{"id":3517,"date":"2011-10-04T11:37:35","date_gmt":"2011-10-04T16:37:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3517"},"modified":"2014-04-28T19:42:56","modified_gmt":"2014-04-29T00:42:56","slug":"distorsion-del-campo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/04\/distorsion-del-campo\/","title":{"rendered":"Distorsi\u00f3n del campo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los campos colombianos no son de los campesinos, aunque esto parezca una paradoja. Mucho se ha hablado en los \u00faltimos tiempos sobre la necesidad de que el pa\u00eds, agr\u00edcola por excelencia y vocaci\u00f3n, rinda m\u00e1s. Cuando acosan las dolencias patrias, los Gobiernos suelen acordarse de que tenemos grandes riquezas en el suelo que no se explo\u00adtan convenientemente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestras tierras, feraces por naturaleza, han sitio siempre el mayor soporte de la econom\u00eda. No solo producen alimentos suficientes para nuestro consumo, sino que incrementan la balanza internacional permiti\u00e9ndonos adquirir art\u00edculos indispensables y hasta superfluos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las reformas agrarias que han intentado varios Gobiernos, y a las que tanto les temen los terratenientes poderosos, no han sido afortunadas. La realidad de los campos indica que estos est\u00e1n mal distribuidos. Grandes extensiones de tierra las aca\u00adparan unos cuantos privilegiados que ni siquiera tributan con justicia, mientras el campesino nato, el que naci\u00f3 y creci\u00f3 entre sementeras y se nutri\u00f3 de aires rurales, conforma la inmensa poblaci\u00f3n de minifundistas a la que por su insignificancia se mantiene marginada social y econ\u00f3micamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mayor\u00eda de las tierras pertenecen a pocas personas, y es enorme, en cambio, el n\u00famero de peque\u00f1os propietarios. Es posible que sea en el campo donde est\u00e1n m\u00e1s acentuadas las desigualdades sociales. Esto ha hecho meditar a todos los Gobiernos, pero cuando se trata de buscar soluciones para hacer m\u00e1s equitativo el reparto de la tierra, afloran dificultades de todo orden y las cosas terminan dej\u00e1ndose m\u00e1s o menos como estaban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El propietario de las dos o tres hect\u00e1reas resulta un ser min\u00fasculo frente al potentado de las miles de hect\u00e1reas que no encuentra qu\u00e9 hacer con el dinero. \u00a0Mientras aquel tiene que sudar su existencia precaria, el latifundista, sobrado de poder\u00edo, avanza cada vez m\u00e1s en la acumulaci\u00f3n de nuevos predios, que ge\u00adneralmente va succionando al d\u00e9bil por la inevitable ley del arrastre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El campesino genuino, que hace producir realmente la riqueza, un d\u00eda deserta, desenga\u00f1ado por tanta desproporci\u00f3n. Los programas de cr\u00e9dito no son para \u00e9l, que no puede ofrecer fiadores ni hipo\u00adtecas. Terminar\u00e1 engrosando las legiones interminables que, hala\u00adgadas por la ficci\u00f3n de las ciudades, entregan a precio de quema el peque\u00f1o terreno que les arrebatar\u00e1 el latifundista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros sienten af\u00e1n de ciudad y se lanzan en pos de la aven\u00adtura que a la vuelta de corto tiempo los dejar\u00e1 desubicados en la urbe con que hab\u00edan so\u00f1ado. Con un peque\u00f1o capital debajo del bra\u00adzo es posible que adquieran una casita en la capital y alg\u00fan tra\u00adbajo rudimentario, para el que no nacieron, pero que los hace sentir importantes. Los excita, por otra parte, el deseo de que el hijo volant\u00edn sea doctor y que acaso la muchacha que coquetea\u00adba con el capataz asegure un marido ilustre. Es, en otras palabras, la fiebre de \u00abdoctoritis\u201d que invade y enga\u00f1a al pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fincas las explotan las personas pudientes. Para las pobres se abrieron los despe\u00f1aderos de la ciudad, sin que nadie logre cerrarlos. De la ciudad al campo han llegado el m\u00e9dico, el abogado, el industrial o el comerciante atra\u00eddos por sue\u00f1os de riquezas que no siempre consiguen en sus profesiones. El campesino emigra del campo por falta de atractivos que lo arraiguen a su parcela, mientras el hombre de la ciudad lo desplaza, pero no con la pica y el arado, sino con el dinero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El parcelero se va extinguiendo conforme avanza el latifundis\u00adta. El peque\u00f1o propietario es, con todo, el alma de la tierra. Es, por desgracia, una huida silenciosa que causa heridas sociales y distorsiona la vocaci\u00f3n agr\u00edcola del pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son situaciones invertidas que, mientras subsistan, frenar\u00e1n el desarrollo de Colombia. No se pueden esperar prosperidades mien\u00adtras haya una poblaci\u00f3n desarraigada de su \u00e1mbito natural. El cam\u00adpesino debe volver a su fundo. \u00a0Aparte de los serios problemas sociales que significa su llegada a la ciudad, hay enormes tropiezos para que la familia as\u00ed desarticulada pueda desarrollarse normal\u00admente. Ser\u00eda toda una obra de gobierno conseguir que el campesino, que no naci\u00f3 para la ciudad, regrese a su patria chica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 3-X-1977. \u00a0<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Los campos colombianos no son de los campesinos, aunque esto parezca una paradoja. Mucho se ha hablado en los \u00faltimos tiempos sobre la necesidad de que el pa\u00eds, agr\u00edcola por excelencia y vocaci\u00f3n, rinda m\u00e1s. 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