{"id":4460,"date":"2011-10-15T21:55:49","date_gmt":"2011-10-16T02:55:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4460"},"modified":"2014-04-13T15:05:10","modified_gmt":"2014-04-13T20:05:10","slug":"el-vendedor-de-dulces","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/15\/el-vendedor-de-dulces\/","title":{"rendered":"El vendedor de dulces"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo veo llegar todos los d\u00edas muy temprano a su tende\u00adrte instalado en una de las esquinas c\u00e9ntricas de la ciudad. Camina animoso, respirando vida. Saca del bolsillo el manojo de llaves y abre con cierta ceremonia las puertas de su establecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No tiene que hacer demasiado esfuerzo, pues su venta de dulces no demanda pesadas puertas met\u00e1licas ni complicados sistemas de seguridad. Pero, por m\u00e1s desprovisto que sea su dep\u00f3sito, le paga unos honorarios al celador nocturno que deambula por la manzana para que le proteja el peque\u00f1o capital escondido entre aquellas cuatro tablas que para \u00e9l son la pesada estructura del negocio que le permite subsistir sin afanes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tiene 77 a\u00f1os pero revela menos de 60. Cuenta con salud envidiable e incre\u00edble. Otro ser\u00eda tal vez un anciano decr\u00e9pito. Atribuye su buen estado f\u00edsico a sus costumbres ordenadas. No fuma ni toma bebidas alcoh\u00f3licas. En cambio, madruga con pulmones rejuvenecidos y mente despejada para afrontar las contingencias del quehacer cotidiano. Recorre a pie una buena distancia para mantener lubricada la sangre y a buen ritmo el coraz\u00f3n. Su coraz\u00f3n que anda sin apremios. Es, adem\u00e1s, un \u00f3rgano amplio para querer a la \u00a0humanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo veo sol\u00edcito y cordial cuando deposita en cualquier mano el dulce mentolado que despista el tufo aguardentoso, o cuando cuenta los tres cigarrillos que el transe\u00fante menudo, gran personaje de las calles urbanas, solicita en secreto por no poderlos adquirir a cajetillas llenas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, alrededor del puesto callejero de este comercio casi ignorado, se mueve el peque\u00f1o empresario que no necesita de empleados ni de sistemas complejos pa\u00adra ganarse la dura subsistencia. Vive feliz en su mundo limitado, sin temor a intempestivas alzas salariales ni a desahucios por no cumplir el arrendamiento. Tampo\u00adco sabe de los impuestos agobiantes sobre la renta y el patrimonio, ni requiere de abogados que lo defiendan de los atropellos de la vida. Su capital se redu\u00adce a bien poco, y no necesita m\u00e1s para vivir con tranquilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando era comerciante de fierros y cacharros y dis\u00adpon\u00eda de mostradores y local cubierto, la lucha era su\u00adperior y las ganancias inferiores. Un d\u00eda, cercado por compromisos que ya no daban m\u00e1s espera, no pudo evitar la quiebra. Quiebra honrada, pero afrentosa para quien trabajaba con honestidad. Antes que practicar m\u00e9todos torcidos y de sostener a mentiras un negocio que ya se hab\u00eda derrumbado, lo clausur\u00f3 con dignidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuperado m\u00e1s tarde del descalabro, se dedic\u00f3 a vender dulces en una esquina de la ciudad. Escogi\u00f3 un sitio concurrido y all\u00ed, asegurado al poste de la electrici\u00addad, mont\u00f3 su tienda. Cuenta hoy con un p\u00fablico m\u00e1s abundante y m\u00e1s fiel. No hace ventas voluminosas, pe\u00adro s\u00ed compra lotes grandes y variados de dulces para irlos vendiendo al detal a un p\u00fablico que, aunque no se crea, es exigente con sus gustos. Hay personas que no consu\u00admen sino determinada goma de mascar, o no refrescan el paladar sino con cierto sabor del an\u00eds o de la fram\u00adbuesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos saben hallar la felicidad en espacio tan reducido. Faustino Casta\u00f1eda Alzate dej\u00f3 de pagar im\u00adpuestos, de torear sobregiros en los bancos y de vivir en\u00adredado entre angustias mercantiles. Hoy su mundo es m\u00e1s simple, pero m\u00e1s tranquilo. Su mercanc\u00eda, una mer\u00adcanc\u00eda elemental y aromatizada, en cambio de los fierros mugrientos de otra \u00e9poca que lo llevaron a la quiebra, le da buen tono para vivir sin asfixias. Aprendi\u00f3 el arte de respirar tranquilo y de alargar los a\u00f1os sin acosamientos de casas comerciales ni de competencias perturbadoras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, <\/strong><\/em>Manizales, 2-XII-1980.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Lo veo llegar todos los d\u00edas muy temprano a su tende\u00adrte instalado en una de las esquinas c\u00e9ntricas de la ciudad. Camina animoso, respirando vida. Saca del bolsillo el manojo de llaves y abre con cierta ceremonia las puertas de su establecimiento. 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