{"id":3446,"date":"2011-10-03T00:10:50","date_gmt":"2011-10-03T05:10:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3446"},"modified":"2014-04-14T16:29:57","modified_gmt":"2014-04-14T21:29:57","slug":"la-bonanza-y-la-cantina","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/03\/la-bonanza-y-la-cantina\/","title":{"rendered":"La bonanza y la cantina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miles de obreros venidos de todos los sitios del pa\u00eds invadieron por estos d\u00edas los campos del Quind\u00edo y de otras zonas cafeteras, atra\u00eddos por las cosechas que comenzaron a despuntar luego de algunas lluvias aisladas. Tan especial es la bondad del caf\u00e9, que esas lluvias espor\u00e1dicas bastaron para que el grano acelerara su germinaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cosechas, ya recogidas en buena parte, de\u00adterminaron que multitudes de obreros invadieran las fin\u00adcas en demanda de trabajo, y de paso presionaran altos salarios ante el milagro de las pepas de caf\u00e9 cargadas de bonanza y de inflaci\u00f3n, que se sal\u00edan de su propio calendario para engrosar los r\u00edos de la fecundidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa poblaci\u00f3n n\u00f3mada que va de cosecha en cosecha y que un d\u00eda se ubica en el Quind\u00edo y m\u00e1s tarde en el Cesar o el Tolima, configura un interrogante para los soci\u00f3logos. Son familias desadaptadas, sin apego a ning\u00fan sitio y siempre insatisfechas dentro de ese constante deambular que las convierte en seres extra\u00f1os para la regi\u00f3n de turno. Por eso mismo, se tornan hura\u00f1as y hostiles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos flujos humanos significan una carga para las zonas de cosecha. Como al finquero no le es permitido cla\u00adsificar la mano de obra, sino que debe contratar hileras ente\u00adras de trabajadores sin forma de rechazar al marihuanero, al holgaz\u00e1n o al secuestrador, pierde autoridad para ejercer el leg\u00edtimo derecho de defender su propiedad. No puede aspirar a nada mejor, pues en un abrir y cerrar de ojos, si no se apresura, otros finqueros enganchar\u00e1n las cuadrillas sobre las que se detuvo a sospechar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El recolector de caf\u00e9 es uno de los obreros mejor pagados del pa\u00eds. En estos d\u00edas de presi\u00f3n, un trabajador id\u00f3neo devenga m\u00e1s de $ 20.000 mil mensuales, libres de gastos, pues el pa\u00adtrono debe atender el hospedaje y la alimentaci\u00f3n. La suerte de esos dineros, que bien manejados deber\u00edan remediar no pocas penurias de la familia, resulta deprimente. Al final de la semana, los obreros, al sentir en los bolsillos el cosquilleo de la bonanza, corren a las cantinas con ansias desaforadas para el vicio y el despilfarro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son dos d\u00edas de org\u00eda colectiva, de embrutecimien\u00adto de la voluntad, que terminan succionando el jornal semanal y enriqueciendo los apetitos cantineros en un alarde tonto por mostrar el poder de la plata que todo lo compra y todo lo pervierte, desde la botella de aguardiente por la que no importa pagar tres veces m\u00e1s su precio normal, hasta la damisela que tambi\u00e9n eleva su tarifa a precio de explotaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Calcedonia se presentaron escenas ins\u00f3litas. Veinte mil tra\u00adbajadores se lanzaron a las cantinas con gruesas cantidades de dinero en los bolsillos, ante la mirada impaciente de las autoridades que solo contaban con unos pocos polic\u00edas y se ve\u00edan inca\u00adpaces de contener aquella jaur\u00eda humana. En corto tiempo se agotaron las existencias de trago y comida en la poblaci\u00f3n, y las damiselas, por m\u00e1s que multiplicaban sus fa\u00advores, no alcanzaban a atender la excesiva demanda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la postre, hubo necesidad de decretar el toque de queda, y ni siquiera as\u00ed pudieron evitarse varias muertes y un n\u00famero considerable de heridos. En una cantina, donde se bail\u00f3 repetidamente la cumbia, se mantuvo, en lugar de la antorcha tradicional, un ramillete de billetes que se cambia\u00adban cada vez que los anteriores eran devorados por las llamas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es preciso entrar en m\u00e1s detalles para pintar el drama humano de estas corrientes de trashumantes que van de campo en campo, como aut\u00f3matas, en demanda de los pesos tentadores que luego son quemados, como en el caso de Caicedonia, al son de la cumbia y de la insensatez, y que lanzan al mercado de la prostituci\u00f3n llenos de odio y resentimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La familia, mientras tanto, sufre los rigores de esta movilizaci\u00f3n colectiva que pasa de cosecha a cosecha trastornando la vida de las regiones y llevando a ellas un c\u00famulo de taras sociales, de iras contra los patronos, de alcoholismo y drogadicci\u00f3n. En una palabra, de peligrosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo habr\u00e1 que hacer para modificar este mercado del salario estimulado por una bonanza contradictoria que crea malestar y no prosperidad. La sociedad necesita protecci\u00f3n. Es preciso preservar la moral y la paz de los campos. Las regiones agr\u00edcolas deber\u00edan interesarse en sus propios recursos humanos. Las modestas mujeres del pueblo, por ejemplo, son aptas para el laboreo de los cafetales y ayudar\u00edan, con la recolecci\u00f3n de las cosechas, al mantenimiento del hogar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 6-V-1977.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Miles de obreros venidos de todos los sitios del pa\u00eds invadieron por estos d\u00edas los campos del Quind\u00edo y de otras zonas cafeteras, atra\u00eddos por las cosechas que comenzaron a despuntar luego de algunas lluvias aisladas. 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