{"id":4426,"date":"2011-10-15T17:12:52","date_gmt":"2011-10-15T22:12:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4426"},"modified":"2023-03-27T10:22:26","modified_gmt":"2023-03-27T15:22:26","slug":"la-muerte-de-una-golondrina","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/15\/la-muerte-de-una-golondrina\/","title":{"rendered":"La muerte de una golondrina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A mi despacho bancario acuden con frecuencia las golondrinas. Hay algo que las atrae. Les gusta revolotear alrededor de los ventanales y posarse so\u00adbre los voladizos. Algunas veces penetran a la ofici\u00adna y, al sentirse prisioneras entre cuatro paredes, buscan con torpeza la salida y terminan golpe\u00e1ndose contra los vidrios. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n he recogi\u00addo del piso al fr\u00e1gil animal, que me mira angustiado, y lo he lanzado al aire para que contin\u00fae disfrutando de la libertad que no puedo ofrecerle en mi recinto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La golondrina es ave t\u00edmida y escurridiza pa\u00adra la que no se hicieron los espacios cerrados. Por eso, le gusta el cielo abierto. Va por los mares pican\u00addo las olas, y se eleva cuando siente sus plumas humedecidas. Pocos espect\u00e1culos tan fascinantes como el de una bandada de golondrinas de mar, que semejan flechas nutridas sobre el agua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez tom\u00e9 en mi mano a la veloz golondrina, que hab\u00eda quedado r\u00edgida sobre la alfombra de mi despacho. Pero respiraba. As\u00ed, doblada, quise indagar en su m\u00ednima anatom\u00eda el misterio de su existencia huidiza. Era apenas un remedo de esa sutil raya alada que todos los d\u00edas ve\u00eda circuir mis predios de las ci\u00adfras y los millones ajenos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abajo, en la calle, el mundo febril se mov\u00eda afanoso y ap\u00e1tico. Era el to\u00adrrente de la vida turbulenta que ignora la indefen\u00adsi\u00f3n de una pobre golondrina retenida en un cuarto con olor a negocios. Y pens\u00e9 que todos los millones que me rodeaban no ser\u00edan ca\u00adpaces de restituir la vida que se escapaba entre mis manos deseosas de milagro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tom\u00e9 con dedos inciertos el cuello abatido y pre\u00adtend\u00ed aplicar conocimientos ignorados. La golondrina pa\u00adreci\u00f3 entender mi af\u00e1n y entreabri\u00f3 un ojo confuso. Se encontr\u00f3, de seguro, con la misma negaci\u00f3n de la vida, ya que para este armonioso suspiro del viento la presencia del hombre resulta perturbadora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El desvanecido visitante se movi\u00f3 con languidez. Le insufl\u00e9 calor y observ\u00e9 que se reactivaba. Pas\u00f3 en un instante de la muerte a la vida. Lo vi levantarse aturdido, y siempre miedoso, busc\u00f3 la manera de huir de su salvador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo saqu\u00e9 al espacio exterior, y permanec\u00ed extasiado frente a la visi\u00f3n de dos alas raudas y el leve plumaje que ascend\u00edan por los aires persiguiendo la vida. Los billetes de banco, mientras tanto, segu\u00edan en sus b\u00f3vedas prisioneros de la avaricia. Si ellos pudieran sentir, envidiar\u00edan el vuelo de las golondrinas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro d\u00eda la golondrina penetr\u00f3 al laberinto a donde no ha debido llegar. Quiero pensar que la mensajera de los vientos se acostumbr\u00f3 al sitio don\u00adde hab\u00eda hallado una mano amiga. Es posible que desde lejos vigilara al circunspecto manejador de ci\u00adfras, y hasta le coqueteara desde sus dominios et\u00e9\u00adreos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s le descubri\u00f3 el alma que no se le encuentra al gerente de banco. El diminuto personaje, que se acerc\u00f3 con curioso instin\u00adto, estuvo dando vueltas ante mi ventana y representando, con sus arm\u00f3nicos movimien\u00adtos, un gesto agradecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto se lanz\u00f3 por el peque\u00f1o orificio abier\u00adto en el alero de la edificaci\u00f3n. Era una tenta\u00adci\u00f3n, y por all\u00ed se introdujo. Estaba como fabricado para su cuerpo. Ignoraba que era el respi\u00adradero del cemento y que en sus senderos no encontrar\u00eda sino sombras y frialdades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas veces, tratando de orientarse, se golpe\u00f3 contra aquellas ca\u00advernas, antes de volver a encontrar un rayo de luz. Cuando de nuevo la vi aparecer, ya estaba muerta. Apenas se notaba la cabeza que emerg\u00eda del cautive\u00adrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus compa\u00f1eras estuvieron el resto de la ma\u00f1ana buscando la manera de rescatar el cad\u00e1ver. Las alas le hab\u00edan que\u00addado enredadas en las rugosidades del cemento, y ella, mi fr\u00e1gil golondrina, termin\u00f3 fractur\u00e1ndose todo el or\u00adganismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco a poco las otras golondrinas jalaban a picotazos el cuerpo que se resist\u00eda a salir del todo. Fue una ma\u00f1ana de implacable solidaridad de estos seres min\u00fasculos que no pod\u00edan hacer nada contra la dureza del cemento, pero que se negaban a abandonar la labor del rescate.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qu\u00e9 distinta, pens\u00e9, la sociedad humana. Por aquella misma calle que ten\u00eda frente a mis ojos rodaba un mundo hostil, ajeno, insolidario. En la esquina un limosnero expon\u00eda sus llagas y todos las ignoraban. En los rostros hab\u00eda prevenci\u00f3n, y en el alma, mezquindad. Mientras tanto, prensado en la ranura traicionera se encontraba el cuerpo destrozado de la err\u00e1til golondrina que les ense\u00f1aba a los hombres, como un mensaje lanzado al viento, esta lecci\u00f3n de amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">__________<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La Patria, <\/strong>Manizales, 9-XII-1980.<br \/>\n<em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 10-XII-1980.<br \/>\n<em><strong>Revista L\u00edderes, <\/strong><\/em>C\u00e1mara Junior del Quind\u00edo, junio de 1981.<br \/>\n<strong><em>Revista Nivel,<\/em> <\/strong>Ciudad de M\u00e9jico, junio de 1989.<br \/>\n<em><strong>Revista ADDA Defiende los Animales, <\/strong><\/em>Barcelona (Espa\u00f1a), volumen III 1991.<br \/>\n<em><strong>Revista Aristos Internacional,\u00a0<\/strong><\/em>n.\u00b0 30, Alicante (Espa\u00f1a), abril de 2020.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Comentarios<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre tantas noticias desconsoladoras que vemos a diario en la prensa, como cr\u00edmenes, terremotos y muchas m\u00e1s, cu\u00e1n grato es hallar en ella de vez en vez art\u00edculos que solazan el esp\u00edritu como <em>La muerte de una golondrina, <\/em>donde sin duda los entendidos encontrar\u00e1n una breve joya literaria, en la que hay inspiraci\u00f3n, belleza, exquisitez y ternura. Ojal\u00e1 contin\u00fae el distinguido escritor deleit\u00e1ndonos con su esmerada prosa. <strong>Alberto Guarnizo, <\/strong>Ibagu\u00e9, diciembre\/1980.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una hermosa oda a la fragilidad de la vida escrita por un gerente que, a pesar de ello, desnuda su inmensa dimensi\u00f3n humana gracias al don de la poes\u00eda. <strong>\u00d3scar Jim\u00e9nez Leal, <\/strong>Bogot\u00e1, abril\/2020.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que belleza de art\u00edculo. Lo le\u00ed hace un tiempo y hoy le encuentro m\u00e1s sentido al conocer que el encierro es falta de libertad, as\u00ed sea en un palacio. La golondrina, especie libre por su naturaleza, debi\u00f3 sufrir mucho al quedar atrapada, pero encontr\u00f3 la mano amiga del hombre bueno que la refugi\u00f3 y seguro sinti\u00f3 su amor: por eso volvi\u00f3 con su saludo de agradecimiento. <strong>Liliana P\u00e1ez Silva, <\/strong>Bogot\u00e1, abril\/2020.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es una p\u00e1gina conmovedora, po\u00e9tica y humana, ante lo hostil del mundo y la gratitud\u00a0 hacia un humano salvavidas. Ella (pensemos que era una hembra) lo entendi\u00f3 y regres\u00f3 agradecida, para encontrar la muerte. La solidaridad de sus hermanas golondrinas, la impotencia del rescate y el abandono de la muerte arrugan el alma del lector. <strong>In\u00e9s Blanco, <\/strong>Bogot\u00e1, abril\/2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Gustavo P\u00e1ez Escobar A mi despacho bancario acuden con frecuencia las golondrinas. Hay algo que las atrae. 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