{"id":4077,"date":"2011-10-09T20:37:55","date_gmt":"2011-10-10T01:37:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4077"},"modified":"2014-04-08T07:57:30","modified_gmt":"2014-04-08T12:57:30","slug":"los-huecos-del-pais","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/09\/los-huecos-del-pais\/","title":{"rendered":"Los huecos del pa\u00eds"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El viaje por carretera de Armenia a Cartagena, que acabo de realizar, hubiera sido m\u00e1s confortable sin las trampas del camino. Un pa\u00eds puede medirse por el estado de sus v\u00edas. En los Estados Unidos los huecos son inconcebibles. En Venezuela el petr\u00f3leo mantiene verdaderas autopistas. Y en Colombia el caf\u00e9, que debe generar progreso, es un personaje improductivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una pregunta que mucho se ha repetido: \u00bfQu\u00e9 se hizo la bonanza cafetera? Habr\u00e1 que agregar, en el caso colombiano, que esos profundos y traicioneros huecos que aparecen en el sitio menos pensado y en las mejores autopistas, simbolizan el alma nacio\u00adnal. Un pa\u00eds que deja deteriorar sus carreteras est\u00e1 atropellando la vida de los ciudadanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las temporadas de vacaciones las familias se desplazan a la Costa Atl\u00e1ntica y otros lugares de turismo en busca de descanso y las emociones de una naturaleza pr\u00f3diga en paisajes y contrastes, en climas y sorpresas. Es una manera de escaparse de la fatiga y tropezarse con la muerte. A cada momento acechan al des\u00adprevenido viajante los desniveles, los tramos carcomidos, los vac\u00edos, los hundimientos del terreno, sin se\u00f1ales que adviertan el peligro ni trabajado\u00adres que reparen los desgastes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las se\u00f1ales que orienten al viajero sobre las distancias de los pueblos y que en caso de confusi\u00f3n le indiquen la ruta precisa, o est\u00e1n borradas o nunca han existido. Sigo hablando de la carretera a la Costa, que es el mismo descuido que se observa en general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si en ocasiones aparecen las maquinarias oficiales es apenas para recordar que algo hacen los impuestos. M\u00e1s adelante caeremos de nuevo en los baches que no se logran evitar y que rompen resortes y destrozan la paciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esos son los huecos no solo de un recorrido de Armenia a Cartagena, o de Ibagu\u00e9 a La Dorada, o de Tunja a C\u00facuta, sino del alma colombiana que no logra mantenerse sana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Pobre Colombia, tan descuidada y tan remendada! Si el viaje que hacemos por una de las tantas v\u00edas irregulares, convertidas a veces en verdaderas trampas morta\u00adles, lo intentamos por los caminos del esp\u00edritu nacional, poco cambiar\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Colombia es un pa\u00eds de huecos e improvisaciones, no solo en su topo\u00adgraf\u00eda y sus obras p\u00fablicas sino tambi\u00e9n en sus costumbres. Esos baches incrustados en la conciencia de los malos ciudadanos parecen repro\u00adducirse en las vueltas de las carrete\u00adras. Hay ineficacia para mantener las v\u00edas y tambi\u00e9n para impulsar el de\u00adsarrollo y preservar la moral. El dinero no alcanza para las obras p\u00fablicas porque ha desaparecido entre peculados y \u00abserruchos\u00bb. El \u00e1nimo se conturba, pero la protesta no pasar\u00e1 de ser un lamento en el vac\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las monstruosidades que se suceden con facilidad y que menos\u00adcaban el presupuesto y pervierten la moral p\u00fablica, hacen dudar de nuestro destino. O\u00edmos que las mafias, que todo lo corrompen, avanzan sobre Colombia como un ej\u00e9rcito destructor. Los funcionarios p\u00fablicos prefieren las trampas y no le tienen miedo al negociado, porque viven ausentes de principios. Primero la vida f\u00e1cil, luego el servicio, parece ser la norma gene\u00adral. La gente se acostumbr\u00f3 a la molicie, a la improductividad, a la conducta irresponsable. Este vac\u00edo de la conciencia es peor que el peligro de las carreteras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La inflaci\u00f3n no se detiene y amenaza la estabilidad de los hogares. El dinero, todos los d\u00edas m\u00e1s insuficiente para remediar las necesidades elementales, crea malestar y desesperanza. La canasta familiar sube mientras bajan las oportunidades de empleo y de una vida m\u00e1s digna. El techo y la educaci\u00f3n no est\u00e1n al alcance del com\u00fan de los colombianos. Frente a esta situaci\u00f3n dram\u00e1tica, los padres de la patria toman sus valijas, llenas de vi\u00e1ticos oficiales, y se esca\u00adpan por los caminos del mundo, m\u00e1s c\u00f3modos que los nuestros, sin baches ni sobresaltos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestras carreteras nacionales son un espejo del pa\u00eds: deterioradas, angostas, inhumanas, llenas de huecos&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 4-VIII-1980.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar El viaje por carretera de Armenia a Cartagena, que acabo de realizar, hubiera sido m\u00e1s confortable sin las trampas del camino. Un pa\u00eds puede medirse por el estado de sus v\u00edas. En los Estados Unidos los huecos son inconcebibles. 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