{"id":3689,"date":"2011-10-04T22:10:07","date_gmt":"2011-10-05T03:10:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3689"},"modified":"2014-05-01T13:43:44","modified_gmt":"2014-05-01T18:43:44","slug":"el-reto-de-la-vejez","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/04\/el-reto-de-la-vejez\/","title":{"rendered":"El reto de la vejez"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jorge Luis Borges, que tiene 78 a\u00f1os, le teme a la vejez. Lo cual parecer\u00e1 un contrasen\u00adtido al pensar que una edad superior a los 70 significa una brumosa ancianidad. Borges, seg\u00fan todos los indicios, no es anciano, y as\u00ed lo prueba la lu\u00adcidez mental que le permite dis\u00adcernir con talento y hondo es\u00adcrutinio los misterios del mun\u00addo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poseedor de una de las men\u00adtes m\u00e1s ricas en ideas, se mueve en medio de limitaciones f\u00edsicas y palpa, con descon\u00adsuelo, un coraz\u00f3n joven que se niega a aplastarlo en la c\u00faspide vital que no desea que se prolon\u00adgue m\u00e1s tiempo. Por primera vez se queja en p\u00fablico de estar ciego. En el acertijo que coloca para quienes dudan que 78 a\u00f1os no son ancianidad absoluta, pregona el vigor de su coraz\u00f3n y se duele de tanta energ\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este anciano de cabellos blancos y arrugas implacables no admite que la juventud de su esp\u00edritu no decline en forma paralela con su decadencia f\u00edsica. Es el suyo un coraz\u00f3n que camina perfec\u00adtamente y que \u00e9l, neg\u00e1ndose a tanta normalidad cuando sus ojos est\u00e1n vac\u00edos, lo rechaza por absurdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se llega necesariamente a la consideraci\u00f3n sobre si la ener\u00adg\u00eda mental vale la pena con un organismo atrofiado. El esp\u00ed\u00adritu de Borges, siendo luminoso, est\u00e1 perturbado. No quiere, como paradoja, un coraz\u00f3n sano. En medio del drama de su ceguera y el desborde de su es\u00adp\u00edritu desea la muerte. Pide la bendici\u00f3n de un infarto car\u00add\u00edaco que la mayor\u00eda teme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fil\u00f3sofos de la vejez, entre ellos Andr\u00e9 Maurois, creen que la verdadera plenitud del hom\u00adbre llega en el atardecer. Se recomiendan fuerzas internas que no siempre es posible en\u00adcontrar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando las enfermedades o las disminuciones hacen su inexorable aparici\u00f3n, surgir\u00e1 el conflicto espiritual de quienes, como Borges, con una mente despejada pero intranquila, se horrorizan ante la perspectiva de la indeseable longevidad y se declaran fuera de combate a pesar de las fuerzas de su coraz\u00f3n. La obra maestra del ser humano es la de saber enve\u00adjecer, contra las arrugas, las atrofias y las debilidades de tan penoso proceso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la verdadera edad no corre con los a\u00f1os sino que la deter\u00admina el estado del alma, hay que invertir, en el caso de Bor\u00adges, la creencia de una posible juventud por el solo hecho de poseerse un coraz\u00f3n r\u00edtmico. Ya se ve que coraz\u00f3n y esp\u00edritu no son la misma cosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para llegar a ser un viejo reposado y envidiable como monse\u00f1or Emilio de Brigard, el preclaro arzobispo de Bogot\u00e1 que acaba de cumplir 90 a\u00f1os, ha de poseerse la luz que ilu\u00admina los laberintos de la vida. El pueblo colombiano admira la trayectoria de este ap\u00f3stol de bien y prototipo de resistencia f\u00edsica. Tambi\u00e9n el mundo de las letras admira las capacidades del escritor argen\u00adtino, lamentando su limitaci\u00f3n f\u00edsica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Disminuido Borges por la ceguera en medio de su an\u00adchuroso universo de sobresa\u00adliente escritor, abomina de la vejez extravagante que le deja ver demasiado con las luces de su esp\u00edritu, y en cambio le roba la penetraci\u00f3n del mun\u00addo con la ausencia de sus ojos. Monse\u00f1or Emilio de Brigard, due\u00f1o tambi\u00e9n de mente l\u00facida, llega sereno a la cumbre de los 90 a\u00f1os. Su salud no est\u00e1 resentida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas dos ancianidades son diferentes. El coraz\u00f3n no late lo mismo para los dos respetables personajes. En el uno existe desasosiego, angustia, desespero. En el otro hay reposo y es\u00adperanza. No es la intenci\u00f3n entrar a discutir la conducta pesarosa del ilustre escritor ar\u00adgentino y tampoco establecer paralelos o diferencias entre ambos. Son dos casos humanos que merecen reflexi\u00f3n. Ambos son dignos de ponderaci\u00f3n. Sus carreras son distinguidas. A Borges se le compadece, porque su vejez es dram\u00e1tica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fuerza se detiene uno con\u00adfundido ante el misterio de la vejez, carta indescifrable que merece tanto respeto hacia quienes son privilegiados para gozarla, como fuertes para soportarla. Es el caso de Borges que carece de valor para sui\u00adcidarse, seg\u00fan lo confiesa desde su oscura pesadumbre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 2-VI-1978.<br \/>\n<em><strong>Revista Manizales, <\/strong><\/em>mayo de 1979.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Jorge Luis Borges, que tiene 78 a\u00f1os, le teme a la vejez. Lo cual parecer\u00e1 un contrasen\u00adtido al pensar que una edad superior a los 70 significa una brumosa ancianidad. 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