{"id":4900,"date":"2011-10-17T11:27:31","date_gmt":"2011-10-17T16:27:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/?p=4900"},"modified":"2014-05-03T10:11:39","modified_gmt":"2014-05-03T15:11:39","slug":"y-ahora-bogota","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.gustavopaezescobar.com\/site\/2011\/10\/17\/y-ahora-bogota\/","title":{"rendered":"Y ahora Bogot\u00e1"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Regreso a Bogot\u00e1 despu\u00e9s de quince a\u00f1os de ausencia. La gran ciudad, inmensa como un recuerdo juvenil y sonora como un eco infinito, vibra, se estremece y nunca se detiene. Es un mar revuelto, profundo en sus misterios y altivo en sus esplendores. Dondequiera se mire y dondequiera se transite surgir\u00e1 una inc\u00f3gnita sobre la presencia sosla\u00adyada del habitante capitalino, que pone aqu\u00ed y all\u00e1 su huella y que sin embargo no se deja identificar del todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre, ese ser und\u00edvago que est\u00e1 en todas partes, es el eterno viandante que en Bogot\u00e1, como en los centros m\u00e1s populosos del mundo, rueda como hoja impulsada por el torbellino de la civilizaci\u00f3n. (La civilizaci\u00f3n del acero y el cemento, que atrapando al hombre en los desprop\u00f3sitos del gigantismo urbano, tambi\u00e9n lo engrandece).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Donde la vida camina aprisa y los minutos vuelan como r\u00e1fagas, el sorprendido provinciano que trae fresca el alma con el reposo de la campi\u00f1a cafetera, se siente el primer d\u00eda, en medio de la convulsa metr\u00f3\u00adpoli, mareado entre el ritmo del v\u00e9rtigo. Quiz\u00e1s al d\u00eda siguiente ya ha aprendido que la primera regla de comportamiento, para no dejarse conocer el cobre de su inexperiencia, es marcar el paso que otros le atro\u00adpellan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni preguntar demasiado ni ignorarlo todo, he ah\u00ed la regla de oro para iniciar el aprendizaje. Despu\u00e9s la ciudad se ir\u00e1 metiendo por los poros, hasta llegar al coraz\u00f3n, cada vez m\u00e1s magn\u00e9tica, cada vez menos esquiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La <em>Carrera S\u00e9ptima<\/em>, la vieja <em>Calle Real<\/em> que siempre ser\u00e1 la mejor referencia de la aldea antigua y la ciudad moderna, respira a todo momento como arteria vital. Si desapareciera esa v\u00eda, Bogot\u00e1 habr\u00eda muerto. Es el nervio de la capital, y por tanto su eje imprescindible. Cuanto sucede en los alrededores, se siente en la <em>S\u00e9ptima<\/em>. Toda la hermo\u00adsura, todo el garbo de las bogotanas, o sea, la mezcla perfecta del genio femenino, se pasean con provocaci\u00f3n por entre el p\u00fablico presuroso y contemplativo que no ha perdido el gusto de vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este Wall Street colombiano, tan sensible como el neoyorquino, es el horno natural para hacer ricos y pobres como por arte de magia. El pa\u00eds tiene aqu\u00ed su br\u00fajula financiera que nunca falla. Las cifras crecen o se evaporan, se amasan o se queman, seg\u00fan la habilidad o torpeza de los horneros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo en Bogot\u00e1 es febril. Lo mismo la riqueza que la mendicidad. Con igual apremio se mueve el rico que el pobre: el uno para afianzar su poder, y el otro para alimentar su penuria. Con igual af\u00e1n salta el raponero que el corredor de bolsa. No es sitio para la holgazaner\u00eda, y s\u00f3lo est\u00e1 permitido el ocio productivo, cuando hay capa\u00adcidad para ejercerlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cultura, que tambi\u00e9n es febril, creadora, se riega por todas partes como se\u00f1uelo para los esp\u00edritus despiertos, y desde luego la ignoran esas masas informes y dormidas que muestran el semblante de los centros urbanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal la Bogot\u00e1 que desfila entre fulgores y miserias ante el ojo ex\u00adpectante del nuevo bogotano. Cuando todo en derredor gira con impulsos veloces, la provincia se sacude. Hay un hombre nuevo que despierta con el br\u00edo de la propia capital del pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi viejo amigo el escritor, que tanto sabe de ciudades y de gentes, me ofrece a mi llegada la f\u00f3rmula exacta, que acojo con entusiasmo: \u00abBogot\u00e1 es una ciudad amable. Qui\u00e9rela, y te ser\u00e1 grata. Pero si la miras mal, te ser\u00e1 hostil\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>El Espectador, <\/strong><\/em>Bogot\u00e1, 17-X-1983. <strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gustavo P\u00e1ez Escobar Regreso a Bogot\u00e1 despu\u00e9s de quince a\u00f1os de ausencia. La gran ciudad, inmensa como un recuerdo juvenil y sonora como un eco infinito, vibra, se estremece y nunca se detiene. Es un mar revuelto, profundo en sus misterios y altivo en sus esplendores. 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