{"id":3034,"date":"2011-10-02T11:22:10","date_gmt":"2011-10-02T16:22:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3034"},"modified":"2014-05-06T17:11:16","modified_gmt":"2014-05-06T22:11:16","slug":"una-colombia-doliente","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/02\/una-colombia-doliente\/","title":{"rendered":"Una Colombia doliente"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos enterrado a Obdulio Barrios Roa. La sociedad de Armenia y de este Quind\u00edo todo que fue azotado por una de las m\u00e1s implacables olas de violencia, se puso de pie, estremecida, ante el f\u00e9\u00adretro cruzado por balas monstruosas. La violen\u00adcia, el mayor castigo de la humanidad, fiera tene\u00adbrosa que deambula por calles y veredas, que per\u00adsigue y tortura y asesina, ha cobrado una nueva v\u00edc\u00adtima. Es una fuerza embrutecida, drag\u00f3n de siete cabezas, empe\u00f1ada en destruir los cimientos de la civilizaci\u00f3n. Lo mismo ataca en la oscuridad de la noche, porque es cobarde y alevosa, que a plena luz, porque es maquiav\u00e9lica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Obdulio Barrios Roa era un ciudadano ejemplar. De los pocos ejemplares ciudadanos que todav\u00eda se mantienen inalterables en este mundo que se est\u00e1 disolviendo por falta de principios y por ex\u00adceso de corrupciones. En la dorada juventud de 35 a\u00f1os promisorios, todo se esperaba de \u00e9l. Se hab\u00eda graduado de ingeniero agr\u00f3nomo en Palmira y hab\u00eda reforzado en los Estados Unidos una carrera que quiso m\u00e1s especializada para venir a servir a los suyos en estas f\u00e9rtiles campi\u00f1as del Quind\u00edo, donde prac\u00adticaba de sol a sol, entre sudores y optimismos, las ense\u00f1anzas del buen sembrador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Consejero agr\u00edco\u00adla, empujaba con su esfuerzo y con su sabidur\u00eda el progreso de la regi\u00f3n. Se le confundi\u00f3, quiz\u00e1s, con el desaforado terrateniente, cuando hab\u00eda ape\u00adnas echado las primeras ra\u00edces para pegarse a la tierra. O quiso tom\u00e1rsele como reh\u00e9n para cerce\u00adnar otros patrimonios. Y en una vuelta de la ca\u00adrretera de Pereira-Armenia \u2014como testigo el sol que maduraba los cafetales de la prosperidad\u2014 lo esperaba la cuadrilla asesina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tortuosos caminos estos donde es posible cer\u00adcar, como en las desoladas estepas del oeste ame\u00adricano, al indefenso ciudadano que transita con su esposa y sus dos peque\u00f1os hijos camino del fuego hogare\u00f1o. Pero estos malhechores sin entra\u00ad\u00f1as no entienden de otro fuego que no sea el de la iniquidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una cu\u00f1a period\u00edstica habl\u00f3, con cierto entusiasmo, de un frustrado secuestro. No recapa\u00adcit\u00f3 lo suficiente, de seguro, en el fil\u00f3n de sangre que quedaba \u2014y que ya nunca podr\u00e1 desvanecerse\u2014 sobre la brillantez de la v\u00eda asfaltada. Es una mancha abierta en el coraz\u00f3n de la patria. Sobre el asfalto del progreso cay\u00f3 con el cerebro perforado, sin saberse por qu\u00e9, este ciudadano de bien que pagaba cara su devoci\u00f3n a la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, despu\u00e9s del estallido de la pasi\u00f3n, Glenda, la joven viuda torturada en lo m\u00e1s profundo del ser, y sus dos peque\u00f1os hijos, que apenas est\u00e1n abrien\u00addo los ojos a la vida cuando ya se oscurecen en un horizonte de sangre, le entregan a la sociedad este lacerante drama de un episodio m\u00e1s de la violencia. De esta violencia torpe que siembra, aqu\u00ed y all\u00e1, lo mismo en la profundidad de la noche que en la plenitud del d\u00eda, y lo mismo en los m\u00e1s apartados parajes que en los escenarios m\u00e1s concurridos, el zarpazo de la barbarie.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00e1nimo se conturba con tanta atrocidad. El pa\u00eds, que sabe hoy de un secuestro que se negocia a empellones, se entera ma\u00f1ana de la v\u00edctima sacrificada sin esperar ninguna transacci\u00f3n. Nebuloso panorama alimentado por los traficantes de la delincuencia con el dolor de viudas, hu\u00e9rfanos, parientes, ante la faz de un pa\u00eds atemorizado. En esta degradaci\u00f3n de los valores la vida no vale nada. La sociedad pide justicia, se conmueve y se aterro\u00adriza por estos hechos que se van registrando con incontenible furia sat\u00e1nica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la tumba reci\u00e9n abierta de Obdulio Barrios Roa, un pac\u00edfico ciudadano que en el Quind\u00edo no supo practicar sino el bien, ajeno a pasiones par\u00adtidistas y forjador de progreso, es preciso depositar, como en tantas otras del pa\u00eds entero, la aflicci\u00f3n de la Colombia doliente que pide garant\u00edas para la vida, honra y bienes de los ciudadanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, <\/strong><\/em>Manizales, 13-IX-1975.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Hemos enterrado a Obdulio Barrios Roa. La sociedad de Armenia y de este Quind\u00edo todo que fue azotado por una de las m\u00e1s implacables olas de violencia, se puso de pie, estremecida, ante el f\u00e9\u00adretro cruzado por balas monstruosas. 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