{"id":3344,"date":"2011-10-02T21:23:06","date_gmt":"2011-10-03T02:23:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3344"},"modified":"2020-11-04T18:27:06","modified_gmt":"2020-11-04T23:27:06","slug":"la-mendicidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/02\/la-mendicidad\/","title":{"rendered":"La mendicidad"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de los signos de la prosperidad es la mendicidad. Por los r\u00edos revueltos de las grandes ciudades, bajo el v\u00e9rtigo del progreso y el clamor de la vida ostentosa corre la miseria con sus pies aporreados por la vida y el alma anhelante. Al lado del saco colmado de oro, habr\u00e1 el mendigo con la mirada quebrada por el infortunio. Frente a la mesa del opulento, el hambre de quien nada tiene se har\u00e1 m\u00e1s voraz y ser\u00e1 menos satisfecha, pues los cubiertos no alcanzan sino para unos pocos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante el veh\u00edculo deslumbrante, movido por manos enguantadas y oloroso a esencias francesas, pasar\u00e1 descalzo y aterido el transe\u00fante an\u00f3nimo que no conoce otros tapices que la tierra recalen\u00adtada por el sofoco, ni otros olores que la densidad de su angustia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mundo se embrutece entre festines, derroches, placeres sin l\u00edmite, copas sin fondo. La humanidad danza al impulso del arrebato, consume tabernas de un solo sorbo, quema billetes en una noche de frenes\u00ed, acciona ruletas alocadas, se satura de sexo, y nunca se sacia. En un rinc\u00f3n, en el trasfondo de estos exaltados exhibicionismos, el ni\u00f1o con hambres atrasadas morir\u00e1 antes de que la copa termine de apurarse o las sobras de la mesas colmadas se lancen a los perros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ayer, en un programa de televisi\u00f3n, Pacheco enfocaba sus c\u00e1maras por la carrera s\u00e9ptima de Bogot\u00e1 y a su paso iba surgiendo un dantesco espect\u00e1culo de miseria. Por donde quiera que escarbara, saltaban calamidades. Una se\u00f1ora, con 71 calendarios a cuestas, mostraba unas frutas que nadie compraba y que eran su \u00fanica posibilidad de sustento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s adelante, una muchacha, con una juventud incre\u00edble, exhib\u00eda sus fatigas en medio de pujantes edificios, solo sostenida por la presencia de cinco hijos\u00a0 destrozados por la des\u00adnutrici\u00f3n. En otro \u00e1ngulo, un vejete, taciturno entre las som\u00adbras de su ceguera, sosten\u00eda su incapacidad contra la indiferen\u00adcia del mundo veloz, dicha\u00adrachero, torpemente entusiasta, que reclamaba su derecho a la v\u00eda sin importarle la despropor\u00adci\u00f3n de la existencia atro\u00adfiada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, en Armenia, ciudad premiada por las excelencias del grano milagroso que todos los d\u00edas hace m\u00e1s ricos a los productores, aunque m\u00e1s pobres a los consumidores, la poblaci\u00f3n indigente sacude sus lacras y esconde su dolor. Son legiones err\u00e1tiles de j\u00f3venes y ancianos que recorren de sol a sol las calles de la abundancia en demanda de un trozo de pan, de un poco de compasi\u00f3n. Es un cuadro infamante en medio de la ciudad que se dice rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La prosperidad solo alcanza para unos pocos. Al lado de los ca\u00adfetales te\u00f1idos por el signo del d\u00f3lar, se levanta la ni\u00f1ez con insuficiencia de prote\u00ednas y languidece la ancianidad para la que no beneficia el aroma de las cosechas. El caf\u00e9, ese azote social que bendecimos porque produce divisas, y levanta escuelas y arma infraestructuras, tiene el apabullante poder de hacer m\u00e1s visibles las heridas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pie descalzo, en todos los \u00e1mbitos de la tierra, se ver\u00eda menos desprotegido si no se acentuara tanto la desigualdad ante el que derrocha la riqueza entre frusler\u00edas y viajes inte\u00adroce\u00e1nicos. El hambre ser\u00eda menos hambre si no se viera estimulada por el hartazgo, por el desborde de apetitos con\u00adtumaces que solo miden la propia satisfacci\u00f3n y se olvidan de los est\u00f3magos vac\u00edos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mundo aspira, con todo, a ser feliz. Predica f\u00f3rmulas doc\u00adtorales, lanza tratados sofisticados para que las naciones no se destruyan unas contra otras, para que los \u00e1nimos se desar\u00admen en esta hora de la animad\u00adversi\u00f3n universal. Pero no se detiene en consideraciones elementales. No distingue el es\u00adt\u00f3mago vac\u00edo del organismo rebosante. Las distancias crecen, se vuelven monstruosas cuando se tocan los extremos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, cuando irrumpe la Navidad y todo se vuelve fosforescente, hasta la miseria, y por m\u00e1s que sepamos que existen vac\u00edos inllenables y males que no tienen cura, acaso no resulte superfluo explorar ciertas verdades y ciertos abismos sociales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 14-XII-1976.<br \/>\n<em><strong>Aristos Internacional,\u00a0<\/strong><\/em>n.\u00b0 36, Alicante, Espa\u00f1a, octubre\/2020.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentarios<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo felicito por su maravilloso art\u00edculo. Para bien de Colombia, ojal\u00e1 podamos seguir ley\u00e9ndolo. <strong>Mario Floyd, <\/strong>Buga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto es una lamentable radiograf\u00eda de la realidad. Quiera Dios que muchos hagamos algo para disminuir tanta injusticia. Como dijo D\u00edaz Mir\u00f3n, poeta mexicano: \u201cNadie tendr\u00e1 derecho a lo superfluo, mientras alguien carezca de lo estricto\u201d. <strong>Jaime Su\u00e1rez \u00c1valos <\/strong>(en <em>Aristos Internacional,<\/em> Alicante, Espa\u00f1a, octubre de 2020).<\/p>\n<p><sup>\u00a0<\/sup><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Uno de los signos de la prosperidad es la mendicidad. Por los r\u00edos revueltos de las grandes ciudades, bajo el v\u00e9rtigo del progreso y el clamor de la vida ostentosa corre la miseria con sus pies aporreados por la vida y el alma anhelante. 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