{"id":3860,"date":"2011-10-07T08:17:51","date_gmt":"2011-10-07T13:17:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3860"},"modified":"2014-03-16T20:43:52","modified_gmt":"2014-03-17T01:43:52","slug":"el-tipacoque","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/07\/el-tipacoque\/","title":{"rendered":"El Tipacoque de Eduardo Caballero Calder\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De vacaciones en Soat\u00e1, mi tierra natal, me asal\u00adt\u00f3 de pronto la idea de entrevistarme en la vecindad, en el legendario Tipacoque, con don Eduardo Caba\u00adllero Calder\u00f3n. Despu\u00e9s de trece a\u00f1os regresaba yo a la patria chica, con mi mujer y mis hijos, a rendir un t\u00e1cito homenaje al pueblo que todos sent\u00edamos prendido al afecto, los unos por haberlo vivido y dis\u00adfrutado, y los hijos por comprensible solidaridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pens\u00e9 que el personaje de Tipacoque, por m\u00e1s caba\u00adllero de caminos y rom\u00e1ntico cantor de aquellas bre\u00ad\u00f1as ariscas, tan suyas y tan irrenunciables \u2013como m\u00edas\u2013, deb\u00eda hallarse en la capital del pa\u00eds, muy lejos de los senderos polvorientos que serpenteando por el p\u00e1ramo de Guantiva, donde ni siquiera logran saciar la sed, toman breve descanso en Soat\u00e1 para luego escabullirse monta\u00f1a abajo, por entre precipicios y peligrosos recodos, hasta Tipacoque, pasando luego por Capitanejo y otros pueblitos resistentes al progreso, hasta morir finalmente en C\u00facuta, un horizon\u00adte remoto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ah\u00ed en un restaurante del pueblo me tropec\u00e9 de repente con Cipriano Chaparro, un viejo amigo sogamose\u00f1o a quien no ve\u00eda desde veinte a\u00f1os atr\u00e1s y que ahora aparec\u00eda en mi tierra en animada tertulia con Marcos Acevedo y Alfonso M\u00e1rquez Rivadeneira, mi condisc\u00edpulo de las primeras letras en el Colegio de la Presentaci\u00f3n durante una ni\u00f1ez ya des\u00addibujada por el tiempo, pero no olvidada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Supe en\u00adtonces, frente a un apetitoso plato de cabro, comida t\u00edpica de la regi\u00f3n, que Cipriano, ahora en uso de buen retiro del poder judicial, se hab\u00eda quedado en Tipacoque. \u00abDe esta tierra no me voy\u00bb, no se cansa\u00adba de repetir entre arremetida y arremetida del jugo\u00adso fest\u00edn.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u00abYo, el alcalde\u00bb<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas iniciado el reencuentro, ya Cipriano me ten\u00eda concertada una entrevista con Caballero Calde\u00adr\u00f3n, ahora tambi\u00e9n en temporada de descanso en su refugio sentimental de Tipacoque, y me aclar\u00f3 que no se tomaba ninguna libertad, ya que \u00abdon Eduardo\u00bb \u2013como lo nombraba con \u00e9nfasis\u2013, esquivo en la capital a los \u00ablagartos\u00bb y los aduladores, recib\u00eda a to\u00addo el mundo en su aldea.Muy r\u00e1pido deduje un buen clima de amistad entre ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Convinimos una prudente f\u00f3rmula de protocolo, indispensable para quien iba a conocer en persona al cronista de Tipaco\u00adque y no quer\u00eda llegar invadiendo territorios ajenos, por m\u00e1s que de otra manera le fueran \u00e9stos fa\u00admiliares por la lectura de los libros del eximio escri\u00adtor, m\u00e1s que por la propia cercan\u00eda lugare\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tipacoque est\u00e1 a trece kil\u00f3metros de Soat\u00e1 y a trescientos cuarenta de Bogot\u00e1. A\u00f1os atr\u00e1s fue co\u00adrregimiento de mi pueblo, hasta que la porf\u00eda de Ca\u00adballero Calder\u00f3n consigui\u00f3 volverlo independiente, habi\u00e9ndole correspondido la misi\u00f3n de apadrinarlo como su primer alcalde, por espacio de dos a\u00f1os. La duraci\u00f3n de su alcald\u00eda demuestra que no se trat\u00f3 de un acto protocolarlo, sino de un verdade\u00adro servicio a la comunidad. Fue \u00e9l quien intrig\u00f3 los primeros auxilios oficiales, abri\u00f3 calles y hasta encar\u00adcel\u00f3 al primer borracho disidente.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Soatenses y tipacoques<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soat\u00e1 y Tipacoque, por lo tanto, tienen nexos de vecindad y de ancestro. Sobre esto \u00faltimo habr\u00eda que hacer alguna salvedad, si bien el paso del tiempo se ha encargado de desvanecer viejos antagonismos. La rivalidad pol\u00edtica de soatenses y tipacoques, en \u00e9pocas de ingrata recordaci\u00f3n, culmin\u00f3 en la separa\u00adci\u00f3n territorial. El motivo era poderoso. Se viv\u00edan las pasiones del pa\u00eds pol\u00edtico que manten\u00edan divorcia\u00addos a los colombianos entre liberales y conservado\u00adres. Soat\u00e1, netamente conservador, no pod\u00eda enten\u00adderse con Tipacoque, netamente liberal, y lo mismo ocurr\u00eda, desde luego, en sentido contrario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Soat\u00e1 el can\u00f3nigo Cayo Leonidas Pe\u00f1uela, historiador, pro\u00adsista y polemista vigoroso, disparaba sus arcabuces contra los Caballero, y \u00e9stos, como buenos libera\u00adles, manten\u00edan enhiestas sus banderas. El pa\u00eds res\u00adpiraba por la herida de los odios pol\u00edticos y los colom\u00adbianos se mataban bajo la sinraz\u00f3n del agudo sectarismo de la historia. Pasados los a\u00f1os, hoy la paz es absoluta. Desaparecieron, por fortuna, las \u00e9pocas borrascosas de los vivas y los abajos y los ti\u00adros tronando en las calles de los pueblos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Camino de Tipacoque, al que desde Soat\u00e1 se lle\u00adga en veinte minutos, muchas ideas cruzaban por mi mente. Llevaba presentes las cr\u00edticas de Caba\u00adllero Calder\u00f3n contra todos los ministros de Obras P\u00fablicas que vienen trabajando a paso de inv\u00e1lidos con esta carretera descuidada por todos los gobier\u00adnos, y que acaso por ser el camino real de Colombia parece que estuviera condenada al eterno camino de herradura que a\u00fan lo es en muchos trechos, sobre to\u00addo de Tipacoque a C\u00facuta. El pavimento viene en Cerinza y sabr\u00e1 Dios \u2013que no los gobiernos\u2013 cu\u00e1ndo prosigue su ruta interminable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El presidente Reyes, boyacense y uno de los grandes impulsadores de las obras p\u00fablicas na\u00adcionales, abri\u00f3 la carretera de penetraci\u00f3n hasta San\u00adta Rosa de Viterbo. Ah\u00ed se qued\u00f3 est\u00e1tica por largos a\u00f1os. El camino segu\u00eda apto para mulas y cerrado a la civilizaci\u00f3n. A paso de mula fue avanzando una carretera dif\u00edcil, sostenida entre pe\u00f1ascos y las ora\u00adciones de los viajeros, hasta que alg\u00fan d\u00eda logr\u00f3 lle\u00adgar a Soat\u00e1 y Tipacoque; y en la siguiente generaci\u00f3n a C\u00facuta.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El diputado y sus cojeras<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leo al vuelo en <em>Tipacoque,<\/em> una de las obras de Eduardo Caballero Calder\u00f3n, el siguiente episo\u00addio que viene a prop\u00f3sito sobre el milagro del primer autom\u00f3vil que apareci\u00f3 en aquellas laderas, perteneciente a un t\u00edo m\u00edo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abDespu\u00e9s, en el autom\u00f3vil de don Miguelito, que es la \u00fanica persona que en Soat\u00e1 tiene un auto\u00adm\u00f3vil, vino el diputado Alvarado, m\u00e9dico tambi\u00e9n y con una pierna tiesa; y por \u00faltimo hizo su aparici\u00f3n en una mula barrigona el diputado Vera, que por una circunstancia maravillosa es m\u00e9dico tambi\u00e9n y tam\u00adbi\u00e9n cojo. El tercer diputado era yo, aunque me fal\u00adtaba ser m\u00e9dico\u00bb. <\/em>Y m\u00e1s adelante<em>: \u00abY cuando se fueron, el doctor Alvarado en el autom\u00f3vil de don Miguelito y el doctor Vera en su mula, qued\u00f3 flotan\u00addo en el comedor un tenue olor a linimento\u00bb.<\/em> Es esta la constancia de las cojeras del diputado Caballero Calder\u00f3n por aquellas tierras agresivas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El autom\u00f3vil, qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntos a\u00f1os despu\u00e9s, pisaba ahora un terreno m\u00e1s firme y menos polvo\u00adriento. Pero no dejaba de saltar en los baches, ni de sudar en las pendientes. Los helechos sal\u00edan ariscos al paso de la gasolina. Por fortuna el ambiente ol\u00eda a naranja, a trapiche, a perfume de tierra caliente. El pedregal se sent\u00eda menos duro con la ilusi\u00f3n de cono\u00adcer al insigne hombre de letras. En el fondo, casi im\u00adperceptible, el r\u00edo Chicamocha rumiaba sus pesares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alguna cabra solitaria me record\u00f3 la presencia de Siervo Joya, que no ha muerto, porque siervos sin tierra los habr\u00e1 en todos los momentos de la humani\u00addad. En una vuelta del camino, ya presintiendo la aparici\u00f3n de Tipacoque, detuve la marcha para cap\u00adtar el maravilloso espect\u00e1culo de la vega del Chicamocha, ante el que se queda corto el m\u00e1s recursivo pincel y desconcertado el m\u00e1s inspira\u00addo poeta. El viento transportaba el aroma de las ho\u00adjas de tabaco que manos endurecidas cos\u00edan en sartas que luego, al secarse, las llevar\u00edan a la Co\u00adlombiana de Tabaco para convertirlas en duros sor\u00adbos de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Tipacoque y su personaje<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algo confirma la presencia de Caballero Calde\u00adr\u00f3n desde la primera piedra del pueblo. Es un perso\u00adnaje inmerso en la historia de esta comarca que parece m\u00e1s legendaria que real. Los tipacoques quieren a su amo como algo elemental y se acostumbraron a verlo y palparlo en cada esquina co\u00admo el esp\u00edritu que es de la aldea convertida por \u00e9l en leyenda universal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De labios del tipacoque sale con afecto y con respeto aquel \u00abdon Eduardo\u00bb que hab\u00eda escuchado yo en Soat\u00e1, y hasta me atrevo a creer que sus paisanos, distantes de los modernos \u00abdoctores\u00bb que han desacompasado la vida, tienen la doct\u00edsima noci\u00f3n de que el \u00abdon\u00bb era en Espa\u00f1a t\u00edtulo nobilia\u00adrio de dif\u00edcil conquista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Caminando por el corredor de entrada sent\u00ed que hab\u00eda llegado por fin al para\u00edso entrevisto. Unas sar\u00adtas de tabaco colgadas en el tambo parec\u00edan m\u00e1s simb\u00f3licas que ciertas, y m\u00e1s rom\u00e1nticas que materia\u00adles. La casona, limpia desde el primer ladrillo y en\u00advuelta en acogedor manto de silencio, descorr\u00eda a cada pisada su majestuosa solemnidad. Fue como si alguna mano invisible descubriera tanta historia detenida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed estaba el fant\u00e1stico lugar, se\u00adde en un tiempo de los frailes dominicos y que en el a\u00f1o de 1580 pas\u00f3 a ser propiedad de los antepasados de los Caballeros Calder\u00f3n. Han corrido, por tanto, cuatro siglos desde que la familia sent\u00f3 sus reales en la tierra m\u00edtica.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>La hamaca coloquial<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por el corredor grande llegamos directo a la sala y all\u00ed nos reunimos con don Eduardo y con do\u00f1a \u00abBel\u00bb, otro personaje del pueblo. (Se trata de do\u00f1a Isabel Holgu\u00edn, nieta del expresidente Holgu\u00edn). En el corredor pasa el escritor sus mejores momentos de recogimiento, entregado a sus lecturas y sus traba\u00adjos. All\u00ed permanece guindada la hamaca coloquial. Su esposa se encarga de trasladarle a m\u00e1quina todos sus escritos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para interpretarlo en persona es preciso haber le\u00eddo sus libros. De lo contrario puede tomarse como un ser corriente Conversador ameno y enterado de todo, habla de cuanto tema se ofrece, menos de lite\u00adratura. Yo entend\u00ed su postura, y se la respet\u00e9. Es un cr\u00edtico observador del quehacer nacional y se mues\u00adtra preocupado por las angustias sociales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sabe lo mismo de inflaciones y congelaci\u00f3n de dineros bancarios, con cifras precisas, que de los abusos de los pol\u00edticos y las inmoralidades oficiales. Le preocupa la transformaci\u00f3n del pa\u00eds agr\u00edcola en pa\u00eds de ciudades. Es hombre sencillo. Con \u00e9l se pue\u00adde hablar de corrido y hasta se olvida uno que est\u00e1 conversando con un maestro de la literatura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se asfixia entre el tufo urbano de los mo\u00adtores y la falsa civilizaci\u00f3n, corre con la fiel compa\u00f1e\u00adra hasta la casona donde puede respirar el aire puro de la monta\u00f1a y encontrar los l\u00edmites de su coraz\u00f3n (\u00abeste rinc\u00f3n del Chicamocha donde los hombres son buenos, transparentes y silenciosos co\u00admo el agua\u00bb).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed, en sosegadas horas de paz interior, es cuando se encuentra consigo mismo y se confunde con la sencillez de la vida en el alma del campesino. Hablar sobre esto hubiera sido una in\u00adtromisi\u00f3n. Prefer\u00ed ver al escritor en su silla, reflexivo y afectuoso, para deducir luego, sin rebuscamientos, que aquello era lo aut\u00e9ntico, lo humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Tipacoque, s\u00edmbolo espiritual<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa es museo nacional, y as\u00ed se conmemora en el decreto colgado en la pared del corredor. Tambi\u00e9n se recuerda el paso de Bol\u00edvar cuando per\u00adnoct\u00f3 en la hacienda. Los muebles, las vasijas, los peque\u00f1os utensilios, todo atestigua una \u00e9poca inme\u00admorial. El viejo fog\u00f3n todav\u00eda huele a cocina, porque lo inmemorial, para quienes saben ejercer la memo\u00adria, es lo presente, lo que nunca muere ni debe mo\u00adrir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y le ped\u00ed permiso de tomar unas fotos. Me cui\u00add\u00e9, claro, de retratar a los distinguidos moradores, para no alterar una paz buc\u00f3lica que por nada del mundo iba yo a alterar con mi lente fisgona. Fueron dos fotos r\u00e1pidas. La una al corredor grande y la otra a la capilla de la hacienda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sal\u00ed con dos estupendos testimonios gr\u00e1ficos y con la sensaci\u00f3n de un sue\u00f1o. Hab\u00eda encontrado, por fin, el secreto de los libros del fecundo escritor que supo descubrir y mantener su territorio rom\u00e1ntico para hallar su propia \u00e1nima. Tipacoque, m\u00e1s que un pueblo, es una leyenda, un s\u00edmbolo espiritual. En \u00e9l se encarna la familia humana, con sus vicisitudes y sus esperanzas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afuera, en la noche, el aire sab\u00eda a trapiche y a perfume de azahar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, Revista Dominical, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 16-IX-1979.<br \/>\n<em><strong>Bolet\u00edn de la Academia Colombiana de la Lengua, <\/strong><\/em>Nos. 179-180, Bogot\u00e1, enero-junio de 1993.<br \/>\n<em><strong>Revista Manizales, <\/strong><\/em>1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><sup>* * *<\/sup> <strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentarios:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Magistral tu Tipacoque. <strong>Jos\u00e9 Agust\u00edn Amaya, <\/strong>p\u00e1rroco de Soat\u00e1 (mencionado por Caballero Calder\u00f3n en sus libros sobre Tipacoque).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para quienes conocemos la regi\u00f3n, al leerte nos trasladamos a esa tierra legendaria y contigo entramos a conocer la casona de don Eduardo Caballero Calder\u00f3n y a presenciar tu di\u00e1logo con el maestro, para luego acompa\u00f1arte en la soledad de la penumbra a observar el paisaje y a tomar ese aire tibio con olor a miel, a yerba y majada fresca. <strong>Rodolfo Barajas, <\/strong>Bogot\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0 <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar De vacaciones en Soat\u00e1, mi tierra natal, me asal\u00adt\u00f3 de pronto la idea de entrevistarme en la vecindad, en el legendario Tipacoque, con don Eduardo Caba\u00adllero Calder\u00f3n. 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