{"id":3619,"date":"2011-10-04T17:24:18","date_gmt":"2011-10-04T22:24:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3619"},"modified":"2014-06-13T19:14:44","modified_gmt":"2014-06-14T00:14:44","slug":"el-maletin-negro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/04\/el-maletin-negro\/","title":{"rendered":"El malet\u00edn negro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><strong>I<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El titulo no da para nada, me censur\u00f3 el amigo cuando le anunci\u00e9 la intenci\u00f3n de este relato. El t\u00edtulo no es lo m\u00e1s, mi querido amigo, aunque usted suponga que de un malet\u00edn negro no puede salir un acontecimiento memorable. Lo intentar\u00e9, por lo menos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo siempre he cre\u00eddo que las cosas triviales, bien obser\u00advadas y mejor condimentadas, son las que eslabonan los grandes sucesos de la vida. El meollo va por dentro. Le llevar\u00e9, por lo tanto, la contraria al amigo que piensa que con semejante anuncio quedar\u00e1 predispuesta la atenci\u00f3n del lector a pensar en el hecho oscuro, polic\u00eda\u00adco, con visos de encrucijada. Le demostrar\u00e9 que de un malet\u00edn, por m\u00e1s negro que sea, pueden brotar chispas. \u00a1Y vaya si me he metido en la grande!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, mi amiga In\u00e9s me tiene acosado para que escriba la historia del <em>Malet\u00edn negro<\/em>, con la que tanto se divirti\u00f3 cuando se la narramos con mi esposa. Quiere In\u00e9s que se mantenga aut\u00e9ntica la historia, y como a las mujeres hay que hacerles caso, negra habr\u00e1 de ser mi suerte si no logro trasladar al papel, con pelos y se\u00f1ales, como ella lo pide y como yo lo quisiera, los detalles de aquel suceso. A ella tambi\u00e9n se le ha ocurrido que soy un genio para emborronar cuartillas y vive re\u00adcord\u00e1ndome que si pude satisfacer a mi parienta Susa\u00adna en <em>Los puros de un frac,<\/em> tambi\u00e9n he de compla\u00adcerla a ella con las peripecias de un viaje por la Costa Atl\u00e1ntica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicho sea de paso, y ya que se atraves\u00f3 de nuevo el frac que tantos apuros nos hizo padecer, parece que a mi querida familia no le agrad\u00f3 del todo que yo hubiera sido tan fiel con los detalles. Hubieran preferido, por ejemplo, que Susana fuera do\u00f1a Ramona, y Jairo don P\u00e1nfilo, y Mar\u00eda del Pilar la s\u00edlfide dormida. Uno no sabe, en definitiva, c\u00f3mo agradar a la gente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfVe usted, mi caro amigo, c\u00f3mo fluye, poco a poco, la historia? Y espere, que la cosa sigue mejor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed me tiene en Medell\u00edn, con mi mujer y mis hijos, despegando a las cinco de la ma\u00f1ana con rumbo desco\u00adnocido. O no tan desconocido, porque la intenci\u00f3n era llegar ese d\u00eda a Tol\u00fa, donde un amigo nos ten\u00eda reser\u00advada la caba\u00f1a. Seria una tierna temporada a la orilla del mar, con resplandor de luceros y susurro de palme\u00adras. Las vacaciones, por m\u00e1s taquicardias que produzcan en su sola programaci\u00f3n, tienen la ventaja de volver inspirada a la gente, as\u00ed al regreso estemos m\u00e1s cerrados que el cielo para las casadas infieles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La parienta de Medell\u00edn nos insinu\u00f3 una y otra vez que hici\u00e9ramos el viaje directo a Cartagena. Euf\u00f3rico yo con poder botar al mar las asperezas de un a\u00f1o de fati\u00adgas, lo mismo daba que el recipiente fueran las aguas de Tol\u00fa o las de Cartagena, y por el camino fui cantu\u00adrreando aquello de que \u00abcaracoles y corales formar\u00e1n un sendero tapizado hacia el mar\u00bb&#8230; Me sedujo, de re\u00adpente, la idea de pasar \u00abotra noche en Cartagena, pero contigo\u00bb&#8230; Repito que las vacaciones le vuelven a uno el alma rom\u00e1ntica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed me fui aletargando entre el sopor del d\u00eda calci\u00adnante, pero pl\u00e1cido, y el espect\u00e1culo de la naturaleza pintada de arreboles. En Puerto Valdivia hab\u00edamos sa\u00adboreado un pescado reconfortante y bien estaba que como sobremesa intentara un poco de reposo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>II<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi mujer hace mil proezas con el volante, sobre todo cuando lleva a su lado al marido dormido. Discutimos antes la inconveniencia de pasar de largo por Sincelejo, que ya lo present\u00edamos a menos de dos horas y por donde deb\u00edamos desviar hacia la caba\u00f1a que nos tentaba a pernoctar. Era incorrecto, desde luego, que no obser\u00adv\u00e1ramos la cortes\u00eda debida con el amigo de Sincelejo, gracias a cuyo esfuerzo ten\u00edamos listo el dulce remanso en las playas de Tol\u00fa, una haza\u00f1a en \u00e9poca de temporada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Resuelta la estad\u00eda, mi mujer se recreaba con el es\u00adplendor de la naturaleza, alegremente taciturna, mien\u00adtras yo restauraba las energ\u00edas en gratas evasiones. Cuando despert\u00e9, volv\u00ed a so\u00f1ar con la llegada, que ya se hac\u00eda esperar, y de nuevo se me ofreci\u00f3 la caba\u00f1a me\u00adci\u00e9ndose al impulso de la brisa. \u00a1Qu\u00e9 placentero resulta poder recrear el esp\u00edritu con tonificantes expectativas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo brill\u00f3 de pronto sobre la tersura de la v\u00eda, si por brillo puede entenderse un manch\u00f3n negro que se atraviesa en el asfalto. Hacia \u00e9l avanz\u00e1ba\u00admos a pasos acelerados, sin adivinar que hab\u00eda aparecido \u2014\u00a1al fin!\u2014 el bendito malet\u00edn que anda refundido en las l\u00edneas de este relato. All\u00ed estaba, solitario, esper\u00e1n\u00addonos, el flamante malet\u00edn ejecutivo, abandonado en plena v\u00eda. Alg\u00fan santo debi\u00f3 de tirarlo a nuestro paso para hacer m\u00e1s gratas las vacaciones. Hab\u00edamos encontrado, sin duda, un tesoro oculto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo un cami\u00f3n ven\u00eda atr\u00e1s, pero de seguro no hab\u00eda observado, como nosotros pod\u00edamos hacerlo, la magn\u00e9\u00adtica aparici\u00f3n. La indecisi\u00f3n en la vida da\u00f1a muchas empresas. Un instante de zozobra puede echar a perder un futuro de prosperidad. Yo estaba todav\u00eda adormilado, rumiando la placidez de la siesta, y no hay que culpar a mi mujer, tan respetuosa del dominio ajeno, el que no hubiera frenado en el sitio exacto. Tres metros de distancia fueron suficientes para que nuestros competi\u00addores se lanzaran, como aves de rapi\u00f1a, sobre la prenda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos detuvimos, medio azorados y medio ansiosos, a un lado de la carretera, mientras los camioneros, m\u00e1s in\u00adtr\u00e9pidos para encarar el riesgo, y camioneros al fin y al cabo, descend\u00edan de la bramante cabina y se apode\u00adraban de la presa. El pecado, por fortuna, atemoriza. Tanta incertidumbre debieron experimentar ellos, como nosotros la est\u00e1bamos disimulando, y con pasos de ani\u00admal grande se nos aproximaron con el malet\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eran tres hombres fornidos, templados en la inclemen\u00adcia de largas traves\u00edas y duros insomnios. Uno de ellos ten\u00eda la cara cortada de lado a lado; a otro le relampagueaban los ojos con impresionante fiereza; y en el tercero aparec\u00eda la brusca expresi\u00f3n de los seres toscos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a1Se nos cay\u00f3! \u2014asegur\u00f3 mi mujer sin vacilaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su firmeza salv\u00f3 el momento. Deduje despu\u00e9s que ellos se hab\u00edan acercado a proponernos un reparto amis\u00adtoso, pero ante la actitud categ\u00f3rica de mi mujer hab\u00edan quedado desarmados. Me miraron corridos, pidi\u00e9ndome aprobaci\u00f3n, y yo s\u00f3lo hice un leve movimiento de ca\u00adbeza. Recib\u00ed el malet\u00edn sin la suficiente naturalidad y no se me ocurri\u00f3 siquiera extenderles una gratificaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>III<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Echamos a rodar. Estaba, por fin, en nuestro poder el tesoro inc\u00f3gnito. Hasta entonces volvimos a respirar tranquilos, pero \u00e1vidos al propio tiempo por despejar el misterio. Mientras mi mujer encarec\u00eda que no lo abriera, mis peque\u00f1os hijos cerraban los ojos y se tapaban los o\u00eddos ante la detonaci\u00f3n que present\u00edan. Para m\u00ed el hallazgo significaba, ante todo, suerte. Nunca hab\u00eda encontrado nada en el camino de mi vida y no pod\u00eda ser reacio ahora al llamado de la fortuna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desoyendo clamores, abr\u00ed el malet\u00edn. Ninguna bomba estall\u00f3, lo que era magn\u00edfico augurio. De entra\u00adda me tropec\u00e9 con el fin\u00edsimo reloj; luego, con el anillo montado en diamantes; m\u00e1s all\u00e1, con la cadena de oro; en otro sitio, con cheques y documentos, y por \u00falti\u00admo, con varios billetes de loter\u00edas millonarias&#8230; En fin, all\u00ed pod\u00eda estar el tesoro de Al\u00ed Baba. Y no segu\u00ed es\u00adcarbando porque mi mujer me avis\u00f3 que el cami\u00f3n ve\u00adn\u00eda persigui\u00e9ndonos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando quisimos reaccionar, ya nos hab\u00edan atravesado el veh\u00edculo por delante del nuestro, mientras los tres mastodontes humanos descend\u00edan de \u00e9l y se aprestaban a cercarnos. Se ignora c\u00f3mo mi mujer pudo burlar la encrucijada y, ante el desconcierto de los perseguidores, escaparse por un agujero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En dos volandas los camioneros arrancaron en abierta persecuci\u00f3n. Nunca hab\u00eda visto yo, ni siquiera en las pel\u00edculas de terror, que un cami\u00f3n fuera capaz de tanta velocidad. Pero para eso estaba mi mujer, serena, muy posesionada de su funci\u00f3n salvadora, que apenas miraba despectiva al espejo retrovisor para medir distan\u00adcias con la banda sat\u00e1nica. El veloc\u00edmetro pas\u00f3 r\u00e1pido a 80, a 90, a 100, a 110, a 120&#8230; Pero segu\u00eda pis\u00e1ndonos los talones el implacable enemigo. Parec\u00eda un monstruo alado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando mi mujer grit\u00f3 que no daba m\u00e1s, en un abrir y cerrar de ojos estaba yo en el volante. La operaci\u00f3n para traspasarnos el dominio del carro en plena marcha tuvo que ser acrob\u00e1tica y no se sabe c\u00f3mo en tan apre\u00adtadas circunstancias puede hacerse tanto. Ya estaba\u00a0 despierto del todo para dejarme alcanzar y de ese momento en adelante perd\u00ed la noci\u00f3n de la velocidad. Como im\u00e1genes tenebrosas pasaban por mi mente el rostro cortado de un camionero, la mirada luciferina del otro y el aspecto torvo del tercero. El cami\u00f3n poco a poco se fue haciendo peque\u00f1o y termin\u00f3 desapareciendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era bastante descanso, pero el peligro no hab\u00eda terminado. Pens\u00e1bamos en la desinflada de una llanta, en el ret\u00e9n, en la escasez de gasolina&#8230; Nada de eso sucedi\u00f3, por fortuna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por l\u00f3gica, dejamos al amigo con la caba\u00f1a armada. A nuestro paso por Sincelejo nos acordamos de la re\u00adcomendaci\u00f3n de la parienta y, confusamente conformes, saludamos las playas de Tol\u00fa a las que promet\u00edamos regresar alg\u00fan d\u00eda para refrescarnos en aquel remanso de paz, pero no ahora que \u00edbamos en plan de guerra. Sobra decir que el\u00a0 amigo nos retir\u00f3 desde entonces la amistad, y todo por el negro malet\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando entramos a Cartagena advertimos que s\u00f3lo hab\u00edamos gastado nueve horas en un viaje que est\u00e1 hecho para m\u00e1s del d\u00eda. \u00a1Lo que puede el miedo! En la Ciudad Heroica \u2014\u00a1y vaya si cabe el calificativo a mi acci\u00f3n!\u2014 una cabeza muy sesuda termin\u00f3 recomendando que antes de pensar en la propiedad del malet\u00edn, que procla\u00adm\u00e1bamos como indiscutible, deb\u00edamos meditar en el muerto. \u00bfEl muerto? \u00a1S\u00ed! \u00a1El muerto! No pod\u00eda descar\u00adtarse, de ninguna manera, que el malet\u00edn pertenec\u00eda a alguien que hab\u00eda sido asesinado. Los asesinos \u00e9ramos nosotros, si no entend\u00ed mal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El l\u00edo era tremendo. La soluci\u00f3n consist\u00eda en des\u00adprendernos del cuerpo del delito. \u00bfPero c\u00f3mo? \u00bfAcaso no quedaban testigos tan peligrosos como los camioneros? Ante hechos tan amenazantes estuve tentado a de\u00advolverme en busca de aquellos tiranos de la v\u00eda para proponerles el reparto del bot\u00edn, como quien dice, el reparto del muerto. Al llegar a esta parte tengo, necesa\u00adriamente, que hallarle la raz\u00f3n al amigo que me censur\u00f3 el t\u00edtulo, para convenir en que un malet\u00edn negro no puede suponer sino algo oscuro, polic\u00edaco, con visos de encru\u00adcijada.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>V<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de enterrar el tesoro en lo m\u00e1s profundo del mar Caribe, justo era que, por lo menos, no lo lanz\u00e1ra\u00admos con los ojos cerrados. No estaba mal el inventario, acaso para contarle a la posteridad que de nuestras manos se hab\u00eda escapado una fortuna esquiva. Con ojo sigiloso fui desempacando el contenido: el fin\u00edsimo reloj que hab\u00eda visto en medio del azoramiento no era m\u00e1s que una maquinaria oxidada; el anillo enchapado en diamantes era f\u00edsico cobre; la cadena de oro result\u00f3 un escapulario de trapo; los billetes de las loter\u00edas millonarias eran de tres a\u00f1os atr\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siguieron apareciendo, en su orden, unos calzoncillos limpios, un pa\u00f1uelo a me\u00addio ensuciar y unas medias sucias. En un bolsillo secreto hall\u00e9 unas cuantas monedas de a centavo, y antes de reservarme una para la buena suerte, me condol\u00ed de la devoci\u00f3n del muerto por esta clase de ag\u00fceros. Lo que restaba era poco: un l\u00e1piz sin punta; el aviso sobre unas letras de cambio, de las que no pod\u00eda hacerme cargo; una notificaci\u00f3n de cobro, que tampoco pod\u00eda aceptar; la prescripci\u00f3n de una cl\u00ednica de reposo, que no estaba mal para mi estado de \u00e1nimo, y una libreta de direcciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La libreta, por lo menos, me proporcion\u00f3 alguna idea sobre la personalidad del difunto. Hab\u00eda sido, sin duda, empedernido tenorio, pues s\u00f3lo aparec\u00edan nombres de mujeres. Juro, por respeto a su memoria, que no he hecho uso de ninguna de ellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya ni siquiera val\u00eda la pena lanzar el pobre equipaje al fondo del mar. Resolvimos arriesgarnos a dirigir al tenorio un mensaje a la direcci\u00f3n que hab\u00edamos descu\u00adbierto. Pasaron dos d\u00edas, tres, cuatro, cinco, sin recibir respuesta. \u00a1M\u00e1s muerto no pod\u00eda estar!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como \u00faltimo recurso, y para no continuar echando a pique el descanso, nos propusimos, en acto heroico, ol\u00advidarnos del incidente. \u00a1Que viva el muerto!, exclama\u00admos dos d\u00edas antes del regreso, cuando ya las vacaciones se hab\u00edan aguado. Y, efectivamente, el muerto resucit\u00f3. Recibimos un mensaje elocuent\u00edsimo que se deshac\u00eda en palabras de gratitud por la noble acci\u00f3n y nos anuncia\u00adba que ya ven\u00eda en viaje para conocer y retribuir a sus honrados guardianes. Alcanzamos a pensar en las al\u00adbricias, con las que le comprar\u00edamos a nuestro peque\u00f1o hijo un barco de fantas\u00eda y nos resarcir\u00edamos, en alguna forma, de los sustos recibidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El malet\u00edn permanece en Cartagena sin ser reclamado. Y seguramente nunca lo ser\u00e1, porque me parece enten\u00adder que no existe ning\u00fan atractivo para rescatar unas mudas sucias. Y el resto vale menos, como dijo el poeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soy gran propagandista de las vacaciones por tierra. Son un formidable remedio contra la neurosis o la fatiga. La f\u00f3rmula es bien sencilla: desl\u00edcese por esas carreteras de Dios y espere para\u00edsos insospechados. Pero no se le ocurra, nunca, detenerse a recoger un malet\u00edn, porque puede hacerle ver las chispas del infierno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, Magaz\u00edn Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 18-I-1976.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar \u00a0I El titulo no da para nada, me censur\u00f3 el amigo cuando le anunci\u00e9 la intenci\u00f3n de este relato. 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