{"id":4521,"date":"2011-10-15T23:36:09","date_gmt":"2011-10-16T04:36:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4521"},"modified":"2014-06-17T19:50:56","modified_gmt":"2014-06-18T00:50:56","slug":"barro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/15\/barro\/","title":{"rendered":"Barro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cumplo tres meses de residir en el pueblo. Es tan ruda la existencia, que cuento los d\u00edas con la tonta ilusi\u00f3n de que as\u00ed pasar\u00e1 m\u00e1s r\u00e1pido el a\u00f1o que debo permanecer en este sitio olvidado, donde la gente se muere de tristeza y le echa la culpa al paludismo o a la tifoidea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ma\u00f1ana ser\u00e1 un d\u00eda menos largo, porque el domingo lo paso entregado al sue\u00f1o, sin sensaci\u00f3n de hambre y ausente de mujeres, ya que las pocas disponibles se las disputan los imb\u00e9ciles soldados que las manosean y las enferman hasta dejarlas agotadas. Me voy a volver loco si sigo ech\u00e1ndole cuentas a la melancol\u00eda. No s\u00e9 c\u00f3mo a una persona sensata como yo le da por embarcarse en estos programas de todos los demonios. \u00a1La maldita necesidad! En la capital ten\u00eda hambre, y antes que convertirme en un vago o de terminar en la c\u00e1rcel, como le sucedi\u00f3 a mi hermano Campo El\u00edas, prefer\u00ed firmar el contrato con el aserr\u00edo y aterrizar en la selva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nueve meses pasan r\u00e1pido cuando se vive en la civilizaci\u00f3n. Aqu\u00ed no. Pero me hago a la idea de que el tiempo volar\u00e1 y pronto estar\u00e9 de regreso en mi casa. \u00abSer\u00e9nate, Bernardo\u00bb, escucho a veces en los momentos de angustia una voz que se apaga y se vuelve a encender como la l\u00e1mpara que mi madre le pon\u00eda todas las noches a la Virgen, cuando le ped\u00eda que consiguiera yo empleo y que a mi hermano lo soltaran de la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me he vuelto inconforme. Pero es que esta lluvia que no ha cesado desde que llegu\u00e9, desespera a cualquiera y le siembra profunda tristeza en el alma. Y estos lodazales por donde ya no se puede transitar me mantienen de mal genio a toda hora. El sol sale muy de vez en cuando y empeora las cosas: parece que hurgara en los charcos tanta inmundicia que en ellos se deposita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abandono que se experimenta cuando se vive tan lejos de la civilizaci\u00f3n agranda la nostalgia y agita el ansia de vuelo, como lo hacen los animales que pasan en manada y se rebullen unos con otros de contento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Yo, en cambio, no tengo con qui\u00e9n platicar y siento el cuerpo rabioso de mujer, sin lograr conseguir una amiguita en el pueblo, ya que las mulatas lo miran a uno con malos ojos, pero se derriten de placer cuando los soldados las invitan a la cantina o se las llevan en intimidad a cualquier sitio. Desde que Lucero, que atiende el \u00fanico almac\u00e9n de v\u00edveres del pueblo, accedi\u00f3 a salir conmigo, se enfureci\u00f3 el cabo Peralta, y desde entonces no he vuelto a tener sosiego, ya que me ha amenazado con una pela si no dejo en paz a su mocita. Como no soy buscarruidos, anoche me desped\u00ed de ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Han corrido, entre tanto, 125 d\u00edas. Todav\u00eda no ha dejado de llover. El cielo, cerrado con un tel\u00f3n oscuro, parece que no fuera a descubrirse nunca y solo de vez en cuando se contempla algo de la inmensidad del firmamento. D\u00edas de lluvia y soledad. D\u00edas cenicientos, con sabor a barro. Los charcos se abren como trampas por todas partes, con su fango pestilente. Ha pasado una bandada de gaviotas que picotean las nubes, y de pronto me he sentido m\u00e1s aliviado. No s\u00e9 por qu\u00e9 las gaviotas me producen un fresco en el coraz\u00f3n: es tal vez la blancura de su ropaje y la dulcedumbre de sus formas las que me inspiran sosiego.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Pr\u00e9steme m\u00e1s plata, don Bernardo \u2013me dice el capataz de la finca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Al diablo con los pr\u00e9stamos! Entre peso y peso se me han disminuido los ahorros, porque este irresponsable no devuelve el dinero que se toma en cerveza. \u00c9l no sabe de decoro. Lo dejo plantado con la negativa y sigue el camino con su tufo alcoh\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Mi hijo se muere \u2013oigo la voz de una mujer a mi espalda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfY qu\u00e9 quiere que yo haga? \u2013me enfurezco, sin voltear a mirarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Maldito pueblo donde todo es vicio, dolor y angustia. No solo la vida es mon\u00f3tona, sino que la fama que me he ganado de rico \u2013\u00a1vaya iron\u00eda!\u2013 hace que la gente me asedie con sus problemas y tristezas. Hoy estoy de peor genio que todos los d\u00edas, as\u00ed que me importa un bledo que el hijo de la miserable mujer, a la que ni siquiera conozco, se muera de hambre. \u00bfPor qu\u00e9 no me dejan en paz?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Mi hijo se muere, se\u00f1or \u2013insiste la mujer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le tiembla la voz. Pobre negra que a lo mejor me cree milagroso. Sin atreverse a mirarme a los ojos, est\u00e1 indecisa y apenada. Supongo que es una ficci\u00f3n, ya que estas mulatas no se averg\u00fcenzan de nada. La miro con m\u00e1s cuidado y observo que no solo la voz, sino toda ella, con sus carnes que no son del todo negras, tiembla como un hurac\u00e1n. Vestida de af\u00e1n, le han quedado los senos flotantes, a medio esconder, y sorprendo en ellos un aleteo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se me despierta el apetito, este largo apetito de castidades contenidas a que me tiene sometido la ausencia de Lucero. Y la encuentro graciosa. Sus muslos se muestran sin pudor y me siento tentado a adue\u00f1arme de su cuerpo volc\u00e1nico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Mi hijo se muere, se\u00f1or \u2013clama con un par de l\u00e1grimas\u2013. Solo necesito un remedio para bajarle la fiebre, y no tengo dinero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me mira con ojos oscurecidos, ojos dilatados de clemencia. Son dos ventanas por donde se le escapa el alma, que ahora no me equivoco en verla maternal, pues con la s\u00faplica por el hijo carbonizado de fiebre pone de af\u00e1n y sin condiciones la entrega de su cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le paso un billete, y ella espera sumisa. En forma inconsciente me acuerdo de mis d\u00edas de hambre en Bogot\u00e1, cuando recorr\u00eda media ciudad en demanda de apoyo \u2013que nadie me brindaba\u2013, y siento un latigazo en el coraz\u00f3n. En la mirada de la negra veo asomarse la gratitud y un ruego para que act\u00fae r\u00e1pido. Se vuelve insinuante al desanudar una tira y ense\u00f1ar morbideces que por poco hacen sucumbir la buena intenci\u00f3n, que ya era superior a la lujuria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le doy un golpe en el hombro como dici\u00e9ndole \u00abvete\u00bb, y la negra echa a correr por los barrizales, sin importarle que la suciedad la enlode por completo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como un remedio contra la desesperanza, pienso que alg\u00fan d\u00eda abandonar\u00e9 la selva. Ya camina el a\u00f1o por la mitad. Un jal\u00f3n m\u00e1s y estar\u00e9 en la otra orilla. \u00ab\u00c1nimo, Bernardo\u00bb, alcanzo a distinguir la voz que consuela mis momentos duros. Me acuerdo de mi madre que me espera, y de la novia que debo encontrar en la capital, y de la carne que al fin se saciar\u00e1. \u00a1Qu\u00e9 largas, qu\u00e9 complicadas mis abstinencias!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vuelvo a verme con la negra. Me dice que su hijo ha curado, y me siento complacido por haber hecho una buena obra. La encuentro m\u00e1s atractiva que la primera vez. R\u00ede con sonrisa alegre y deja ver los dientes de extrema blancura. Parece que se hubiera esmerado en el traje y en sus coqueteos. Comienzo a tener otro concepto de las mulatas, a las que consideraba incapaces de buenos modales. Se llama Rosal\u00eda, y no suena mal su nombre para su figura juvenil y su cuerpo espigado. Le encimo un billete que no me ha pedido, como anticip\u00e1ndome a otra fiebre que de todas maneras llegar\u00e1, y que en el peque\u00f1o son fiebres de verdad, y no como en mi caso, que se vuelven males de tristeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rosal\u00eda se muestra agradecida y se extra\u00f1a \u2013as\u00ed lo sospecho\u2013 porque nada le propongo. No lo har\u00e9 para portarme limpiamente. Es asunto de principios. Ni siquiera le pregunto d\u00f3nde vive. La veo alejarse cabizbaja y no dudo de que se ha ido contrariada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Adi\u00f3s, Rosal\u00eda. No olvides buscarme cuando se enferme tu hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lodo, lluvia, miseria. Y yo que cre\u00eda que solo me enfermaba de melancol\u00eda, he comenzado a tener calenturas. Hay noches espesas, de bochornos y escalofr\u00edos y sue\u00f1os inquietos. Pero no me dejar\u00e9 morir. Tomo medicinas y mejoro poco a poco. La idea de abandonar el pueblo dentro de un mes \u2013\u00a1un mes!\u2013 hace maravillas en el esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me escapo una noche en busca de mujeres. Voy dispuesto a pelear con los soldados, con todo el mundo. Entro al rancho y me produce repugnancia la primera mujer que se me ofrece. Est\u00e1 harapienta y trasnochada. Esta vez, por lo menos, puedo hacerme rogar. La desprecio, pero siento l\u00e1stima. L\u00e1stima por ella, que no sabe barnizar la mercanc\u00eda, y l\u00e1stima por m\u00ed, que no puedo disfrutar los pecados. Otra mujerzuela despreciable me agarra el brazo. Esto apesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me propongo abandonar el sitio, pero de pronto aparece en la oscuridad una cara iluminada y esta s\u00ed desborda mis sentidos. Se me antoja que su cuerpo es escultural, en medio de mi sequ\u00eda. Debe serlo, si los ojos de los dem\u00e1s caminan detr\u00e1s de ella. He sido el m\u00e1s afortunado de todos, pues en un instante la tengo en mi poder. Unos muslos estrat\u00e9gicos, abiertos para el placer, me hacen recordar los de Rosal\u00eda. Brillan sus ojos con incitaciones lascivas. Y aflora una sonrisa encarnada, llena de sensualidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Pero si es Rosal\u00eda! Me desconcierto. Me desilusiona encontrarla de ramera. En este pueblo no hay, definitivamente, nada bueno. Todo es barro. Me sonr\u00ede con esfuerzo al reconocerme. Quiz\u00e1 no deseaba que descubriera su escondite. Me lanzo con avidez sobre ella, pero me aparta con furia. Su actitud me descontrola. Ella comprende mi turbaci\u00f3n y se me cuelga de los hombros. Y llora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La conduzco a su pieza y de un tir\u00f3n dejo sus senos desnudos. Pero Rosal\u00eda los cubre de inmediato y me grita que me vaya. \u00abMe odia\u00bb, pienso. Miro sus ojeras y sorprendo rec\u00f3nditas fatigas. Termina revel\u00e1ndome \u2013como si pudiera creerse en el amor de las prostitutas\u2013 que me quiere, pero no se acostar\u00e1 conmigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Estoy enferma y no deseo contagiarlo \u2013dice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus palabras quedan movi\u00e9ndose en el aire. Y me reprocha, con rabia, mi estupidez del otro d\u00eda. Estos soldados son unos cerdos que todo lo infestan. Me explica que acaba de iniciarse en el oficio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Lo hice por necesidad \u2013enfatiza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me pide que no la considere una ramera cualquiera y, para demostrarlo o quiz\u00e1 para dignificarse ante m\u00ed, me conduce hasta la cuna de su hijo. La criatura me mira, medio atontada, con ojos enrojecidos por la fiebre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alguien se apodera de Rosal\u00eda cuando la dejo libre. Me voy triste, pensando en la vida triste de las prostitutas. Creo que tambi\u00e9n tienen su moral. Algo ha sucedido en mi interior, pues deseo, por primera vez, que no corra tan r\u00e1pido el mes que falta para el viaje. Y no s\u00e9 si en realidad deseo irme, pues al fin y al cabo ya me acostumbr\u00e9 al barro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>La Patria, Revista Dominical, <\/strong><\/em>Manizales, 18-VI-1978.<br \/>\n<em><strong>Revista Pluma, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, marzo de 1982.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar Cumplo tres meses de residir en el pueblo. 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