{"id":3795,"date":"2011-10-05T10:30:47","date_gmt":"2011-10-05T15:30:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3795"},"modified":"2014-04-30T16:59:12","modified_gmt":"2014-04-30T21:59:12","slug":"de-la-vida-ruda","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/05\/de-la-vida-ruda\/","title":{"rendered":"De la vida ruda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mal genio de los colombia\u00adnos es una enfermedad conta\u00adgiosa. Las buenas maneras, cada vez m\u00e1s desalojadas por la incultura y la chabacaner\u00eda, se est\u00e1n quedando sin adeptos. Hoy la juventud se levanta sin mayores reglas de urbanidad y apenas tiene tiempo de medio aprender a saludar en la casa, antes de lanzarse a las calles revueltas por el sofoco y el atropello.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay algo en los nuevos tiem\u00adpos que impele a los muchachos a ser m\u00e1s de la calle que del hogar. La educaci\u00f3n no se recibe al lado de los padres, porque la uni\u00f3n padres-hijos es cada d\u00eda menos estrecha. Por eso las familias se van dispersando y terminan divorciadas. La autoridad paterna es un s\u00edmbo\u00adlo en decadencia, apenas men\u00adcionado en los textos, y que en la pr\u00e1ctica no existe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El muchacho es escurridizo co\u00admenzando los primeros a\u00f1os y ya desde entonces, insubordi\u00adnado frente a cualquier tutela y sobre todo consciente de que el mundo es un \u00abarrebato\u00bb, se convierte en azotacalles d\u00edscolo, capaz de los peores desafueros. Si no obedece ni respeta a sus progenitores, menos lo har\u00e1 con el mundo circundante. Con ese virus in\u00adyectado en la sangre, llegar\u00e1 m\u00e1s tarde a la empresa, donde embestir\u00e1, como toro rabioso, contra todo cuanto signifique autoridad y disciplina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida, as\u00ed, tiene que vivirse a medias. El sentido de las distancias, del respeto a las jerarqu\u00edas, de la consideraci\u00f3n a la dama y al anciano, est\u00e1 deteriorado. Se camina de af\u00e1n, con el pecho erguido y las barbas desafiantes, y no hay lugar para las deferencias. La mirada se volvi\u00f3 torva y el \u00e1nimo, prevenido, susceptibles al menor roce o al m\u00ednimo tropiezo. Como a\u00f1adidura, se lleva el cerebro hueco y la personalidad, por l\u00f3gica, atro\u00adfiada. Se explota por incre\u00edbles tonter\u00edas, se discuten los asun\u00adtos menos discutibles, la mofa camina a flor de labios y el pu\u00f1o se acostumbr\u00f3 a mantenerse cerrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de un caos como el descrito, cualquiera naufraga si no tiene defensas. La vida, estrujada y violentada por el relajamiento de las costumb\u00adres, se torna\u00a0 \u00e1spera y sin sentido. Hoy la humanidad va de prisa y con los nervios crispados, sin tiempo para la serenidad. Todo se encuentra tortuoso y b\u00e1rbaro cuando el hijo de familia, apenas un mocosuelo, se rebela contra los padres y luego las emprende contra la sociedad que no sabe c\u00f3mo defenderse de las fieras humanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con estos ingredientes sulf\u00fa\u00adricos se levantan las nuevas generaciones. De tal revoltura salen, por fuerza, los peque\u00f1os monstruos que se insubordinan contra todas las reglas, come\u00adten los peores salvajismos y, resentidos contra Dios y los hombres, terminan en par\u00e1sitos o en delincuentes inevitables. Personas as\u00ed deformadas, v\u00edc\u00adtimas del hogar que nunca tuvieron, son los enemigos p\u00fa\u00adblicos de quienes todos quere\u00admos librarnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfY la moral, y las buenas maneras, y los c\u00f3digos de Carre\u00f1o? Si no se aprenden en la casa, menos en el colegio o en la empresa. La gente ya no saluda, el caballero no cede el puesto a la dama, no hay miramiento por el ni\u00f1o ni piedad por el anciano. El despo\u00adtismo, el mal humor, la grose\u00adr\u00eda tratan de suplantar la decencia. Estamos bajo el im\u00adperio de la neurosis, de la locura colectiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay que hacer un corte para clamar por la vida sensata. No es posible que desaparezcan los valores porque al mundo se le ocurri\u00f3 jugar a la demencia. Los \u00abbuenos d\u00edas\u00bb que ya pocos se acuerdan de expresar, deben volver a florar de los labios y del coraz\u00f3n si queremos \u2013\u00a1y claro que lo queremos!\u2013 un mundo m\u00e1s grato y menos cruel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1 la causa principal de la acidez y el encono del medio ambiente, con su secuela de desajustes y rusticidades, obedezca a que nos hemos olvidado de la urbanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si somos capaces de aprender la decencia, tambi\u00e9n conquistaremos los valores morales. Rueda por ah\u00ed una frase que viene de perillas: \u00abLa risa es contagio\u00adsa\u00bb. Suavicemos la parte dura del diario vivir con una risa, y mejor, con una sonrisa, y todo cambiar\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>El Espectador,<\/em> <\/strong>Bogot\u00e1, 9-V-1979.<br \/>\n<em><strong>Mensajero, <\/strong><\/em>Banco Popular, junio de 1979.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El mal genio de los colombia\u00adnos es una enfermedad conta\u00adgiosa. Las buenas maneras, cada vez m\u00e1s desalojadas por la incultura y la chabacaner\u00eda, se est\u00e1n quedando sin adeptos. 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