{"id":3769,"date":"2011-10-05T09:58:43","date_gmt":"2011-10-05T14:58:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3769"},"modified":"2014-03-22T06:38:13","modified_gmt":"2014-03-22T11:38:13","slug":"eduardo-torres-quintero","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/05\/eduardo-torres-quintero\/","title":{"rendered":"Eduardo Torres Quintero: hombre y mito"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Busc\u00e1ndole t\u00edtulo a esta nota he demorado el homenaje que traigo en mente hace buen tiempo a la memoria de Eduardo Torres Quintero, muerto en Tunja, la tierra de sus luchas y de sus sue\u00f1os, el 10 de mayo de 1973. Para m\u00ed el r\u00f3tulo de un escrito es definitivo. Si coincide con mis vibraciones cerebra\u00adles, la materia se vuelve maleable y acaso logre tam\u00adbi\u00e9n hallar d\u00factil el pensamiento. Y si no consigo acu\u00ad\u00f1ar la inscripci\u00f3n m\u00e1gica, la que incite el nervio pre\u00adciso, las ideas se escapar\u00e1n esquivas y vol\u00e1tiles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No me resulta f\u00e1cil hablar de Eduardo Torres Quintero. Y no lo es en raz\u00f3n del respeto que me ins\u00adpira su figura humana e intelectual; respeto mez\u00adclado de aprecio y admiraci\u00f3n que fundieron para siempre el car\u00e1cter de hombre y mito de mi persona\u00adje inolvidable, a partir de aquella desprevenida mo\u00adcedad, f\u00e1cil para el asombro y tambi\u00e9n para el hallaz\u00adgo, de mis ya lejanas \u00e9pocas tunjanas. S\u00e9ame permi\u00adtido trabajar los recuerdos al soplo de la emoci\u00f3n que despierta en mi \u00e1nimo el reencuentro con las prime\u00adras experiencias, cuando apenas naciendo a las sor\u00adpresas de la vida como menudo oficinista, quedaba al cuidado de quien como jefe y amigo se convert\u00eda en tutor de mi inmadurez.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Una burocracia ejemplar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eduardo Torres Quintero, contralor entonces de Boyac\u00e1, era la persona m\u00e1s sobresaliente en el de\u00adpartamento por su cultura, su influjo moralizador en la vigilancia de los dineros y las costumbres oficiales, la disciplina con que dirig\u00eda el comportamiento de sus empleados y, como virtud acrisolada, la elegan\u00adcia que imprim\u00eda a todos sus actos. Se explica por eso su exquisita sensibilidad por lo bello, lo noble, lo excelso de la vida, dones que eran talanqueras de su formaci\u00f3n y que lo lastimaban cuando no los hallaba en las personas de sus afectos y del trato continuo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lejos estaba yo de saber, de entrada, que en aquella breve y enjuta silueta corporal se escond\u00eda un esp\u00edritu superior; ni que detr\u00e1s de aquella fisonom\u00eda adusta y poco accesible al primer contacto se reclina\u00adba un alma rom\u00e1ntica y de infinita bondad. Los que compart\u00edan con \u00e9l de cerca las asperezas de un ofi\u00adcio exigente, no asimilables para quien por primera vez tocaba una oficina p\u00fablica, entend\u00edan la rigidez y el m\u00e9todo que era preciso aplicar en aquellos tingla\u00addos de la burocracia fiscalizadora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Contralor\u00eda General de Boyac\u00e1, como con \u00e9nfasis y orgullo se cantaba el nombre de nuestra\u00a0 organizaci\u00f3n, dominaban un orden y un reglamento desconocidos en la empresa oficial, y por eso mismo maravillosos. El ingreso al trabajo era a las ocho y no pod\u00eda ser a las ocho y media ni a las nueve. Los minutos de re\u00adtardo eran registrados con exactitud cronom\u00e9trica y al final de mes acumulaban descuentos estrictos del sueldo, aceptados por todos como f\u00f3rmula ideal para preservar la disciplina. Y como el sistema pod\u00eda des\u00adgastarse con el \u00fanico r\u00e9gimen de las deducciones salariales, bien sab\u00eda el jefe de aquella numerosa n\u00f3mina que su presencia ocasional en los momentos precisos era definitiva para curar perezosos, por lo general sin expresarles palabra alguna y bastando la mirada castigadora al reloj, actitud extrema que inculcaba profundas ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La lecci\u00f3n del reloj<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Perm\u00edtaseme detenerme en materia aparentemente tan simple como la del horario de la oficina p\u00fablica, dentro de las dimensiones del intelectual, del poeta y del acad\u00e9mico que hab\u00eda en Eduardo Torres Quin\u00adtero, pero es que no puede considerarse un hecho tri\u00advial ni fr\u00edvolo, y menos b\u00e1rbaro, aquel sentido del tiempo, del deber, de la precisi\u00f3n, de la m\u00e9trica, for\u00adjadores del car\u00e1cter y que fueron rasgos predomi\u00adnantes en la recia personalidad de este grande hom\u00adbre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este sistema aleccionador, tan ausente de los la\u00adberintos oficiales, y mantenido con celo como la manera de ser de un establecimiento diferente a los de\u00adm\u00e1s, llevaba oculto un mensaje. A lo largo de los d\u00edas hab\u00eda crecido un fondo considerable, alimentado no s\u00f3lo con las peque\u00f1as cuotas de incumplimiento del horario, sino tambi\u00e9n con los permisos autoriza\u00addos que, con todo y serlo, ten\u00edan precio como tiempo dejado de trabajar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en un diciembre, cuando a\u00fan no se conoc\u00eda la hoy manoseada prima de navidad, el ingenio de To\u00adrres Quintero desmont\u00f3 en secreto y sorpresivamen\u00adte aquel patrimonio com\u00fan y lo reparti\u00f3 entre sus co\u00adlaboradores, con generosidad para los m\u00e1s cumpli\u00addos y los m\u00e1s eficaces, y con equitativa elasticidad para todo el personal, hasta para los poco madruga\u00addores, como motivo para celebrar con alegr\u00eda la paz de diciembre.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Personaje inolvidable<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esto y por mucho m\u00e1s que no cabe en este perfil, Eduardo Torres Quintero es mi personaje inol\u00advidable, superior a otros que tambi\u00e9n lo son, pero sin tantos misteriosos ingredientes reunidos. Bajo su orientaci\u00f3n se sent\u00eda la severidad pero tambi\u00e9n la rectitud y el clima humano; se exig\u00eda esfuerzo para obtener satisfacciones; se conjugaba la vida con dig\u00adnidad y altura; se impon\u00edan metas rigurosas para moldear la personalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos lo encontraban dr\u00e1stico, cuando no im\u00adperial, por no condescender a la conducta mediocre o al acto rastrero. Para ellos no pod\u00eda ser el rinc\u00f3n de los elegidos. Si bien comprend\u00eda y perdonaba los ye\u00adrros, pero para no repetirlos, se volv\u00eda intransigente con la deshonestidad, la debilidad de car\u00e1cter o el vi\u00adcio cr\u00f3nico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus fugaces bohemias, atemperadas y arm\u00f3nicas, no autorizaban a nadie al vulgar desen\u00adfreno de la conducta, porque \u00e9l era el primer discipli\u00adnado. Quienes m\u00e1s recib\u00edan sus dardos, a veces mortales, eran los altos funcionarios del gobierno de\u00adpartamental y los responsables de los bienes p\u00fabli\u00adcos, a quienes escrutaba con ojo de \u00e1guila y no les permit\u00eda esguinces y menos indelicadezas. Eduardo Torres Quintero, peque\u00f1o de cuerpo como Bol\u00edvar o Napole\u00f3n, era el hombre tempestad, verda\u00addero cicl\u00f3n cuando se trataba de castigar la inmorali\u00addad o la torcedura andrajosa del car\u00e1cter.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contra esta roca nadie pod\u00eda. Las maquinaciones se despedazaban en su primera em\u00adbestida. Atacaba con la verdad y con el verbo de\u00admoledor del literato y el tribuno, tipos que se hen\u00adch\u00edan en su vena prol\u00edfica y detonante para producir llamaradas. Si pudiera pensarse que este hombre cicl\u00f3peo, maestro de la catilinaria y el gesto descon\u00adcertante, era un monstruo, no se yerra, pero mons\u00adtruo en la concepci\u00f3n del ser fant\u00e1stico que rompe lo ordinario para crear un genio y una leyenda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mismo que un d\u00eda, con elocuencia estremeci\u00adda, arremete contra los b\u00e1rbaros destructores de iglesias, conventos y monumentos hist\u00f3ricos que pretenden demoler un templo colonial para construir un hotel, y los llama \u201ccomejenes de la cultura\u201d, en otra p\u00e1gina maestra de sutil\u00edsima iron\u00eda e incontenible fu\u00adror literario y conceptual vapulea a su paisano el panfletario Vargas Vila, a quien cita como el \u00abgigantesco paranoico boyacense\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Dos almas gemelas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la imaginaci\u00f3n del lector desprevenido lo concibe como el prototipo del miedo y de la mente fr\u00eda y acaso deshumanizada, ve\u00e1moslo en uno de sus actos \u00edntimos y muy peculiar de su sensibilidad:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recorre con aire reflexivo el recinto de su despa\u00adcho, situado en el segundo piso del\u00a0 viejo caser\u00f3n que seguramente ya derrumb\u00f3 hace mucho tiempo la moderna herramienta demoledora. La secretaria re\u00adcibe las palabras con que redacta un documento ofi\u00adcial. Se detiene \u00e9l de pronto ante una escena calleje\u00adra que lo sobrecoge. Una ni\u00f1a de muy pocos a\u00f1os ha tropezado y ha roto la botella de leche que lleva de encargo a su casa. El l\u00edquido se desborda y la trage\u00addia estalla para la indefensa criatura que en medio de su confusi\u00f3n s\u00f3lo encuentra l\u00e1grimas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Torres Quintero oprime con insistencia \u2013y para qu\u00e9 dudar que con angustia\u2013 el timbre que llega a la porter\u00eda, sin dejar de proteger con su mirada el dra\u00adma de la ni\u00f1a anonadada. El empleado, \u00e1gil int\u00e9r\u00adprete del temperamento de su jefe, se precipita esca\u00adleras abajo al escuchar la siguiente orden: \u00a1Vuele con estas monedas y reponga aquella botella despe\u00addazada sobre el pavimento!<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Caballero andante de la cultura<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este hombre de duros combates y alma suscep\u00adtible al dolor y a la nobleza, temido por los mediocres y respetado por todos, fue el caballero andante de la cultura de Boyac\u00e1, que tuvo en \u00e9l al mejor abandera\u00addo de las tradiciones, las humanidades, el fervor por lo \u00e9tico y lo sublime, y que apasionado por el amor a la patria y al terru\u00f1o, templ\u00f3 su lira para cantarle a lo m\u00e1s grandioso de la vida. Vate l\u00edrico y tierno, de en\u00adtonaci\u00f3n rom\u00e1ntica y lenguaje florido, su voz perdurar\u00e1 en el recuerdo y en las antolog\u00edas con dejos amo\u00adrosos. Su pasi\u00f3n por la belleza transformaba en re\u00adfulgentes las cosas que tocaba, y no contento con abrillantarlas, las idealizaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Due\u00f1o de prosa castiza y erudita, en la que no se permiti\u00f3 nunca descanso para la correcci\u00f3n y el retoque genial, que le envidiar\u00edan los mejores gram\u00e1ticos de Colombia y de Espa\u00f1a, sus es\u00adcritos parecen haber pasado por un cristal como mo\u00addelos de est\u00e9tica y de perfecci\u00f3n idiom\u00e1tica. Maneja un lenguaje expresivo, vigoroso y elegante, cincela\u00addo por su pluma maestra en prodigar el noble adje\u00adtivo y el vocablo certero que enaltecen la oraci\u00f3n, y es experto, adem\u00e1s, en mover armoniosamente im\u00e1\u00adgenes y recursos trabajados con pericia para engala\u00adnar el pensamiento y hacerlo fulgurante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es dif\u00edcil, para los incr\u00e9dulos y las mentes pro\u00adsaicas, transformar en hombre de letras al implaca\u00adble censor de los desv\u00edos oficiales, y m\u00e1s lo es enten\u00adder que con la misma mano que reprobaba una falta o firmaba una destituci\u00f3n, pul\u00eda un verso y elaboraba las piezas literarias que son hoy patrimonio del Boyac\u00e1 culto que tantas glorias ha ganado para los colom\u00adbianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La revista <em>Cultura<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Insomne trabajador intelectual, muri\u00f3 al lado de sus pertrechos. La revista <em>Cultura<\/em> que dirigi\u00f3 durante largos a\u00f1os, admirable acopio de talento y sabidur\u00eda, qued\u00f3 hu\u00e9rfana porque dej\u00f3 de consentir\u00adla la mano cari\u00f1osa. En ella fue siempre bienvenida toda producci\u00f3n que tuviera alg\u00fan m\u00e9rito y se convirti\u00f3 en el rinc\u00f3n favorito de los pedagogos y de las letras boyacenses. Torres Quintero fue permanente abanderado del magisterio como pilar de la sociedad, y \u00e9l mismo, evangelista de la docencia, convirti\u00f3 su vocaci\u00f3n en reto contra la mediocridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez expres\u00f3 lo siguiente<em>: \u201cNo puede haber, ello es imposible, en estas cuestiones de la educaci\u00f3n responsabilidades exclusivas: el padre y el hijo y el maestro son la trilog\u00eda que conforma la totalidad de la obra de arte que tiene por objeto y por materia prima el fruto de nuestra sangre\u201d.<\/em> Este postulado presid\u00eda sus c\u00e1tedras de literatura en el Colegio de Boyac\u00e1 y en el Colegio Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Ortiz, y adem\u00e1s inculcaba en el maestro la obligaci\u00f3n de contribuir al fortalecimiento de la familia. Y se dol\u00eda: <em>\u201cNosotros no sabemos sino romper y manchar el alma del ni\u00f1o. No somos capaces, siquiera, de dejarla intacta\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan grave enjuiciamiento parece estar m\u00e1s dirigido hacia los tiempos actuales, en que el maestro es, en realidad, el deformador de la juventud y ha dejado perder su papel de ap\u00f3stol social y consejero del hogar. A Eduardo Torres Quintero no le toc\u00f3, por fortuna, vivir en esta \u00e9poca turbulenta de paros, de holganzas y de c\u00e1tedras vac\u00edas de ense\u00f1anzas y de reglas forjadoras del car\u00e1cter.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la revista <em>Cultura<\/em>, sostenida por \u00e9l con denuedo hasta su muerte, existe un acervo impresionante de erudici\u00f3n. Es una c\u00e1tedra airosa, donde campean la gracia y la bizarr\u00eda del pensamiento, la novedad de los temas, la defensa de la gram\u00e1tica y la hospitalidad al escritor de la tierra. All\u00ed ventil\u00f3 toda materia que revistiera inter\u00e9s para la comunidad, con apego a las tradiciones, la casticidad del idioma y los valores fundamentales del individuo. Hay que aplaudir hoy, luego de intervalo tan prolongado, la reanudaci\u00f3n de la revista en la presente semana cultural, gracias al empe\u00f1o del nuevo director del Instituto de Cultura, doctor Ramiro Abella Soto, y a la especial dedicaci\u00f3n del doctor Octavio Rodr\u00edguez Sosa, que ven\u00eda actuando como secretario general de la entidad y cuyo retiro resulta en verdad lamentable. Con este \u00f3rgano cultural \u2013el \u00e1lter ego de Eduardo Torres Quintero, sangre de su esp\u00edritu\u2013, la tierra boyacense recibe aire fresco<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Hombre de leyenda<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la ciudad hidalga cubrieron su retirada la bella y angelical esposa que hab\u00eda compartido con \u00e9l los reveses de la esquiva fortuna, y los hijos formados sin ahorro de sabias directrices para descollar en la sociedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abFue un explorador de las letras, las artes, los estilos\u00bb,<\/em> al decir de Rafael Bernal Jim\u00e9nez, quien agrega que <em>\u00abera un hombre discreto, esquivo y taci\u00adturno; iba por las calles de su ciudad nativa, esa Tunja de las leyendas tr\u00e1gicas y las esperanzas truncas, llevando el fardo de los sufrimientos con que lo mal\u00adtrat\u00f3 la suerte, y el escondido tesoro de sus cogitacio\u00adnes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este hombre silencioso que le huy\u00f3 a la fama y que nunca reclam\u00f3 honores; que hizo de su pobreza una oraci\u00f3n; que vibraba ante la verdad y la poes\u00eda y que en sus noches bohemias de n\u00e9ctares divinos se extasiaba con sus dioses, se vuelve mito en la histo\u00adria del pueblo que \u00e9l vener\u00f3 y ensalz\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No podr\u00eda coloc\u00e1rsele en el sitio de los \u00abpoetas malditos\u00bb, como Verlaine o Baudelaire, por\u00adque su bohemia fue un canto y un aleteo, y jam\u00e1s una negaci\u00f3n. Habr\u00eda que decir que \u00abera m\u00e1s bien un l\u00ed\u00adrico doliente que un poeta maldito\u00bb, las mismas pa\u00adlabras con que \u00e9l defini\u00f3 a su hermano Guillermo, el fino cantor del amor y de la muerte, tempranamen\u00adte desaparecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El recuerdo se llena de unci\u00f3n al regresar a los inicios de aquellas memorables jornadas tunjanas del asombro y el hallazgo, tiznadas de lluvia y recogi\u00admientos, en la quieta placidez del solar patricio, en cuyas noches cargadas de misterios resuena, y jam\u00e1s habr\u00e1 de apagarse, la voz enamorada del poeta que jug\u00f3 con sus musas hasta convertirse en leyen\u00adda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Cultura, tierra y linaje<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A fuerza de vigilias y de rigores intelectuales adquiri\u00f3 vasta eru\u00addici\u00f3n, con gran dominio de los cl\u00e1sicos espa\u00f1oles y de la cultura general. Al paso de los d\u00edas se convirti\u00f3 en baluarte del idioma, con el manejo gallardo de la prosa se\u00f1era y la artesan\u00eda de versos armoniosos, llenos de im\u00e1genes y hondo sentimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace poco, en entra\u00f1able encuentro con Vicente Land\u00ednez Castro en su refugio de Barichara, record\u00e1bamos la figura excelsa de nuestro personaje. Ha sido Vicente el escritor que m\u00e1s ha enaltecido la memoria de Torres Quintero y quien adem\u00e1s hered\u00f3 de \u00e9l la hidalgu\u00eda del esp\u00edritu y la donosura del lenguaje. En 1983, en su breve paso por el Instituto de Cultura y Bellas Artes, Vicente public\u00f3, luego de 10 a\u00f1os de receso de la revista, un nuevo n\u00famero en el que conserv\u00f3 no s\u00f3lo el formato original sino adem\u00e1s su esencia ideol\u00f3gica. En su libro <em>Estampas<\/em>, de reciente aparici\u00f3n, dice lo siguiente:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cNunca vi a un hombre amar tan apasionadamente y en forma tan omn\u00edmoda y constante el idioma, como \u00e9l. Cuando se sentaba a escribir, su pluma se convert\u00eda en algo as\u00ed como una mano acariciante que congregaba, dome\u00f1aba y mimaba las palabras. Escribir fue siempre para \u00e9l una especie de liturgia, y tambi\u00e9n un oficio de magia que trascend\u00eda ese aire de misterio y secreto que se desprende del gabinete de trabajo de los alquimistas medioevales\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su ilustraci\u00f3n trascendi\u00f3 los niveles comunes para volverse uni\u00adversal. Con su infinita sed de conocimientos todo lo abarcaba. Con gran propiedad traduc\u00eda del franc\u00e9s a poetas de su predilecci\u00f3n. Algunas de sus p\u00e1ginas magistrales \u2013y queda la mayor\u00eda por rescatar\u2013 fueron recogidas en el libro p\u00f3stumo <em>Escritos selectos<\/em>, publicado en 1978 con el patrocinio del Instituto Caro y Cuervo \u2013al frente del cual se hallaba su hermano Rafael\u2013 y del municipio de Tunja. Boyac\u00e1 est\u00e1 en mora de publicar su obra completa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su amor por lo terr\u00edgeno y por las haza\u00f1as del hombre boyacense, que lo llev\u00f3 a escribir bellos ensayos imbuidos de sentimiento patrio, lo mantuvo en constante comuni\u00f3n con su raza y con cuanto ella signi\u00adfica como emblema de la personalidad. Era escritor polifac\u00e9tico, de matices desconcertantes. En todos los campos se destacaba: como cr\u00ed\u00adtico literario, como acad\u00e9mico, como catedr\u00e1tico, como historiador, como prosista, como poeta, como orador, como polemista&#8230; El idioma fue su pasi\u00f3n. En su familia deposit\u00f3 su raz\u00f3n de ser y su orgullo ancestral. A Boyac\u00e1 la consent\u00eda como a la ni\u00f1a de sus ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fueron nueve los hermanos Torres Quintero, y hoy s\u00f3lo sobre\u00adviven las dos mujeres. Alguna composici\u00f3n extra\u00f1a tuvo esta familia para haber formado dentro de los mejores preceptos ciudadanos y mo\u00adrales, a la par que dentro de exigentes disciplinas humanistas, la que en Boyac\u00e1 se conoce como la dinast\u00eda de los Torres Quintero: personas rectas, batalladoras, con exquisito don de gentes y dotadas de especiales atributos humanos. Clan ejemplar de donde brotaron militares, po\u00adl\u00edticos, economistas, amas de casa, escritores y poetas, cada cual con nota de excelencia en su respectiva \u00e1rea de acci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dos militares, Roberto y Hernando, le dieron brillo al arte marcial; Roberto, que fue director de la Escuela de Polic\u00eda General San\u00adtander, gobernador del Tolima y secretario privado del Ministerio de Guerra, pose\u00eda vasta cultura y fue conocido como \u00abel general humanista\u00bb; Luis, pol\u00edtico aguerrido, transit\u00f3 por los caminos de la diplomacia y fue adem\u00e1s gobernador de Boyac\u00e1 y senador de la Rep\u00fablica; Guillermo, poeta l\u00edrico de la angustia, el amor y la melancol\u00eda, muerto a la tem\u00adprana edad de 28 a\u00f1os, dej\u00f3 versos estremecedores, entre ellos <em>Se\u00f1ora la muerte<\/em>; Ricardo, empresario y economista, trabaj\u00f3 su destino con capacidad y decoro; Eduardo, escritor cl\u00e1sico y depurado estilista, fue contralor general de Boyac\u00e1, secretario de Educaci\u00f3n del Distrito Especial de Bogot\u00e1, diputado a la Asamblea de Boyac\u00e1, director por lar\u00adgos a\u00f1os de la Oficina de Extensi\u00f3n Cultural de Boyac\u00e1, y es autor, entre otras, de las siguientes obras: <em>Lira joven, Fantas\u00eda del so\u00f1ador y la dama, El cantar de M\u00edo Cid (versi\u00f3n al espa\u00f1ol moderno), Genera\u00adlidades de Boyac\u00e1, Escritos selectos;<\/em> Rafael, autoridad del idioma espa\u00f1ol, muerto hace cuatro a\u00f1os, que en el momento de morir se desempe\u00f1aba como director del Instituto Caro y Cuervo y vicepresidente de la Aca\u00addemia Colombiana de la Lengua, deja erudita producci\u00f3n como sabio de la lengua; y las hermanas sobrevivientes, Mar\u00eda Elena y Luc\u00eda, enaltecen a la sociedad con sus virtudes femeninas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Oraci\u00f3n a Boyac\u00e1<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eduardo Torres Quintero, favorito de los dioses, revive como faro inextinguible de las letras boyacenses. Su voz nunca se silen\u00adciar\u00e1 en estas calles de la hidalgu\u00eda y en este recinto colonial de ador\u00admecidos ensue\u00f1os. Su c\u00e9lebre <em>Oraci\u00f3n a Boyac\u00e1<\/em> es quiz\u00e1 el mayor mensaje que \u00e9l deposit\u00f3 en la parcela amada, la de sus duros combates y sus alborozados ideales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recordemos algunos apartes de esa pieza de antolog\u00eda:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cBoyac\u00e1 glorioso; Boyac\u00e1 entra\u00f1a de la Patria; Boyac\u00e1 sumiso y arisco; Bo\u00adyac\u00e1 hecho de pret\u00e9rito y de futuro: oye la oraci\u00f3n que te dirigimos y afianza en nuestros pechos la fe que abrigamos en ti&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cComo reinan en ti la paz y el silencio, letifica nuestros corazones e imprime a nuestras almas el sosegado pulso que nos haga serenos y firmes y nos capacite para seguir sin detonancia ni estruendo la par\u00e1bola del progreso&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cPorque la rectitud preside tus fastos, dignif\u00edcanos, fortal\u00e9cenos y arma nuestros esp\u00edritus para combatir por la democracia, por el derecho, por el imperio de la ley, por la tolerancia entre hermanos, por la comprensi\u00f3n con quienes buscan el lustre y la grandeza de la Rep\u00fablica&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cPorque amas lo bello, porque diste a la Patria pensadores y artistas, s\u00e1lvanos de la ignorancia, red\u00edmenos de vanidades, gu\u00edanos por los caminos de la sabidur\u00eda y haz que restauremos tu antiguo brillo doctoral, tus nobles calidades po\u00e9ticas, tu deseo de ciencia, tu ansia de estudio, tu filos\u00f3fica apostura&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cComo tienes fe en Dios, como la catolicidad te ennoblece, como la Iglesia de Cristo es carne de tu carne y sangre de tu sangre, danos la fe que nunca muere, vivif\u00edcanos, adoctr\u00ednanos, mu\u00e9stranos el camino de Dios y danos la gracia de entregar intacto a las gentes que vengan tras nosotros el legado milagroso de las creencias.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u201cVengan de ti a nosotros las fuerzas antiguas y nuevas; danos tu santidad y tu hero\u00edsmo; danos cuanto necesitamos para defenderte, enaltecerte y lograr que perdures en nuestra historia por los siglos de los siglos. Am\u00e9n\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, <\/strong><\/em>Manizales, 22-VI-1979.<br \/>\n<strong><em>Revista Cultura<\/em>, <\/strong>Tunja, junio de 1991.<br \/>\n<strong><em>Bolet\u00edn de la Academia Colombiana de la Lengua,<\/em> <\/strong>No. 174, Bogot\u00e1, octubre-diciembre de 1991.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Este texto fue le\u00eddo en junio de 1991, dentro del Festival Internacional de la Cultura realizado en la ciudad de Tunja).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentarios:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con enorme cari\u00f1o le\u00edmos su columna del diario <em>La Patria<\/em>. Solo de personas como usted que sintieron y pulsaron el grande amor de nuestro padre por su tierra y sus gentes pueden esperarse frases tan sentidas. <strong>Familia Torres Barrera, <\/strong>Tunja, 24-VIII-1979.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace varios d\u00edas conoc\u00ed una brillante p\u00e1gina publicada en el diario <em>La Patria<\/em>, en relaci\u00f3n al ilustre boyacense se\u00f1or doctor Eduardo Torres Quintero. Su estudio est\u00e1 escrito en prosa pulcra y elegante. Analiza la vida preclara de Eduardo, como notable organizador de la Contralor\u00eda General de Boyac\u00e1, como literato de bien cortada pluma, como cr\u00edtico c\u00e1ustico, como poeta de sonora lira, como elocuente orador de temas hist\u00f3ricos y del bello idioma de Castilla. Fue miembro de n\u00famero de la Academia Boyacense de Historia y correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Durante varios a\u00f1os dirigi\u00f3 la importante revista titulada <em>Cultura<\/em>, \u00f3rgano de la Extensi\u00f3n Cultural de Boyac\u00e1. En cada entrega dio a la luz excelentes trabajos de literatura, historia, poes\u00eda, etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Extensi\u00f3n Cultural funcion\u00f3, durante la direcci\u00f3n de Eduardo, en una casa de dos plantas de la acera occidental de la plaza de Bol\u00edvar. Esta mansi\u00f3n, con hermoso balc\u00f3n corrido, de estilo espa\u00f1ol, todav\u00eda est\u00e1 en pie. El actual competente director del Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyac\u00e1, don Gustavo Mateus Cort\u00e9s, la tiene en restauraci\u00f3n. En el amplio patio hizo construir dos plantas, de columnas de piedra y arcos de estilo rom\u00e1nico. Tal vez para finales de 1979 todo el conjunto est\u00e9 terminado. Se salv\u00f3 la reliquia colonial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Usted dice en su erudita p\u00e1gina: \u00aben otra p\u00e1gina maestra de sutil\u00edsima iron\u00eda e incontenible furor literario y conceptual vapulea a su paisano el panfletario Vargas Vila, a quien cita corno el <em>gigantesco paranoico boyacense<\/em>\u00ab. Vargas Vila dirigi\u00f3 las escuelas urbanas de ni\u00f1os de los municipios de Boyac\u00e1 (Boyac\u00e1) y Villa de Leiva, pero no fue boyacense. Naci\u00f3 en Bogot\u00e1, seg\u00fan partida de bautismo que un diario de la capital de Colombia public\u00f3 en una de sus p\u00e1ginas, hace buenos a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eduardo permaneci\u00f3 viudo durante buen n\u00famero de a\u00f1os. Su bella y aristocr\u00e1tica se\u00f1ora esposa muri\u00f3 en Tunja. Dej\u00f3 de hijos dos competentes abogados, dos que no se doctoraron y varias distinguidas hijas. El hijo mayor es el doctor don Guillermo Torres Barrera, actual senador de la Rep\u00fablica. <strong>Ram\u00f3n C. Correa, <\/strong>secretario perpetuo de la Academia Boyacense de Historia, Tunja, 3-VIII-1979. \u00a0<strong><\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Busc\u00e1ndole t\u00edtulo a esta nota he demorado el homenaje que traigo en mente hace buen tiempo a la memoria de Eduardo Torres Quintero, muerto en Tunja, la tierra de sus luchas y de sus sue\u00f1os, el 10 de mayo de 1973. Para m\u00ed el r\u00f3tulo de un escrito es definitivo. Si [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[74,83],"tags":[124,7],"class_list":["post-3769","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-boyaca","category-ensayo","tag-boyaca","tag-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3769","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3769"}],"version-history":[{"count":6,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3769\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10753,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3769\/revisions\/10753"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3769"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3769"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3769"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}