{"id":4509,"date":"2011-10-15T23:08:57","date_gmt":"2011-10-16T04:08:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4509"},"modified":"2014-04-13T17:04:40","modified_gmt":"2014-04-13T22:04:40","slug":"la-dificil-felicidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/15\/la-dificil-felicidad\/","title":{"rendered":"La dif\u00edcil felicidad"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristina Onassis, cuya fortuna es incalculable, no sabe qu\u00e9 hacer con sus millones. Vive prevenida de quienes la rodean y sospecha que todos se le acercan por inter\u00e9s. En lo cual no est\u00e1 equivocada, si el dinero es elemento disolvente y traicionero. Onassis, que crey\u00f3 haber comprado la fidelidad de Jackeline deslumbr\u00e1ndola con yates y palacios fabulosos, era \u00a0astuto para saber en sus intimidades que no exist\u00eda tal idilio sino una transacci\u00f3n bien remunerada mediante la cual la pareja se hab\u00eda com\u00adprometido a disfrazar el amor para que el mundo la admirara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacer el amor a la fuerza, como debi\u00f3 de ocurrir con Jackeline, si es que alguna vez se someti\u00f3 a los caprichos seniles de su decr\u00e9pito y dadivoso consorte, es como obligar al ni\u00f1o a que se tome el jarabe \u00adque le sabe a feo. La viuda de Kennedy, apetecida en todo el mundo, era la deidad creada por los dioses para tentar a los hombres. No parec\u00eda destinada a \u00adlos antojos del ins\u00edpido vejestorio, millonario desproporcionado, de esos que ya perdieron la cuenta de sus innumerables bienes, pero hombre disminuido e impotente, de esos a quienes ya no dan m\u00e1s sus hormonas amatorias y deben conformarse con las ficciones de su decadencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La compr\u00f3 con sus millones y la elev\u00f3 a las cumbres de la lisonja mundana, que daba para todo, lo mismo para ser amada que para ser despreciada. Los norteamericanos hab\u00edan perdido a su diosa y desde entonces solo vieron en ella a la mujer com\u00fan y corriente a quien le fascinaban las comodidades y no lograba satisfacer su ambici\u00f3n sin l\u00edmites.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muerto Onassis, su socia de contrato sigui\u00f3 a la deriva por los mentideros de la fama. Muchos de sus adoradores obsesivos ya no so\u00f1aban con la posesi\u00f3n que antes los obsesionaba, porque sab\u00edan que el dinero hab\u00eda cambiado el rumbo de la apetecida deidad de otros tiempos. Y ella, que estaba confundida entre cifras incre\u00edbles, era recelosa de quienes se mostraban interesados en cortejarla, al no lograr precisar si el cortejo era a su condici\u00f3n femenina o a sus abultados billetes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el propio clan del armador griego le surgi\u00f3 una ene\u00admiga, primero t\u00edmida y m\u00e1s tarde furiosa, su hijastra Cristina, que desconfiaba de la viuda al suponerla insaciable en sus prop\u00f3sitos de apoderarse de la fortuna. Era mejor separar a tiempo los bienes de la sucesi\u00f3n, como en efecto lo hicieron. Eran dos rivales que no ser\u00edan f\u00e1ciles para la armon\u00eda, si el dinero las hab\u00eda distanciado para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristina Onassis, que ya registraba un matrimonio fracasado, se cas\u00f3 con un tal Sergei Kausov, oscuro ciudadano ruso. La uni\u00f3n dur\u00f3 dos a\u00f1os, tiempo exagerado. Tambi\u00e9n dos a\u00f1os hab\u00eda resistido el matrimonio del play boy Philippe Junot con la princesa Carolina de M\u00f3naco, otra uni\u00f3n escandalosa que no convenc\u00eda a nadie, pero que pose\u00eda los ingredientes para despertar entusiasmo en los c\u00edrculos del sensacionalismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se rumora que Philippe y Cristina, divorcia\u00addos desafiantes de estas extravagantes historias, proyectan casarse en los pr\u00f3ximos d\u00edas. Para que la noticia alcance el eco apropiado, se habla de un idilio oculto de hace varios a\u00f1os, que reve\u00adlar\u00e1n en el momento preciso. Cristina habr\u00eda resultado en brazos del trabajador ruso por simple des\u00adpecho al fug\u00e1rsele el escurridizo Junot.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora libres, manejar\u00e1n a su gusto las riendas del destino. Eso es lo que suponen. Pero no se han puesto a pensar que son dos seres err\u00e1tiles que buscan la felicidad, pero antes la han estropeado. En este caso hay cierta afinidad por tratarse de dos negociantes y aventureros del amor. M\u00e1s tarde la menor diferencia les har\u00e1 romper el idilio, si es que antes el play boy no ha conseguido otra aventura en los casinos parisienses, o Cristina no se ha enredado de nuevo en sus veleidades de triste millonaria insatisfecha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kausov, el marido repudiado, manifiesta que, en efecto, Cristina se cas\u00f3 con \u00e9l por despecho. Confie\u00adsa que fue ella quien lo acos\u00f3 con el matrimonio y, al sentirse deslumbrado, entr\u00f3 a la far\u00e1ndula. \u00abTambi\u00e9n a nosotros los rusos nos gustan las mujeres gordas y Cristina es gorda\u00bb, dice en delicioso desquite.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed tenemos a estos personajes de la infelicidad que no consiguen, ni con millones y t\u00edtulos nobiliarios, encontrar la f\u00f3rmula ideal para disfrutar a sus anchas de la vida, como lo har\u00eda una pareja elemental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, <\/strong><\/em>Manizales, 28-XII-1980.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Cristina Onassis, cuya fortuna es incalculable, no sabe qu\u00e9 hacer con sus millones. Vive prevenida de quienes la rodean y sospecha que todos se le acercan por inter\u00e9s. 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