{"id":3986,"date":"2011-10-08T15:05:39","date_gmt":"2011-10-08T20:05:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=3986"},"modified":"2014-04-07T19:49:19","modified_gmt":"2014-04-08T00:49:19","slug":"los-motivos-de-la-ira","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/08\/los-motivos-de-la-ira\/","title":{"rendered":"Los motivos de la ira"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desvanecido el halago navide\u00f1o, irrumpe el mes de enero con sus grises realidades. Lo que diciembre tiene de enga\u00f1oso, enero lo tiene de franco. Las luces decembrinas desdibujan la vida porque la vuelven fosforescente. Como diciembre es el mes de la alegr\u00eda, una alegr\u00eda triste, los presupuestos termi\u00adnan desbordados entre jugueter\u00edas inalcanzables, regalos correspondidos y exageradas efusiones. Si hay exce\u00adsos, estos no se aprecian muy bien en medio de los abrazos, los cumplidos y las falsas alianzas con el p\u00edcaro mundo explotador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En enero la vida se ve sin ilusiones. Se hacen a un lado los restos de la fiesta y se acude al compadre en busca de auxilio para pagar los platos rotos. F\u00f3rmula que por lo general fracasa, porque el compadre ha llegado prime\u00adro con iguales urgencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A poco caminar por el nuevo a\u00f1o, los colegios dan la primera dentellada. Hay que conseguir a como d\u00e9 lugar el valor de las matr\u00edculas para formar hijos de bien, esta vez elevadas, como siempre, m\u00e1s all\u00e1 de lo permitido y de lo soportable. Pero los hijos no pueden quedarse rezagados en esta era tan exigente y tan peligrosa, as\u00ed que no importa que la \u00falcera siga sangrando con tal de sacarlos adelante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1 el usurero, que es tan sensible para medir las desgracias ajenas, termine facilitando los medios para que los muchachos no se frustren por nuestra culpa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comprados en puja los textos y dem\u00e1s exigencias escolares, desde luego con cambio de uniformes, zapatos y equipos deportivos, porque los anteriores quedan descon\u00adtinuados por el colegio reformador y ultramodernista, el Gobierno expide la tradicional norma de todos los a\u00f1os poni\u00e9ndole coto al abuso de los colegios y las librer\u00edas. El enga\u00f1ado padre de familia, ya al borde de la impoten\u00adcia, exclamar\u00e1 como en la Pasi\u00f3n: \u00abTodo esta consumado\u00bb. Bastante di\u00e9ramos porque todo hubiera conclui\u00addo. Es una pasi\u00f3n que se prolonga por todo el a\u00f1o y por todos los a\u00f1os de los a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comienza el juego de los colores, o sea, el suplicio de declarar renta. Pero, en fin, hay que hacerlo, cueste lo que cueste. Los formularios son multicolo\u00adres, para todos los gustos y todas las capas sociales: los hay amarillos, rosados, verdes, azules&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con toda esa gama de luces, la suerte del pobre contribuyente es negra. Acomodar las cifras en formu\u00adlarios tan endiablados, con ojos mirando por todas partes como Argos desde su tribuna implacable, da susto. Primero hay que leer muchas veces una cartilla que cambia todos los a\u00f1os y que nunca se entiende.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para nadie es comprensible tener que pagar impues\u00adtos cuando el dinero no alcanza para vivir. Y como no hay manera de esconder los sufridos pesos ganados en el trabajo honrado, a diferencia de quienes pueden evadirse impunemente con sus arcas llenas, viene la proeza de buscar los renglones del formulario. Resulta, despu\u00e9s de todo, un curioso juego de equilibrio este de pasar por trampas ocultas, empujar guarismos de un lugar a otro, arrastrarlos p\u00e1gina y media y llegar, sin remedio, a la cueva de la tortura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de avanzar y retroceder muchas veces, la v\u00edctima termina entreg\u00e1ndose. Es mejor no arriesgar\u00adse en materia tan delicada. Los edificios, los parques, los pasajes est\u00e1n llenos de asesores tributarios. Parecen un ej\u00e9rcito enemigo. Por unos honorarios tasados de af\u00e1n, el perito penetrar\u00e1 al laberinto del formulario, y luego de quedarse con la plata del mercado, nos entrega a las garras fiscalistas. La ira santa explotar\u00e1 m\u00e1s tarde, cuando sepamos que la retenci\u00f3n para impuestos era rid\u00edcula frente a la cuota liquidada por la computadora oficial, que no se equivoca, o contra la cual es temerario luchar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y as\u00ed, de salto en salto, de ira en ira, estaremos otra vez en diciembre, mes de la fantas\u00eda y el enga\u00f1o, antes de iniciar en enero el solemne v\u00eda crucis de los colegios y las universidades, los formularios multicolores, los sofocos y las lamentaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 30-I-1980.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Desvanecido el halago navide\u00f1o, irrumpe el mes de enero con sus grises realidades. Lo que diciembre tiene de enga\u00f1oso, enero lo tiene de franco. Las luces decembrinas desdibujan la vida porque la vuelven fosforescente. 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