{"id":3299,"date":"2011-10-02T17:12:54","date_gmt":"2011-10-02T22:12:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3299"},"modified":"2014-04-13T14:08:38","modified_gmt":"2014-04-13T19:08:38","slug":"los-maridos-de-liz","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/02\/los-maridos-de-liz\/","title":{"rendered":"Los maridos de Liz"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mundo comenz\u00f3 a crear una de las mayores idolatr\u00edas del cine despu\u00e9s de ver <em>La gata sobre el rajado caliente<\/em> y lleg\u00f3 a pensar que el dramaturgo norteamericano Tennessee Williams hab\u00eda montado esa pieza especialmente para la Taylor. No parec\u00eda fortuito que dos de las personas que m\u00e1s influencia han tenido en la vida de la artista, Mike Todd y Eddie Fischer, figuraran a su lado. Los dos personajes, que quedar\u00edan incrustados en la galer\u00eda de esposos de la que desde entonces pasar\u00eda a ser la <em>gata<\/em> m\u00e1s ardiente, por lo menos en la imaginaci\u00f3n de la gente, contribu\u00edan a ponerle m\u00e1s espectacularidad al lanzamiento de la deslumbrante actriz. Y no sab\u00edan que, en el turno de las sucesiones amorosas, la historia les ten\u00eda reservados los puestos cuarto y quinto de la que hoy, quince o veinte a\u00f1os despu\u00e9s, se apresta a llegar a su s\u00e9ptimo matrimonio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Liz Taylor se ha casado cinco veces y es de las pocas lu\u00adminarias que se dan el lujo \u2013si esto puede considerarse un lujo\u2013 de repetir matrimonio con el mismo esposo. Podr\u00eda asegurarse, a la inversa, que para Richard Burton representa un acto ex\u00f3tico el desposarse por segunda vez con la rutilante y al propio tiempo fr\u00edvola diosa del sexo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pareja, tras diez a\u00f1os de matrimonio y despu\u00e9s de haber sembrado en el mundo la sensaci\u00f3n de dos seres felices \u2013a lo Carlo Ponti y Sof\u00eda Loren, aunque m\u00e1s l\u00f3gicos que estos por la afinidad de edades y gustos\u2013, alborota un d\u00eda los mentideros mundanos con la noticia de que algo comienza a resquebrajarse. Se habla en voz baja de insuperables dificultades que no logran desvanecerse ni siquiera con el ingrediente del atractivo aparato publicitario que hace crecer la bolsa ta\u00adquillera de una de las parejas m\u00e1s fulgurantes del cine.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Los faroles del infierno<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De un momento a otro se corre el tel\u00f3n que oculta los ver\u00addaderos problemas conyugales que la pasi\u00f3n de la gente no ha dejado aflorar, en todo su dramatismo, a lo largo de les diez a\u00f1os del aparente romance donde todo no ha sido color de ro\u00adsa. Conforme van pasando los d\u00edas, se sabe que el exuberante s\u00edmbolo sexual que tantos desvelos ha provocado a la humanidad ansiosa de voluptuosidades, no es la misma gata caliente que incita a la conquista de morbosas aventuras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los ojos de la Taylor, que alguien defini\u00f3 como los <em>fa\u00adroles del infierno,<\/em> han penetrado, con invasiones irreprimi\u00adbles, lo mismo en la desbocada imaginaci\u00f3n de viejos caducos que ya no tienen m\u00e1s remedio que lucubrar pensamientos tra\u00adviesos, que en la apetencia de jovenzuelos exaltados que se forjan ins\u00f3litos deslices a la sombra, precisamente, de un tejado caliente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Taylor una noche se trepa por las tejas que el gran dramaturgo fabric\u00f3 para espantar los pudores de una sociedad todav\u00eda mojigata y, desde la cumbre alborotada de su sexo, le ense\u00f1a al mundo el estremecimiento de pasiones desvergonzadas, cuando las salas del cine comenzaban apenas a cambiar el beso fugaz de las pel\u00edculas por la escena sentimen\u00adtal m\u00e1s riesgosa, aunque solo presentida, pues la moralidad de los tiempos no permit\u00eda exaltaciones er\u00f3ticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es indudable que Liz fue una de las precursoras del cine atrevido. Llegada a la c\u00faspide de la m\u00e1s excitante po\u00adpularidad, sus admiradores se reproducen a lo largo y ancho de la tierra y todos pretenden, secretamente, convertirse en sus amantes. Est\u00e1 ella en la \u00e9poca m\u00e1s fastuosa de su imperio femenino y se yergue ante los ojos \u00e1vidos del mundo como la diva inaccesible que solo puede tener pocos favoritos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus dos primeros esposos, Nick Hilton y Michael Wilding, po\u00adco a poco quedan olvidados, casi en el anonimato, ante el fu\u00adror con que se entrega y que las gentes miran con cierta com\u00adplacencia, y muchos con codicia, a sus esposos n\u00fameros tres y cuatro, los se\u00f1ores Todd y Fischer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La muerte tr\u00e1gica de Todd corta un idilio en plena efervescencia, pero la historia de la actriz, que no se detiene, consagra al poco tiempo una nueva figura para su ansia sentimental: el cantante Eddie Fischer. La pareja as\u00ed conformada, en cuya suerte influye sin duda una jugada del destino que saca bruscamente de esce\u00adna a Todd, da origen a persistentes murmuraciones. Liz-Fischer, la nueva f\u00f3rmula que recorre los montajes cinematogr\u00e1ficos y hace noticia en los peri\u00f3dicos del mundo, se mantie\u00adne en el favor p\u00fablico gracias a los ingredientes de esc\u00e1n\u00addalo de que ha sido inyectada, pues se dice que Liz no tu\u00advo reatos en robarle el marido a su amiga \u00edntima, y esto re\u00adsulta buen combustible para el fanatismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La devoradora de hombres<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por aquellos tiempos Liz Taylor est\u00e1 llegando al pin\u00e1cu\u00adlo de la gloria. Sus pel\u00edculas se cotizan cada vez con mayo\u00adres \u00e9xitos y provocan la excitaci\u00f3n libidinosa de multitudes fren\u00e9ticas que siguen con impaciencia el curso de los esc\u00e1n\u00addalos amorosos, con la oculta tentaci\u00f3n de que a cada cual pudiera corresponderle algo en el turno de la sucesi\u00f3n ro\u00adm\u00e1ntica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sue\u00f1an con imposibles complacencias dentro del triturante reparto de sexo que proporcionan las pel\u00edculas de la artista, que quisieran gozar en la vida real, y terminan in\u00admortalizando, si es que acaso la pasi\u00f3n ef\u00edmera puede alcan\u00adzar esos ribetes, a la diva ambulante que recorre todos los escenarios y suscita alocados sentimientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ella exhibe en estos a\u00f1os de sus opulencias primaverales lo mejor de sus formas, atravesadas por el h\u00e1lito de la voluptuosa diosa de la carne que se forja su nicho de indiscutible exponente femenino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la aut\u00e9ntica devoradora de hombres \u2013a lo Mar\u00eda F\u00e9lix en <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em>\u2013 que no deja quieta la paz oto\u00f1al de las conciencias y que desencadena vientos tempestuosos en una de las \u00e9pocas m\u00e1s vehementes del celuloide, donde alterna la magia del hechizo femenino con la provocaci\u00f3n morbosa que desconcierta a los moralizadores del ambiente p\u00fablico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cine, monstruo incontenible que va transformando en pecados las m\u00e1s refinadas virtudes, se apodera de las multitu\u00addes. Desde otros estrados campean, con iguales desbordes, lu\u00adminarias como Sof\u00eda Loren, Gina Lollobr\u00edgida, Marilyn Monroe. El mundo, que no conoc\u00eda tales arrebatos, rompe sus moldes tradicionales y se lanza en conquista del embrutecedor espec\u00adt\u00e1culo donde la imaginaci\u00f3n colectiva enaltece monumentales estatuas de carne. Es una lujuria desenfrenada que sacude los recovecos de la conciencia y que da al traste con las virtudes p\u00fablicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La fusi\u00f3n Liz-Burton<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta ruleta de las pasiones le corresponde el turno al flamante Richard Burton, el apuesto inspirador de papeles estelares que tantos apetitos viene provocando entre las mujeres. Su fama se acrecienta cada vez que personifica una nueva escena. Es de los galanes favoritos, y acaso el m\u00e1s descollante de la \u00e9poca, que se da el lujo de hacerse per\u00adseguir del bello sexo. Con su figura imponente establece un nuevo mito que irrumpe con magn\u00e9ticos impulsos en la indus\u00adtria cinematogr\u00e1fica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A poco de su recorrido por las gale\u00adr\u00edas de la fama, iba a quedar flechado por los ojos felinos que se disparan sobre \u00e9l con desconciertos imposibles de rechazar. La fusi\u00f3n Liz-Burton se recibe con fruiciones gene\u00adrosas, pues todos, hombres y mujeres de este trepidante tren de las fantas\u00edas, suponen estar representados en la nueva composici\u00f3n. Es, sin duda, una feliz pareja. Desaf\u00edan al mundo con el mensaje de dos seres escogidos por los dioses para protagonizar, en la vida pr\u00e1ctica, el papel de amantes perfectos que se han encontrado en el torbellino mundanal para erigirse como s\u00edmbolos de sus sexos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las consejas de quienes pretenden tumbar el nuevo mo\u00adnumento tienen que detenerse ante la idea de que se ha con\u00adsolidado, al fin, la f\u00f3rmula ideal. El matrimonio resiste du\u00adrante a\u00f1os la arremetida de los dardos que le disparan de todos los sitios y es lo suficientemente s\u00f3lido para con\u00adservarse invulnerable dentro del vaiv\u00e9n de las fragilidades cinematogr\u00e1ficas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mundo comienza a observar que tambi\u00e9n es posible la felicidad en las toldas del cine. Sof\u00eda Loren ha encontrado su remanso al lado de Cario Ponti, y Grace Kelly lleva una vida envidiable junto a su pr\u00edncipe azul.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La dif\u00edcil felicidad<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay algo que llama poderosamente la atenci\u00f3n de los exper\u00adtos en interpretar perfiles humanos que se escapan al juicio de los profanos. Y es que nunca pareja alguna hab\u00eda realiza\u00addo un cine tan puro, en el t\u00e9rmino art\u00edstico del vocablo. Marido y mujer, en la vida real, vuelcan a los pasajes de la ficci\u00f3n representaciones de tanta magnificencia, que los cr\u00ed\u00adticos tienen que convencerse de la m\u00e1s completa armon\u00eda con\u00adyugal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero los nubarrones un d\u00eda comienzan a perturbar esa paz octaviana. Son primero leves rumores sobre peque\u00f1as desavenencias que est\u00e1n poniendo en aprietos la subsistencia de aquel pacto que ya muchos se hab\u00edan acostumbrado a creer in\u00addisoluble, pero que otros, menos ingenuos, sab\u00edan que tarde o temprano ten\u00eda que romperse. Richard Burton muestra los primeros s\u00edntomas de cansancio y comenta, en privado y m\u00e1s tarde sin reticencias, que sus perseverantes bohemias son producto de estent\u00f3reas insatisfacciones del lecho con\u00adyugal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La devoradora de hombres parece estar cumpliendo su destino implacable. \u00a0Encumbrada en su pedestal de diosa, pre\u00adfiere los aires de la adulaci\u00f3n al consumo virtual de sus genes amatorios. Algo hace sospechar que sus secreciones en\u00addocrinas no son tan apasionadas como para alimentar pasiones excesivas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La uni\u00f3n de diez a\u00f1os termina haciendo crisis y todo un andamiaje publicitario se entromete en la reyerta matrimonial, creando rentables expectativas. El mundo se entera, tras insistentes especulaciones, de la ruptura que era ya inevitable, y la pareja, consciente de su decadencia sico\u00adl\u00f3gica \u2013y a\u00fan no puede hablarse de la f\u00edsica\u2013, se resigna a la soluci\u00f3n del divorcio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegan los vientos estivales, con sus r\u00e1fagas heladas, para los que no estaba prepara\u00adda. Pero, aun as\u00ed, los cerebros productores de divisas se em\u00adpe\u00f1an en explotar hasta el cansancio la suposici\u00f3n de una far\u00adsa sentimental, tan propicia para acrecentar dividendos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los pocos d\u00edas la pareja celebra su reencuentro y se queman bombillas publicitarias pregonando el ins\u00f3lito suceso. Hay juramentos de amor, de parte y parte, y prop\u00f3sitos de la en\u00admienda, pero en la conciencia p\u00fablica subsiste la duda sobre la estabilidad de la pareja que ya ha dado muestras de pro\u00adfundas incompatibilidades. Es esta la palabra m\u00e1s trajinada en el diccionario amoroso cuando se quiere se\u00f1alar que no funciona la comuni\u00f3n sexual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sexto matrimonio de Liz con su bohemio Richard \u2013el \u00fanico repitente en esta trapacer\u00eda de glorias ef\u00edmeras, y no propiamente por antojado\u2013 se desmoro\u00adna en corto tiempo, como ten\u00eda que suceder, y rubrica el final de una de las historias m\u00e1s apasionantes del universo cinema\u00adtogr\u00e1fico, que no resisti\u00f3 los encontronazos de la fama.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Uno m\u00e1s en la galer\u00eda<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora se anuncian las nuevas nupcias de la incansable caza\u00addora de hombres, con John Warner, ex secretario de la Marina de los Estados Unidos. Para ella ser\u00eda la s\u00e9ptima boda, todo un r\u00e9cord que pocas personas alcanzan, y para \u00e9l la segun\u00adda. El prometido tiene 49 a\u00f1os. La edad de ella dej\u00e9mosla indefinida y as\u00ed le haremos un obsequio a su ficci\u00f3n femenina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En alguna noticia suelta se hablaba, dos o tres a\u00f1os atr\u00e1s, de la extirpaci\u00f3n de un ovario y de algunas correcciones pl\u00e1s\u00adticas que no quisieron revelarse. La imaginaci\u00f3n en estos ca\u00adsos, que suele ser tan incisiva, no puede quedarse corta para se\u00f1alar redondeces que resultan inocultables, aun se trate de contornos anat\u00f3micos tan premiados por la naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es lo cierto que la jamona se\u00f1ora que hizo desbordar en otros tiem\u00adpos emociones calientes y poner a los maridos en busca de ga\u00adtas trepadoras, a lo Tennessee Williams, ya no puede ocul\u00adtar su inexorable decadencia. \u00bfDespu\u00e9s del s\u00e9ptimo matrimonio llegar\u00e1 el octavo? No hay quinto malo, dicen los toreros. Tam\u00adpoco s\u00e9ptimo marido malo, dir\u00eda la vedette.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pueblo quiere a sus \u00eddolos y no se conforma con ver\u00adlos desaparecer as\u00ed no m\u00e1s. Desea que permanezcan en el apo\u00adgeo y se rasga las vestiduras cuando los ve declinar. Las actrices, por ser un bien com\u00fan, se prestan para ser desnudadas en p\u00fablico y a veces comidas a tijeretazos. Es el precio de la fama. Un t\u00edtulo de moda, de la novelista argentina Silvina Bullrich, podr\u00eda resultar apropiado para Liz Taylor: <em>Ma\u00f1ana digo basta.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 7-XI-1976.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentario:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nota de presentaci\u00f3n de esta cr\u00f3nica que hace el <em>Magaz\u00edn Dominical<\/em>:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay fulgurantes bellezas en el mundo del espect\u00e1culo que se constituyen en noticias permanentes, no solo por sus cualidades histri\u00f3nicas como actrices de cine, de teatro, de vaudeville etc., sino porque las persigue la curiosidad de las gentes alrededor de su vida conyugal. El caso de Elizabeth Taylor es bien elocuente a este respecto. Por bella, los hombres han hecho de ella un \u00eddolo. Y la sigue una estela de romances que al\u00adcanzan m\u00e1xima popularidad. Recientemente volvi\u00f3 a divorciarse de Richard Burton, el marido reincidente. Antes de Burton, cuatro hombres hab\u00edan sido sus esposos. Y ahora anuncia que se casar\u00e1 con el s\u00e9ptimo. Sobre los maridos de Liz Taylor escribe Gustavo P\u00e1ez Escobar una excelente cr\u00f3nica que se publica hoy en el <em>Magaz\u00edn<\/em>, con profusas ilustraciones en color y en blanco y negro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El mundo comenz\u00f3 a crear una de las mayores idolatr\u00edas del cine despu\u00e9s de ver La gata sobre el rajado caliente y lleg\u00f3 a pensar que el dramaturgo norteamericano Tennessee Williams hab\u00eda montado esa pieza especialmente para la Taylor. 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