente delicioso para completar la broma de Mauricio que, en fin de cuentas, se llev\u00f3 el prurito de no &#8216;salir&#8217; nunca, con todo y la conminaci\u00f3n de Gertrudis: &#8216;Salga pronto, Mauricio&#8217;. La frase final es estupenda. De las que s\u00f3lo se le ocurren a un cuentista de verdad\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en referencia a otro de los relatos de este libro, un intelectual de fina sensibilidad po\u00e9tica, con obra que lo acredita mentalmente en el pa\u00eds, Hernando Garc\u00eda Mej\u00eda, expresa: \u00abLe\u00ed con inter\u00e9s el cuento <em>Suerte perruna<\/em>. Tiene buen estilo, buenos di\u00e1logos, buena fluidez narrativa\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al preguntarle, inquieto, a Gustavo P\u00e1ez Escobar por qu\u00e9 insist\u00eda en ponerle a este libro el hombre de <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>, me contest\u00f3 algo que no quiero dejar abandonado en el simple di\u00e1logo. \u00c9l me afirmaba: \u00abCreo que en m\u00ed hab\u00eda alg\u00fan sentimiento subconsciente que me hac\u00eda querer al sapo, posiblemente por su fealdad. Quiz\u00e1 ve\u00eda en \u00e9l un espejo del hombre, y fui capaz hasta de encontrarle coraz\u00f3n\u00bb. Y se deten\u00eda a leer en voz alta la p\u00e1gina del escritor mexicano Juan Jos\u00e9 Arreola, en la cual hace un elogio del batracio y que dice:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abSalta de vez en cuando, s\u00f3lo para comprobar su radical est\u00e1tico. El salto tiene algo de latido: vi\u00e9ndolo bien, el sapo es todo coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPrensado en un bloque de lodo fr\u00edo, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable cris\u00e1lida. Se despierta en primavera, consciente de que ninguna metamorfosis se ha operado en \u00e9l. Es m\u00e1s sapo que nunca, en su profunda desecaci\u00f3n. Aguarda en silencio las primeras lluvias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abY un buen d\u00eda surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un coraz\u00f3n tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposici\u00f3n de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos cuentos de Gustavo P\u00e1ez Escobar, en medio de los s\u00edntomas de destrucci\u00f3n que tienen, de pronto presentan el lado de humilde j\u00fabilo que a cada quien le corresponde. As\u00ed viene a la memoria lo que dijo Jorge Amado y que debemos repetir con constancia: \u00abAun en medio de las peores circunstancias, el hombre conserva el derecho a so\u00f1ar. Es el \u00faltimo derecho del cual no puede ser privado\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><strong>OTTO MORALES BEN\u00cdTEZ<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><strong><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-192\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><\/a><\/strong><strong><span>Un fragmento de la obra <\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">El sol reverberante de esa tarde cargada de fatiga arruinaba el buen humor con que me hab\u00eda sentido en la plaza del pueblo, a la salida de la misa de doce. Ahora regresaba a la vereda, con mi mujer al lado, como siempre ocurr\u00eda inevitablemente todos los domingos. El \u00faltimo aguardiente lo hab\u00eda apurado a medias, sin sacarle todo el sabor del an\u00eds, a tiempo que mi mujer me tiraba de la camisa y me obligaba a abandonar la tertulia de amigos que se quedaban festejando el domingo en el \u00fanico toldo que se tend\u00eda en el pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y mientras silenciosamente nos desliz\u00e1bamos por el camino curvado que ya casi me sab\u00eda de memoria, la bendita de mi mujer a\u00fan corr\u00eda en su cam\u00e1ndula las \u00faltimas pepas que le hab\u00edan quedado pendientes de sus interminables padrenuestros; creo que aquello era una costumbre morbosa o mani\u00e1tica, pues ning\u00fan movimiento se ve\u00eda en sus labios, a pesar de que las cuentas del rosario ca\u00edan con incre\u00edble precisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo, entre tanto, con los varios aguardientes que llevaba entre pecho y espalda, tropezaba de vez en cuando con las piedras del camino, pero procuraba mantenerme enhiesto para evitar que mi mujer me encarara una vez m\u00e1s mi condici\u00f3n de borracho que tantas veces y a cada rato sol\u00eda refregarme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que yo era un vago, que era un par\u00e1sito, que no produc\u00eda nada, me lo hab\u00eda repetido infinidad de veces; y en verdad que me sent\u00eda acomplejado, pues de tanto escuchar aquellas expresiones, hab\u00eda terminado creyendo que eran ciertas. Por eso marchaba ahora en silencio, todo sumiso y hasta acobardado, siguiendo sus pasos a prudente distancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para distraer la monoton\u00eda que a\u00fan nos separaba de la casa, me hab\u00eda puesto a pensar en la Dolores, con quien me hab\u00eda tropezado en el pueblo, toda juvenil y que con su vestidito dominguero, que se replegaba dos cent\u00edmetros arriba de las rodillas, se volv\u00eda terriblemente apetecible. En el encuentro le hab\u00eda lanzado un piropo, y ella se hab\u00eda re\u00eddo. Y ahora, cuesta abajo, mientras no s\u00e9 en qu\u00e9 m\u00e1s pensaba, de pronto mi mujer sorprendi\u00f3 una sonrisa en mis labios. Me rega\u00f1\u00f3. Y me dijo que hasta malos pensamientos ser\u00edan, si era capaz de re\u00edrme solo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los pensamientos iban y volv\u00edan. Las curvas del camino parec\u00edan interminables. Los \u00e1rboles, que otras veces se agitaban sin cesar, permanec\u00edan ahora quietos. Un bochorno inaguantable hac\u00eda destilar a chorros los diez aguardientes que me hab\u00eda tomado en el toldo del pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la mitad del camino sali\u00f3 de pronto un sapo y por poco lo trituro con el pie. Se ve\u00eda sediento, como yo lo estaba. Y qued\u00f3 mir\u00e1ndome fijamente, con una mirada que me impresion\u00f3. El animal sudaba tambi\u00e9n. Yo siempre les hab\u00eda tenido fastidio a los sapos. Pero \u00e9ste era distinto. <a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/sapo_burl.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-302\" style=\"border: 0pt none; margin: 10px;\" title=\"sapo_burl\" alt=\"sapo_burl\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/sapo_burl.jpg\" width=\"188\" height=\"299\" \/><\/a>Sus formas las encontr\u00e9 graciosas, y su mirada, de una fuerza extra\u00f1a, me hizo recordar los ojos de la Dolores, que tambi\u00e9n desped\u00edan chorros de vivacidad. Su cuerpo diminuto no ofrec\u00eda el aspecto rechoncho y repugnante del com\u00fan de los sapos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con una varita que hab\u00eda quebrado en el camino, le toqu\u00e9 la cola y el animal dio tres saltos. Y a cada nuevo contacto segu\u00eda avanzando sin desviarse de la ruta ni pretender escaparse. Se convirti\u00f3 no s\u00f3lo en mi entretenci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en mi compa\u00f1\u00eda; y en verdad que era mejor compa\u00f1\u00eda que mi mujer, pues mientras \u00e9sta avanzaba sin atravesarme palabra, aqu\u00e9l parec\u00eda enterado de mi soledad y solidario con mi tragedia. Pero mi mujer, que a la larga se cans\u00f3 del silencio, se me fue acercando y terminamos ponderando la agilidad y esbeltez de los saltos del animal, hasta que llegamos a la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El buen animal saci\u00f3 la sed contenida en una lata que mi mujer le sirvi\u00f3 a la sombra del corredor. Y desde aquel momento \u2013\u00a1qui\u00e9n lo creyera!\u2013 el animal se convirti\u00f3 en el mejor amigo. Sin mucha dificultad lo fui domesticando, hasta llegar a transformarlo casi en una persona racional. Mi mujer se encari\u00f1\u00f3 de \u00e9l y creo que hasta lleg\u00f3 a apreciarlo m\u00e1s que a m\u00ed. Nos dedicamos a ense\u00f1arle algunas gracias, que aprend\u00eda con tal rapidez y desenvoltura, que terminamos desconcertados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando, por ejemplo, yo le silbaba un aire, se paraba armoniosamente en sus patas traseras, y al cambiarle el tono, hac\u00eda lo mismo sobre las delanteras. Y si golpeaba el suelo, comenzaba a dar brinquitos en el aire, que semejaban una especie de danza ind\u00edgena, y que s\u00f3lo conclu\u00eda al o\u00edr un nuevo golpe. Al pronunciar ciertas palabras, alargaba una de sus extremidades, en plan de saludar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fama del sapo se divulg\u00f3 y muchas gentes comenzaron a llegar deseosas de conocer sus habilidades. Despu\u00e9s eran verdaderas romer\u00edas. El animal se nos fue pegando al afecto y logr\u00f3 que mi mujer y yo fu\u00e9ramos m\u00e1s el uno para el otro. Abandon\u00e9 el aguardiente y mi mujer dej\u00f3 de ser tan rezandera. Alguien me aconsej\u00f3 que explotara aquellas habilidades, y as\u00ed lo hice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los d\u00edas de mercado sal\u00eda a los pueblos vecinos y el dinero comenz\u00f3 a llenar los bolsillos. \u00a1Aquello era un prodigio! Alg\u00fan d\u00eda volv\u00ed a pensar en la Dolores. Ya no era el holgaz\u00e1n de antes y el demonio de la tentaci\u00f3n me revolvi\u00f3 las entra\u00f1as. Ahora ten\u00eda c\u00f3mo mantenerla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero todo llega a su fin. Un d\u00eda, despu\u00e9s de la misa de doce, el cura llam\u00f3 aparte a mi mujer. De lo que sigue, no quisiera acordarme. A\u00fan veo la expresi\u00f3n angustiada de mi mujer cuando, tir\u00e1ndome de la camisa como en mis tiempos de borracho, me sac\u00f3 del espect\u00e1culo y me llev\u00f3 a la orilla del r\u00edo. Se qued\u00f3 observando al sapo y me invit\u00f3 a que examinara los ojos saltados con que en esos momentos nos miraba. \u00abEst\u00e1 pose\u00eddo por el demonio. Me lo acaba de decir el se\u00f1or cura\u00bb. Y antes de que yo pudiera hacer nada, lo agarr\u00f3 hist\u00e9ricamente y lo tir\u00f3 al r\u00edo. S\u00f3lo alcanc\u00e9 a escuchar que el buen animal, mi entra\u00f1able amigo, lanzaba un sonido gutural, sordo, angustiado, mientras desaparec\u00eda debajo de la corriente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el toldo de la plaza me reencontr\u00e9 con los viejos amigos. En el d\u00e9cimo aguardiente mi mujer me tir\u00f3 de la camisa, pero esta vez no le hice caso y tuvo que regresar sola a la vereda. El aguardiente me arranc\u00f3 l\u00e1grimas. Y m\u00e1s tarde no pude evitar el volver a pensar en la Dolores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-192\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><\/a><strong><span>Comentarios<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><strong>Fragmentos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>, los personajes son magn\u00edficos. El pobre marido, borracho; la mujer, rezandera y gru\u00f1ona; el sapito, el m\u00e1s humano de todos; el cura pueblerino y esa estupenda Dolores que todo marido lleva en la angustia de la soledad del hogar, aun sin conocerla. Dolores, a pesar de que en el cuento no se la describa, aparece perfectamente dibujada como otra apetitosa Canchelo. Por lo dem\u00e1s, el cuento es de gran sentido humano, y el sapito, un personaje adorable. <strong>Euclides Jaramillo Arango,<\/strong> <em>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical,<\/em> Bogot\u00e1, 13 de junio de 1971.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con este cuarto libro suyo demuestra, una vez m\u00e1s, Gustavo P\u00e1ez Escobar, sus excelentes virtudes de escritor. De novelista. De cuentista. Y de poeta de la clara prosa llena de im\u00e1genes, como un cuadro pintado por Camilo Corot. <strong>Humberto Jaramillo \u00c1ngel,<\/strong> <em>El Quindiano,<\/em> Armenia 24 de octubre de 1981. <em>La Patria,<\/em> Manizales, 9 de noviembre de 1981.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me pas\u00e9 toda la noche leyendo <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>. Es la primera vez que me trasnocha un sapo. Su canto me pareci\u00f3 a veces muy l\u00fagubre, pero el incesante croar se fue volviendo una sonata y acab\u00f3 por ser una sinfon\u00eda. Magia del estilo. Las historias son tristes pero no se trata en modo alguno de cuentos tristes. Por el contrario: son cuentos filos\u00f3ficos. <strong>Tulio Bayer,<\/strong> Par\u00eds, 9 de diciembre de 1981.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Trabajar con la herramienta de la palabra, elaborar paisajes y fabricar personajes con la combinaci\u00f3n de las propias vivencias, y al mismo tiempo laborar en un ramo t\u00e9cnico o cient\u00edfico, es algo que da la dimensi\u00f3n del hombre integral, de personas que como Gustavo P\u00e1ez Escobar, autor del libro de cuentos <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>, han tenido la fortuna de aplicar a su periplo vital una \u00f3rbita de dimensiones human\u00edsticas. <strong>Fernando Solarte Lindo,<\/strong><em> El Pa\u00eds,<\/em> Cali, 8 de enero de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El estilo de P\u00e1ez Escobar es cuidado, limpio y claro. No emplea trucos neo\u2013nada\u00edstas, no distorsiona la trama, sigue la t\u00e9cnica cl\u00e1sica de la narrativa, en lo cual se emparienta con Carrasquilla, Efe G\u00f3mez \u2013y m\u00e1s recientemente\u2013 Adel L\u00f3pez G\u00f3mez. <strong>\u00d3scar Echeverri Mej\u00eda,<\/strong> <em>La Patria,<\/em> Manizales, 8 de enero de 1982. <em>La Rep\u00fablica,<\/em> Bogot\u00e1, 22 de marzo de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El sapo burl\u00f3n<\/em> logra el milagro de apasionar al lector. P\u00e1ez Escobar es un excelente prosista. Su pluma es fluida, f\u00e1cil, amena, ilustrativa. Quien lo lea sale enriquecido y satisfecho, encantado y motivado por las ense\u00f1anzas literarias, por la belleza expresiva. En los relatos afloran experiencias y hechos admirables. Cuentos, como los incluidos en el libro <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>, expresados en forma h\u00e1bil y bella, constituyen joyas literarias. Son como rayos de luz aprisionados en un talism\u00e1n. <strong>Horacio G\u00f3mez Aristiz\u00e1bal,<\/strong> <em>La Patria<\/em>, 23 de enero de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gustavo P\u00e1ez Escobar, due\u00f1o de s\u00f3lida cultura, de una gran imaginaci\u00f3n, del don de la intuici\u00f3n, que va m\u00e1s all\u00e1 de la sicolog\u00eda, pues se trata de una \u00abmateria art\u00edstica\u00bb, entreteje sus historias, sus \u00abintra\u2013historias\u00bb desde el interior mismo del hombre, de donde resulta que sus relatos tienen la fuerza de lo veros\u00edmil y el encanto de la f\u00e1bula al mismo tiempo. Esc\u00e9ptico en el examen de la condici\u00f3n humana, el tratamiento dado a las flaquezas del ser, empero, es bondadoso y humano. <strong>H\u00e9ctor Moreno,<\/strong> <em>El Pa\u00eds,<\/em> Cali, 24 de enero de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed vemos, en efecto, c\u00f3mo le es propio a este autor incursionar en forma afortunada en la modalidad literaria del cuento, empleando el preciosismo y la exigente t\u00e9cnica que este dif\u00edcil g\u00e9nero narrativo demanda, todo lo cual se aprecia en el libro <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>. <strong>Ernesto Bustamante Uribe,<\/strong> <em>El Quindiano,<\/em> Armenia, 30 de enero de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El libro se lee con inter\u00e9s, as\u00ed resulte un tanto excesivo el hecho de que todos los personajes de estas narraciones mueran s\u00fabitamente, o sean insoslayablemente derrotados. Aunque en ocasiones los salve un toque de humor de buena ley. <strong>Germ\u00e1n Vargas,<\/strong> <em>El Heraldo,<\/em> Barranquilla, 8 de febrero de 1982. (Al columnista le manifest\u00e9 lo siguiente: \u00abNo todos mueren, y tampoco todos quedan derrotados. Hay frustraciones, pero tambi\u00e9n regocijos\u00bb. GPE).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gustavo P\u00e1ez Escobar ofrece en <em>El sapo burl\u00f3n<\/em> unos relatos admirables; en una prosa pausada, que se ci\u00f1e al concepto como la piel al hueso. Sus personajes son gentes que viven no solamente all\u00ed en el libro sino como que se salen de s\u00ed mismas para estar con el lector. P\u00e1ez parece confesar, seg\u00fan sus cuentos, el concepto de que el hombre asiste a una realidad trunca, en falencia; una realidad incompleta como un mu\u00f1\u00f3n, lo que excluye, de suyo, en sus cuentos, el final feliz. <strong>Gaspar (Rodrigo Ram\u00edrez Cardona),<\/strong> <em>La Patria,<\/em> Manizales, 6 de marzo de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El sapo burl\u00f3n<\/em> ofrece todo un muestrario de asertos que dejan en el lector algo m\u00e1s que el sabor de un magn\u00edfico cuento: el contrapunto filos\u00f3fico, la s\u00e1tira rampante, el malabarismo pol\u00edtico, el humorismo negro o tr\u00e1gico, el trazo de sicolog\u00eda detonante y tantas situaciones que irrigan de luces y de sombras la zarandeada curiosidad del lector. <strong>Bernardo Londo\u00f1o Villegas,<\/strong> <em>La Patria,<\/em> Manizales, 24 de mayo de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <em>El sapo burl\u00f3n<\/em> el autor retrata la tragicomedia de la vida, escritos con estilo directo, despojados de todo artilugio ret\u00f3rico, en donde se envuelven peque\u00f1as historias de hombres y mujeres que conocemos y que bien podemos ser nosotros mismos. P\u00e1ez Escobar maneja de modo excelente la sutil iron\u00eda a la par que la subterr\u00e1nea moraleja que nos hace re\u00edr, llorar y reflexionar. <strong>Jos\u00e9 Luis D\u00edaz Granados,<\/strong> <em>El Tiempo \u2013Lecturas Dominicales\u2013,<\/em> 30 de mayo de 1982. Semanario <em>Esquina Popular,<\/em> Bogot\u00e1, 11 de agosto de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como bien lo afirma un pensador cuyo nombre escapa a mi memoria, el valor de un escritor no est\u00e1 en su capacidad para decir cosas bellas, sino en hacer que las m\u00e1s detestables alcancen tales alturas. Es lo que P\u00e1ez Escobar hace con el sapo. <strong>Luis D. Salem,<\/strong> <em>Excelsior,<\/em> Ciudad de M\u00e9jico, 19 de agosto de 1988. <em>Revista Nivel<\/em>, Ciudad de M\u00e9jico, 30 de septiembre de 1988.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pude leer, durante los dos d\u00edas de mi encierro en el hospital, las breves relaciones en el libro <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>, las que me dejaron impresionado de manera muy positiva. Es usted un conocedor muy profundo de la naturaleza humana. Sin dejarse perder por las acrobacias t\u00e9cnicas de vanguardia, demuestra acceso a una amplia e interesante variedad de voces y recursos narrativos. <strong>Jonathan Tittler, <\/strong>profesor de literatura hisp\u00e1nica, Cornell University Itaca, New York, 18 de enero de 1990.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los d\u00edas de mercado sal\u00eda a los pueblos vecinos y el dinero comenz\u00f3 a llenar los bolsillos. \u00a1Aquello era un prodigio! Alg\u00fan d\u00eda volv\u00ed a pensar en la Dolores. 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