{"id":308,"date":"2009-10-26T17:49:05","date_gmt":"2009-10-26T17:49:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=308"},"modified":"2014-05-10T12:14:39","modified_gmt":"2014-05-10T17:14:39","slug":"humo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2009\/10\/26\/humo\/","title":{"rendered":"Humo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/cuentos_humo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-291\" style=\"margin: 10px;\" title=\"cuentos_humo\" alt=\"cuentos_humo\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/cuentos_humo.jpg\" width=\"126\" height=\"190\" \/><\/a>Mal pod\u00eda el hombre entender que aquello era un reto, y menos admitir que los seres min\u00fasculos que se mov\u00edan a sus pies fueran tan laboriosos como \u00e9l que hac\u00eda hervir las entra\u00f1as del socav\u00f3n con solo accionar aparatos y barajar matem\u00e1ticas; que cruzaba hierros y columnas como si armara figuras de cart\u00f3n; que levantaba gigantes en el aire como si inflara bombas de caucho.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-192\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><\/a><strong>Pr\u00f3logo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><strong><em>DETR\u00c1S DEL HUMO<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace 18 a\u00f1os \u2013junio de 1981\u2013 publiqu\u00e9 mi primera colecci\u00f3n de cuentos en la serie bibliogr\u00e1fica del Banco Popular con el t\u00edtulo <em>El sapo burl\u00f3n<\/em>, nombre tomado de mi primer cuento, el cual, con sorpresivos honores, hab\u00eda visto la luz diez a\u00f1os atr\u00e1s en el <em>Magaz\u00edn Dominical <\/em>de<em> El Espectador.<\/em> De los veinte trabajos que componen aquella colecci\u00f3n, uno de ellos, <em>Humo<\/em>, fue escogido en diciembre de 1982 por <em>Lecturas Dominicales <\/em>de<em> El Tiempo<\/em> para integrar una antolog\u00eda con los mejores cuentos colombianos \u201314 en total\u2013 que se hab\u00edan publicado en los meses precedentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El feliz suceso que signific\u00f3 para el autor el que uno de sus cuentos iniciales hubiera merecido la exaltaci\u00f3n de <em>El Tiempo<\/em> en su p\u00e1gina literaria vino a sumarse al concepto enaltecedor, a la par que inquietante, que ya me hab\u00eda expresado Ebel Botero, uno de los cr\u00edticos m\u00e1s destacados del pa\u00eds, quien encontr\u00f3 en <em>Humo<\/em> \u00abuna pieza de antolog\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta doble circunstancia laudatoria, que hincha la sana vanidad de cualquier escritor, produjo en mi esp\u00edritu \u2013junto al natural alborozo por el triunfo inesperado\u2013 una sensaci\u00f3n de desasosiego. La idea del humo como elemento gaseoso de la naturaleza, generador de opacidad y niebla, me persigui\u00f3 durante largo tiempo con la sugerencia de que la vida misma del hombre est\u00e1 invadida por el humo. Pens\u00e9, y sigo pensando, que la sombra \u2013hermana del humo\u2013 es la figura m\u00e1s persistente del mundo, que persigue al individuo desde su nacimiento hasta su muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00f1os despu\u00e9s habr\u00eda de encontrarme con un personaje de leyenda que conmovi\u00f3 mis m\u00e1s sensibles fibras humanas: Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda. Un retrato que trascend\u00eda sobre el poeta lo presentaba entre sombras. Cuando en Ciudad de M\u00e9jico lo conoc\u00ed en persona y tuve con \u00e9l un di\u00e1logo intenso y desgarrador que se prolong\u00f3 por varios d\u00edas, comprob\u00e9 que su inmensa personalidad estaba signada por la sombra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su apartamento de R\u00edo T\u00e1mesis descubr\u00ed la misma foto que hab\u00eda visto divulgada en muchas partes, donde el poeta del cosmos y la angustia, rodeado del claroscuro enigm\u00e1tico que fue caracter\u00edstico de su car\u00e1cter, refrendaba su postura cl\u00e1sica ante la vida. Comprend\u00ed entonces que la sombra era en Germ\u00e1n Pardo Garc\u00eda un talante, un estado del alma. En reportaje que le hice por aquellos d\u00edas no quedan dudas en este sentido: \u00abLa sombra \u2013confiesa\u2013 es para m\u00ed uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s sublimes del universo. Tengo la certidumbre de que todo el universo es sombra, y esa sombra formidable me envolvi\u00f3 por completo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cuento <em>Humo<\/em>, seguido de los laureles que obtuvo por partida doble, y que luego engrandecieron diversas y gratificantes opiniones, me hizo despertar la mente y el coraz\u00f3n en busca de otros temas que dibujaran el tr\u00e1nsito del hombre por el planeta, en la tragicomedia diaria que es la vida. Lo mismo suced\u00eda con <em>Barro<\/em>, otro de los cuentos de dicha serie donde m\u00e1s se acent\u00faa el humo de la naturaleza, que es al mismo tiempo el humo del alma. Surgieron as\u00ed diferentes motivos sacados del acaecer cotidiano, y \u00e9stos se volvieron cuentos, es decir, hechos reales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida es un permanente peregrinar entre asperezas y contratiempos, con escasos momentos de verdadero gozo, si bien la profunda alegr\u00eda, por fugaz que sea, es el b\u00e1lsamo perfecto para los agudos pesares. El hombre llega al mundo condenado para el dolor, ya que esa es la cruz que pesa sobre la humanidad. Lo cual no excluye el que el individuo busque y encuentre la felicidad, que podemos llamar <em>estado de gracia<\/em>. Esa es su obligaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada distinto hace el cuentista que interpretar el g\u00e9nero humano a trav\u00e9s de la realidad inocultable de todos los d\u00edas y de la lecci\u00f3n constante que da la percepci\u00f3n del universo. Con esa \u00f3ptica surgieron los cuentos anteriores, y con el mismo nervio fueron escritos los actuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Certero an\u00e1lisis formul\u00f3 sobre este aspecto el brillante columnista del diario La Patria que firmaba sus notas con el nombre de Gaspar (seud\u00f3nimo de Rodrigo Ram\u00edrez Cardona), quien en art\u00edculo de 1982 expres\u00f3 el siguiente comentario, que bien puede hacerse extensivo a los relatos de hoy:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abGustavo P\u00e1ez Escobar parece confesar, seg\u00fan sus cuentos, el concepto de que el hombre asiste a una realidad trunca, en falencia; una realidad incompleta como un mu\u00f1\u00f3n, lo que excluye, de suyo, el final feliz\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las tenues gotas de humor y la sutil iron\u00eda que se deslizan por estas p\u00e1ginas le sirven al cuentista para dosificar el sabor amargo de la existencia. Si el hombre naci\u00f3 m\u00e1s para llorar que para re\u00edr, pong\u00e1mosle un rostro risue\u00f1o para quitarle acidez a la vida. Pero no ignoremos la realidad. Sacarles provecho a las vivencias propias y a las experiencias ajenas es deber fundamental del escritor. La farsa del mundo ser\u00e1 siempre la misma. Lo importante es saber interpretarla, para jugar luego a la comedia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las peque\u00f1as historias que se presentan en este libro tienen entre s\u00ed un hilo conductor: el humo. Bueno es advertir que el humo no equivale necesariamente a un estado nebuloso, ya que detr\u00e1s del humo viene la claridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><strong>GUSTAVO P\u00c1EZ ESCOBAR<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-192 aligncenter\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><strong><span>Un fragmento de la obra <\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">El ingeniero contemplaba, orgulloso, la estructura que ascend\u00eda en ese momento a 14 pisos y medio y que se ergu\u00eda como un gigante de acero por entre d\u00e9biles armazones que, a su lado, parec\u00edan mu\u00f1ecos de barro. El poder del hombre no es tan ilimitado como para no ser capaz de fabricar monstruos de 14 cuerpos y medio. Perd\u00f3n: de 15, porque ya la inmensa pala, que no le ten\u00eda miedo al v\u00e9rtigo, acababa de transportar nuevas piezas y las hab\u00eda encajado, formando una figura completa. Ten\u00eda pies y brazos y tronco. Solo le faltaba la cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Cuando el aparato gir\u00f3 de nuevo sobre los absortos tejados, el profesional acarici\u00f3 su vanidad con gesto de suficiencia. Pero luego se disminuy\u00f3 su arrogancia al verse tan insignificante frente a sus colosales matem\u00e1ticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Sesenta hombres que se mov\u00edan en todas las direcciones, como diablos sueltos, representan un enjambre alborotado. Carretillas en ascenso, bloques de cemento asomados en el abismo, arterias que palpitan, voces que se reprimen&#8230; aquello era la combinaci\u00f3n de muchas fuerzas alocadas. Arriba, la pala taladraba la oquedad de la atm\u00f3sfera; abajo, el hombre escarbaba el vientre de la tierra; y en el agujero, 62 peones en agitaci\u00f3n, como ratas atrapadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u00a1Carajo! \u2013rabi\u00f3 el ingeniero desde la altura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Se hab\u00eda encaramado all\u00ed para medir mejor su talento. El hombre se siente m\u00e1s hombre cuando est\u00e1 subido sobre algo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">La hormiguita, que hab\u00eda desviado su camino mientras la fila de compa\u00f1eras deten\u00eda la marcha, descendi\u00f3 veloz por la pantorrilla del ingeniero. El manotazo lleg\u00f3 tard\u00edo y el insecto alcanz\u00f3 a ponerse a salvo. Y ri\u00e9ndose de la picard\u00eda, entabl\u00f3 con su vecina el siguiente di\u00e1logo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013Es necesario distraerlo: nos obstruye el paso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013Debemos proseguir la marcha \u2013agreg\u00f3 la compa\u00f1era.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013El hombre es vanidoso. Se cree importante, casi un dios, si levanta 15 pisos. Pero se vale para armarlos de potentes maquinarias, mientras nosotras cargamos varias veces nuestro peso. Si tuvi\u00e9ramos su misma estatura mover\u00edamos este edificio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013Y oye c\u00f3mo grita para que le obedezcan. Las hormigas trabajamos en silencio y producimos m\u00e1s que el hombre, sin tanto aparato ni ostentaci\u00f3n. Hacemos caminos y t\u00faneles y puentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013Y construimos palacios en los \u00e1rboles. Pero el hombre es destructor: tumba nuestras moradas y nos extermina. Vivimos socialmente. En cambio, \u00e9l es disociador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00a1Hagamos la revoluci\u00f3n!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00a1Hagamos la revoluci\u00f3n! \u2013apoy\u00f3 la compa\u00f1era.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00a1Carajo! \u2013grit\u00f3 otra vez el ingeniero\u2013. \u00a1Templen ese cable! \u00a1Sostengan la columna! \u00a1Mu\u00e9vanse, idiotas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00bfLo oyes? Grita, maldice, siembra odio. Llama idiotas a sus semejantes, mientras en nuestra sociedad somos hermanos. T\u00fa eres mi hermana. Yo soy tu hermana. Pero \u00e9l no podr\u00e1 ser nunca nuestro hermano, porque no llegar\u00e1 a ser hombre\u2013hormiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Dej\u00f3 el hombre de vociferar, y pens\u00f3: \u00abSoy poderoso. Nadie me gana en fuerza. Y estos bichos rastreros pretenden ense\u00f1arme ingenier\u00eda entrelazando los desperdicios de la madera. Si quisiera los aplastar\u00eda a todos de un pisot\u00f3n. Es tanto mi talento, que puedo convertir el edificio en una escalera al cielo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Respald\u00f3 su jactancia con un golpe en el tablado. La hormiga apenas pudo esconder medio cuerpo entre una ranura de la madera. El taconazo tritur\u00f3 a varias de las compa\u00f1eras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Si el hombre experimenta desolaci\u00f3n ante el desastre, tambi\u00e9n el animal. El hombre y el animal no se diferencian en sus instintos primarios. Presa la hormiga de intenso dolor ante la caravana diezmada, sinti\u00f3 arderle la venganza. Era una venganza sorda, furiosa. El grito de <em>\u00a1revoluci\u00f3n!<\/em> se hab\u00eda apagado con un solo impulso bajo el pie del hombre. Pero la hormiga no desisti\u00f3 y con rabia empuj\u00f3 al pelot\u00f3n de relevo, que ya trepaba por la pared y coronaba la altura. Volvi\u00f3 a subir por la pantorrilla y pic\u00f3 m\u00e1s fuerte. Y de nuevo el manotazo se volvi\u00f3 col\u00e9rico, pero otra vez el animal saltaba a tiempo. Era una manera de provocar al enemigo, de responder al ataque.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Mal pod\u00eda el hombre entender que aquello era un reto, y menos admitir que los seres min\u00fasculos que se mov\u00edan a sus pies fueran tan laboriosos como \u00e9l que hac\u00eda hervir las entra\u00f1as del socav\u00f3n con solo accionar aparatos y barajar matem\u00e1ticas; que cruzaba hierros y columnas como si armara figuras de cart\u00f3n; que levantaba gigantes en el aire como si inflara bombas de caucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Los obreros, peque\u00f1os danzarines del espacio, se columpiaban entre andamios y trepaban por las paredes como t\u00edteres movidos por hilos invisibles. Y all\u00ed, en la c\u00faspide, elevado como un dios, el ingeniero pod\u00eda pavonearse en su orgullo y embriagarse con la gloria, si \u2013como lo pensaba con orgullo\u2013 estaba levantando una nueva Torre de Babel para llegar al cielo y \u2013so\u00f1ador al fin\u2013 engarzar\u00eda una estrella para que le alumbrara el camino. La b\u00f3veda celeste, tersa y majestuosa, flotaba en el espacio a corta distancia. Alguna nube pasajera rozaba la techumbre y entonces m\u00e1s se contagiaba el hombre de altura e inmensidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">La caravana se hab\u00eda detenido. Con dificultad hab\u00eda llegado hasta all\u00ed, con su cargamento de maderas, para fabricar, tambi\u00e9n en la cumbre, una morada. Pero no una morada cualquiera. Ser\u00eda un mirador al cielo. Mas en la cumbre hab\u00eda confusi\u00f3n. El viento soplaba fuerte. Y all\u00ed estaba el hombre, su eterno enemigo, que le cerraba el paso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Si la hormiga es artesana y construye caminos y t\u00faneles y puentes, olvida a veces que su reino no est\u00e1 en las alturas, sino en los subterr\u00e1neos. Pero, vanidosa tambi\u00e9n, pretend\u00eda ahora avanzar a empellones. Su osad\u00eda era tanta al querer posesionarse de la cima para arrojar al hombre al vac\u00edo, como la de \u00e9ste pretender enlazar estrellas. El bicho incitaba a la revoluci\u00f3n, olvidando que las batallas no se ganan a picotazos en la era de los cohetes y las metralletas. Y cada vez picaba con mayor ardor, sin importarle que la furia del hombre siguiera diezmando la insurrecci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 desistir, si ven\u00edan pr\u00f3ximos otros refuerzos, y despu\u00e9s llegar\u00edan m\u00e1s, y muchos m\u00e1s?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013Ning\u00fan Vietnam se ha ganado en un d\u00eda \u2013argument\u00f3 la hormiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Por el list\u00f3n ascend\u00eda una hilera compacta, m\u00e1s nutrida que las anteriores. Llegaba el momento definitivo. La proclama de la hormiga l\u00edder fue vehemente:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00a1Adelante, compa\u00f1eras! Debemos luchar contra el hombre, debemos dominarlo. Ya ha exterminado parte de nuestro ej\u00e9rcito, pero nos vengaremos. Moveremos entre todos el tablado y lo lanzaremos al abismo. Y pondremos aqu\u00ed nuestro trono. \u00a1Abajo el hombre!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00a1Abajooo&#8230;!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00a1Empujen todas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Las fuerzas reunidas hicieron prodigios: el tablado se movi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00a1M\u00e1s fuerza, compa\u00f1eras!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">A la tercera embestida la tabla cruji\u00f3. Despavorido, el hombre se llev\u00f3 una mano a la cabeza. Sinti\u00f3 que el mundo se mov\u00eda a sus pies, y lo trastorn\u00f3 el v\u00e9rtigo. Las brigadas enemigas no cesaban en su empe\u00f1o y arremet\u00edan cada vez con m\u00e1s br\u00edo. La venganza estaba pr\u00f3xima. No hab\u00eda duda. Con un nuevo impulso el hombre perder\u00eda el equilibrio y se destrozar\u00eda el cr\u00e1neo entre las murallas de hierro y cemento por \u00e9l mismo fabricadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013\u00a1\u00c1nimo, compa\u00f1eras!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Multitudes fren\u00e9ticas irrumpieron por todas partes y cercaron al hombre. Mientras unas bamboleaban la tabla, otras lo hab\u00edan invadido en brutal arremetida, produciendo en sus carnes escozor y desespero. Eran legiones inmensas, interminables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Una hormiga furiosa se expresaba as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u2013\u2013El hombre, que fabrica edificios y cohetes y computadores; que arma guerras y mutila y asesina; que invade el espacio y se sumerge en los mares; que se envanece, en fin, con una mole de 15 pisos, es un cobarde. \u00a1Un verdadero cobarde! Un simple cosquilleo lo incomoda. El piquete de un insecto lo atormenta. Un hormigueo lo desespera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">No: el hombre, entre m\u00e1s herido, m\u00e1s violento. Volv\u00edan a chocar los instintos primarios del hombre y del animal. Aquellos bichos ca\u00edan a centenares con solo palmotearse el cuerpo. Y mor\u00edan, tambi\u00e9n a montones, a cada pisot\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">La tabla se parti\u00f3 en dos. El edifico se sacudi\u00f3. La hormiga vio ganada la batalla, pero luego se horroriz\u00f3: sus brigadas desaparec\u00edan entre el estremecimiento del terremoto. No era la fuerza animal la que hab\u00eda movido la estructura: era la arremetida del cataclismo. Tambi\u00e9n el hombre se eriz\u00f3. Una grieta se abri\u00f3 y se trag\u00f3 a tres obreros en un segundo. Otra sacudida violenta, bramante, aplast\u00f3 a cinco peones m\u00e1s. Se desmoron\u00f3 una viga. Un andamio hiri\u00f3 el espacio con su fardo de ayes ahogados. Los escombros aullaban como una jaur\u00eda hambrienta. Tron\u00f3 la tierra y los cables se reventaron como hilachas, mientras el cemento cruj\u00eda, y las vigas, las columnas y las monstruosas matem\u00e1ticas se arrodillaban. El grito angustiado, la arteria despedazada, el estruendo incontenible, todo se asfixi\u00f3 entre humo y cenizas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">\u00a1Iluso el hombre que, en el \u00faltimo desconcierto, pretendi\u00f3 agarrarse de la estrella para no irse a la profundidad! \u00a1Ilusa la hormiga que a\u00fan intentaba clavar una morada en la altura!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Tinieblas\u2013silencio\u2013humo\u2013muerte&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Tendido de bruces como hab\u00eda quedado el hombre en el fondo de la caverna, a\u00fan tuvo fuerzas para voltearse. Y antes de entrar en la total inconsciencia, percibi\u00f3 sobre el rostro el leve paso de la hormiga. Y \u2013fantas\u00eda o no\u2013 de los ojos descomunales del animal vio desprenderse lagrimones espesos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\">Una estrella se hab\u00eda colado por entre los hierros retorcidos, y el fulgor de las estrellas se parece a las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><a href=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-192\" title=\"cenefita\" alt=\"cenefita\" src=\"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/cenefita.jpg\" width=\"300\" height=\"70\" \/><\/a><strong><span>Comentarios<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><strong>Fragmentos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le\u00ed pronto, con sumo inter\u00e9s y de extremo a extremo, tu <em>Sapo burl\u00f3n<\/em>. Me gustaron mucho la gran mayor\u00eda de sus cuentos. El que m\u00e1s me gust\u00f3, me fascin\u00f3, fue <em>Humo<\/em>, una pieza de antolog\u00eda, que demuestra tu enorme talento po\u00e9tico y filos\u00f3fico. <strong>Ebel Botero, Medell\u00edn,<\/strong> 16 de mayo de 1982.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">P\u00e1ez Escobar es, sin duda, un maestro moderno de la narraci\u00f3n por su dominio de las secretas torsiones de la prosa, la delicadeza y la fidelidad de sus introspecciones y el demostrado conocimiento del alma humana, del ama de sus personajes. <strong>H\u00e9ctor Ocampo Mar\u00edn,<\/strong> <em>El Nuevo Siglo,<\/em> Bogot\u00e1, 26 de marzo de 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Humo<\/em> re\u00fane estas tres condiciones: belleza de estilo, profundidad de pensamiento y fuente de inspiraci\u00f3n para otros escritores. Como resulta imposible hablar de cada cap\u00edtulo, clavo la mirada en el \u00faltimo, que da t\u00edtulo al libro. Ah\u00ed se encuentran estas palabras que usted dice acerca de las hormigas: \u00abLas hormigas trabajamos en silencio, sin tanto aparato ni ostentaci\u00f3n. Hacemos caminos y t\u00faneles y puentes (&#8230;) Olvida a veces que su reino no est\u00e1 en las alturas sino en los subterr\u00e1neos\u00bb. Pienso que si todos sigui\u00e9ramos este ejemplo el mundo caminar\u00eda mejor. Cada uno trabaja por su cuenta para s\u00ed mismo y no para ayudar a los dem\u00e1s. Somos ego\u00edstas en extremo. Libros como <em>Humo<\/em> deben ser difundidos con entusiasmo. <strong>Aristomeno Porras,<\/strong> Ciudad de M\u00e9jico, 18 de abril de 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los cuentos llevan impl\u00edcitas ense\u00f1anzas y admoniciones para el buen vivir. Ellos forman un retrato de la sociedad contempor\u00e1nea con sus tipos representativos de los diversos estamentos. Escritos en una prosa directa y llana, deleitan y cautivan con la incitaci\u00f3n y la fuerza propias de la autenticidad, el realismo y la naturalidad. <strong>Vicente Land\u00ednez Castro,<\/strong> <em>Revista Manizales,<\/em> mayo\u2013junio\/2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es evidente que los cuentos de <em>Humo<\/em> nos presentan un mundo polarizado, lleno de personalidades unidimensionales, caricaturas de s\u00ed mismos, un mundo de sombras directamente proporcional a la represi\u00f3n de que han sido objeto. Es posible que con <em>Humo<\/em>, y en su afanosa b\u00fasqueda por el balance de la personalidad, este caballero de la pluma que es P\u00e1ez Escobar se haya adentrado muy profundo en su propia sombra, que en definitiva es la sombra social que nos cobija a todos. <strong>Gloria Ch\u00e1vez V\u00e1squez,<\/strong> Nueva York. <em>La Cr\u00f3nica del Quind\u00edo,<\/em> Armenia, 24\u201326 de junio de 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hubo alguien en mi vida que me ense\u00f1\u00f3 a mirar el humo de manera diferente y en un momento en el que no pensaba aprender ese arte de mirar y so\u00f1ar con el humo. Fue hace muchos a\u00f1os, en una de mis idas a Manizales, cuando el maestro, escultor y escritor Guillermo Botero y su maravillosa esposa, Mirta, nos invitaron a pasar un d\u00eda en una finquita que ellos ten\u00edan en una de esas monta\u00f1as que circundan a Manizales. En alg\u00fan momento, \u00e9l se puso a divagar sobre el humo que se ve\u00eda salir de casitas que no pod\u00edamos distinguir en esa gran extensi\u00f3n que nos rodeaba. Fue entonces cuando entend\u00ed mejor que el humo es signo de familia, que es homenaje de adoraci\u00f3n al Supremo Hacedor, que tiene magia y encanto sin par. Que es lo mismo que he hallado en <em>Humo<\/em>, tu libro de hoy. <strong>Gloria L\u00f3pez de Zumaya,<\/strong> Ciudad de M\u00e9jico, 24 de junio de 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He le\u00eddo con mucho inter\u00e9s su bello libro <em>Humo<\/em>, admirable colecci\u00f3n de cuentos muy bien escritos sobre temas de mucha actualidad y que denotan no solo las calidades propias del escritor de altos quilates sino tambi\u00e9n la admirable sensibilidad social que, de hecho, lo ponen en la trinchera de los sinceros combatientes de la dignidad del hombre y sus justos reclamos. <strong>Eduardo Santa,<\/strong> Bogot\u00e1, 30 de junio de 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con maestr\u00eda sin igual ofreces al lector humor, suspenso, soltura y gran estilo, mostrando tus magn\u00edficas condiciones de novelista, ensayista, simult\u00e1neamente con el fondo filos\u00f3fico que imprimes a tu obra. Muestras tu cultura, imaginaci\u00f3n, intuici\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de la psicolog\u00eda. Combinas magistralmente la fuerza de lo veros\u00edmil con el encanto de la f\u00e1bula. Cosa importante es tu \u00abyo acuso\u00bb a la tecnocracia y a la soberbia del \u00abprogreso\u00bb, a\u00f1adiendo el dinero, imperios que dejan en el olvido los valores trascendentales. Brigadier general<strong> Antonio J. Medina Escobar,<\/strong> 14 de octubre de 2000.<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mal pod\u00eda el hombre entender que aquello era un reto, y menos admitir que los seres min\u00fasculos que se mov\u00edan a sus pies fueran tan laboriosos como \u00e9l que hac\u00eda hervir las entra\u00f1as del socav\u00f3n con solo accionar aparatos y barajar matem\u00e1ticas; que cruzaba hierros y columnas como si armara figuras de cart\u00f3n; que levantaba [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-308","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuento"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/308","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=308"}],"version-history":[{"count":11,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/308\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13130,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/308\/revisions\/13130"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=308"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=308"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=308"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}