{"id":3457,"date":"2011-10-03T00:33:51","date_gmt":"2011-10-03T05:33:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3457"},"modified":"2014-04-07T11:45:34","modified_gmt":"2014-04-07T16:45:34","slug":"la-carretera-un-atropello","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/03\/la-carretera-un-atropello\/","title":{"rendered":"La carretera: un atropello"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un pavoroso accidente acaba de ocurrir en la carretera entre Viterbo y Pereira, con\u00a0 saldo, hasta el momento, de catorce muertos y numerosos heridos graves. La excursi\u00f3n que un grupo de estudiantes de las universidades Tecnol\u00f3gica y Libre de Pereira hab\u00eda organizado para disfrutar del sano esparcimiento dominguero, se cort\u00f3 bruscamente cuando el bus donde viajaban, conducido a velocidades absurdas por el chofer ebrio, perdi\u00f3 el control y qued\u00f3 convertido en llamas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos sobrevivientes informan que desde el primer momento el chofer desarroll\u00f3 altas velocidades, sin importarle las protestas de los varios pasajeros y estimulado por el ambiente festivo que reinaba en el bus y que hace confundir, en ocasiones como esta, la alegr\u00eda con la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un nuevo y doloroso episodio que protagoniza un chofer irresponsable. Nuestras carreteras son escenario continuo de estos b\u00e1rbaros del tim\u00f3n para quienes poco o nada interesa la suerte de las personas que no han tenido alternativa distinta a la de ocupar un medio masivo de transporte convertido hoy en uno de los mayores suplicios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando no es la guerra del centavo, que atropella toda norma de tr\u00e1nsito, es la insensatez de los conductores perturbados por el alcohol o la fatiga, que se lanzan sin freno y sin ley por nuestras maltrechas carreteras, consider\u00e1ndose due\u00f1os absolutos de la v\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Veh\u00edculos no sometidos a controles frecuentes, pero ni siquiera a ninguna revisi\u00f3n antes de emprender el viaje, juegan con la vida de los pasajeros y en no pocas ocasiones disponen de ella a la menor falla. Hay tres causas que, de tanto repetirse, son ya mon\u00f3tonas: cuando no son las fallas mec\u00e1nicas, es el exceso de velocidad o la embriaguez del conductor. O todo junto. \u00bfQui\u00e9n es castigado por estas irregularidades? \u00bfQui\u00e9n paga los muertos?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muertos, heridos, lisiados de por vida, hogares destrozados suele ser el ep\u00edlogo de estos desastres. Los sobrevivientes terminan confesando su disgusto por el abuso del conductor y describen todo un itinerario de tortura, en presencia de la cat\u00e1strofe irreparable, pero no se conocen actos de solidaridad, de protesta colectiva, de defensa ciudadana, que dominar\u00edan los \u00edmpetus del asesino en potencia. No es posible que una persona en tales condiciones juegue con la vida de treinta, cincuenta o m\u00e1s viajeros, y que nadie proteste.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El deterioro de las carreteras contribuyea la inseguridad sobre ruedas. V\u00edas de tr\u00e1fico pesado que requieren, en raz\u00f3n de su importancia y de su desgaste natural, adecuada conservaci\u00f3n, quedan olvidadas de la protecci\u00f3n oficial, convir\u00adti\u00e9ndose en verdaderas trampas mortales. Esto para no hablar de tramos menores que por falta de mantenimiento terminan en caminos veredales. Uno de los mayores avances de la civilizaci\u00f3n consiste en abrir v\u00edas de enlace con la humanidad. Y a m\u00e1s de abrirlas, en sostenerlas, pero que sean seguras y confortables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viajar por las carreteras de Colombia no es ninguna comodidad, como en otros pa\u00edses. El placer de los paisajes se menoscaba con los sobresaltos del camino. Las reglas de circulaci\u00f3n est\u00e1n relegadas y los encargados de hacerlas cumplir se vuelven indi\u00adferentes, o sea, c\u00f3mplices del atropello. Los polic\u00edas viales, cuando aparecen, se muestran m\u00e1s complacidos en mortificar al conductor honrado que en frenar la alegre irresponsabilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El luto que embarga a la ciudad de Pereira con esta tragedia que aflige a no pocos hogares se suma al impresionante drama de las v\u00edas, que casi no se nota por su inusitada frecuencia. Dir\u00edase que nos acostumbramos al infortunio. Y es preciso reaccionar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El vistoso accidente de aviaci\u00f3n, en primera p\u00e1gina, no es menos sensible que la cadena de percances en carretera, reducidos estos a hechos parroquiales que casi no se notan, pero que al igual que aquel causa hondas heridas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 17-VII-1977.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Un pavoroso accidente acaba de ocurrir en la carretera entre Viterbo y Pereira, con\u00a0 saldo, hasta el momento, de catorce muertos y numerosos heridos graves. 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