{"id":4524,"date":"2011-10-15T23:40:44","date_gmt":"2011-10-16T04:40:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4524"},"modified":"2014-06-17T19:57:14","modified_gmt":"2014-06-18T00:57:14","slug":"carasucia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/15\/carasucia\/","title":{"rendered":"Carasucia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de <\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Bogot\u00e1 inmortal, donde un limpiaparabrisas es sin\u00f3\u00adnimo de vida! Tambi\u00e9n de picard\u00eda, de humor, de robo, de miseria, de c\u00e1rcel, de muerte&#8230; porque la vida es eso y much\u00edsimo m\u00e1s. Donde pelafust\u00e1n suena a per\u00adsonaje alambicado y en cambio gam\u00edn es m\u00e1s propio, m\u00e1s nacionalista, m\u00e1s de nuestra familia, sin importar que ante la faz del mundo el vocablo aparezca subdesarrollado, con tal de conservar nuestra autenticidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pe\u00adlafustanes los hay en las grandes urbes de la tierra, tan aviesos y astutos como los bogotanos, pero nunca tan gamines como los nuestros. Y pobreza y hambre y tur\u00adbulencia existen por doquier; pero aqu\u00ed tenemos nuestra propia, nuestra aut\u00e9ntica miseria, sin imitar a nadie. Y si poseemos tristezas, tambi\u00e9n gozamos de glorias que no permitimos importar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El limpiaparabrisas es herramienta de sudor y angus\u00adtia. Instrumento de vida que deambula escondido entre las mangas de una camisa mugrienta, en persecuci\u00f3n de c\u00f3mplices f\u00e1ciles que ense\u00f1an a delinquir, de buscado\u00adres de cosas baratas y a veces de ingenuos mecenas que ayudan a subsistir. Y como en toda actividad mercantil, el mercado se mueve por la ley de la oferta y la demanda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinto, un carasucia m\u00e1s, otro don nadie en la enorme ciudad de los sustos y las carreras, ha aprendido que el trabajo rinde m\u00e1s seg\u00fan sea el grado de destreza. Como la vida es agitada, no le queda tiempo para ba\u00f1ar\u00adse. \u00bfPara qu\u00e9 el jab\u00f3n, pensar\u00e1, si el est\u00f3mago acosa? Por all\u00e1 en el perdido suburbio de las alcantarillas abiertas y las hambres atrasadas no existen medios de subsis\u00adtencia. Por eso ha instalado su puesto de trabajo en el centro de la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se acuerda, en las noches intermi\u00adnables de los vientos g\u00e9lidos y el miedo acechante, de su padre que se le refundi\u00f3 hace muchos a\u00f1os entre los vericuetos del vicio, y espera encontrarlo alg\u00fan d\u00eda en la marea que se desliza por su mundo cotidiano del raponazo y el sobresalto, para llevarlo a empujones hasta el rinc\u00f3n donde su madre vende todas las noches pla\u00adceres marchitos que no alcanzan a remediar la des\u00adnutrici\u00f3n que circunda su covacha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ah\u00ed est\u00e1 \u00e9l, Jacinto, el hombre de la casa, el de los ojos r\u00e1pidos y el pulso firme, que sabe trabajar. Su art\u00edculo se cotiza bajo, pero tiene clientes seguros. \u00a0Se r\u00ede de la humanidad, porque tambi\u00e9n sabe re\u00edr. Tiene dedos de gamuza y andar de gacela. Y clientes distinguidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como mi amiga Gracielita, tan fina y hu\u00admanitaria, que estaciona de seguido su flamante autom\u00f3vil frente a la iglesia de su devoci\u00f3n y se olvida de guardar los peque\u00f1os artefactos que para nada sirven en los d\u00edas l\u00edmpidos. Para Jacinto, en cambio, todos los d\u00edas son brumosos. Y las noches, turbias. Piensa \u00e9l que Gracielita debe vivir en un palacio aterciopelado, si son tan lujosos sus trajes y tan deslumbrantes sus joyas. \u00abSi con tanta frecuencia estrena limpiaparabrisas, es muy rica\u00bb. Y si no los guarda, all\u00ed est\u00e1 \u00e9l para desmontarlos con sus dedos veloces y luego escabullirse como el viento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy llueve y no hay visibilidad. Mi amiga se rasca la cabeza como si con ese gesto pudiera remediar el nuevo olvido. Su marido refunfu\u00f1a. Los goterones se deslizan por el vidrio e impiden todo intento de avanzar. Ella, tan amiga de los santos, es posible que rece aprisa alguna oraci\u00f3n. Mas el milagro no llega. Y la lluvia arrecia. Se impacienta, y el marido se enoja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al fin se produce lo inesperado. Ha llegado Jacinto, volando, con su carrera de gacela. Maestro de la veloci\u00addad, en segundos quedan colocados los aparatos, como ca\u00eddos del cielo. Los santos han escuchado el rezo, no hay duda. El marido, en el lenguaje mudo de las tran\u00adsacciones innecesarias, se echa la mano al bolsillo y extiende un billete al gam\u00edn. Este lo mira y no se impresiona. Y se retira inesperadamente, dejando la mano tendida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinto tiene su \u00e9tica, sobre todo con Gracielita que es tan caritativa con sus descuidos. A los buenos clientes hay que ayudarlos cuando est\u00e1n en apuros, piensa. Pero ella, que aparte de olvidadiza es muy escru\u00adpulosa, que comulga todos los d\u00edas y no se echar\u00e1 un pecado encima, se pone fren\u00e9tica. Y en lugar de rega\u00f1ar al gam\u00edn, sermonea al marido por celebrar ne\u00adgocios sucios. Una mujer enfurecida es algo temible, sobre todo si es la esposa. El marido no tiene otra solu\u00adci\u00f3n que devolver la \u00abmercanc\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jacinto se aleja despacio y cabizbajo, y tambi\u00e9n ape\u00adnado, porque los carasucias, aunque no se les note, pasan de vez en cuando sus chascos sentimentales. La tormenta lo empapa por completo y \u00e9l parece burlarse de la lluvia que ha sido capaz de ba\u00f1arlo y que por un momento le ha dejado la cara limpia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>Revista Manizales, <\/strong><\/em>julio de 1979.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar \u00a1Bogot\u00e1 inmortal, donde un limpiaparabrisas es sin\u00f3\u00adnimo de vida! Tambi\u00e9n de picard\u00eda, de humor, de robo, de miseria, de c\u00e1rcel, de muerte&#8230; porque la vida es eso y much\u00edsimo m\u00e1s. 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