{"id":4863,"date":"2011-10-17T10:24:53","date_gmt":"2011-10-17T15:24:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4863"},"modified":"2020-04-17T12:25:12","modified_gmt":"2020-04-17T17:25:12","slug":"humo-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/humo-2\/","title":{"rendered":"Humo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cuento de<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ingeniero contemplaba, orgulloso, la estructura que ascend\u00eda en ese momento a 14 pisos y medio y que se ergu\u00eda como un gigante de acero por entre d\u00e9biles armazones que, a su lado, parec\u00edan mu\u00f1ecos de barro. El poder del hombre no es tan ilimitado como para no ser capaz de fabricar monstruos de 14 cuerpos y medio. Perd\u00f3n: de 15, porque ya la inmensa pala, que no le ten\u00eda miedo al v\u00e9rtigo, acababa de transportar nuevas piezas y las hab\u00eda encajado, formando una figura completa. Ten\u00eda pies y brazos y tronco. Solo le faltaba la cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el aparato gir\u00f3 de nuevo sobre los absortos tejados, el profesional acarici\u00f3 su vanidad con gesto de suficiencia. Pero luego se disminuy\u00f3 su arrogancia al verse tan insignificante frente a sus colosales matem\u00e1ticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sesenta hombres que se mov\u00edan en todas las direcciones, como diablos sueltos, representan un enjambre alborotado. Carretillas en ascenso, bloques de cemento asomados en el abismo, arterias que palpitan, voces que se reprimen&#8230; aquello era la combinaci\u00f3n de muchas fuerzas alocadas. Arriba, la pala taladraba la oquedad de la atm\u00f3sfera; abajo, el hombre escarbaba el vientre de la tierra; y en el agujero, 62 peones en agitaci\u00f3n, como ratas atrapadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Carajo! \u2013rabi\u00f3 el ingeniero desde la altura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se hab\u00eda encaramado all\u00ed para medir mejor su talento. El hombre se siente m\u00e1s hombre cuando est\u00e1 subido sobre algo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hormiguita, que hab\u00eda desviado su camino mientras la fila de compa\u00f1eras deten\u00eda la marcha, descendi\u00f3 veloz por la pantorrilla del ingeniero. El palmotazo lleg\u00f3 tard\u00edo y el insecto alcanz\u00f3 a ponerse a salvo. Y ri\u00e9ndose de la picard\u00eda, entabl\u00f3 con su vecina el siguiente di\u00e1logo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Es necesario distraerlo: nos obstruye el paso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Debemos proseguir la marcha \u2013agreg\u00f3 la compa\u00f1era.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013El hombre es vanidoso. Se cree importante, casi un dios, si levanta 15 pisos. Pero se vale para armarlos de potentes maquinarias, mientras nosotras cargamos varias veces nuestro peso. Si tuvi\u00e9ramos su misma estatura mover\u00edamos este edificio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Y oye c\u00f3mo grita para que le obedezcan. Las hormigas trabajamos en silencio y producimos m\u00e1s que el hombre, sin tanto aparato ni ostentaci\u00f3n. Hacemos caminos y t\u00faneles y puentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Y construimos palacios en los \u00e1rboles. Pero el hombre es destructor: tumba nuestras moradas y nos extermina. Vivimos socialmente. En cambio, \u00e9l es disociador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Hagamos la revoluci\u00f3n!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Hagamos la revoluci\u00f3n! \u2013apoy\u00f3 la compa\u00f1era.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Carajo! \u2013grit\u00f3 otra vez el ingeniero\u2013. \u00a1Templen ese cable! \u00a1Sostengan la columna! \u00a1Mu\u00e9vanse, idiotas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00bfLo oyes? Grita, maldice, siembra odio. Llama idiotas a sus semejantes, mientras en nuestra sociedad somos hermanos. T\u00fa eres mi hermana. Yo soy tu hermana. Pero \u00e9l no podr\u00e1 ser nunca nuestro hermano, porque no llegar\u00e1 a ser hombre-hormiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dej\u00f3 el hombre de vociferar, y pens\u00f3: \u00abSoy poderoso. Nadie me gana en fuerza. Y estos bichos rastreros pretenden ense\u00f1arme ingenier\u00eda entrelazando los desperdicios de la madera. Si quisiera los aplastar\u00eda a todos de un pisot\u00f3n. Es tanto mi talento, que puedo convertir el edificio en una escalera al cielo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respald\u00f3 su jactancia con un golpe en el tablado. La hormiga apenas pudo esconder medio cuerpo entre la ranura de la madera. El taconazo tritur\u00f3 a varias de las compa\u00f1eras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si el hombre experimenta desolaci\u00f3n ante el desastre, tambi\u00e9n el animal. El hombre y el animal no se diferencian en sus instintos primarios. Presa la hormiga de intenso dolor ante la caravana diezmada, sinti\u00f3 arderle la venganza. Era una venganza sorda, furiosa. El grito de \u00a1revoluci\u00f3n! se hab\u00eda apagado con un solo impulso bajo el pie del hombre. Pero la hormiga no desisti\u00f3 y con rabia empuj\u00f3 al pelot\u00f3n de relevo, que ya trepaba por la pared y coronaba la altura. Volvi\u00f3 a subir por la pantorrilla y pic\u00f3 m\u00e1s fuerte. Y de nuevo el manotazo se volvi\u00f3 col\u00e9rico, pero otra vez el animal saltaba a tiempo. Era una manera de provocar al enemigo, de responder al ataque.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mal pod\u00eda el hombre entender que aquello era un reto, y menos admitir que los seres min\u00fasculos que se mov\u00edan a sus pies fueran tan laboriosos como \u00e9l que hac\u00eda hervir las entra\u00f1as del socav\u00f3n con solo accionar aparatos y barajar matem\u00e1ticas; que cruzaba hierros y columnas como si armara figuras de cart\u00f3n; que levantaba gigantes en el aire como si inflara bombas de caucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los obreros, peque\u00f1os danzarines del espacio, se columpiaban entre andamios y trepaban por las paredes como t\u00edteres movidos por hilos invisibles. Y all\u00ed, en la c\u00faspide, elevado como un dios, el ingeniero pod\u00eda pavonearse en su orgullo y embriagarse con la gloria, si \u2013como lo pensaba con orgullo\u2013 estaba levantando una nueva Torre de Babel para llegar al cielo y \u2013so\u00f1ador al fin\u2013 engarzar\u00eda una estrella para que le alumbrara el camino. La b\u00f3veda celeste, tersa y majestuosa, flotaba en el espacio a cort\u00edsima distancia. Alguna nube pasajera rozaba la techumbre y entonces m\u00e1s se contagiaba el hombre de altura e inmensidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La caravana se hab\u00eda detenido. Con dificultad hab\u00eda llegado hasta all\u00ed, con su cargamento de maderas, para fabricar, tambi\u00e9n en la cumbre, una morada. Pero no una morada cualquiera. Ser\u00eda un mirador al cielo. Mas en la cumbre hab\u00eda confusi\u00f3n. El viento soplaba fuerte. Y all\u00ed estaba el hombre, su eterno enemigo, que le cerraba el paso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la hormiga es artesana y construye caminos y t\u00faneles y puentes, olvida a veces que su reino no est\u00e1 en las alturas, sino en los subterr\u00e1neos. Pero, vanidosa tambi\u00e9n, pretend\u00eda avanzar a empellones. Su osad\u00eda era tanta al querer posesionarse de la cima para arrojar al hombre al vac\u00edo, como la de \u00e9ste pretender enlazar estrellas. El bicho incitaba a la revoluci\u00f3n, olvidando que las batallas no se ganan a picotazos en la era de los cohetes y las metralletas. Y cada vez picaba con mayor ardor, sin importarle que la furia del hombre siguiera diezmando la insurrecci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 desistir, si ven\u00edan pr\u00f3ximos otros refuerzos, y despu\u00e9s llegar\u00edan m\u00e1s, y muchos m\u00e1s?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013Ning\u00fan Vietnam se ha ganado en un d\u00eda \u2013argument\u00f3 la hormiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por el list\u00f3n ascend\u00eda una hilera compacta, m\u00e1s nutrida que las anteriores. Llegaba el momento definitivo. La proclama de la hormiga l\u00edder fue vehemente:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Adelante, compa\u00f1eras! Debemos luchar contra el hombre, debemos dominarlo. Ya ha exterminado parte de nuestro ej\u00e9rcito, pero nos vengaremos. Moveremos entre todos el tablado y lo lanzaremos al abismo. Y pondremos aqu\u00ed nuestro trono. \u00a1Abajo el hombre!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Abajooo&#8230;!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1Empujen todas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fuerzas reunidas hicieron prodigios: el tablado se movi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1M\u00e1s fuerza, compa\u00f1eras!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la tercera embestida la tabla cruji\u00f3. Despavorido, el hombre se llev\u00f3 una mano a la cabeza. Sinti\u00f3 que el mundo se mov\u00eda a sus pies, y lo trastorn\u00f3 el v\u00e9rtigo. Las brigadas enemigas no cesaban en su empe\u00f1o y arremet\u00edan cada vez con m\u00e1s br\u00edo. La venganza estaba pr\u00f3xima. No hab\u00eda duda. Con un nuevo impulso el hombre perder\u00eda el equilibrio y se destrozar\u00eda el cr\u00e1neo entre las murallas de hierro y cemento por \u00e9l mismo fabricadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u00a1\u00c1nimo, compa\u00f1eras!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Multitudes fren\u00e9ticas irrumpieron por todas partes y cercaron al hombre. Mientras unas bamboleaban la tabla, otras lo hab\u00edan invadido en brutal arremetida, produciendo en sus carnes escozor y desespero. Eran legiones inmensas, interminables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una hormiga furiosa se expresaba as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013El hombre, que fabrica edificios y cohetes y computadores; que arma guerras y mutila y asesina; que invade el espacio y se sumerge en los mares; que se envanece, en fin, con una mole de 15 pisos, es un cobarde. \u00a1Un verdadero cobarde! Un simple cosquilleo lo incomoda. El piquete de un insecto lo atormenta. Un hormigueo lo desespera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No: el hombre, entre m\u00e1s herido, m\u00e1s violento. Volv\u00edan a chocar los instintos primarios del hombre y del animal. Aquellos bichos ca\u00edan a centenares con solo palmotearse el cuerpo. Y mor\u00edan, tambi\u00e9n a montones, a cada pisot\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tabla se parti\u00f3 en dos. El edificio se sacudi\u00f3. La hormiga vio ganada la batalla, pero luego se horroriz\u00f3: sus brigadas desaparec\u00edan entre el estremecimiento del terremoto. No era la fuerza animal la que hab\u00eda movido la estructura: era la arremetida del cataclismo. Tambi\u00e9n el hombre se eriz\u00f3. Una grieta se abri\u00f3 y se trag\u00f3 a tres obreros en un segundo. Otra sacudida violenta, bramante, aplast\u00f3 a cinco peones m\u00e1s. Se desmoron\u00f3 una viga. Un andamio hiri\u00f3 el espacio con su fardo de ayes ahogados. Los escombros aullaban como jaur\u00eda hambrienta. Tron\u00f3 la tierra y los cables se reventaron como hilachas, mientras el cemento cruj\u00eda, y las vigas, las columnas y las monstruosas matem\u00e1ticas se arrodillaban. El grito angustiado, la arteria despedazada, el estruendo incontenible, todo se asfixi\u00f3 entre humo y cenizas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Iluso el hombre que, en el \u00faltimo desconcierto, pretendi\u00f3 agarrarse de la estrella para no irse a la profundidad! \u00a1Ilusa la hormiga que a\u00fan intentaba clavar una morada en la altura!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tinieblas-silencio-humo-muerte&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tendido de bruces como hab\u00eda quedado el hombre en el fondo de la caverna, a\u00fan tuvo fuerzas para voltearse. Y antes de entrar en la total inconsciencia, percibi\u00f3 sobre el rostro el leve paso de la hormiga. Y \u2013fantas\u00eda o no\u2013 de los ojos descomunales del animal vio desprenderse lagrimones espesos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una estrella se hab\u00eda colado por entre los hierros retorcidos: el fulgor de las estrellas se parece a las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Tiempo, Lecturas Dominicales, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 26-XII-1982.<br \/>\n<em><strong>Eje 21,\u00a0<\/strong><\/em>Manizales, 17-IV-2020.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de Gustavo P\u00e1ez Escobar El ingeniero contemplaba, orgulloso, la estructura que ascend\u00eda en ese momento a 14 pisos y medio y que se ergu\u00eda como un gigante de acero por entre d\u00e9biles armazones que, a su lado, parec\u00edan mu\u00f1ecos de barro. 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