{"id":3454,"date":"2011-10-03T00:30:06","date_gmt":"2011-10-03T05:30:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3454"},"modified":"2014-04-07T11:37:50","modified_gmt":"2014-04-07T16:37:50","slug":"la-eterna-escasez","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/03\/la-eterna-escasez\/","title":{"rendered":"La eterna escasez"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Art\u00edculos y servicios de uso cotidiano se extinguen con frecuencia en los caminos del libre comercio, creando un estado de explotaci\u00f3n que las autoridades, a pesar de los medios correctivos que la ley pone en sus manos, son incapaces de controlar. La vida, mientras tanto, registra niveles cada vez m\u00e1s especulativos, y la gente, que a duras penas logra flotar en medio de tantas penurias y sobresaltos, no consigue, en ocasiones a ning\u00fan precio, elementos indispensables de la canasta familiar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal, por ejemplo, el caso del az\u00facar. Mediante estrategias conocidas, esta fue desapareciendo de las tiendas en abierto reto a las autoridades que amenazaban con aplicar r\u00edgidas medidas para los traficantes que en el mercado negro especulaban con precios desorbitados. Cuan\u00addo la mano negra de la espe\u00adculaci\u00f3n se mueve en la oscu\u00adridad, se necesita una mano m\u00e1s fuerte para garantizar el acceso razonable a los art\u00edculos del diario subsistir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se ve, en el caso del az\u00fa\u00adcar, que la situaci\u00f3n est\u00e9 co\u00adrregida. Se sigue abusando, con este como con otros art\u00edculos, de los precios autorizados, para imponer tarifas arbitrarias que el consumidor rechaza entre dientes pero termina pagando porque no le queda otro camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En meses pasados se lleg\u00f3 a un hecho incre\u00edble. La sal se hab\u00eda esfumado, como si alguna mano invisible la hubiera re\u00adcogido. El especulador, que permanece con el ojo abierto en es\u00adtas maniobras accionadas por los pulpos de los grandes ne\u00adgociados, aprovecha la ocasi\u00f3n para retirar de las vitrinas, al trasfondo del negocio, las mercanc\u00edas en crisis, que se valorizan velozmente conforme acosan las necesidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es, desde luego, un artificio bajo, para poner otros elementos rezagados, el de hacer surgir como por obra de encanto la libra de az\u00facar, de sal, o la botella de aceite, cuyos precios no deben discutirse en estos forcejeos del fuerte contra el d\u00e9bil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dice que los elementos enunciados y otros que no es del caso citar se consiguen ya en cualquier tienda. Pero no a los precios anteriores. En esta guerra de precios, que los economistas llaman inflaci\u00f3n, la canasta familiar vale m\u00e1s todos los d\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es ilusorio esperar que el cos\u00adto de la vida se detenga con s\u00f3lo anuncios ofic\u00edales. Detr\u00e1s de cada amenaza o multa \u2014tan desacreditadas como irreales\u2014 viene la nueva alza, autorizada oficial\u00admente unas veces, y casi siem\u00adpre impuesta por los explota\u00addores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es, por desgracia, m\u00e9todo efectivo para subir el precio de una mercanc\u00eda el de comenzar por la escasez artificial, pasar luego al mercado negro y finalmente surtir las tiendas y supermer\u00adcados cuando ya los hogares han tenido que soportar el rigor de las arremetidas. La si\u00adtuaci\u00f3n se normaliza, pero a otro precio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El m\u00e1s grave problema del mo\u00admento lo constituye el gas. Su expendio est\u00e1 limitado porque las fuentes normales del pa\u00eds se han disminuido. Conseguir un cilindro de gas es una proeza. A veces se consigue\u00a0 depositando un billete en la mano del operario. Pero esto es una soluci\u00f3n a medias, y adem\u00e1s ensucia la conciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La alternativa es la cocina el\u00e9ctrica, pero el bolsillo no alcanza. Superada de pronto esta emergencia, no hay luz. Si se adopta la estufa de gasolina, tendremos que hacer colas in\u00adterminables ante un surtidor in\u00adsuficiente para tanta demanda. La gasolina blanca, como de\u00adrivada del petr\u00f3leo, es art\u00edculo de lujo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando no falta el az\u00facar, ser\u00e1 la sal. Al otro d\u00eda, el aceite, y luego, el chocolate. M\u00e1s tarde, la gasolina, o la gaseosa, o el fluido el\u00e9ctrico; o el tel\u00e9fono, o la carne. El transporte se vuel\u00adve escaso en v\u00edsperas del au\u00admento de tarifas. Y el salario, cada vez m\u00e1s estrecho, si es que existe, apenas rinde para una alimentaci\u00f3n a medias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La paciencia, mientras tanto, se resig\u00adna a todo. Pero cabe preguntar: \u00bfHacia d\u00f3nde vamos? \u00bfQui\u00e9n remediar\u00e1 tanta angustia de los hogares? \u00bfResistir\u00e1 el pueblo m\u00e1s privaciones?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 9-VII-1977.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Art\u00edculos y servicios de uso cotidiano se extinguen con frecuencia en los caminos del libre comercio, creando un estado de explotaci\u00f3n que las autoridades, a pesar de los medios correctivos que la ley pone en sus manos, son incapaces de controlar. 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